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  • Artículos de opinión (Op-ed)

La desgracia de la esperanza

  • 05/07/2018
  • Álvaro Morales

Para el pensamiento helénico clásico la esperanza era un mal, el último en salir de la caja de Pandora. Los dioses, ofendidos por los continuos signos de rebeldía del hombre, enviaron a una mujer con una caja. Esta mujer no era cualquiera, los dioses le habían dado la totalidad de las cualidades (Pan=todos; Dora=dones).Dentro de la caja estaban todos los males y calamidades que azotarían al ser humano; y al ser abierta desató el inicio de la desgracia histórica del hombre, que vislumbra a sus deidades pero nunca puede alcanzarlas. Esta perspectiva de la esperanza como algo negativo y nocivo poco tiene que ver con las versiones edulcoradas modernas, donde la esperanza es verde (como el dinero) y donde el mensaje se ha transformado para tomar otro significado. «No dejes que te quiten la esperanza. Cuando todo lo demás se haya ido, aún quedará la esperanza».

Esta idea, en nuestros tiempos utilizada hasta el hartazgo por las casas de préstamos económicos — que también se identifican con el color verde o el verde amarillento o el amarillo, pero siempre dentro de esa gama — resulta un tanto ficticia, solida tan sólo para un criterio ingenuo e infantil. La esperanza ha pasado a ser un bien deseado. «Hay que tener esperanza»; «Esperemos…». Se ha convertido en algo que puede confortarnos cuando la realidad nos castiga. Sin embargo, los antiguos griegos, que por lo menos son los autores del mito o aquellos que elaboraron un registro que llega hasta nosotros, no pensaban así. No consideraban la esperanza como algo benigno, como un comodín para cuando la repartida nos tira cartas feas; todo lo contrario, la agrupaban junto al resto de los males. ¿Por qué?

«No dejes que te quiten la esperanza. Cuando todo lo demás se haya ido, aún quedará la esperanza».

Según Hesíodo (Los trabajos y los días) Zeus ordenó a Hefestos fabricar a la primera mujer, “digna de amar”. Cada uno de los dioses le dio un talento. Y le dieron también una extraña tinaja (la caja) en la cual colocaron todos los males, todas las desgracias, y todos los sufrimientos que azotarán a la humanidad. Luego fue enviada a Epimeteo, el hermano de Prometeo, el benefactor de los hombres, que había recibido advertencias de este de no aceptar regalos de los dioses. Epimeteo hizo de Pandora su mujer pero mantuvo la caja cerrada siguiendo el consejo de su hermano. Pero la curiosidad de Pandora pudo más, y abrió la caja de la que escaparon los males. Se apresuró a cerrarla pero sólo quedaba dentro la esperanza (Eris). Esta historia, tan arquetípica que nos recuerda a otras de otras culturas, aborda tantos temas críticos para el ser humano que puede ser interpretada de múltiples formas. Pero para los griegos la esperanza no era un regalo, más bien era otra desgracia, ya que esperar es estar siempre en falta de algo, es carecer, es desear lo que no se tiene, es estar insatisfecho. Se espera por lo que no se tiene, y esto hace consciente la carencia. Como Adán y Eva bajo el árbol, que recién notaron que estaban desnudos después de comer el fruto prohibido, con la esperanza el hombre advierte todo aquello que le hace falta para estar completo.

Schopenhauer (2005) sostenía que el ser humano está conectado con el infinito, con la mecánica universal del cosmos. Pero que por su constitución sólo puede presentir el todo a través de un inagotable sentimiento de in-completitud. El hombre se conecta con el todo a través de su sentimiento de insatisfacción, la persistente carencia de cualquier cosa. De modo que los hombres, a pesar de lo que podamos pensar al respecto, siempre manejaremos la esperanza como una parte de la solución a nuestra insatisfacción. Siempre que deseemos algo y que nos convenzamos que conseguirlo nos dará aunque sea una satisfacción momentánea pero valiosa, allí estará la esperanza para desactivar cualquier posibilidad de acción. Nuestra forma de percibir el tiempo, que nos lleva invariablemente hacia adelante, y la insatisfacción constante y persistente que nos caracteriza y que nos conecta con el todo, nos hace presas fáciles de entrar en un estado anímico donde la esperanza parece lo último, una solitaria roca en un mar embravecido. La esperanza parece útil cuando nos sentimos insatisfechos, o sea todo el tiempo.

Pero para los griegos la esperanza no era un regalo, más bien era otra desgracia, ya que esperar es estar siempre en falta de algo, es carecer, es desear lo que no se tiene, es estar insatisfecho.

Pero si la esperanza estaba en una tinaja junto con todos los males parece también un mal, pero no cualquiera. Si estaba de último en la tinaja, es lícito pensar que fue puesta primero. Fue lo primero que Zeus guardó en la tinaja que enviaría con Pandora. ¿Qué motivaba a Zeus? La venganza y el orgullo. Estaba decidido a vengarse del robo de las semillas de Helios (el fuego) por parte de Prometeo. También quería dar un castigo ejemplar a esa criatura que intentaba asemejársele, de una forma tan memorable que nunca jamás intentara de nuevo alcanzar las altas esferas del Olimpo. Así, la esperanza no es un mal cualquiera, es lo primero que se le ocurrió a Zeus cuando elegía los males con los que vengarse de la humanidad.

Acción y salud

¿Qué otra opción tenemos que no sea esperar que algo nos llegue? Salir a buscarlo. Si la esperanza es una roca solitaria en un mar embravecido, siempre queda la opción de nadar. Si no deseo esperar que el bien gire al mismo tiempo que yo en la misma esquina, ¿qué me queda? Buscar el bien, propiciarlo, producirlo. Cada vez que decido esperar a que algo me llegue, pierdo la posibilidad de salir a buscarlo, y algo mucho peor: abandono toda pretensión de ser yo quien genere ese bien. Es posible que para los griegos el que espera sea víctima de una maldición. Porque su espera no significa de por sí que no va a conseguir nada, pero sí que no depende de él mismo y que sus posibilidades tienen más que ver con el azar que con otra cosa. Del mito de Pandora y su caja puede desprenderse que quedarse a esperar que algo ocurra, con nada más que fe y sin intención alguna de modificar las condiciones o el ambiente, es una maldición. Los hombres que esperan no hacen, y no hacer es sinónimo de muerte. Ya decía Séneca (1943): “Nuestra naturaleza está en la acción. El reposo presagia la muerte”. Los dioses, amenazados por las pretensiones del hombre del alcanzar el Olimpo le enviaron un mal para que aquellos que antes construían escaleras ahora esperen a que algo baje de los peldaños desgastados, para que los planes de alcanzar los cielos se degradaran hasta ser apenas un sueño repetitivo.

La esperanza no es un mal cualquiera, es lo primero que se le ocurrió a Zeus cuando elegía los males con los que vengarse de la humanidad.

El que dice “Tengo esperanza en que las cosas mejoren” de seguro que no hará nada para que las cosas mejoren. Es una proclama que denota nuestra incapacidad, nuestro fracaso. No sabemos cómo hacer que las cosas mejoren, entonces esperamos.

Sabemos que la actividad implica salud mental. El estancamiento, tanto del cuerpo como de la mente implica degradación, enfermedad y muerte. Sobran los ejemplos a este respecto, como podría ser en la prevención del Alzheimer. A dos ancianos con Alzheimer que fallecen se les hacen sus respectivas autopsias. Uno de ellos padeció la enfermedad, al punto de que lo degradó en los últimos años y hasta generó determinadas rupturas o dificultades en los vínculos familiares. El otro nunca tuvo ningún síntoma, y recién se descubre que tenía la enfermedad durante la autopsia. En apariencia ambos cerebros están muy afectados por la enfermedad, incluso el daño es similar, pero ¿por qué uno sólo de ellos mostraba síntomas que afectaban negativamente su vida diaria? La diferencia entre ambos hombres es la calidad de vida. Uno de ellos era mucho más activo que el otro, tenía una muy buena base intelectual, se había instruido en forma constante, fortalecido las sinapsis neuronales. Se había mantenido activo hasta los últimos momentos. El otro no, había tenido una vida más bien sedentaria y no había avanzado en aspectos intelectuales. ¿Se anima el lector a arriesgar cuál de los dos es el que presentaba síntomas de la enfermedad y cuál no? La actividad física fortalece nuestro cuerpo y ayuda a prevenir enfermedades y a retrasar los efectos inevitables del envejecimiento. Lo mismo ocurre con la actividad mental. Mantener la mente activa es el mejor remedio para prevenir el Alzheimer, pero no sólo esto, sino también todo tipo de enfermedades. La actividad, en cualquier sentido, es sinónimo de salud.

El que dice “Tengo esperanza en que las cosas mejoren” de seguro que no hará nada para que las cosas mejoren

Saber y creer

Creemos en aquello que no sabemos. Y por lo tanto la esperanza atenta en contra de la razón. Digamos que podemos trabajar muy duro y construir algo, pero también podemos sentarnos, dejar de trabajar, y esperar que alguien más termine la tarea o que una fuerza sobrehumana intervenga. Yo no espero que llueva si ya caen las primeras gotas y cuento con un pronóstico meteorológicoa favor. No espero cosas que se cómo y cuándo van a ocurrir. Espero por aquello que la razón me indica difícil, complicado. Espero por lo que creo que sólo con fe puedo conseguir. O sea, por aquello que no me imagino cómo conseguir de otra manera. Así, la esperanza atenta contra la razón, en el sentido de que cundo la razón me indica que es muy probable que algo que yo quiero no ocurra, me queda la esperanza como recurso; a donde siempre seré bienvenido, y adonde siempre me recibirán con los brazos abiertos si ando con ganas de llorar mis penas.

A Karl Jung le preguntaron si creía en Dios. Respondió “No necesito creer en Dios; Lo conozco”. (Bennet, 1966).Lo cual podría simplificarse en “yo no creo; sé”. Se refería a la idea de que todos los seres humanos somos religiosos, más allá de nuestras prácticas y discursos. Todos nos preguntamos por la vida después de la muerte, por nuestra trascendencia, por nuestra alma. Son preguntas y cuestionamientos universales. Otro razonamiento que se desprende de la respuesta (nada ingenua) de Jung es que hay una gran diferencia entre creer y saber. Yo no creo tener dos manos, o que respiro aire, o que el agua de mar tiene un sabor salado y la de un arroyo dulce, etc., lo sé. Son cosas en las que no creo porque las sé. Ahora…, no sé qué hay después de la muerte, no sé si existe algo que pueda llamar alma, y otro largo etcétera. Estas son cuestiones en las que desarrollo determinada creencia. No son cosas que sepa. Y por lo tanto, para llenar ese vacío de conocimiento, utilizo la creencia, que me permite llenar el vacío con algo que de alguna forma me define, algo imposible de comprobar pero estadísticamente probable.

A lo largo de la historia la esperanza ha sido utilizada como un mecanismo de control social

Si mantenemos el razonamiento de que la esperanza nos aleja de la razón, en la medida de que sólo recurro a la esperanza cuando la razón me niega todo otro camino, y que con la creencia ocurre algo similar en el mismo sentido, podríamos equiparar esperanza y creencia. Yo no espero (ni creo en) lo que sé que va a ocurrir. Espero (y creo en) aquello que la razón me indica como incomprobable o improbable. Pero el proceso también puede darse en sentido inverso. Es decir que ante una tarea de difícil consecución prefiero recurrir a la esperanza, y aguardar que la tarea se resuelva por sí sola o por la intervención de algo más. Pero esto anula la tarea. Nada se ha construido en el mundo con esperanza. Ninguna tarea difícil se ha resuelto por la esperanza. Creer y esperar reflejan aspectos pasivos de nuestra personalidad. Saber y hacer reflejan aspectos activos.

A lo largo de la historia la esperanza ha sido utilizada como un mecanismo de control social. En una sociedad donde la gran mayoría espera llena de fe que algo muy improbable desde la razón de todos modos ocurra es muy fácil que gobiernen los que no esperan nada, los que hacen. Las tendencias culturales son manejadas por uno pocos gracias a esto. Nos dirigen, nos gobiernan, quienes nunca esperan nada, pero hacen lo que desean. A ellos les conviene una masa esperanzada, estancada en la fe ciega, en la creencia, porque esa masa está adormecida, sueña sin parar pero nunca despierta.

Sir Francis Bacon dijo: “La esperanza es un buen desayuno pero una mala cena”. Al empezar el día la esperanza parece algo positivo; al termina el día es algo negativo. Es bueno levantarnos con la esperanza de que las cosas van a ir mejor, pero es un plato duro cuando al regresar a casa de noche descubrimos que nada se ha hecho por sí sólo, que la mayor parte de eso que esperábamos no se ha realizado, y que sólo lo ha hecho aquello que dependía de nosotros mismos y de nuestras acciones (o sea aquello en lo que no esperamos). Nietzsche coincide con este pensamiento: “La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre”

Conclusiones

Podríamos creer que los griegos antiguos se equivocaron, y que pusieron la esperanza (algo útil y benigno) en la misma caja que los males del mundo. Desde nuestra perspectiva no hay error alguno. El mito refleja la sabiduría proverbial de una inteligencia que ha sido desde entonces utilizada como ejemplo. Para terminar de convencerse bastaría con ir a la fuente. Hesiodo (2013) hace hablar a Zeus: “Más sagaz que ninguno, te alegras de haber hurtado el fuego y engañado a mi espíritu; pero eso constituirá una gran desdicha para ti, así como para los hombres futuros. A causa de ese fuego, les enviaré un mal del que quedarán encantados, y abrazarán su propio azote”.La esperanza, en esa caja, fue el último de los males en salir, pero no el menos poderoso. Si nos dejamos seducir por su encanto, nos sumiremos en el colmo de la pasividad, en el que no sólo no hacemos nada, sino que esperamos a que alguien más lo haga por nosotros y nos lo imponga.

«La verdadera felicidad es disfrutar del presente sin dependencia ansiosa del futuro (..)»

Yo no quiero tener esperanza de que todo vaya a ir bien, de que voy a conseguir un mejor trabajo, de que siempre voy a ser amado, de que la suerte va a estar de mi lado. Lo que quiero es entender cuáles son los pasos que debo ejecutar para que esto sea así. Quiero poder entender qué es lo que debo hacer para que esto ocurra.

Una vez más, recordemos a Seneca (1943):“La verdadera felicidad es disfrutar del presente sin dependencia ansiosa del futuro, no divertimos con esperanzas o miedos, sino descansar tranquilos, como el que no desea nada. Las mayores bendiciones de la humanidad están dentro de nosotros y se encuentran a nuestro alcance. Un hombre sabio está contento con su suerte, sea cual sea, sin desear lo que no tiene”.

¿Es bueno tener esperanza? Depende. Si forma parte de un modo de hacer las cosas, como parte de un ritual que impone la costumbre, puede ser buena. Si es un sustituto resignado de un esquema reducido de relacionamiento con lo real, que anula la acción, es malo.

Muchas veces los problemas de las personas están relacionados con una reducida visión del mundo y de la realidad, tan reducida que carece de soluciones y de herramientas. No es que las personas no tengan “salida”, opciones de las que elegir, es que su forma de relacionarse con el mundo limita la posibilidad de opciones (Grinder, 1998).

Tal vez en este sentido la esperanza pueda ser algo bueno, o neutro. Tal vez, inclusive, este sea el modo en el que todos manejamos la esperanza. Sólo la utilizamos cuando ya agotamos las posibilidades de la razón. El tema es que no todos vemos ni tenemos las mismas posibilidades. Pero este puede ser un buen sentido de la esperanza, como alarma. Cada vez que me sienta esperanzado debo entender que he dejado de exprimir la información que decodificodel mundo, y que ya no estoy buscando ni encontrando soluciones realistas. Este siempre es un buen momento para expandir el horizonte de nuestras opciones y buscar un poco más allá en el nebuloso limbo de aquelloa lo que denominamos realidad.

