Psyciencia
  • Membresía
    • Únete a Psyciencia Pro
    • Inicia sesión
    • Webinars
    • Recursos
    • Tips para terapeutas
    • Watson (podcast)
    • Café (red social)
  • Ciencia
  • Clínica
  • Biografías
  • Recursos
    • NORMAS APA
  • Nosotros
    • Nosotros
    • Uso de IA
    • Publicidad
    • Archivo
  • Tienda

Psicología humana en tiempos de máquinas 💞

Psyciencia
  • Membresía
    • Únete a Psyciencia Pro
    • Inicia sesión
    • Webinars
    • Recursos
    • Tips para terapeutas
    • Watson (podcast)
    • Café (red social)
  • Ciencia
  • Clínica
  • Biografías
  • Recursos
    • NORMAS APA
  • Nosotros
    • Nosotros
    • Uso de IA
    • Publicidad
    • Archivo
  • Tienda
  • Ciencia

Un nuevo estudio sugiere que los humanos podemos sentir el campo magnético de la tierra

  • 20/03/2019
  • David Aparicio

George Dvorsky explica en Gizmodo Español los resultados de esta fascinante investigación:

“Por primera vez en humanos, se observaron respuestas claras a los cambios en el campo magnético. A pesar de que el campo magnético no fue percibido conscientemente en las personas de prueba que mostraron respuestas cerebrales en el campo, el estudio invita a otros científicos a realizar investigaciones para comprender el mecanismo por el cual el campo magnético provoca actividad neuronal”, dijo Winklhofer a Gizmodo.

El biólogo Kenneth J. Lohmann de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill dijo que era un “estudio fascinante y provocativo”. Dado que “muchos otros animales pueden sentir el campo magnético de la Tierra, es ciertamente una posibilidad que los humanos también pueden”, le dijo a Gizmodo. Dicho esto, creía que los resultados debían interpretarse con “gran precaución”.

“Una cosa es encontrar un cambio sutil en la actividad cerebral en respuesta a un campo magnético débil, y otra cosa es mostrar que las personas realmente detectan y utilizan la información del campo magnético de manera significativa”, dijo Lohmann.

De hecho, por ahora tendremos que contentarnos con la observación de que los cerebros humanos pueden detectar las ondas magnéticas, y dejarlo así. Los investigadores ahora tendrán que averiguar por qué existe la magnetorrecepción humana y si esta capacidad se extiende de alguna manera a nuestro comportamiento. En cualquier caso, podemos esperar nuevas y emocionantes ciencias en el futuro. eNeuro

Lee el artículo completo en Gizmodo Español.

  • Recursos

Recomendaciones de la OMS para una experiencia positiva durante el embarazo (PDF)

  • 20/03/2019
  • David Aparicio

Las presentes recomendaciones constituyen una guía integral de la OMS sobre la atención prenatal sistemática que se ha de brindar a las embarazadas. Su objetivo es complementar las directrices existentes de la OMS sobre la atención de determinadas complicaciones relacionadas con el embarazo. Su finalidad es reflejar y responder a la compleja naturaleza de las cuestiones que rodean la práctica y la prestación de la atención prenatal, así como ir más allá de la prevención de la mortalidad y la morbilidad y priorizar la atención de la salud centrada en la persona y el bienestar, en conformidad a un enfoque basado en los derechos humanos.

El alcance de la presente guía se definió mediante un examen sistemático de los puntos de vista de las mujeres. Dicho examen evidenció que las mujeres desean que la atención prenatal les permita experimentar el embarazo de forma positiva. Una experiencia de embarazo positiva se define como el mantenimiento de la normalidad física y sociocultural, el mantenimiento de un embarazo saludable que beneficie a la madre y al recién nacido (incluida la prevención o el tratamiento de los riesgos, las enfermedades y la muerte), la realización de una transición efectiva hacia un parto y un nacimiento positivo, y la experiencia de una maternidad positiva (incluida la autoestima, la competencia y la autonomía maternas).

Reconociendo que la experiencia que tenga una mujer de la atención de salud es clave para transformar la atención prenatal y crear familias y comunidades prósperas, en la presente guía se abordan las siguientes cuestiones: n ¿Cuáles son las prácticas basadas en evidencia durante la atención prenatal que mejoran los resultados y posibilitan que el embarazo sea una experiencia positiva ? ¿Cómo se deben llevar a cabo estas prácticas ?

Descarga: Recomendaciones de la OMS sobre la atención prenatal para una experiencia positiva del embarazo

  • Clínica

Suicidios cero y homicidios de pareja cero es imposible

  • 19/03/2019
  • Pablo Malo Ocejo

En este artículo voy a decir – y a argumentar con datos – que dados nuestros conocimientos actuales es imposible plantearnos que podemos reducir los suicidios o los homicidios de pareja a una tasa cero. Sí podemos aspirar a reducirlos, pero no a erradicarlos por completo. He utilizado la expresión suicidio cero porque efectivamente existe un proyecto Suicidio Cero que se ha extendido por diversos países (ver también aquí) aunque no lo voy a tratar directamente (para una crítica ver esta entrada de James Coyne o este reciente artículo de Sisti y Joffe). Cuando los partidarios del programa Suicidio Cero se dirigen a instituciones o empresas en busca de apoyo y financiación ¿quién puede decirles que no? ¿quién puede oponerse a la idea de un proyecto que promete hacer desaparecer el suicidio? Pero imaginemos que alguien en estos momentos diseñara y nos quisiera vender un programa llamado Cáncer Cero para eliminar por completo todos los cánceres…¿qué pensaríamos? Creo que es claro que no existe todavía la ciencia para acabar con todos los tipos de cáncer y que el que vendiera ese programa nos estaría engañando.

Evidentemente, yo también quiero que los suicidios y los homicidios de pareja desaparezcan por completo. Tanto los suicidios como los homicidios son devastadores para los individuos, para las familias, para los profesionales implicados y para la sociedad en su conjunto. Pero, como he planteado en diversas entradas en este blog, creo que hay que separar la moral y la ciencia y lo que voy a explicar aquí es que no tenemos la ciencia como para conseguir eliminar por completo los suicidios y los homicidios. Empezaré por los suicidios.

Suicidios

Voy a tomar este editorial de Mulder y cols. titulado The futility of risk prediction in psychiatry, del British Journal of Psychiatry como guía de mi argumentación para explicar algunas cosas que van a resultar probablemente contraintuitivas a muchos lectores. La prevención del suicidio es una prioridad en salud mental y esto ha llevado a la realización de un gran número de estudios acerca de los factores de riesgo para el suicidio. Se han identificado factores de riesgo y los clínicos han categorizado a los pacientes en grupos de «alto riesgo» y de «bajo riesgo» lo cual tiene implicaciones terapéuticas en el sentido de influir en las medidas que se tomen, como por ejemplo ingresar al paciente, voluntaria o involuntariamente. El problema que tiene este enfoque es que el suicidio consumado es un suceso raro, su incidencia es muy baja.

Bien, seguro que vais a pensar que cómo se puede decir que el suicidio es un suceso raro cuando en España hay unos 3.600 suicidios al año, unos 10 suicidios cada día, y en el mundo unos 800.000 al año, una cifra que es mayor que las muertes por homicidios y guerras juntas. Visto así no lo parece. Pero es que en el mundo hay 7.000 millones de personas. Según la OMS (2014) la tasa de suicidio anual es de 11,4 por 100.000 y en España parece estar alrededor del 8 por 100.000. Aproximadamente un 1,4% de todas las muertes en el mundo se deberían a suicidio aunque probablemente esto es una subestimación porque debido al estigma que tiene el suicidio es muy probable que muchas muertes que se registran como accidentales o por enfermedad se deban en realidad a suicidio.

Pero hay un sentido muy importante en el que el suicidio es raro: el suicidio consumado es muy poco frecuente en relación a la suicidalidad, es decir a las ideas e intentos de suicidio. La mayoría de la gente que tiene ideas de suicidio no va a realizar un intento de suicidio y la mayoría de la gente que ha realizado un intento de suicido no va a morir por suicidio. Si hubiera una correlación exacta entre ideas de suicidio e intentos de suicidio, si sólo la gente que va a intentar un suicidio pensara en ello, sería más fácil prevenirlo, tendríamos más clara la forma de intervenir, pero esto no es así. Alan Eppel lo expresa así: «La realidad, sin embargo, es que la predicción del suicidio consumado es una imposibilidad matemática. Esto se debe a que el suicidio consumado es un suceso relativamente raro en comparación con las ideas de suicidio y los intentos de suicidio».