Referencias bibliográficas:

Bennet, E. A. (1966). Lo que verdaderamente dijo Jung. México: Aguilar.

Grinder, J. Bandler, R. (1998). La estructura de la magia. Editorial Cuatro Vientos.

Hesiodo (2013). Teagonía. Trabajos y días. Escudo. Certamen. Alianza Editorial.

Seneca (1943). Sobre la felicidad. Madrid: Revista de Occidente.

Schopenhauer, A. (2005). El mundo como voluntad y representación. Editorial Akal.

  • Ciencia

La técnica cognitiva que hace que correr sea más fácil

  • 04/07/2018
  • Maria Fernanda Alonso

Ropa deportiva, zapatillas y algo interesante para escuchar en el camino. Ese puede ser el equipo básico de muchos a la hora de salir a correr. Aunque por más preparados que estemos, hay un punto en que el cansancio y el dolor se tornan abrumadores… el problema es que, generalmente sucede mucho antes de que terminemos la rutina de ejercicios. Hay varias estrategias que nos pueden servir para continuar, como pensar en otra cosa, enfocarnos en el ambiente que nos rodea o en lo que estamos escuchando por los auriculares; pero a medida que el dolor y el cansancio se van intensificando, se hace más difícil concentrarnos en ellas. Un nuevo estudio publicado en Motivation and Emotion presenta una alternativa prometedora: practicar una “reevaluación cognitiva”, esto es, no ignorar las sensaciones como tales, sino procurar verlas de un modo desapasionado, como si fueras un científico o un periodista que estudian y reportan la experiencia.

Para este estudio, los investigadores reclutaron a 24 corredores sanos (15 mujeres), de entre 18 y 33 años de edad, que incluían en su estilo de vida correr más de 9 millas (aproximadamente 14 km) al menos una vez por semana. Los participantes fueron al laboratorio de estudios en tres ocasiones, y en cada una de ellas corrieron por 90 minutos en cinta, manteniendo su ritmo cardíaco en un rango entre 75 a 85 por ciento de su máximo, un nivel clasificado como “ejercicio vigoroso”.  

En la primera visita no se les dio instrucciones específicas a seguir en términos de cómo lidiar con el desafío. En la segunda y la tercera se les dijo que usaran “reevaluación cognitiva” (adoptar una actitud neutral, desapegada hacia la experiencia subjetiva, como un científico o un periodista que la estudia) o “distracción” (pensar sobre otras cosas además de correr). También recibieron recordatorios, a lo largo del ejercicio, para que usen la estrategia que se les había asignado en cada sesión.

Basados en métricas psicológicas que completaron antes de cada corrida, cada 30 minutos durante el ejercicio, y terminado éste, los participantes sintieron que se estaban ejercitando menos cuando siguieron la estrategia de “reevaluación cognitiva”, y que experimentaron menores niveles de excitación emocional, comparado con la corrida en la que no se les dio instrucciones de afrontamiento. Esto fue a pesar de mantener el mismo ritmo y la frecuencia cardíaca. En contraste, la estrategia de distracción parece no haber hecho diferencia en cuanto a la sensación de ejercitarse o la excitación emocional comparado con la corrida control. Estos resultados respaldan otros estudios que sugieren que la distracción es una técnica poco confiable. En su lugar, la reevaluación cognitiva podría resultar beneficiosa antes que no usar estrategias cognitivas.

Estos hallazgos vienen acompañados de fuertes advertencias. Debido a que el trabajo de los investigadores incluía preguntar a los participantes cuál de varias afirmaciones describía mejor su proceso de pensamiento durante las corridas, los participantes no realizaron una verdadera reevaluación cognitiva durante la corrida con reevaluación cognitiva. Esto hizo que los investigadores reconsideraran declaraciones que previamente hubieran identificado como un reflejo de la reevaluación cognitiva, y decidieron que no eran realmente apropiadas (al menos no en relación a cómo habían enmarcado la reevaluación cognitiva en sus instrucciones). En reflexiones posteriores, sintieron que las opciones que hicieron los corredores de las declaraciones descriptivas, después de todo, sí sugerían que habían practicado la estrategia adecuadamente. Puede ser cierto, pero estas idas y vueltas hacen que los hallazgos del estudio se sientan menos convincentes.

Otro asunto es que los participantes eran corredores entrenados. Con un promedio de ejercitación durante las corridas calificado como “algo duro”, y una evaluación de la ejercitación como generalmente disfrutable. Puede que los hallazgos no sean generalizables a corredores menos entrenados o a desafíos más difíciles.

Finalmente, algo positivo es que los investigadores reconocieron que ambas estrategias de regulación probadas podrían tener mejores beneficios para corredores que, por lo general, encuentran esa experiencia menos agradable.

Sería interesante hacer la prueba, ¿verdad?

Referencia del estudio: Grace E. Giles, Julie A. Cantelon, Marianna D. Eddy, Tad T. Brunyé, Heather L. Urry, Holly A. Taylor, Caroline R. Mahoney, Robin B. Kanarek. Cognitive reappraisal reduces perceived exertion during endurance exercise.

Fuente: The British Psychological Society

  • Recursos

Actualización en la prevención de los trastornos del espectro psicótico (PDF)

  • 04/07/2018
  • Equipo de Redacción

El objetivo de este trabajo fue realizar una actualización en el campo de la prevención de los trastornos del espectro psicótico, concretamente en detección precoz e intervención temprana.

En primer lugar, se aborda la conceptualización del síndrome de psicosis y su prevención.A continuación, se comentan los diferentes procedimientos e instrumentos de medida para la evaluación de la supuesta condición de riesgo. Seguidamente, se revisan las intervenciones tempranas disponibles en psicosis, se expone el modelo de estadificación, se examina la eficacia de tales intervenciones y se comentan algunas limitaciones y propuestas de modificación.Se dibujan algunas debilidades y fortalezas en este campo así como sus perspectivas futuras. Finalmente, a modo de conclusión, se realiza una breve recapitulación.

Descarga el artículo completo en formato PDF.

Autores: Eduardo Fonseca Pedrero y Felix Inchausti

Fuente: Papeles del Psicólogo

  • Ciencia

Las aplicaciones del Big Data en la psicología

  • 04/07/2018
  • Adrián Olea

El análisis de enormes repositorios de datos está tomando cada vez mayor importancia en sectores, como la salud, educación, política e investigación. Personajes del ámbito político como Donald Trump han utilizado el Big Data como una herramienta en sus campañas electorales; de igual manera, investigadores de la Universidad de Cambridge, han creado perfiles de personalidad en base a los ‘likes’ y datos generados por los usuarios de Facebook.

La tendencia de analizar datos está tomando un papel importante en las ciencias y en la sociedad en general, frente a este fenómeno es importante reflexionar, ¿qué utilidad tiene para los psicólogos y profesionales de la salud comportamental conocer el mundo del Big Data? y ¿qué relación tiene con la psicología?

Pero antes de abordar el tema de lleno, hemos de preguntarnos:

¿Qué es Big Data?

Bien pues cuando hablamos de Big Data hacemos referencia al tratamiento y análisis de enormes repositorios (cantidades) de datos. Estos son tan desproporcionadamente grandes, en relación a los que se utilizan en la mayoría de las investigaciones en psicología, que es imposible tratarlos con las metodologías y herramientas convencionales existentes (Salazar, 2016, pág 4).

Vivimos rodeados de tecnología, smartphones, tabletas, computadoras, televisores inteligentes y otros aparatos tecnológicos, que son capaces de ejecutar aplicaciones que generan una cantidad garrafal de datos, datos que son el objetivo de análisis de la big data. La disposición de estudiar esta gran cantidad de información se debe a la necesidad de emplear dichos datos en la creación de informes estadísticos y modelos predictivos que pueden ser utilizados en muchas áreas del quehacer humano (Salazar, 2016, pág 4) y de las ciencias.

Usos de la Big Data

El fenómeno de análisis de datos se ha empleado en diversas áreas como salud, educación y en particular, en la política. El portal de noticias El Observador (2017), afirmaba que el actual presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump contrato servicios de análisis de datos durante su campaña electoral, para ganar simpatizantes.

De igual manera, Tosas (2017), publicó una nota en el portal web del diario La Vanguardia, en donde afirmaba que Trump pudo seducir a la audiencia norteamericana por medio de publicaciones dirigidas en Facebook, ¿cómo se lograba tal cosa?, bien pues el equipo de campaña de Trump contrató una empresa cuyo propósito era convencer a la audiencia de votar por el candidato republicano, su principal tarea era obtener datos de un votante potencial para crear un perfil psicológico, y luego adaptar anuncios políticos conforme a su personalidad, creencias y preferencias (Soares, 2016). Con la ayuda de encuestas publicadas en redes sociales, se agrupaban a las personas con rasgos de personalidad como la apertura, la extroversión, la conveniencia, el neuroticismo o la inestabilidad emocional y luego se combinaban las personalidades de los individuos con su historial electoral, con que productos consumían, que contenido informativo frecuentaban e incluso lo que veían en la televisión. (Soares, 2016)

Pero cabe resaltar, que el análisis de datos no solo es útil en cuestiones políticas/electorales como las elecciones de Estados Unidos o el Brexit (Tosas, 2017), aunque dichas cuestiones nos brindan un panorama para asimilar el potencial de esta herramienta. Como ilustración, la Universidad de Cambridge por medio de su software llamado Apply Magic Sauce, nos permite averiguar la personalidad de los internautas a través de sus ‘likes’ de Facebook y su actividad en Twitter, por ejemplo, los resultados revelan que las personas a las que les gusta Salvador Dalí, las conferencias TED o las páginas sobre meditación, tienden a ser más abiertas y liberales, en cambio, los fans del futbol, la música country o la marca Ford, pueden considerarse conservadoras (La Vanguardia, 2015). Este tipo de correlaciones se da gracias al análisis de grandes cantidades de información, cabe resaltar que estas correlaciones no serían evidentes con las investigaciones que se realizan comúnmente en psicología.

Relación de la Big Data con la psicología

Un campo importante de aplicación de la Big Data es el de la salud, en campos como la psicología clínica, la psiquiatría o la medicina, pues actualmente, se almacena una amplia gama de información sobre pacientes, trastornos, enfermedades, tratamientos y medicamentos. El análisis de estos datos puede traer consigo un enfoque de ciencias de la salud predictivo, preventivo y personalizable, algo benéfico para la psicología y ciencias afines (Pulido, 2016).

Los análisis predictivos podrían evitar y predecir conductas de riesgo o muertes en personas con algún tipo de enfermedad o trastorno mental, y de igual manera, los análisis preventivos, serían útiles para preparar a los profesionales de salud ante epidemias o problemáticas de salud en surgimiento, un ejemplo claro de ello, es cuando Google detectaba la epidemia de gripe y dengue en varias partes del mundo, antes de que las entidades de salud, emitieran comunicados al respecto en sus localidades (ABC, 2008). Y aunque actualmente los servicios de predicción han sido pausados, sus bases de datos aún están disponibles (Google Flu Trends Data & Google Dengue Trends Data).

Como se puede constatar el área preventiva trae consigo una variedad de oportunidades para la salud comportamental, pues como ya se ha visto en párrafos anteriores, aplicaciones como Apply Magic Sauce, podrían ser de utilidad no sólo para determinar rasgos de personalidad, sino, para identificar comportamientos patológicos en base a la actividad web de los internautas (aunque esto por el momento solo sea una posible hipótesis). El desarrollo de herramientas de tipo predictivas y preventivas puede ser de particular interés para la ciencia social computacional, una disciplina que se encuentra entre las fronteras de la psicología y la sociología (Pulido, 2016).

Por otra parte, dejando de considerar por un momento las aplicaciones de la Big Data a la psicología clínica y al sector salud, otro campo de aplicación en el que el análisis de datos tiene un papel importante es en el área educativa, pues gracias a la variedad de plataformas de aprendizaje web utilizados por escuelas y universidades como Moodle, es posible analizar datos del proceso de formación de los estudiantes, para observar el rendimiento académico, el número de ingresos a las plataformas docentes virtuales y el índice de uso de las bibliotecas virtuales, con el fin de personalizar la educación a las necesidades de cada estudiante (Pulido, 2016), esto podría minimizar las tasas de desinterés y deserción escolar.

Como ya se ha constatado anteriormente una aplicación para el Big Data, es la investigación científica, uno de los campos con mayores oportunidades. Hallazgos como el Bosón de Higgs, o la secuenciación del ADN no habrían tenido cabida sin el uso del Big Data. Se pueden enunciar múltiples aplicaciones del Big Data en el campo de la investigación científica, pero basta con los ejemplos anteriores para determinar que sin duda, el análisis de datos abre puertas a nuevas metodologías y formas de investigación. Pues si bien, antes los datos ayudaban a corroborar o anular hipótesis, ahora los datos podrían ser los que generen las hipótesis (Pulido, 2016).

Peligros de la Big Data

Si bien, es notorio que el uso de la big data es fructífero, hay una serie de peligros y consecuencias que rondan alrededor de esta tecnología. Carabaña (2015), nos muestra una serie de casos en los que la big data, además de ser útil, se torna escalofriante (o interesante).

Uno de ellos, fue suscitado en el año 2010, cuando un algoritmo anticipó que una adolescente estaba embarazada antes de que ella si quiera lo sospechara, por lo que comenzó a recibir publicidad sobre ropa y habitaciones para bebé. Esto fue posible, gracias a que el algoritmo determinó que las mujeres que esperaban un retoño, adquirían 25 productos indicadores de posible embarazo, entre ellos, crema sin fragancia.

Otro caso mencionado por Carabaña (2015) en el portal web El País, es cuando debido al análisis de datos, una pareja norteamericana se quedó sin seguro médico, pues el análisis de datos, arrojó que compraban antidepresivos y medicamentos para la presión arterial, algo no muy extraño pues, aproximadamente dos tercios de las empresas de seguros de dicho país usan las bases de datos de prescripciones médicas para analizar y rechazar a sus futuros clientes.

Con los casos anteriormente descritos, es posible inferir que una de las desventajas (y peligros) eminentes de esta tecnología, es la tornada disminución de la privacidad, pues la información personal, ya pasa a un segundo plano.

Consideraciones finales

En fin, como síntesis; se ha podido constatar que la información que generamos a través de nuestros aparatos tecnológicos tiene un gran valor, si se analiza con las herramientas adecuadas. El deber de los investigadores, es aprovechar al máximo este tipo de tecnologías para generar un cúmulo de conocimiento más variado (¿y acertado?). Imaginen por un momento la posibilidad de corroborar o descartar hipótesis en cuestión de horas, gracias al análisis masivo de datos. Sin duda, suena tentador.

Tanto investigadores, como docentes y educandos de psicología, deben interesarse por el auge de las tecnologías en los procesos de enseñanza, aprendizaje e investigación, pues el big data es una herramienta que puede traer consigo oportunidades para la fructificación del saber.

Habrá que debatir y dialogar que áreas y en que nos puede ser útil esta tecnología, es hora de que la psicología revolucione sus metodologías para analizar el comportamiento de miles de individuos dentro de la web (y fuera de ella) ¿será hora de hacerlo?, eso solo las presentes y futuras generaciones lo determinarán.