El suicidio consumado es muy poco frecuente en relación a la suicidalidad

Las cifras acerca de ideas de suicidio en la población general varían mucho. Por el rango bajo hay estudios que hablan de que el 10-18% de la población general ha tenido ideación de suicidio en algún momento y por el rango alto hay estudios como uno de tenderos en Seattle que encuentra que el 53-67% ha considerado seriamente el suicido en algún momento de su vida.

Probablemente, la mayoría de la población ha tenido ideas de suicidio en algún momento. Pero incluso la mayoría de la gente que ha realizado intentos de suicidio no fallecerá por suicidio. Según estudios citados aquí, la letalidad tras un intento de suicidio -en seguimientos que van de 5 a 23 años- es sólo de alrededor de un 5%, es decir, nueve de cada diez personas que han realizado algún intento de suicidio morirán por razones que no tienen nada que ver con el suicidio. Esto en cuanto a la sorprendente baja correlación entre ideación suicida e intentos de suicidio con el suicidio consumado.

La sensibilidad de los instrumentos que se usan para medir el riesgo es muy baja

Pero volvamos al tema de los factores de riesgo. Factores que se señalan en muchos estudios son tan generales como estos cuatro: intentos previos de auto-lesión, intentos de suicidio, problema físicos de salud y sexo masculino. Como veis, estos factores son comunes en la población y su poder predictivo es bajo. No hay ningún factor o combinación de factores que se asocie fuertemente al suicidio. Mulder y cols dicen: «quizás es finalmente el momento de reconocer que sucesos raros como el suicidio – por muy trágico que sea para todas las personas implicadas y por mucho que deseemos prevenirlo – son imposibles de predecir con un grado de fiabilidad que sea clínicamente significativo».

Os va a sonar extraño pero la mayoría de suicidios ocurren en los grupos catalogados de «bajo riesgo» principalmente porque estos grupos contienen más personas que los de alto riesgo y la sensibilidad de los instrumentos que se usan para medir el riesgo es muy baja para superar este problema de tamaño. Según un estudio de Appleby y cols, el 85% de los suicidios ocurren en grupos de bajo riesgo. Según el estudio de Large y cols. que citan aquí, el 95% de los sujetos catalogados de alto riesgo no se suicidarán y el 50% de los suicidios procedían de grupos de bajo riesgo. Fijaos la tasa de falsos positivos, sujetos que se consideran de alto riesgo que no cometerán suicidio.

Algunos expertos han ido más lejos y plantean que la valoración de riesgo es a menudo un intento de las organizaciones o instituciones de calmar su propia ansiedad más que de mejorar la atención al paciente. A veces se puede ingresar a los pacientes no por necesidades del tratamiento sino porque no ingresarles produce una ansiedad intolerable en el personal implicado en su valoración. El mito de que ciertos factores de riesgo predicen el suicidio conduce a la creencia de que el suicidio se debe a una inadecuada valoración del riesgo y esto llevaría a una actuación defensiva de los profesionales que podrían ingresar, incluso involuntariamente, a los pacientes como medida contra posibles demandas legales.

Mulder y cols. dicen claramente que tenemos que reconocer la imposibilidad de predecir el riesgo individual y que debemos educar al público acerca de este desafortunado pero cierto hecho, como humildemente intento hacer en este momento. Esto no quiere decir que no podamos hacer nada para prevenir el suicidio, y luego comentaré algunas cosas, pero la conclusión con respecto a la predicción en base a factores de riesgo es que aunque es posible validar e identificar factores de riesgo para el suicidio consumado, las matemáticas de la predicción del riesgo (su baja tasa base de frecuencia), sea con valoración clínica o con escalas, dicen que la categorización del riesgo no puede ayudarnos a reducir el suicidio. Es difícil de digerir y no nos gusta que sea así pero es lo que dicen los datos.

Pasamos ahora al homicidio de pareja.

Violencia de pareja

Quiero aclarar que yo utilizo la expresión violencia de pareja para referirme a lo que los medios suelen llamar violencia machista o violencia de género. En la literatura científica se usa la expresión violencia de pareja íntima (intimate partner violence) y homicidio de pareja íntima (intimate partner homicide) que abreviaré a violencia de pareja y homicidio de pareja. De todos modos, la literatura de valoración de riesgo de homicidio de pareja que he revisado estudia prácticamente en exclusiva el asesinato de la mujer por un hombre que es o ha sido su pareja, en parejas heterosexuales, así que me estaré refiriendo a este tipo en concreto.