Referencias bibliográficas:

ABC (2008). Google detecta la epidemia de gripe en todo el mundo dos semanas antes que los servicios de salud. ABC.es. Recuperado el 10 de Diciembre del 2017, de https://www.abc.es/hemeroteca/historico-13-11-2008/abc/Nacional/google-detecta-la-epidemia-de-gripe-en-todo-el-mundo-dos-semanas-antes-que-los-servicios-de-salud_911205730963.html

Carabaña, C. (2015). Cuatro casos en los que el ‘big data’ pasó de útil a escalofriante. EL PAÍS. Recuperado el 5 de Diciembre del 2017, de https://elpais.com/elpais/2015/08/11/icon/1439304143_858615.html#comentarios

El Observador. (2017) ¿Trump ganó gracias al big data?. El Observador. Recuperado el 28 de Noviembre de 2017, de https://www.elobservador.com.uy/trump-gano-gracias-al-big-data-n1023849

La Vanguardia (2015). Los me gusta de Facebook revelan el perfil psicológico. La Vanguardia. Recuperado el 29 de Noviembre del 2017, de https://www.lavanguardia.com/tecnologia/redes-sociales/facebook/20150220/54426357810/me-gusta-facebook-revelan-perfil-psicologico.html

Pulido, E. (2016). Big data: ¿Solución o problema?. UAM. Recuperado el 10 de Diciembre del 2017, de https://repositorio.uam.es/handle/10486/677785

Salazar, J. (2016, 01 de enero). Big data en la educación. Revista Digital Universitaria. (17) p. 4. Recuperado de https://www.revista.unam.mx/vol.17/num1/art06/

Soares, I (2016) Analistas psicológicos: el arma secreta de Donald Trump para que votes por él. CNN. Recuperado el 29 Noviembre del 2017, de: https://cnnespanol.cnn.com/2016/11/05/analistas-psicologicos-el-arma-secreta-de-donald-trump-para-que-votes-por-el/#0

Tosas, G. (2017). Robert Mercer, el ‘big data’ que está detrás de la victoria de Donald Trump y el Brexit. La Vanguardia. Recuperado el 28 Noviembre de 2017, de https://www.lavanguardia.com/internacional/20170302/42436551278/robert-mercer-multimillonario-donald-trump-brexit.html

  • Ciencia

Los desafios que enfrentan las familias de niños con trastornos de aprendizaje

  • 04/07/2018
  • Alejandra Alonso

Aunque el diagnóstico de problemas de aprendizajes ya significa en sí que tanto el niño como sus padres han pasado momentos difíciles académicamente hablando, dichos problemas se extienden más allá, afectando la calidad de vida general de la familia, y existen algunos datos sobre esto. Por ejemplo Balazs, Miklosi, Toro & Nagy-Varga (2016) observaron que los niños con discapacidad en la lectura y sus padres mostraban puntajes más bajos en un cuestionario que medía calidad de vida, comparados con el grupo control.

Con esta problemática en mente, y considerando que no hay instrumentos que midan calidad de vida en niños con problemas de aprendizaje, científicos quisieron desarrollar un cuestionario psicométrico breve que tuviera en cuenta cuestiones como: percepción de apoyo escolar, estrés relacionado a las tareas escolares, preocupaciones parentelas sobre el aprendizaje y cuestiones sociales y el estrés causado por los problemas de aprendizaje.

El estudio se realizó en dos fases:

Primera fase

Para comenzar, se administró un cuestionario online de 35 items a 151 cuidadores (mayormente mujeres) cuyos niños (mayormente varones blancos) habían recibido una evaluación independiente de problemas de aprendizaje. Se realizó análisis factorial para reducir el número de items.

Segunda fase

En la siguiente fase, se le administró el cuestionario, ahora más breve, otra vez de manera online (LD/QOL15) a una muestra comunitaria. En esta instancia la muestra constó de 325 padres, de los cuales 93 tenían niños diagnosticados con algún problema de aprendizaje. Los objetivos eran determinar si la estructura factorial podría replicarse en la muestra comunitaria, generar normas relacionadas al género y la edad y evaluar cuán bien discriminaba el instrumento a los niños en educación general de aquellos que la escuela había identificado con problemas de aprendizaje.

Resultados

Los científicos documentaron diferencias significativas entre niños y familias en educación general y aquellos que fueron identificados con problemas de aprendizaje.

Además se comprobó que éste último grupo presenta una calidad de vida empobrecida, hecho que se vincula con el funcionamiento escolar.

A su vez se observó que el impacto que causan los problemas de aprendizaje en las familias parece aumentar con el tiempo, ya que las familias de estudiantes de escuela intermedia reportaban más problemas que aquellos en primaria.

Los autores aconsejan que investigaciones futuras cuenten con una muestra más diversa (en la suya, la mayoría eran personas blancas) y se incluya a los estudiantes de secundaria. También aconsejan su uso en escuelas y consultas médicas para que docentes y pediatras estén más conscientes del estrés que sufren éstas familias y puedan aconsejar la ayuda necesaria.

Referencia del estudio original: Deborah P. Waber, Ellen C. Boiselle, Peter W. Forbes, Jonathan M. Girard, Georgios D. Sideridis. Quality of Life in Children and Adolescents With Learning Problems: Development and Validation of the LD/QOL15 Scale. Journal of Learning Disabilities, 2018; 002221941877511 DOI: 10.1177/0022219418775119

Fuente: Science Daily

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¿Cuándo es patológica la personalidad?

  • 03/07/2018
  • CETECIC

La personalidad es uno de los constructos más estudiados por la Psicología. No obstante, hasta el día de hoy no tenemos una definición clara y ampliamente aceptada. Ni que hablar de los “trastornos de la personalidad”, pues si no acertamos a definir adecuadamente lo que es la personalidad, menos aún podremos decir cuándo ella es sana y cuándo patológica. Aun así, hay intentos, muy buenos intentos, que en el camino de llegar a una comprensión más cabal de los procesos patológicos de la personalidad nos van aportando guías y pautas para trabajar en la clínica con los tan temidos “trastornos de la personalidad”.

Las primeras aproximaciones al estudio de la personalidad se remontan ya a la Grecia Antigua con el médico griego Hipócrates, quien propuso una visión basada en cuatro grandes temperamentos. Desde ahí, el término ha pasado por muchas vicisitudes hasta que, hacia mitad del siglo pasado, el conocido psicólogo Gordon Allport propuso una definición científica bastante aceptada: “…la personalidad es una organización dinámica, dentro de la persona, de sistemas psicosociales que crean sus patrones característicos de comportamiento, pensamiento y sentimiento…”.

La investigación actual de la personalidad se encuentra fuertemente guiada por un enfoque conocido como tradición léxica. En esta línea, la hipótesis básica y más importante sostiene que los lenguajes naturales, a lo largo de miles de años, han creado un conjunto muy amplio de palabras para describir a las personas; por ende, si nos tomamos el trabajo de capturar esas palabras y armar una lista exhaustiva, lograremos tener un buen conjunto de calificativos para describir a la personalidad. El método parece haber tenido éxito cuando se combinó con un procedimiento estadístico llamado análisis factorial, el cual permite encontrar los denominadores comunes que subyacen a los conjuntos de adjetivos que describen a las personas. Así, hemos llegado a tener cinco grandes factores de personalidad, a saber: neuroticismo, extroversión, apertura, acuerdo y escrupulosidad. A su vez, esto cinco grandes dominios contienen 6 facetas, dando así un modelo jerárquico de personalidad que se puede caracterizar en función de 5 grandes dominios y 30 facetas, un total de 35 puntajes.

El gran éxito del modelo de los “Cinco Factores” ha sido encontrar un conjunto de rasgos que se replican una y otra vez en diferentes culturas con diferentes idiomas.

Uno de los grandes apoyos a este modelo tuvo lugar cuando la misma estructura de personalidad se replicó en diferentes lenguajes y diferentes culturas; lo cual nos hace pensar que más allá de las diferencias en las maneras de vivir y actuar, nos estamos aproximando a una estructura universal de la personalidad humana; un conjunto de rasgos básico que todos los seres humanos tendríamos pero en diferentes cantidades y combinaciones. Vale decir, la personalidad humana consistiría en una estructura básica de dimensiones, esto sería universal, independientemente del lugar de nacimiento, crianza, la forma de vida de nuestros primeros años, la lengua que hablamos al nacer o la que aprendimos luego a través de la educación formal; más allá de todas las contingencias individuales, siempre podremos describir a la personalidad en estos cinco grandes factores y sus seis facetas; lo que va a variar, y lo que finalmente nos dará la individualidad de cada personalidad, es la cantidad que se tenga de cada uno de ellos. Así, las diferencias individuales radican en la cantidad de cada rasgo que cada uno posee.

Ahora bien, ¿qué es un rasgo? Constituye un concepto central en la psicología de la personalidad, mucho antes de la introducción del modelo de los cinco factores. Un rasgo es una cualidad humana en la forma de pensar, sentir o hacer, sobre la cual las personas nos diferenciamos, siendo esta cualidad en cada individuo estable por largos periodos de tiempo y en una variada gama de situaciones. Un rasgo es por ejemplo, el grado de sociabilidad de una persona. Así, todos tenemos el rasgo, todos poseemos el rasgo de sociabilidad (estamos “rasgados”, se dice en el lenguaje propio del terreno), pero en diferentes cantidades todos somos más o menos sociables, es una marca estructural sobre la cual las personas nos diferenciamos a partir de la cantidad. Pero quien tienen un elevado rasgo de sociabilidad lo manifestará en muchas situaciones y por periodos largos de tiempo; no es algo que vaya a depender del contexto puntual en el cual esté.

Justamente, el gran éxito del modelo de los “Cinco Factores” ha sido encontrar un conjunto de rasgos que se replican una y otra vez en diferentes culturas con diferentes idiomas.

¿Cuándo la personalidad es sana y cuándo es patológica?

Pues bien, como la mayoría de los modelos psicológicos científicos contemporáneos, el de los “Cinco Grandes” es subsidiario de una visión evolucionista. Así, se entiende que los diferentes rasgos de personalidad, sus cantidades y combinaciones posibles, son adaptaciones a problemas evolutivamente relevantes que nuestros antepasados primitivos afrontaron en el ambiente arcaico. También, como sucede en los desórdenes sintomatológicos, lo que otro fue adaptativo, hoy puede no serlo.

Así, por ejemplo, un nivel elevado de impulsividad y agresividad pudo ser una ventaja evolutiva en un ambiente primitivo, donde la supervivencia se jugaba mucho en la capacidad de defenderse físicamente de ataques violentos por parte de “los otros”, los diferentes y distintos a “nosotros”. Estos valores hoy son fuertemente repudiados por la sociedad contemporánea. Veamos un ejemplo más polémico aún. El rapto, la violación y la esclavitud sexual de mujeres por parte de los pueblos guerreros y más agresivos fue una práctica relativamente común hasta la creación de los estados modernos; desde un punto de vista evolutivo fue una estrategia eficaz de reproducción cuyo final, al menos como método sistemático, llegó hace menos de mil años; lapso que representa un parpadeo de ojos en términos evolutivos.

Así, muchas características de esas personas que violaron agresivamente a sus víctimas pasaron a las generaciones siguientes y hoy las vemos en desórdenes como el trastorno límite de personalidad, el trastorno antisocial de personalidad o el paranoide. Tal vez no nos haga sentir muy bien pensar en que algún tátara-tátara abuelo lejano abusó sexualmente de nuestra lejanísma tatara-tátara abuela, pero esto es un hecho; muchos de nosotros que hoy repudiamos una práctica tal, somos los descendientes. Nuestros valores han cambiado, pero nuestra biología no. Y si la familia no se elige… menos aún los antepasados…

Así las cosas, la definición de personalidad patológica no puede desconocer el lecho evolutivo desde el cual venimos pero tampoco debería sólo remitirse a eso; al fin y al cabo, parece claro que la definición de salud (especialmente la mental) siempre termina conteniendo elementos sociales propios de la cultura que la define.

La combinación del neuroticismo alto con un elevado nivel de extroversión es característica del desorden antisocial de la personalidad y toda su sintomatología concomitante

Uno de los intentos más prometedores ha sido relacionar la patología de la personalidad con los niveles extremos, muy extremos, de algunos rasgos. En este sentido, el primer candidato es el neuroticismo. Por su misma naturaleza, se lo considera como el ámbito más propicio para la germinación de psicopatología en general y la de la personalidad en particular. Los estudios empíricos han apoyado fuertemente esta hipótesis. Respecto de los demás dominios y facetas, el panorama es menos claro. Se ha intentado relacionar con qué otro dominio muy alto o muy bajo debería combinarse el neuroticismo como para dar diferentes desórdenes de personalidad. Esta vía ha dado algunos frutos aunque definitivamente, está lejos de ofrecer un panorama amplio. Así, por ejemplo, la combinación del neuroticismo alto con un elevado nivel de extroversión es característica del desorden antisocial de la personalidad y toda su sintomatología concomitante, consumo de sustancias, gasto irrefrenado de dinero y derroche de todos los recursos. La escrupulosidad muy elevada es prototípica del trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad. Un nivel extremadamente bajo de Acuerdo es propio del desorden paranoide.

La definición de personalidad patológica no puede desconocer el lecho evolutivo desde el cual venimos pero tampoco debería sólo remitirse a eso

Uno de los aportes más sobresalientes a la discusión acerca de la demarcación del campo de la psicopatología proviene del concepto de “disfunción dañina” propuesto por Wakefield. De acuerdo a este planteamiento, lo que define a la psicopatología tiene dos aristas: por un lado, la disfunción, un concepto científico; por otro, el costado dañino, signado por una valoración social. Así, por ejemplo, un cuadro depresivo mayor cumple el criterio de disfuncionalidad, pues pone al organismo en posición de no ejecutar conductas para las cuales simplemente está diseñado. La depresión también cumple el criterio de daño, pues claramente amenaza incluso hasta su misma supervivencia. Pero no todo es tan simple.

Primero, en el campo médico-biológico resulta relativamente sencillo afirmar que hay un proceso patológico basándonos en la idea de que un órgano o sistema deja de cumplimentar su función; así si un riñón no procesa adecuadamente los líquidos o la glándula suprarrenal no fabrica suficiente noradrenalina; diremos que hay una disfunción. El problema al pasar esta idea al campo psicológico radica en que nadie sabe con certeza cuántas y cuáles son las funciones psicológicas que debería llevar adelante un cerebro sano como para luego, desde ahí, conceptualizar la disfunción. De todos modos, el concepto resulta muy útil y sobre todo, prometedor a medida de que vayamos alcanzando una comprensión más cabal del mapa de las funciones psicológicas sanas.

Nadie sabe con certeza cuántas y cuáles son las funciones psicológicas que debería llevar adelante un cerebro

Por otro lado, ya hemos insistido en la idea de que nuestro cerebro ejecuta funciones que fueron adaptativas hace miles de años, pero que dudosamente lo son hoy. ¿Qué diremos en ese caso? Si una persona reacciona desmayándose ante la vista de su propia sangre, no podemos decir que tal característica es disfuncional, pues ha protegido a la especie de desangrarse en tiempos ancestrales donde no existían los coagulantes, las gasas y las vendas. No obstante, sí es dañina y, en este sentido, tratable como condición clínica, tan solo porque genera incomodidad. Vale decir, estamos frente a una función evolutivamente adaptativa, no una disfunción, pero que sí es dañina; cumplimos sólo el segundo criterio de la conceptualización. ¿Podemos encontrar el caso opuesto, esto es, una disfunción que no sea dañina? Por supuesto que sí. En tiempos ancestrales, un marido víctima de una infidelidad habría simplemente matado a su pareja, al amante y seguramente a los hijos frutos probable de tal relación; definitivamente en la carrera evolutiva esto fue una estrategia para favorecer la reproducción de los propios genes y no los de otros; de hecho aún hoy puede verse esta conducta en muchas especies no humanas (y a veces en los humanos también…). Claro está, los valores culturales de nuestra era rechazan de cuajo cualquier tipo de reacción vengativa de esta clase con lo cual, la conducta opuesta, la de saber contener el enojo y agresión, canalizarlo hacia medios más institucionalizados como un divorcio, es en sentido evolutivo una disfunción, pero no es dañina.