Empecemos por conocer algunos datos. España registró en el año 2014 una tasa de homicidios de pareja de 0,24 por 100.000 encontrándose en la parte baja de la tabla a nivel europeo ya que Alemania registró 0,41, Finlandia 0,54, Lituania 0,94 y Suiza 0,32. Recordad que la tasa de suicidio era de 8 por 100.000 y hemos estado diciendo que eso es una tasa base muy baja. La tasa del homicidio de pareja es todavía mucho más baja, más de un orden de magnitud menor: 3.600 suicidios al año frente a 50 homicidios de pareja, redondeando. Los problemas de predicción que hemos mencionado para el suicidio son, por tanto, aplicables también a los homicidios de pareja porque ocurre que el homicidio de pareja es muy poco frecuente en relación a la violencia de pareja (según la OMS, el porcentaje de mujeres que ha sufrido violencia física o sexual, o ambas, oscila entre el 15% y el 71%).

Una primera cuestión que hay que aclarar es que una cosa es predecir el riesgo de repetición de la violencia de pareja, lo cual es más fácil de predecir porque este riesgo es del 25-30%, y otra más difícil es predecir el riesgo de homicidio de pareja, porque el riesgo de homicidio de pareja a partir de una situación de violencia de pareja es aproximadamente del 0,04% , aunque estas cifras pueden variar según las muestras.

Para predecir los homicidios de pareja tenemos un primer problema. La posición teórica más extendida en nuestro entorno, la perspectiva de género, considera que el homicidio de pareja es la extensión natural de la violencia de pareja, el último paso de una irreversible escalada de violencia. Esto no es así en muchos casos. Existen homicidios de pareja que ocurren de forma brusca e imprevista (out of the blue) sin que existan antecedentes de malos tratos. La frecuencia de este tipo de homicidios sin antecedentes varía según las muestras. Sara Thorton encuentra que en el 55% de los casos no hubo ningún contacto previo con la policía y en 21% sólo un contacto.Sebire y cols. encuentra que un 47% no tenía registro policial previo. Bridger y cols. encuentran antecedentes de violencia en el 36,4% de los casos. Otros estudios encuentran cifras más bajas de falta de antecedentes de violencia, de en torno al 30% (ver Lopez-Ossorio y cols, 2018). Sean cuales sean las cifras exactas, una buena parte de los homicidios de pareja no tienen antecedentes previos lo que nos plantea una limitación importante y hace que su prevención sea difícil o imposible.

Un segundo problema, que teníamos también en el caso del suicidio, es el problema de la sensibilidad y especificidad de las escalas y sus tasas de falsos negativos y falsos positivos: en los casos en los que sí hay antecedentes de violencia de pareja nos encontramos con que en la mayoría de los casos la violencia no va a acabar en homicidio, ni siquiera en los casos más graves. Por ejemplo, en este estudio siguieron a 589 maltratadores de los que muchos presentaban abuso de sustancias, no estaban casados legalmente, habían cometido ataques previos causando lesiones físicas y habían sido acusados de delito por ello o habían intentado el suicidio (todos ellos indicadores de riesgo). En un plazo de 15 meses el 29,7% había reincidido en la violencia pero no hubo ninguna fatalidad. En un estudio que citan aquí, se siguió a 1289 hombres identificados en los registros policiales durante 5 años y sólo uno mató a su pareja (0,08%). Estudios citados en Hilton y Harris 2005 con tasas de reincidencias del 25-40% no han encontrado casos letales.Chuckley y Strang en este estudio en Dorset (UK) encuentran un 67% de casos letales (45 de 67) que no habían sido clasificados de alto riesgo por el instrumento de valoración que usa la policía británica (el DASH) mientras que tuvieron una tasa de falsos positivos del 99%: 12.279 de los 12. 301 que habían catalogado de alto riesgo no resultaron en daño grave.

Los investigadores deberían identificar una población de riesgo y seguir a muchos miles de casos para identificar predictores de homicidio de pareja y desarrollar una herramienta de predicción del riesgo de homicidio de pareja. Esto no se ha hecho todavía, hasta donde yo sé, por la enorme dificultad, pero la valoración de riesgo en homicidio de pareja es relativamente joven (en comparación con la de otros tipos de violencia) y es de esperar que veamos avances en los próximos años. Los estudios que existen son retrospectivos recogiendo información de diversas fuentes: amigos y familiares, sentencias, informes judiciales y clínicos, bases de datos, etc.