Así, sintéticamente dicho, Wakefield ha propuesto, y la comunidad científica ha aceptado bastante bien, la idea de que necesitamos ambos criterios, el de disfunción y el de daño, para dictaminar con claridad que hay psicopatología. ¿Cuán aplicable es esto a los desórdenes de la personalidad? Parece que el criterio es al menos parcialmente aplicable. Por el lado de la disfunción, los desórdenes de personalidad pueden ser vistos como disfuncionales tanto desde un modelo categorial como desde uno disfuncional. Desde ambos enfoques, se entiende que los desórdenes de personalidad son sistemas cerrados, casi inmunes a la retroalimentación experiencial, lo que les impide aprender de los ejemplos más simples de la vida. Esto es sin duda una disfunción, pues si hay algo que un cerebro necesita hacer es aprender de la experiencia a fin de modificar los hábitos y no cometer sistemáticamente los mismos errores. Los sistemas dimensionales enfatizan más el conjunto de rasgos que en cada caso daría déficits específicos, pero no deja de entender al cuadro como una disfunción. Respecto del criterio de daño, tampoco caben muchas dudas, salvo nada menos que para quien lo padece. En efecto, algunos desórdenes de personalidad se caracterizan por el daño y complicación que generan al entorno relaciones interpersonales. El desorden antisocial brilla en primera fila por el daño que causa a los demás sin ser ningún problema para quien lo padece. Pero no es el único, pues muchas veces cuadros como el histriónico, narcisista o límite constituyen una fuente de problemas para familia y amigos pero con ninguna consciencia por parte de quien lo lleva.

la comunidad científica ha aceptado bastante bien, la idea de que necesitamos ambos criterios, el de disfunción y el de daño, para dictaminar con claridad que hay psicopatología

En síntesis, La mayoría de los investigadores ven la “disfunción dañina” como un buen criterio para demarcar la psicopatología. Aparte, se acuerda que los niveles muy extremos de algunos rasgos pueden ser un ingrediente necesario pero no suficiente para definir a la personalidad patológica y, particularmente, a los trastornos de la personalidad. Otros componentes implicados refieren a una cognición desordenada, incapacidad de aprender de la experiencia y algún grado de disfuncionalidad en la sociabilidad personal y/o la generación de conflictos sociales al entorno más cercano. El componente de sufrimiento subjetivo, tan críticamente sobresaliente para algunos desórdenes sintomatológicos, no ocupa en las definiciones de trastornos de la personalidad un rol tan destacado pues muchas veces, se trata de cuadros egosintónicos.

Los desórdenes de la personalidad

Históricamente, se ha realizado una distinción entre los “desórdenes sintomáticos”, como por ejemplo una depresión o un trastorno de pánico, respecto de otros desórdenes más severos, estables y crónicos, los llamados “desórdenes de personalidad”. Siempre han sido categorías elusivas, complejas de definir, que han generado polémica. Ni que hablar de su tratamiento; si no podemos definirlas adecuadamente, menos aún podremos tratarlas clínicamente. Hasta la versión anterior del DSM los “desórdenes de personalidad” se clasificaban en un eje diferente de los desórdenes sintomatológicos; algo que desapareció con la eliminación de la clasificación multiaxial a partir de la quinta y vigente versión del manual. No obstante, esta última ha dejado intactos los criterios de diagnóstico y clasificación de los desórdenes de personalidad, pese a l hecho de las sugerencias de cambio y la fuerte polémica que caracteriza al terreno. En el DSM 5, los desórdenes de personalidad son categorías discretas, como en todo el resto del manual. Así, una lista de diez trastornos compone la nosología actual oficial. No obstante, y como una manera de hacer lugar al fuerte debate presente, el manual ha incorporado una forma alternativa de clasificación como parte de los criterios y guías para investigaciones futuras. Tales criterios poseen una base dimensional vinculada directamente con el modelo de los “Cinco Grandes Factores”, sus dominios y facetas.

Sea cual fuera la definición y manera de clasificar a los desórdenes de personalidad, y más allá de las complejidades propias del campo de estudio, los psicólogos que hacemos terapia cognitivo conductual no deberíamos olvidar algunas de nuestras premisas básicas, que hacen a la esencia del modelo y su efectividad. Entre ellas, la adecuada evaluación y construcción de un análisis funcional y formulación clínica del caso, que luego guiará nuestra intervención. Asimismo, la medición sistemática de la efectividad de nuestras aplicaciones, lo que nos da un criterio claro para incluir o no las nuevas formas de tratar a estos desórdenes. En este sentido, nuevas aplicaciones deberán ser al menos igual de efectivas que las viejas para ser incluidas, o ser más simples o amigables para pacientes y terapeutas, o habrán de contener algún componente novedoso que no sea tan sólo una reedición (o un nuevo nombre) de prácticas anteriores que únicamente se organizaron y rebautizaron de otro modo. Eso es hacer terapia cognitivo conductual.

Artículo publicado en la revista del Centro de Terapia Cognitiva Conductual y Ciencias del Comportamiento, y cedido para su publicación en Psyciencia.

  • Ciencia

Aeróbicos para tratar la esquizofrenia

  • 03/07/2018
  • Maria Fernanda Alonso

Muchas investigaciones han sido realizadas con su foco en los efectos los ejercicios físicos. Así, les hemos contado sobre su impacto para tratar condiciones como el estrés postraumático, el TDAH, o el Parkinson. También hablamos de sus efectos al momento de reducir episodios de migrañas, para preservar la memoria y controlar el estrés cotidiano. E incluso escuchamos a Wendy Suzuki explicar cómo puede, de manera inmediata, mejorar nuestro estado de ánimo, concentración y a la vez protegernos de enfermedades como el Alzheimer, la demencia y la depresión.

En esta ocasión, un ensayo aleatorio controlado publicado en Frontiers in Psychiatry, aporta evidencia de que un programa de ejercicio aeróbico regular reduce la psicopatología en personas diagnosticadas con esquizofrenia. Y parece tener un impacto particular en los llamados “síntomas negativos”, tales como la apatía o pérdida se sentimiento emocional, que no mejoran con tratamientos con medicación estándar.

Los autores de este estudio, liderados por Peng-Wei Wang de Kaohsiung Medical University Hospital en Taiwan, sostienen que si bien los antipsicóticos son esenciales para tratar la esquizofrenia, puede que otras intervenciones sean necesarias para alcanzar mejores resultados.

Para el ensayo, los investigadores reclutaron a 62 pacientes quienes habían sido diagnosticados con esquizofrenia al menos un año antes, y que habían tenido una dosificación de medicamentos antipsicóticos estable por al menos tres meses. Los participantes fueron ubicados al azar en un grupo de ejercicio aeróbico (30 minutos de ejercicio aeróbico vigoroso, teniendo en cuenta la frecuencia cardíaca máxima de cada participante), o a un grupo control que realizó ejercicios de estiramiento (25 minutos de flexibilidad, tonificación y equilibrio), con una meta de cinco sesiones a la semana por 12 semanas. No todos los participantes pudieron cumplir con el requerimiento mínimo de tres sesiones por semana durante esos tres meses, pero 24 de los integrantes del grupo de ejercicios y 22 del grupo control sí completaron el estudio. (No hubieron diferencias significativas en cuanto a género, edad de inicio de la esquizofrenia, o dosis media de antipsicóticos entre los dos grupos.)

Un psiquiatra que no sabía de la ubicación en cada grupo, usó una escala de evaluación de síntomas de esquizofrenia estándar para entrevistar y evaluar a todos los participantes: al principio del estudio, al finalizar las 12 semanas de intervención, y tres meses después. El grupo control no mostró mejorías en síntomas positivos (por ejemplo, alucinaciones y delirios) o negativos, ni en la psicopatología general, durante el estudio ni en el periodo de seguimiento.

En contraste, el grupo de ejercicios aeróbicos presentó, durante las 12 semanas de intervención, un decrecimiento en su psicopatología en general y en los niveles de síntomas positivos y negativos. Tres meses después, estas mejorías se habían mantenido (y, en el caso de síntomas negativos, continuaron mejorando). Además, cuanto más severos eran sus síntomas negativos y psicopatología general al principio del estudio, mayores fueron sus mejorías al final. Esto llevó a los autores a concluir que el ejercicio aeróbico podría ser una buena intervención no farmacoterapéutica para pacientes con esquizofrenia tratados con antipsicóticos.

Existen múltiples explicaciones posibles para estos efectos: el ejercicio vigoroso puede aumentar los niveles del neurotransmisor glutamato (otro trabajo ha encontrado que aumentar la función del glutamato puede mejorar los síntomas negativos de la esquizofrenia); niveles elevados del factor neurotrófico derivado del cerebro (involucrado en la reparación de células cerebrales dañadas e impulsa el crecimiento de nuevas. Bajos niveles de este factor están asociados con los síntomas de la esquizofrenia); y también ayuda a regular el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA), el sistema de respuesta al estrés. La disfunción del eje HPA es una característica importante en la esquizofrenia, señalan los autores.

Este estudio ha dejado ciertos interrogantes que deberán ser evacuados en futuras investigaciones, por ejemplo, ¿es suficiente un programa de 12 semanas para producir efectos duraderos, y para el aumento de las mejorías? Los investigadores no tomaron registro de cuánta actividad física realizó el grupo aeróbico en los tres meses que pasaron entre el programa de 12 semanas y la evaluación final. Puede que si los participantes siguieron ejercitándose, esto haya sido relevante para el mantenimiento y aumento de las mejorías. Aunque sin importar cuál haya sido la situación, mantener una rutina de ejercicios no es mala idea, sobre todo conociendo sus grandes beneficios para la salud.

Referencia del estudio: Peng-Wei Wang, Huang-Chi Lin, Chwen-Yng Su, Ming-De Chen, Kuo C. Lin, Chih-Hung Ko and Cheng-Fang Yen. Effect of Aerobic Exercise on Improving Symptoms of Individuals With Schizophrenia: A Single Blinded Randomized Control Study. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2018.00167

Fuente: The British Psychological Society

  • Clínica

Una introducción a los conceptos básicos del análisis conductual

  • 03/07/2018
  • Fabián Maero

Haremos hoy, después de tantos artículos sobre conductismo y análisis conductual, algo que prácticamente no hemos hecho: intentar una introducción a las operaciones y terminología básica del análisis conductual. Sí, solemos empezar las cosas por cualquier lado.

Si ya están familiarizados con el campo, pueden omitir esta lectura (se los ruego de hecho, así critican las miles de equivocaciones que estoy por cometer), pero si no, puede ser una forma tan buena como cualquier otra de dar sus primeros pasos en el tema.

Empecemos desde cero.

Supongamos que queremos convertirnos en investigadores, para conocer un poco más acerca de cómo se comportan los seres vivos — sean animales complejos como delfines, leones, ratones, u otros como babosas, insectos, o cantantes de reggaetón — con el objetivo de comprender un poco más lo que hacen. Es decir, nos interesa la conducta en general. Y ya que nos interesa la conducta en general, aunque sea la de un insecto, un pez, o un ser humano, hablaremos de la conducta de los organismos para incluirlos a todo ser que pueda tener conductas.

En este escenario, hay varias vías que podríamos seguir para comprender la conducta de un organismo.

En primer lugar, podríamos observar la conducta cuando sucede naturalmente. Podemos ver, por ejemplo, qué hace nuestro gato, cómo interactúa con el mundo. Así observo, por ejemplo, que se acuesta en el sillón a la mañana, y que a la tarde duerme en la cama.

Lamentablemente, notamos que esto no nos lleva muy lejos en términos de comprensión. Podemos formular algunas hipótesis, pero si no tenemos control sobre lo que sucede ni podemos intervenir no ganaremos mucha comprensión sobre sus conductas. Quizá el gato cambie de lugar de dormir según cómo varíe la temperatura de la casa, quizá lo haga buscando el lugar más silencioso, no hay manera de saberlo con certeza. Si queremos saber un poco más tenemos que dar un paso más e intervenir; en otras palabras, podemos modificar algo del ambiente para ver qué pasa con la conducta.

Esta será entonces la metodología central de investigación e intervención en las disciplinas conductuales: organizaremos el ambiente de ciertas formas para observar el efecto que tiene eso sobre la conducta.

el conductismo será la filosofía, mientras que el análisis conductual será la disciplina con la que investigaremos la conducta, es decir nuestra ciencia de la conducta.

Dado que estamos tratando de analizar conductas particulares, podemos llamar a esta disciplina análisis de la conducta, y llamar analista conductual a la persona que está tratando de comprender la conducta con esa metodología. En contraste, podemos llamar conductista a quien piense y reflexione sobre la conducta y la metodología en general, filosóficamente, mientras que analista conductual será quien investigue activamente (de manera experimental o en situaciones aplicadas del mundo real), sobre conductas particulares. Entonces, el conductismo será la filosofía, mientras que el análisis conductual será la disciplina con la que investigaremos la conducta, es decir nuestra ciencia de la conducta.

Volviendo a nuestro ejemplo de investigación de las conductas de nuestro gato, podemos llamar procedimientos u operaciones al acto de organizar el ambiente, y podemos llamar procesos a los resultados de esa organización del ambiente, por eso solemos hablar de procedimientos y procesos en psicoterapia: los primeros son las formas de organizar el ambiente (trátese de una intervención psicoterapéutica, o de la disposición de un aparato de investigación como una caja de Skinner), mientras que los segundos son los resultados que observamos en un organismo.

Observar la conducta

Como mencionamos, lo primero que podemos hacer es observar la conducta. En cierto modo, una buena parte (pero no toda) de la disciplina que llamamos Etología se ocupa de esto: la observación del comportamiento de organismos en su entorno natural, tratando de no intervenir demasiado. La etología observa los hábitos de comportamiento de diversas especies, buscando regularidades y patrones, usualmente en su entorno y observando sus interacciones naturales.

Por ejemplo, en este video podemos ver cómo un grupo de investigadores utilizaron un pingüino falso para acercarse a un grupo de pingüinos para observar su comportamiento con mínima perturbación (aunque es de suponer que ver un pingüino con ruedas debe haber causado considerable confusión en sus congéneres).

Aunque la mera observación de la conducta nos proporcionará bastante información con respecto a cómo se comporta un organismo, no nos llevará muy lejos con respecto a por qué se comporta así, es decir, no nos ayudará del todo a comprender la conducta, sus causas y posibles modificaciones. Estamos limitados a observar lo que le pasare al pingüino, y convengamos que a veces a un pingüino no le pasa gran cosa.

En lugar de intentar modificar al organismo o ver cómo es por dentro, es modificar el ambiente y ver qué sucede con su conducta.

Si queremos saber un poco más, podemos intervenir sobre la situación de alguna forma. No tiene sentido intentar modificar directamente la conducta — puedo mover al gato de la cama al sillón, pero a) probablemente se resista y vuelva, y b) no estaré comprendiendo demasiado sobre por qué el gato duerme en el sillón o en la cama. Tampoco me ayudará mucho si solo le hago varios estudios por imágenes al gato (radiografías, electroencefalogramas, fMRI, etc.), ya que eso sólo me dirá, digamos, cómo es mi gato por dentro, su estructura, mientras que nosotros estamos interesados en lo que hace (y como lograr que en algunos casos, deje de hacerlo).Probablemente la estructura del nuestro se vea así:Lo que podemos hacer además de observar para comprender la conducta, en lugar de intentar modificar al organismo o ver cómo es por dentro, es modificar el ambiente y ver qué sucede con su conducta. Y aquí nos encontramos con dos opciones para proceder: podemos presentar estímulos, o podemos organizar consecuencias.

Presentar estímulos

Presentar estímulos se explica bastante por sí mismo: introduzco un estímulo en el ambiente del organismo que quiero estudiar y veo qué sucede. Esto también es algo que los etólogos suelen hacer: introducen algún estímulo y observan cómo responden. El conocido experimento de los etólogos Lorenz y Tinberger es un buen ejemplo de presentación de estímulo. Recortaron una silueta de cartón, que según la dirección en que se mueva semeja un halcón o un ganso, y la hicieron pasar como si fuera un ave sobrevolando sobre un grupo de pavos jóvenes. Cuando la hicieron pasar hacia la izquierda (semejando un ganso), los pavos no se inmutaron. Cuando la hicieron pasar hacia la derecha (semejando un halcón), salieron corriendo. De aquí podemos arriesgar que hay alguna relación entre las características del estímulo y la conducta de esos pavos. Ya sabemos algo más de lo que podríamos conocer por mera observación.

En análisis conductual, cuando una conducta es causada directamente por un estímulo llamamos al estímulo elicitante y decimos que la conducta es elicitada. Las conductas elicitadas por un estímulo suelen ser bastante imperiosas y difíciles de controlar para el organismo, por eso se suelen denominar popularmente “reflejos” (aunque el término tiene usos más precisos). Cuando el médico les pega en la rodilla con su martillito de goma es casi imposible evitar levantar la pierna, por ejemplo.

Entonces, lo primero que podemos hacer para comprender un poco más la conducta es presentar estímulos y observar lo que sucede con las conductas.

Organizar consecuencias

Además de presentar estímulos también podemos hacer algo bastante más sofisticado: podemos organizar el ambiente de manera que sucedan consecuencias frente a ciertas acciones del organismo.

Por ejemplo, podemos poner a un ratón en un laberinto de cartón en el cual en la salida hay queso; o incluso podemos complejizar el experimento y diseñar dos salidas para el laberinto: en una hay queso y en la otra hay una placa que administra un choque eléctrico suave, y ver en repetidos ensayos qué tiende a hacer el ratón.

Lo que es reforzado o castigo es la conducta, nunca el organismo en sí. El queso al final del laberinto refuerza la conducta de buscar la salida, no al ratón.

Los conocidos experimentos de Thorndike fueron organizaciones de consecuencias de este tipo. Thorndike diseñó una serie de jaulas en las cuales un gato podía salir sólo si realizaba ciertas acciones.

Thorndike notó que al principio el gato pasaba algún tiempo hasta encontrar la salida, pero con sucesivas presentaciones el gato salía cada vez más rápidamente: el efecto de sus conductas tendía a influenciar sus conductas futuras.

Cuando organizamos consecuencias, podemos notar que las consecuencias tienen de manera general dos efectos sobre la conducta. Algunas consecuencias hacen que cierta conducta siga emitiéndose, o que se emita más a menudo que antes; mientras que otras consecuencias hacen que cierta conducta deje de emitirse o se emita menos. En el primer caso hablaremos de una operación de reforzamiento, y diremos que la conducta X ha sido reforzada por su consecuencia. En el segundo caso hablaremos de una operación de castigo y diremos que la conducta ha sido castigada por su consecuencia.

Notemos dos cosas: lo que es reforzado o castigo es la conducta, nunca el organismo en sí. El queso al final del laberinto refuerza la conducta de buscar la salida, no al ratón. En segundo lugar, notemos que no sabemos qué efecto tendrá una consecuencia que hemos puesto hasta tanto no observemos su efecto sobre la conducta, por lo cual a priori no podemos estar seguros de si una consecuencia determinada tendrá un efecto de reforzamiento o de castigo, sino que lo sabemos solo una vez que han sucedido esas consecuencias.

Reforzamiento y castigo no son propiedades intrínsecas de los estímulos, sino la relación entre los efectos de cierto estímulo y cierta conducta, y también podemos llamar a esta relación la función.

Esto suele llevar a confusiones. Una consecuencia puede funcionar como reforzamiento para un organismo y no para otro, o incluso puede funcionar como reforzamiento en un momento y como castigo en otro (la consecuencia del sabor de la cerveza puede reforzar el beber cerveza un sábado a la noche, y castigar el beber cerveza el domingo a la mañana cuando estamos con resaca). Reforzamiento y castigo no son propiedades intrínsecas de los estímulos, sino la relación entre los efectos de cierto estímulo y cierta conducta, y también podemos llamar a esta relación la función. Charles Catania propone utilizar el término consecuenciar para la operación de administrar consecuencias, y propone que sólo hablemos de refuerzo o castigo según los efectos en la conducta de esas consecuencias, pero a pesar de que este término resolvería varias confusiones no suele utilizarse.

Entonces, hasta ahora tenemos algunos recursos para comprender la conducta:

Observar la conducta

Presentar estímulos

Organizar consecuencias

Pero aún podemos complejizar más la situación y mejorar así nuestra comprensión de lo que sucede.

Señalar

Si observamos el mundo podemos notar que tanto la presentación de estímulos como la presentación de consecuencias suelen ser señaladas por otros estímulos o eventos. Cuando el microondas termina su ciclo emite un sonido que señala que ya podemos retirar nuestra comida, y a su vez el olor de nuestra comida señala que el sabor va a ser insoportable (es mi experiencia habitual al menos).

Entonces tenemos algo más que podemos usar para investigar: señalar estímulos o el señalar consecuencias serán operaciones que podremos utilizar para estudiar la conducta de los organismos.

Señalar estímulos

Algo que podemos hacer es presentar un estímulo que señale la ocurrencia de otro estímulo. El ejemplo más conocido para todos los psicólogos es el trabajo de Pavlov. Como probablemente sepan, inicialmente Pavlov presentaba a sus perros un estímulo (comida), y medía cuánto salivaban. Hasta aquí es un procedimiento básico de presentación de estímulos, en el cual se presenta un estímulo elicitante, ya que elicita una respuesta de salivación.

Pero luego observó que frente a ciertos eventos que señalaban al perro que estaba por recibir comida (por ejemplo, la aparición del investigador con su guardapolvo blanco), el perro también comenzaba a salivar, incluso antes de recibir la comida. Pavlov comenzó entonces a investigar este efecto sistemática y deliberadamente, utilizando por ejemplo el sonido de un metrónomo como señal, y comprobó que estas señales podían tener efecto por sí mismas.

En este caso, el sonido señala un estímulo, por lo cual tenemos una relación entre estímulos. En este caso un estímulo señala a otro estímulo sin importar la conducta del perro.

Señalar consecuencias

Otra tipo de señalar se da cuando un estímulo o evento señala la disponibilidad de una consecuencia. Por ejemplo, cuando escuchan una notificación en su celular y abren su aplicación de mensajería, la notificación no está señalando un estímulo, sino que está señalando una consecuencia (en este caso, que hay una conversación disponible). Esta operación de señalar podría describirse coloquialmente así: “este estímulo X señala que la consecuencia Z está disponible para la conducta Y”.

El sonido de la lata de atún que se abre es lo que señala a nuestro gato que la conducta de acercarse, mostrarse cariñoso, y emitir maullidos zalameros, tendrá frecuentemente como consecuencia el recibir un poco de atún.

En este caso el sonido de la lata de atún al abrirse no “causa” automáticamente la conducta. Si el gato está ocupado en otra cosa quizá no se acerque, mientras que cuando se trata de un estímulo elicitante la conducta se emite casi bajo cualquier contexto: si escuchan un sonido muy fuerte cerca de ustedes probablemente detengan su actividad y observen en esa dirección sin importar qué estén haciendo. Por este motivo el sonido de la lata de atún no es un estímulo elicitante sino que se llama estímulo discriminativo (se suele abreviar como Ed o Sd), ya que permite discriminar la disponibilidad de una consecuencia para una conducta.

Constantemente estamos bajo control de innumerables estímulos, en grado variable, en un flujo dinámico entre el contexto y la acción.

El Ed no elicita la conducta, sino que la ocasiona. A diferencia de lo que sucedía con el sonido del metrónomo para el perro de Pavlov, el gato tiene que emitir una conducta para obtener un estímulo reforzante. Lo mismo sucede con los castigos: cuando alguien emite el sonido “voy a poner algo de reggaetón”, esa frase es un estímulo discriminativo que señala que si salgo corriendo (conducta) evitaré un montón de sufrimiento (efecto).

Las investigaciones de Skinner giraron principalmente en este tipo de relaciones entre estímulos, conductas y consecuencias, y a esta relación entre estímulo discriminativo, conducta, y consecuencia, es lo que generalmente llamamos “contingencia de tres términos”.

Modificar la efectividad de consecuencias

La última operación que veremos hoy, que puede tener un impacto sobre la conducta, es lo que habitualmente se llama operaciones establecientes u operaciones motivacionales. Esto se refiere a todo procedimiento que altera el grado en que una consecuencia funciona como tal.

Por ejemplo, supongamos que nuestra madre nos dice “si ordenás tu cuarto hay postre”. Eso sería un Ed que señala que habrá una consecuencia (presumiblemente reforzante) para la conducta de limpiar la habitación. Sin embargo, si acabamos de ingerir nuestro propio peso en comida la noche anterior (lo cual suele suceder en las fiestas), la efectividad del postre como reforzador disminuirá. O si hemos estado haciendo ejercicio intensamente, el valor de refuerzo de una botella de agua fría será más alto.

Para citar un conocido ejemplo del inagotable campo de la publicidad:

Este “no de nuevo” es un ejemplo de cómo ciertas operaciones pueden modificar la efectividad de una consecuencia, es decir, incluso una consecuencia deseable se convierte en indeseable cuando se dan ciertas condiciones (como la saciedad en general).

En estos casos no se modifica la disponibilidad de la consecuencia, ni tampoco cambian las señales: todo sigue estando allí. Lo que ha pasado es que ciertas operaciones establecientes han modificado la efectividad de esos estímulos como consecuencia.

Por eso se las llama también “operaciones motivacionales”, porque son las que aumentan la efectividad de una consecuencia para la emisión de una conducta.

Resumen

Tenemos entonces, además de la mera observación de la conducta, cinco operaciones básicas que podemos utilizar para analizar la conducta:

Presentar estímulos

Organizar consecuencias

Señalar estímulos

Señalar la disponibilidad de consecuencias

Alterar la efectividad de consecuencias

Estos cinco procedimientos, y los procesos que involucran, son el eje de toda la investigación y aplicaciones del análisis conductual: sea investigar en laboratorio, entrenar animales, trabajar con problemas humanos como dificultades de aprendizaje o lo que llamamos problemas psicológicos, lidiar con problemas organizacionales, mejorar la eficacia de grupos, etcétera, es decir, toda situación que involucre conducta.

Estas operaciones y sus procesos suceden de manera entrelazada de manera constante y compleja en la vida de un organismo. Constantemente estamos bajo control de innumerables estímulos, en grado variable, en un flujo dinámico entre el contexto y la acción, en donde las múltiples vertientes del contexto impactan la acción y a su vez la acción modifica el contexto, lo cual a su vez vuelve a influir sobre la acción.

El trabajo de un analista conductual es analizar ese flujo que involucra acciones y contexto, notar los procesos que están sucediendo que sean más relevantes para los objetivos que tuviere, para así discernir qué tipo de operaciones pueden facilitar la ocurrencia los resultados deseados. El analista conductual analiza las relaciones entre conducta y contexto, y dado que estas relaciones se pueden pensar como funciones (podemos decir la conducta es función del contexto, por ejemplo), llamamos a esto análisis funcional de la conducta.

Esto puede consistir, por ejemplo, en identificar cuál es el reforzador que sostiene una conducta indeseada, cuáles son las operaciones establecientes que disminuyen la efectividad de un reforzador, identificar si una conducta está mayormente bajo control de estímulos elicitantes o de estímulos discriminativos, etc.

Aprender análisis conductual, en sus diversas áreas de trabajo, es estudiar las múltiples y complejas formas en que el ambiente y la conducta se relacionan, y de qué manera ciertas modificaciones ambientales pueden generar conductas deseadas.

Cuando, por ejemplo, el objetivo es trabajar una fobia, se pueden observar conductas de evitación frente a ciertos estímulos, por lo cual el terapeuta puede intentar en presencia del estímulo evitado ayudar a que el paciente emita una conducta de acercamiento que inhiba la de evitación. O frente a la presencia de pensamientos o verbalizaciones hipercríticas que obstaculizan una vida valiosa, un terapeuta puede modelar e invitar al paciente a la emisión de conductas de autocompasión que disminuyan el impacto de esos estímulos. O al ayudar a un paciente con depresión, el terapeuta puede recurrir a operaciones establecientes (por ejemplo, hablar de valores y cómo sería una vida deseada) para aumentar la efectividad del reforzamiento para conductas valiosas.

Cerrando

Lo de hoy ha sido una introducción general, dirigida más a ayudar a clarificar conceptos básicos que a profundizar. Hemos seguido bastante de cerca a Catania, pero hemos agregado lo propio lo suficiente como para que tengamos que hacernos cargo de las estupideces escritas aquí.

Si les interesa leer un poco sobre las interacciones entre conducta y ambiente, les dejamos esta listita, en caso de que se odien lo suficiente como para infligirse estas lecturas:

  • En este artículo profundizamos un poco más sobre señalar estímulos, lo que llamamos condicionamiento clásicos (lo de Pavlov)
  • En este otro hablamos un poco más de los trabajos de Skinner sobre los diversos efectos que encontramos según cómo presentamos consecuencias.
  • En este otro describimos como ciertas formas de presentar consecuencias pueden llevar a conductas supersticiosas
  • En este otro describimos cómo el ambiente puede afectar la forma de acción de los psicofármacos.
  • En este damos una descripción del análisis funcional más bien desde la óptica de la psicoterapia
  • En este proporcionamos una serie de principios conductuales para trabajar uno de los principales recursos terapéuticos de raíz conductual: terapia de exposición.
  • En este intentamos torpemente la descripción de la depresión y su tratamiento desde una óptica conductual.
  • En este, describimos los múltiples factores a los que nos referimos cuando hablamos de «ambiente» o «contexto»
  • Este, finalmente, es una entrevista a un colega que utiliza ciencia conductual para fomentar conductas prosociales y cooperativas

Pueden dejar dudas, quejas, o inquietudes aquí mismo en los comentarios, y responderemos en la medida en que podamos.

¡Nos leemos la próxima!

  • Clínica

Una clase magistral de TCC con José Dahab (video)

  • 02/07/2018
  • David Aparicio

Hace unos días escuché, mientras iba en el auto de regreso a casa, la excelente entrevista que realizó Maria Eugenia Parla a José Dahab, (uno de los principales referentes de la TCC en Argentina) en la que explicó con envidiable elocuencia el contexto histórico en la que surgió la terapia cognitiva conductual, el desarrollo clínico de esta terapia y que aprovechó también para aclarar algunos de los prejuicios sobre la TCC que se suelen difundir en las aulas de psicología.

Esta entrevista se convirtió en una clase magistral de psicología. Puedo decir con completa honestidad y sin ánimos de exagerar que me emocioné al  escuchar cómo José explicaba con tanta precisión los fundamentos teóricos de la terapia cognitiva conductual. Para mi fue un verdadero privilegio escuchar, a miles de kilómetros de distancia,  esta cátedra como si estuviera dentro de su aula de clases. Este video es un valioso recurso para que los profesores de psicología puedan estudiarlo con detenimiento y compartirlo con sus estudiantes para fomentar el debate y conocimiento en sus clases y de esta manera terminar con tantos mitos que rondan hoy día a la psicología.

Para quienes no lo conocen: José Dahab es psicólogo clínico, co-fundador del Centro de entrenamiento online CETECIC y profesor de la cátedra de análisis y modificación de conducta en la Universidad de Buenos Aires. Dahab es conocido como uno de los principales referentes de la TCC en Argentina.

Tip: El video completo toma casi una hora, sí no dispones de este tiempo en tu rutina diaria te recomiendo que hagas como hice yo. Escúchalo como si fuera un podcast en el auto o mientras haces ejercicio. Es una manera muy entretenida y activa de aprovechar el día.

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La protección del menor, curso online de la Universidad Autónoma de Madrid

  • 02/07/2018
  • David Aparicio

Aproximación a la protección jurídica del menor, tomando como eje central la Convención Internacional de los Derechos del Niño de 1989.

Afortunadamente, cada vez hay más personas sensibles a las especiales privaciones y sufrimientos que afectan a los menores de edad. La explotación sexual de las niñas, la utilización de los niños como soldados, el trabajo infantil, el tráfico internacional de menores… y todo esto sin contar con el hambre, la guerra y las epidemias. Tras dos tímidos precedentes, la comunidad internacional se hizo eco de estas exigencias en la Convención Internacional de Derechos del Niño de 1989 y en la Convención de las Naciones Unidas con mayor número de ratificaciones, aunque con muy limitada eficacia en la realidad.

El propósito del curso es acercar a todos los profesionales que tratan con la infancia, a los familiares, o a cualquiera que tenga interés y sensibilidad a la respuesta que el Ordenamiento Jurídico puede prestar a esas exigencias específicas. Tomará como eje común, sobre el que se articulan los distintos temas, la Convención Internacional de los Derechos del Niño de 1989.

Los cuatro ámbitos sobre los que trabajaremos serán:

  • La sustracción internacional de menores.

  • Menores en desamparo y tutela administrativa.

  • La protección sociolaboral.

  • Situaciones de separación de los progenitores.

¿Cómo abordar los diferentes problemas específicos de la infancia? ¿Qué respuestas puede ofrecer el sistema jurídico? En este curso se propone una aproximación crítica a la realidad y a la regulación jurídica española, europea e internacional de la protección del menor.

Detalles:

  • Duración: 5 semanas

  • Institución: Universidad Autónoma se Madrid

  • El curso incluye certificación y cuesta 49 dólares.

Para inscribirte y obtener más información haz click aquí.

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5 formas de apoyar a alguien con TDAH

  • 29/06/2018
  • Maria Fernanda Alonso

¿No tenés idea sobre cómo acompañar a alguien con TDAH, o sentís que se te acabaron los recursos? Tratarle con empatía y respeto, igual que a cualquier otro, es lo primero.

“No te comportes como un imbécil y ya habrás hecho 90 por ciento del trabajo duro,” dice Neil Petersen, Bachelor of Arts diagnosticado con TDAH cuando empezó sus estudios universitarios. Neil escribe artículos sobre educación, trastornos del aprendizaje y tecnología, y aspira a ayudar a crear un sistema de educación que pueda servir mejor a estudiantes con TDAH. Además, redactó 5 formas de apoyar a alguien con TDAH, para darnos una mano extra:

1. No los juzgues por sus síntomas de TDAH

Es fácil para quienes no tienen TDAH ver sus síntomas como haraganería, defectos de carácter, o falta de cuidado. No saques conclusiones apresuradas cuando hagan cosas que pueden ser explicadas por su lucha con la falta de atención, la impulsividad y la hiperactividad. No tomes sus síntomas como un reflejo de su carácter.

2. Preguntá

Generalmente, no se espera que tengas gran conocimiento sobre TDAH, ni siquiera básico. Preguntar por qué se comporta de tal o cual manera a alguien con TDAH o cómo le afectan determinados síntomas puede mostrarles tu genuino interés en entender cómo este trastorno afecta sus vidas. Claro que esto depende de cada uno.

3. Reconocé que tenés experiencias diferentes

Cuando empatizamos con alguien, es natural que queramos hablar de experiencias similares que hayamos tenido. Muchos síntomas de TDAH se asemejan a los momentos de desorganización, falta de atención, procrastinación, etc, que cualquiera tiene a veces, por lo que cuando una persona con TDAH habla de sus síntomas, puede ser tentador decir “a mi también me pasa.”

Pero si no tenés TDAH, probablemente no te pase. En el TDAH estos síntomas son más frecuentes, perjudiciales y difíciles de controlar. No importa que tan bien intencionado sea decir “yo también tengo eso”, termina trivializando un trastorno de salud mental.

En última instancia, la mejor forma de apoyar a alguien con TDAH (si vos no tenés TDAH) es entender que lo que ellos experimentan es diferente a lo que vos experimentás, y que probablemente no puedas entender todas sus experiencias referenciando las tuyas propias.

4. No pienses que sabés más que ellos sobre TDAH

A menos que tengas entrenamiento médico o en salud mental, es probable que no sepas tanto sobre TDAH como la mayoría de las personas con TDAH. E incluso si tenés entrenamiento, eso no quiere decir que necesariamente entiendas de primera mano la experiencia de vivir con TDAH. Y es completamente aceptable que sepas poco o nada sobre TDAH, sólo no pretendas ser un experto.

No te desesperes por dar consejos o compartir tus reflexiones sobre un artículo que leíste una vez sobre TDAH. Ellos confrontan sus síntomas constantemente, por lo que lo más probable es que ya hayan pensado o escuchado sobre todas las estrategias organizacionales básicas que pensas que pueden resolver sus problemas. Si tenés consejos sobre cómo manejar síntomas asegurate de que sean cosas sobre las que realmente ellos no sepan, como una nueva aplicación organizacional que acaba de salir, o estrategias de afrontamiento realmente creativas.

5. Pasá tiempo con ellos cuando ellos hacen cosas aburridas

Las personas con TDAH batallan con la automotivación y la autodisciplina, especialmente cuando se trata de tareas con las que no están muy entusiasmados (como podría ser limpiar la casa o hacer cosas del trabajo). Estas cosas tienden a ser dejadas de lado por demasiado tiempo, pero realizarlas con otras personas puede hacerlas más tolerables.

Esta es una lista básica sobre formas de apoyar a alguien con TDAH, y seguramente existen muchas más cosas, grandes y pequeñas, que se pueden hacer. Si tenés alguna para adicionar, por favor comentalo para que podamos seguir aprendiendo y ayudándonos.

Fuente: PsychCentral

 

  • Clínica

Quienes madrugan tendrían menos riesgo de depresión

  • 28/06/2018
  • Maria Fernanda Alonso

Mujeres de mediana y avanzada edad que naturalmente se acuestan y se levantan temprano son significativamente menos propensas a desarrollar depresión, según un nuevo estudio conducido por investigadores de la Universidad de Colorado Boulder, la Channing Division of Network Medicine en Brigham y el Hospital de Mujeres en Boston. El estudio, que contó con más de 32000 mujeres enfermeras y fue publicado en el Journal of Psychiatric Research, es el estudio observacional más largo y detallado hasta el momento en explorar el vínculo entre cronotipo, o preferencia dormir-despertar, y trastornos del estado de ánimo.

Anteriormente les contamos que otra investigación había encontrado que los nocturnos, comparados con los madrugadores, fueron casi dos veces más propensos a tener un trastorno psicológico y 30% más propensos a tener diabetes. Su riesgo de enfermedades respiratorias fue 23% mayor y por enfermedades gastrointestinales un 22% más elevado.

Estudios anteriores mostraron que los noctámbulos tienen el doble de probabilidades de sufrir depresión. Pero como esos estudios a menudo usan datos de un único momento y no tienen en cuenta otros factores que influencian el riesgo de depresión, ha sido difícil determinar si la depresión lleva a que las personas estén despiertas hasta tarde o si un cronotipo noctámbulo promueve el riesgo de depresión.

Por ello, los investigadores usaron datos de 32.470 participantes mujeres, con una edad promedio de 55 años, en el Estudio de Salud de Enfermeras, a quienes se pidió que completaran cuestionarios de salud cada dos años. En el 2009, ninguna participante del estudio tenía depresión. Cuando se les preguntó sobre sus patrones de sueño, 37% se describió como madrugadoras, 53% como intermedias y 10% como noctámbulas.

Se hizo un seguimiento de cuatro años para ver quién desarrollaba depresión. Factores de riesgo de la depresión como peso corporal, actividad física, enfermedades crónicas, duración del sueño o turnos nocturnos en el trabajo también fueron evaluados

Los investigadores encontraron que las noctámbulas fueron menos propensas a estar casadas, más propensas a vivir solas y a ser fumadoras, y más propensas a tener patrones de sueño erráticos. Luego de evaluar estos factores, encontraron que las madrugadoras todavía tenían de un 12 a un 27% menos riesgo a deprimirse que las intermedias. Las noctámbulas tenían 6% más riesgo que las intermedias (este incremento modesto no fue estadísticamente significativo).

Incluso después de considerar factores ambientales como la exposición a la luz y agenda de trabajo, el cronotipo (que en parte está determinado por la genética) parece influir levemente en el riesgo de depresión. Esto podría estar relacionado a la superposición de caminos genéticos asociados con el cronotipo y el estado de ánimo, explica Céline Vetter, autora principal y directora del Laboratorio de Epidemiología Circadiana y del Sueño (CASEL, por sus siglas en inglés) en la Universidad de Colorado Boulder.

También remarca que si bien el estudio sugiere que el cronotipo puede ser un factor de riesgo independiente para la depresión, este posee un efecto más modesto que otros factores. Aconseja procurar dormir lo suficiente, así como ejercitarse, pasar tiempo fuera y exponerse a la luz del día tanto como se pueda y oscurecer los ambientes durante la noche.

Estudios adicionales serán necesarios para confirmar estos hallazgos y examinar el rol que cumplen tanto factores ambientales como genéticos para entender el rol del cronotipo en la etiología de los trastornos del estado de ánimo

Referencia del estudio: Céline Vetter et al, Prospective study of chronotype and incident depression among middle- and older-aged women in the nurses’ Health Study II, Journal of Psychiatric Research (2018).  DOI: 10.1016/j.jpsychires.2018.05.022

Fuente: Mad in America

 

  • Ciencia

La selección de situación como estrategia de regulación emocional

  • 28/06/2018
  • Maria Fernanda Alonso

Ser intencionalmente estratégico en cuanto a la elección de situaciones y a la compañía podría ser una gran herramienta de regulación emocional. Además de pensar en las amenazas como desafíos o distraerse a uno mismo del dolor, hacer el esfuerzo de planificar con tiempo las situaciones podría tener un impacto positivo en el estado de ánimo.

Según los autores de un estudio publicado en Cognition and Emotion, la selección de situación da una estrategia alternativa a los individuos que no pueden fiarse de recursos cognitivos “en el momento”, y permite a individuos reactivos y/o menos competentes que armonicen su ambiente en miras a promover ciertos resultados emocionales.

Thomas Webb de la Universidad de Sheffield y sus colegas, encuestaron a 301 voluntarios (edad promedio 36; 62% femeninas) usando un medidor de selección de situación de 6 ítems. Por ejemplo, los participantes calificaron qué tanto seleccionan actividades que les hacen sentir bien y qué tanto se mantienen alejados de personas que les ponen de mal humor. Los participantes también completaron otros cuestionarios que midieron su felicidad y sensibilidad emocional, entre otras cosas.

Aunque puramente correlacionales, los hallazgos respaldaron las predicciones de los investigadores: en general, los participantes que puntuaron más alto en selección de situación también tendieron a reportar menores niveles de estado de ánimo negativo y depresión. Además, específicamente entre participantes emocionalmente sensibles que admitieron que encontraban difícil regular sus emociones, la selección de situación también fue asociada con mayor satisfacción con la vida y felicidad.

Si bien parece una obviedad, ¿qué tan a menudo pensamos estratégicamente de esta manera? Muchas veces nuestros planes se basan en hábitos o aceptación pasiva de sugerencias de otras personas.

Para proveer una prueba preliminar sobre sí alentar mayor selección de situaciones podría ser una estrategia útil, especialmente para personas más vulnerables emocionalmente, los investigadores condujeron un segundo estudio en un fin de semana con 125 voluntarios más. El viernes los participantes completaron varios cuestionarios psicológicos, incluyendo evaluar su sensibilidad emocional. Luego, se le dio a la mitad de los participantes la siguiente instrucción, diseñada para fomentar mayor selección de situación, se les pidió que la repitieran para sí mismos tres veces y que se comprometieran completamente con ella:

“¡Si yo estoy decidiendo qué hacer este fin de semana, entonces elegiré actividades que me harán sentir bien para evitar hacer cosas que me harán sentir mal!”

El lunes siguiente, todos los participantes dieron un reporte detallado de sus actividades del fin de semana y cómo se sintieron en cada una. Generalmente la gente de todos modos realiza una buena cantidad de selección de situación, pero la manipulación funcionó en aquellos que recibieron la instrucción que posteriormente puntuaron más alto en selección de situación que los controles que no recibieron la instrucción. Pero lo más importante es que los participantes que recibieron la instrucción de selección de situación experimentaron un estado de ánimo más positivo a lo largo del fin de semana, comparados con los controles, y este fue especialmente el caso para los participantes más sensibles emocionalmente.

“No obstante las limitaciones de los estudios… la presente investigación subraya el potencial de usar la selección de situación para navegar con éxito la vida emocional y sugiere varias direcciones para futuros estudios en esta estrategia de regulación emocional relativamente poco estudiada,” dijeron los investigadores.

Esos estudios futuros podrían incluir indagar si la efectividad del abordaje de la selección de situación es moderada por la capacidad de las personas de juzgar qué tan bien se sentirán en diferentes situaciones, que es lo que los psicólogos llaman “pronóstico afectivo.” También habría que evaluar qué sucede cuando situaciones poco placenteras inevitablemente ocurren en la vida (un pariente enfermo, un jefe enojado, etc.).

Referencia del estudio: Thomas L. Webb, Kristen A. Lindquist, Katelyn Jones, Aya Avishai & Paschal Sheeran. Situation selection is a particularly effective emotion regulation strategy for people who need help regulating their emotions. https://doi.org/10.1080/02699931.2017.1295922

Fuente: The British Psychological Society

 

Sin categoría

Validar los recuerdos distorsionados ayuda a las personas con demencia

  • 28/06/2018
  • Equipo de Redacción

¿Cuál es la mejor manera de ayudar a las personas que tienen demencia? Muchas intervenciones tienen como objetivo permitirles retener las memorias y creencias autodefinidas. En la terapia de reminiscencia, se les invita a hablar sobre eventos o experiencias pasadas con la ayuda de mensajes como fotografías u objetos significativos. En la terapia de validación, existe un reconocimiento explícito de que ya no pueden estar en contacto con la realidad debido a deficiencias de memoria, y podrían beneficiarse de la exploración de su propio sentido de la realidad, la construcción de confianza con los cuidadores y la reducción de la ansiedad. En el trabajo de la historia de la vida, se ayuda a las personas con demencia a presentar una historia que les recuerda los eventos clave y aspectos de sus vidas, promoviendo conexiones con amigos y familiares. En el controvertido enfoque de la demencia contenida descrito por el libro de Oliver James del mismo nombre, se alienta al cuidador a entrar en el mundo a menudo delirante de la persona con demencia y «seguir adelante», siguiendo un guión y sin contradecir.

Lo que estos diferentes enfoques tienen en común es el reconocimiento de que, en las personas con demencia, las creencias básicas sobre quiénes son (lo que a menudo se llama identidad o sentido del yo) están amenazadas por la pérdida de memoria y deben preservarse para permitir la socialización y mejorar la función. Los científicos han observado que, cuando nos hacemos mayores, parece que tenemos más recuerdos y recuerdos más detallados de los sucesos experimentados en la adolescencia o la adultez temprana (de 10 a 30 años), durante el llamado «golpe de reminiscencia». Esto se debe a que consideramos que esos eventos son autodefinidos, que son fundamentales para lo que somos.

Tendemos a subestimar la medida en que cambiamos a través del tiempo debido a un sesgo de coherencia

Tendemos a subestimar la medida en que cambiamos a través del tiempo debido a un sesgo de coherencia: simplemente no actualizamos nuestra autoimagen a la luz de los nuevos desarrollos. Pero esto es particularmente evidente para alguien con demencia, que a menudo se ve a sí misma como era antes del inicio de la enfermedad, cuando era activa, ocupada e independiente. Al animarnos a recordar los logros y las pasiones de nuestros yoes más jóvenes, podemos aferrarnos al sentido de quiénes somos.

En su libro Keeping Mum (2011), la filósofa británica Marianne Talbot describe cómo su madre era una gran narradora antes de tener demencia. Una de sus mejores historias fue cómo un día, cuando tenía 14 años, la madre de Marianne llegaba tarde a la escuela porque su madre acababa de dar a luz gemelos. La directora no creía que ese fuera el motivo de llegar tarde y la castigara, lo cual consideraba una gran injusticia. Cuando la demencia avanzó, la historia sobre el nacimiento de los gemelos terminó fusionándose con otras historias (por ejemplo, otras historias sobre llegar tarde a la escuela) y se repitió muchas veces.

En su investigación sobre la narrativa y la identidad en la enfermedad de Alzheimer, Lars Christer Hyden y Linda Örulv, ambos de la Universidad de Linköping en Suecia, estudiaron historias contadas por dos mujeres con la enfermedad de Alzheimer, una de ellas llamada Martha.

Martha solía contar la historia de cómo había aprendido a conducir y comprar un automóvil, desafiando las dudas de su esposo y su propia familia. Esto era algo de lo que estaba orgullosa porque no muchas mujeres en ese momento hubieran hecho lo mismo. Los aspectos de su historia se repitieron con frecuencia, incluso durante la misma conversación, y presentaron una serie de inconsistencias.

es importante repetir historias que encontramos centrales en nuestras vidas, incluso si contienen imprecisiones y el público deja de participar

Los recuerdos distorsionados y repetitivos que la madre de Marianne y Martha informaron son problemáticos porque las inconsistencias significaban que algunas de sus creencias probablemente fueran falsas. Las repeticiones sugerían que no tenían conciencia de haber contado la historia antes, a la misma audiencia. Sin embargo, es importante repetir historias que encontramos centrales en nuestras vidas, incluso si contienen imprecisiones y el público deja de participar. ¿Porque?

Cuando ya no tenemos acceso a la información autobiográfica, podemos perder progresivamente nuestra identidad, es decir, conservamos menos creencias sobre nosotros mismos y nuestro pasado, y el contenido de esas creencias se vuelve cada vez más vago. Esto tiene un efecto negativo en nuestro bienestar: perdemos la confianza para responder preguntas y participar en conversaciones con otros, y nos resulta particularmente difícil integrar información de las vidas que vivíamos antes de que comenzara la enfermedad.

Frente a una identidad amenazada, la capacidad de contar una historia que desempeñó un papel clave en nuestras vidas y que subyace en nuestras autoconcepciones (el adolescente injustamente castigado, la mujer desafiante) es vital en dos aspectos. Primero, cosechamos beneficio psicológico de una mayor sensación de bienestar. El relato de la historia probablemente permita intercambios sociales y aumente la confianza en sí mismo en un momento en que el riesgo de aislamiento es alto.

Dichos beneficios psicológicos pueden traducirse fácilmente en beneficios epistémicos, un efecto positivo en la capacidad de adquirir, retener y utilizar el conocimiento relevante. Todos esos intercambios sociales, después de todo, nos permiten seguir compartiendo información con otros y recibir comentarios de ellos. Repetir la misma historia aumenta las posibilidades de que la historia se recuerde por más tiempo, reforzando nuestra concepción de nosotros mismos.

Cuando ya no tenemos acceso a la información autobiográfica, podemos perder progresivamente nuestra identidad

En el caso de la madre de Marianne, era la sensación de que ella era una chica honesta que había sido injustamente castigada; en el caso de Martha, era la sensación de que seguiría su propia mente y no estaría condicionada por las opiniones de los demás. Las creencias autodefinidas se conservan como resultado de informes repetidos de memorias que están distorsionadas.

Obviamente, un informe de memoria preciso desempeñaría estos roles positivos y evitaría todos los problemas con imprecisiones e inconsistencias: la realidad no se malinterpretaría. Sin embargo, en el contexto clínico de la demencia, los recuerdos precisos son difíciles de encontrar porque hay menos restricciones en los informes de memoria y menos oportunidades para la autocorrección. Desafiar un informe como impreciso podría no tener el resultado deseado de provocar una mayor precisión, pero podría dar lugar a una negativa a seguir participando. La historia se perderá.

Esto tiene algunas implicaciones interesantes sobre cómo se maneja la notificación de recuerdos distorsionados en la demencia. Negociar la serenidad por la autenticidad alentando a las personas con demencia a vivir felices en un mundo delirante en lugar de miserablemente en el mundo real puede sonar condescendiente e irrespetuoso. Sin embargo, un examen cuidadoso del papel epistémico positivo de los recuerdos distorsionados en la preservación de las creencias autodefinidas, y un reconocimiento de la fragilidad de las historias personales y los narradores de cuentos en la demencia, deberían promover una reevaluación aquí.

Martha podría haber olvidado todo acerca de ser una mujer de voluntad fuerte si no fuera por el récord roto de su historia inconsistente acerca de obtener un permiso de conducir y comprar un automóvil. Y es por eso que debemos estar abiertos a la posibilidad de que, en algunas circunstancias, las creencias falsas sean increíblemente útiles y, por contradictorias que parezcan, esenciales para la retención del conocimiento que importa.

Escrito por: Lisa Bartolotti es profesor de filosofía en la Universidad de Birmingham. Dirige un proyecto financiado por ERC sobre los beneficios psicológicos y epistémicos de las creencias falsas e irracionales (PERFECT). Ella es la autora de Delusions and Other Irrational Beliefs (2009), and Irrationality (2014).

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No seas tan ingrato

  • 27/06/2018
  • David Aparicio

Interesante entrevista a Rébecca Shankland, experta en la investigación de la gratitud, publicada en el diario La Vanguardia:

¿Por qué somos tan ingratos?

A causa del fenómeno de habituación ya no percibimos las intenciones benévolas que hay detrás de los actos, pasamos por alto el sentimiento de gratitud y generamos una sensación de falta de reconocimiento en el otro. Esta sensación puede generar frustración y, con el tiempo, sufrimiento.

Hace falta humildad.

…Es la cuna de la gratitud. Ser capaz de percibir y agradecer los pequeños gestos, salir del autocentramiento, genera bienestar. André Comte-Sponville decía que la gratitud es un segundo placer que prolonga el primero; como un eco alegre de la alegría experimentada, como una felicidad más para más felicidad.

Solemos ser poco agradecidos con los que tenemos más próximos.

Nos habituamos a lo bueno asumiéndolo como normal, y tendemos a ver lo que no funciona, lo que el otro hace mal en lugar de lo que hace bien, por eso es tan útil el diario de gratitud.

Cómo ser más agradecidos:

¿Por qué es tan difícil ser agradecido?

El cerebro percibe en primer lugar las amenazas, al final del día recordamos lo que ha salido mal, las críticas, los que han sido desagradables, y eso genera insatisfacción ante la vida y las relaciones. Y cada vez que tenemos emociones negativas aumenta el sesgo negativo.

¿Y se contrarresta siendo agradecido?

Sí, porque la gratitud es una emoción muy intensa que nos permite recordar lo positivo. Semanas después de realizar el diario de gratitud, cuando le pedimos a las personas que escriban diez recuerdos, escriben más recuerdos positivos que los que no hicieron el diario. El diario de gratitud hace que los buenos recuerdos estén más accesibles y nos da una sensación de satisfacción con la vida.

Lee la entrevista completa en La Vanguardia.

  • Ciencia

¿Una nueva explicación para la depresión?

  • 27/06/2018
  • Alejandra Alonso

Muchos científicos creen que la depresión ocurre debido a la falta de dos tipos de químicos: la serotonina y la noradrenalina. La elaboración de la mayoría de los medicamentos para la depresión se basa en ésta idea. Apuntan a ajustar dichas monoaminas.

Sin embargo, los neurocientíficos de la Universidad Hiroshima, Yumiki Saito y Yuki Kobashi, comentan que para un porcentaje importante de pacientes, estas drogas no son suficientes y opinan que se necesita otra respuesta para ellos.

Su investigación se suma a trabajos previos en los que su equipo encontró que RGS8 controla un receptor de hormonas llamado MCHR1. Partes del cerebro involucradas en el movimiento y la regulación emocional muestran signos de expresión de RGS8. Cuando MCHR1 está activo, ayuda a regular el sueño, la alimentación y el estado de ánimo. Los estudios mostraron que, en células cultivadas, RGS8 desactiva a MCHR1.

En consecuencia, menos RGS8 significaría un incremento de la conducta depresiva. Sin embargo, dicho efecto nunca ha sido examinado en un ser vivo. En la investigación de Saito, se estudiaron ratones en dos ámbitos: a nivel comportamental y a nivel inmunohistológico.

Primero se realizó un test de natación, que es un método de análisis conductual común para evaluar el comportamiento depresivo en animales. Los investigadores miden el tiempo que los ratones estuvieron activos, luego lo sustraen del tiempo total del test, dando como resultado un período de tiempo inmóvil.

Los ratones que presentaban más RGS8 en su sistema nervioso obtuvieron tiempos de inmovilidad más cortos comparados con aquellos que tenían niveles normales de RGS8. Cuando se les administraba una droga antidepresiva que actúa sobre las monoaminas, los ratones tenían tiempos de inmovilidad incluso más breves. Por otro lado, cuando se le daba una droga que frena el trabajo del MCHR1, el tiempo de inmovilidad no cambiaba.

Saito nota que los resultados muestras una nueva clase de depresión ya que las monoaminas no parecen estar involucradas, pero si el MCHR1.

Al ver ésta conclusión, los científicos miraron el cerebro de los ratones para determinar la relación entre MCHR1 y RGS8. Más específicamente, examinaron el tamaño de los cilios que brotan de células en una región del hipocampo llamada CA1, donde la concentración de RGS8 es más alta. Los cilios son organelos similares a las antenas del televisor, que participan en la comunicación celular.

El equipo observó que los ratones RGS8 no solo tenían menos conductas depresivas que aquellos sin RGS8 extra, sino que también tenían cilios más largos. Es decir que los ratones que tomaron la droga para frenar el trabajo de MCHR1 eran más extensos.

En los últimos 10 años, los científicos han estado observando que los cilios disfuncionales se asocian con condiciones como la obesidad y enfermedades del riñón y la retina. No se sabe mucho sobre su relación con trastornos del estado de ánimo. Los hallazgos pueden servir de guía para futuras investigaciones que ayuden a encontrar otras formas de aliviar el sufrimiento de muchas personas con depresión.

Referencia del estudio original: Yuki Kobayashi, Risa Takemoto, Shogo Yamato, Tomoya Okada, Michihiko Iijima, Yoshikatsu Uematsu, Shigeyuki Chaki, Yumiko Saito. Depression-resistant Phenotype in Mice Overexpressing Regulator of G Protein Signaling 8 (RGS8). Neuroscience, 2018; 383: 160 DOI: 10.1016/j.neuroscience.2018.05.005

Fuente: Science Daily

  • Ciencia

Hijos de padres críticos prestan menos atención a expresiones emocionales

  • 27/06/2018
  • Alejandra Alonso

Las personas con padres críticos prestan menos atención a las emociones en las caras de otras personas. Dicha habilidad, reconocer emociones en las expresiones faciales, nos ayuda a formar vínculos satisfactorios con otros.

Para el estudio que dio con dichos hallazgos, liderado por Kiera James, una muestra de 87 padres (de 24 a 71 años) completó el Five-Minute Speech Sample para determinar los niveles de criticismo hacia sus hijos. También se evaluó a los 87 hijos (de 7 a 11 años), quienes realizaron una tarea que tenía que ver con observar caras transformadas. Adicionalmente se examinó un marcador neurológico de atención sostenida.

Aunque no hubieron diferencias significativas en cuanto a la sensibilidad para detectar demostraciones faciales de emoción, si se observó que los niños de padres con altos niveles de criticismo, prestaban menos atención a todas las expresiones faciales de emoción. Esto llevó a los autores a sugerir que los hijos de padres críticos podrían exhibir un patrón evitativo de atención a estímulos afectivos interpersonales.

Según James, sabemos por investigaciones anteriores que tenemos una tendencia a evitar cosas que nos pongan incómodos, ansiosos o tristes (de hecho las personas que sufren fobias y otros trastornos de ansiedad, suelen utilizar este mecanismo).

Además se sabe que los chicos de padres críticos utilizan mecanismos de afrontamiento evitativos con más frecuencia que los chicos de padres no críticos. Esta evitación podría ayudarles a evitar la exposición a expresiones críticas y, por ende, a los sentimientos aversivos que asocian con el criticismo parental. Tristemente, también podría evitar que vean expresiones positivas de otros.

El hecho de que los niños expuestos a altos niveles de criticismo eviten observar dichas expresiones faciales, podría explicar porqué están en riesgo de desarrollar condiciones como depresión y ansiedad más tarde en la vida.

Referencia del artículo original: Kiera M. James, Max Owens, Mary L. Woody, Nathan T. Hall & Brandon E. Gibb (2018) Parental Expressed Emotion-Criticism and Neural Markers of Sustained Attention to Emotional Faces in Children, Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, DOI: 10.1080/15374416.2018.1453365

Fuente: Psyblog

  • Ciencia

Usar Realidad Virtual podría mejorar la memoria

  • 26/06/2018
  • Maria Fernanda Alonso

La realidad virtual (RV) ya no es usada sólo como herramienta de entretenimiento. Se ha empezado a aplicar esta tecnología en otros ámbitos como la capacitación laboral, y la educación en general.

Investigadores de la Universidad de Maryland realizaron uno de los primeros análisis en profundidad para saber si las personas aprenden mejor a través de ambientes virtuales inmersivos, como opuesto a plataformas más tradicionales, como una computadora de escritorio bidimensional o con una tableta en las manos. Encontraron que las personas recordaron mejor la información si ésta les había sido presentada en un entorno virtual.

Para el estudio, el equipo de investigadores usó el concepto de “palacio de la memoria” donde las personas recordaron un objeto o ítem al colocarlo en una locación física imaginaria, como un edificio o un pueblo. Este método (de “codificación mnemónica espacial”) ha sido usado desde los tiempos clásicos, tomando ventaja de la habilidad del cerebro humano para organizar espacialmente los pensamientos y recuerdos.

Se reclutaron 40 voluntarios, la mayoría estudiantes que no estaban familiarizados con realidad virtual. Los investigadores los dividieron en dos grupos: uno vio información primero a través de una pantalla de RV montada en la cabeza y después en una computadora de escritorio; los otros hicieron lo opuesto.

Ambos grupos recibieron impresiones de caras bien conocidas (entre ellas Abraham Lincoln, Dalai Lama,Arnold Schwarzenegger and Marilyn Monroe) y se familiarizaron con las imágenes. Después, los investigadores les mostraron las caras usando el formato del palacio de la memoria con dos locaciones imaginarias: una sala interior de un palacio ornamentado y una vista externa de un pueblo medieval. Ambos grupos navegaron cada palacio de la memoria por cinco minutos. Los participantes del grupo de escritorio usaron un mouse para cambiar su punto de vista, mientras los que usaron RV movieron su cabeza de lado a lado y miraron hacia arriba y abajo.

Posteriormente, se les pidió que memoricen la ubicación de cada una de las caras mostradas. La mitad de los rostros fueron puestos en diferentes ubicaciones dentro del escenario interior: Oprah Winfrey se hallaba arriba de una gran escalera; Stephen Hawking estaba unos escalones más abajo, seguido por Shrek.

En la planta baja, la cara de Napoleón Bonaparte se ubicaba sobre una majestuosa mesa de madera, mientras Martin Luther King Jr. estaba posicionado en el centro de la habitación.

De manera similar, para el escenario medieval, los usuarios de RV vieron imágenes que incluyeron la cara de Hillary Clinton a la izquierda de un edificio, con Mickey Mouse y Batman a distintas alturas cerca de estructuras.

Luego, la escena se puso en blanco, y después de un corte de dos minutos, cada palacio de la memoria reapareció con espacios numerados donde habían estado los rostros. Se pidió a los participantes que recordaran qué rostro había estado en cada lugar donde ahora había un número.

La clave, dijeron los investigadores, fue que los participantes identificaran cada rostro por su ubicación física y su relación con las estructuras y caras que lo rodeaban y también por la ubicación de la imagen relativa al propio cuerpo del usuario.

Los resultados mostraron una mejoría general de 8.8 por ciento en recordar con precisión usando los dispositivos de Realidad Virtual, un número estadísticamente relevante según el equipo de investigación.

Muchos de los participantes dijeron que la presencia inmersiva al usar RV les ayudó a enfocarse mejor. Esto se vio reflejado en los resultados del estudio: 40% de los participantes puntuaron al menos 10% más en la habilidad de recordar usando RV que usando el dispositivo de escritorio.

Investigaciones en psicología cognitiva sugieren que la mente está intrínsecamente encarnada, y que la forma en que los humanos crean y recuerdan construcciones mentales es influenciada por la forma en que perciben y se mueven, dijo Plaisant, experta en la interacción humanos-computadoras.

Esto lleva a la posibilidad de que un espacio como el palacio de la memoria, experimentado en un ambiente inmersivo virtual, pueda mejorar el aprendizaje y la memoria aprovechando el sentido general de la posición del cuerpo de una persona, sus movimientos y aceleración, agregó Plaisant.

Este estudio puede servir para sentar las bases de otras investigaciones científicas sobre el valor de la RV y la realidad aumentada (RA) para la educación, desde una escuela primaria hasta cirujanos residentes.

Amitabh Varshney, uno de los investigadores y profesor de Ciencia de la Computación y decano de la Facultad de Ciencias Naturales, Matemáticas y de la Computación de la Universidad de Maryland, dirige varios estudios en dicha Universidad que involucran realidad virtual y realidad aumentada, incluyendo una colaboración cercana con profesionales del cuidado de la salud interesados en desarrollar herramientas de diagnóstico basadas en RA para medicina de emergencia y en entrenamientos con RV para cirujanos residentes.

Referencia del estudio: Eric Krokos, Catherine Plaisant, Amitabh Varshney. Virtual memory palaces: immersion aids recall. Virtual Reality, 2018; DOI: 10.1007/s10055-018-0346-3

Fuente:Science Daily

  • Recomendados

Guía de la APA para el tratamiento conductual para el sobrepeso y obesidad en niños

  • 25/06/2018
  • David Aparicio

INFOCOP nos informa de la nueva guía de la APA sobre el tratamiento conductual para la obesidad y sobrepeso en niños y adolescentes en la que presenta los avances terapéuticos y las recomendaciones de expertos en esta importante temática:

Basándose en la revisión sistemática de la evidencia, el panel de expertos recomienda encarecidamente que se proporcionen intervenciones conductuales multicomponente en niños y jóvenes con sobrepeso u obesidad, con una extensión de al menos 26 horas, así como que se incluya la participación de la familia. Estas intervenciones deben iniciarse, según la APA, a la edad más temprana posible y deben incluir entre sus componentes la modificación de conducta, la dieta y la actividad física. Asimismo, la APA recomienda que el tratamiento no se centre en la reducción del peso (debido al efecto estigmatizante y desalentador que puede suponer para el niño o adolescente), sino en la mejora de la salud general y en el establecimiento de comportamientos saludables en la familia.

A este respecto, los expertos de la APA insisten en que la intervención no se dirija únicamente al niño o adolescente, sino que se involucre a los padres u otros miembros de la familia como participantes activos. De hecho, el programa de intervención propuesto por la APA debe centrarse en el entrenamiento de los padres y cuidadores en resolución de problemas y en el establecimiento adecuado de recompensas contingentes, entre otros aspectos.

En relación con la dieta, los expertos recomiendan que se dirijan los esfuerzos hacia el aumento del consumo de frutas y verduras y hacia la disminución en el consumo de bebidas azucaradas para mejorar la calidad de la dieta, frente al establecimiento de restricciones dietéticas extremas. Y, finalmente, en lo que respecta al componente de actividad física, la guía de la APA recomienda el establecimiento de objetivos para reducir la cantidad de tiempo dedicado a actividades sedentarias, como ver la televisión y que la familia adopte patrones de comportamiento más activos.

Además de las recomendaciones para el tratamiento conductual de la obesidad y el sobrepeso en niños, la guía de la APA recomienda tener en cuenta el manejo de los efectos negativos del estigma del peso entre los pacientes pediátricos y sus familias, así como identifica las futuras necesidades de investigación en este ámbito.

Lee el artículo completo en INFOCOP.

  • Clínica

Ejercicios de ACT experienciales con pacientes con Trastornos de la Conducta Alimentaria

  • 25/06/2018
  • Verónica Mayado

Fragmento traducido del libro: Acceptance and Commitment Therapy for Eating Disorders: A Process-Focused Guide to Treating Anorexia and Bulimia, escrito por: Sandoz, Emily K.; Wilson, Kelly G.; DuFrene, Troy.


En algún momento de la práctica clínica, la mayoría de los terapeutas se encontrarán con un cliente que padece un trastorno alimentario, pero muchos no están seguros de cómo tratar estos problemas. Debido a que los trastornos alimenticios están arraigados en el secreto y se ven reforzados por la obsesión peligrosa de nuestra cultura con la delgadez, es probable que los pacientes experimenten complicaciones de salud importantes antes de recibir la ayuda que necesitan. La Terapia de Aceptación y Compromiso para los Trastornos de la Alimentación presenta una base conceptual exhaustiva junto con un protocolo completo que los terapeutas pueden utilizar para apuntar a la rigidez y el perfeccionismo en el centro de la mayoría de los trastornos alimentarios. En el presente artículo se presentan algunos de los ejercicios experenciales que pueden ser un recurso valioso para los terapeutas que trabajan con pacientes con dicha problemática.

Ejercicio de defusión

Terapeuta: Me gustaría que empezaras por acomodarte aquí en la habitación. Deja que se cierren tus ojos, y ponte cómoda aquí en la silla, dejando que tus manos caigan sobre tu regazo, tus pies sobre el suelo, y respira, notando de qué manera se siente el aire mientras entra dentro… y fuera. Dentro… y fuera. Dentro… (pausa) y fuera. Nota el ritmo Y si te parece, me gustaría que redujeras el ritmo de la respiración, sólo un poco. Dentro… (pausa) y fuera. Dentro… (pausa) y fuera. Y cuando estés lista, quiero que te imagines a ti mismo como si fueras un invitado en una especie de reunión. Estás rodeado de gente a la que aprecias, y disfrutando de su compañía. Nota el gesto en tu cara mientras te ríes de sus historias, o compartes una tuya propia.

Y respira. Dentro… y fuera. Y permítete ser consciente de tu cuerpo en ese momento. Cómo te sientes, en tu piel (en tu pellejo), mientras notas que conectas con personas a las que aprecias. Y respira. Y en la siguiente respiración, me gustaría que notaras, de repente, que una de tus nuevas compañeras de clase ha entrado en la habitación, y está yendo hacia ti.

En este punto, el terapeuta pide a Lynn que describa qué le parece esta experiencia, guiando suavemente su atención hacia detalles específicos.

Terapeuta: Y ahora, sin abrir tus ojos y dejar esta escena, me gustaría que describieras en pocas palabras cómo cambia tu experiencia mientras ella se dirige a ti. ¿Qué sientes en tu cuerpo? ¿Cambia tu respiración? ¿Tu pulsación? ¿Cuál es la temperatura de tus manos? ¿Tu cara? ¿Hay sensaciones que identifiques? ¿Te sientes decepcionada? ¿Frustrada? ¿Esperanzada? ¿Nerviosa? ¿Hay pensamientos ahí? ¿Qué te dices a ti misma mientras ella avanza? ¿Qué te imaginas que le dices?

A continuación, el terapeuta pide a Lynn que tome consciencia de cómo se imagina que se desarrollará la escena.

Terapeuta: ¿Tienes alguna expectativa sobre cómo va a ir? Me gustaría que notaras, y me explicaras en pocas palabras, tus expectativas sobre qué va a pasar aquí.

Una vez más, el terapeuta guía la atención de Lynn hacia detalles específicos.

Terapeuta: ¿Y cómo se siente tu cuerpo mientras la expectativa se asienta? ¿Alguna sensación? ¿Otros pensamientos que sigan?

Entonces el terapeuta pide a Lynn que imagine que, mientras su compañera finalmente la alcanza, intente ser todo lo “gorda” que pueda, con todas sus implicaciones.

Terapeuta: Y ahora, mientras te das cuenta de que tu compañera finalmente te ha alcanzado y está extendiendo su mano, su boca abriéndose para hablar, me gustaría que tú, mientras elevas tu mirada para encontrarse con la suya, elijas ser tan “gorda” como sea posible.

Primero, físicamente, abandona esa lucha para contener tu cuerpo. Quiero que sientas que tus músculos se aflojan. Da a tu cuerpo permiso para que se expanda, ocupando tanto sitio como sea posible. Y respira. Ve despacio aquí. Empieza por tu cara, tu pelo, tus mejillas, la línea de tu mandíbula mientras te permites ser tan “gorda” como lo sientes. Ahora tus hombros, tu pecho, tu vientre. Y respira. Tus caderas, tus muslos, bajando, hasta tus pies.

Ahora querría que traigas a la mente todos sentimientos que te vienen con “gorda”. Deja que se eleven dentro de ti. Imagina que fluyen a borbotones, como si alguien al otro lado de la sala pudiera mirarte y ver exactamente qué estás sintiendo. Contempla tu expresión facial, los movimientos o sonidos que haces. Y respira. Nota las ansias que hay ahí, tirando de ti. Si sientes el ansia de correr o esconderte, me gustaría que te dieras permiso para hacerlo, para llevarlo a cabo.

Y respira. Y deja que tu atención descanse en tus propios ojos. Obsérvate a ti misma quedarte quieta y callada mientras fijas la mirada en tu yo de ese momento, reconociéndote dentro de “gorda”. Y respira. Dentro… y fuera. Dentro… y fuera. Y cuando estés lista, suavemente, ve metiéndote en tu propia piel, en esta habitación, en este momento, y exhala una última y lenta respiración antes de abrir tus ojos de nuevo y volver a la habitación.

A menudo el terapeuta continúa este ejercicio con alguna forma de debriefing. Esto debería permitir que el cliente relacione las experiencias del ejercicio con su experiencia en el mundo real, e imaginar cómo se puede sentir una defusión cuando se enfrenta a las experiencias más aversivas.

Ejercicio de Aguantar la Respiración

El terapeuta presenta a Karina el ejercicio de Aguantar la Respiración.

Terapeuta: Una de las cosas importantes en el trabajo que realizo es la variedad de formas en las que las personas interactúan con cosas que les resultan incómodas. Podemos hacer esto de una forma bastante sencilla, simplemente cronometrando cómo aguantas la respiración bajo diferentes instrucciones.

¿Estarías dispuesta a hacer esto?

Karina: Sí.

Terapeuta: Cuando diga “Empieza” me gustaría que inhalases, y entonces aguantases tu respiración tanto tiempo como puedas. Voy a cronometrarte. ¿Preparada? Empieza.

Mientras Karina aguanta la respiración, el terapeuta controla el tiempo, suavemente posando su mirada en el reloj o cronómetro, y volviéndola luego hacia Karina. El terapeuta también aporta apoyo no verbal, manteniendo contacto visual cuando es posible y reciprocando expresiones faciales.

Terapeuta: ¿Cómo fue? ¿Qué notaste?

El terapeuta guía a Karina para que responda con tantos detalles como sea posible, y entonces pide a Karina que continúe con la siguiente parte del ejercicio, que conlleva una instrucción explícita de que Karina atienda a la experiencia física de aguantar su respiración.

Terapeuta: Ahora querría que hicieras esto otra vez, pero esta vez te pediría que mires si puedes prestar especial atención a cómo sientes en su cuerpo el aguantar la respiración. Voy a cronometrarte otra vez. Aguanta la respiración tanto tiempo como puedas. ¿Lista? Empezar.

Una vez más, el terapeuta cronometra a Karina y le ofrece apoyo no verbal. Hacen el debriefing, y el terapeuta pide a Karina un rating de su incomodidad.

Terapeuta: ¿Qué has sentido esta vez? ¿Cómo ha estado tu incomodidad, en una escala de 1 a 10?

Una vez más, el terapeuta la guía para que responda con tantos detalles como sea posible, y escribe su rating de incomodidad. Entonces el terapeuta introduce la siguiente parte del ejercicio, dando instrucciones a Karina de que monitorice su incomodidad durante el ejercicio.

Terapeuta: ¿Estarías dispuesta a hacer esto otra vez? Esta vez, voy a darte un bolígrafo y quiero que evalúes tu incomodidad durante el ejercicio, escribiendo un “1” cuando la incomodidad aparezca, un “2” cuando empeore, y así sucesivamente. Así que aguanta la respiración tanto como puedas. ¿Preparada? Empezar.

Otra vez, el terapeuta cronometra a Karina y le ofrece apoyo no verbal. También copia los ratings de Karina, junto con el tiempo en que cada uno fue registrado.

Terapeuta: ¿Y cuál fue la diferencia esta vez? ¿Hasta dónde llegó la incomodidad? ¿Qué más notaste?

Una vez más, el terapeuta guía a Karina para que responda con el mayor detalle posible, y anota su nivel de incomodidad. Entonces el terapeuta introduce la siguiente parte del ejercicio, instruyendo a Karina para que evite las sensaciones físicas durante el mismo.

Terapeuta: Si estás dispuesta a hacerlo una vez más, me gustaría que aguantaras la respiración el tiempo que puedas. Esta vez, sin embargo, quiero que intentes no sentir ninguna incomodidad lo mejor que puedas. Imagínate que puedes desligarte de ella, alejando tu atención cada vez que sientas incomodidad.

Una vez más, el terapeuta cronometra a Karina y le ofrece apoyo no verbal. Hacen el debrief de esta pequeña porción, y del ejercicio en su totalidad.

Terapeuta: Vale. ¿Hasta dónde llegó la incomodidad esta vez?

¿Qué más notaste?

Finalmente, el terapeuta le da a Karina la oportunidad de relacionar esta experiencia con algún aspecto de su vida, lo que permite al terapeuta evaluar qué ha aprendido, si acaso.

Terapeuta: ¿Está esto relacionado con alguna experiencias que surjan en tu vida?

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