Quizás el estudio más completo, pero también muy difícil de interpretar, con un diseño prospectivo que he encontrado es el de Roehl de 2015 (versión final). Los investigadores entrevistan a víctimas de violencia doméstica dos veces, una valoración inicial y otra al de 6 meses-1 año. También rastrean la información de detenciones de los agresores de las mujeres implicadas para saber si han sido detenidos en este tiempo. En este estudio se valoran 4 herramientas, dos diseñadas específicamente para la detección de casos de violencia letal: elDanger Assessment (DA), (esta escala tiene una versión para utilizar en parejas lesbianas) y el DV-MOSAIC; y dos métodos de valoración del riesgo de reincidencia o nueva ofensa o agresión: el DVSI y el K-SID. Además de ello, se valora la fiabilidad de la valoración que hace la propia mujer del riesgo de que pueda ser seriamente agredida en el próximo año (dos preguntas: «¿cómo de probable ve usted que sea agredida? y ¿cómo de probable ve que sea usted gravemente agredida?). La muestra es de 1307 mujeres que habían sufrido un abuso grave (82% habían sufrido abuso severo y 45% habían sido agredidas con arma blanca o de fuego, intentos de asfixia, etc., en los 6 meses previos). En la segunda valoración sólo consiguen entrevistar al 60% de las mujeres, pierden al 40% para el seguimiento, pero tienen los datos judiciales y policiales de todos los agresores. En ese tiempo no refieren ningún homicidio pero sí un 11% de agresiones muy graves (con arma blanca o de fuego, pérdida de conciencia por la fuerza del ahogamiento…) que podrían haber sido letales. La tasa de repetición de violencia física en las 782 mujeres del seguimiento es de un tercio, 30,9%, similar a la de otros estudios (tal vez es oportuno señalar que el «periodo crítico» de reincidencia -y también de homicidio- es durante los tres primeros meses tras la denuncia).

Los investigadores analizan cantidad de parámetros para ver la capacidad de predicción de los instrumentos y no podemos entrar en ellos. Pero señalaré un par de cosas. Una de ellas es que hay de un 16-33% de falsos negativos dependiendo del instrumento y un 30% de falsos positivos con el DA y el DV-MOSAIC y 25% con el K-SID. La otra es que las víctimas son muy buenas predictoras de su propio riesgo, la predicción que hace la propia mujer es muy buena estando en la mayoría de los parámetros a un nivel similar a los resultados conseguidos con las escalas. También hay que señalar que las mujeres con más riesgo toman más medidas de protección como irse a vivir a un lugar donde no puedan ser localizadas, o a albergues, cambian cerraduras, obtienen armas para protegerse, etc. También son protegidas por el sistema judicial y el 20% de los agresores en los casos de más riesgo son encarcelados. Que todas estas medidas fueran eficaces es esperanzador porque indica que funcionan pero distorsionan los resultados del estudio porque hay una serie de mujeres que no estuvieron expuestas al riesgo y los autores intentan controlar para ello. Es probable que eso origine una subestimación de la capacidad predictiva de los cuestionarios.

sí es verdad que estos agresores de mayor riesgo son los que van a cometer más ataques en el futuro y los que causaran las lesiones más serias

En fin, con lo que hemos tratado creo que es suficiente para ver la complejidad del asunto por lo que se refiere a la predicción del riesgo de homicidio. Hilton y Harris (2005) concluyen: «la investigación ha aumentado la comprensión de los predictores de uxoricidio, pero no podemos concluir que existe una valoración de riesgo validada para el asalto letal a la esposa»
Esto no quiere decir, sin embargo, que los métodos de valoración del riesgo de reincidencia de la violencia no sean útiles, como acabamos de ver, y resumo muy por encima cómo se realiza esa valoración. Básicamente hay tres métodos (bien explicados en Canales 2013 y Pueyo y Echeburúa 2010):

  1. El juicio profesional no estructurado, que consiste en el juicio de un profesional según su experiencia, formación e intuición y que no es mejor que el azar
  2. Valoración actuarial, emplea instrumentos o escalas que hacen una ponderación de factores de riesgo y obtienen una puntuación. Son más fiables que el juicio clínico no estructurado
  3. Juicio profesional estructurado, es una valoración que se realiza con la ayuda de guías de valoración de riesgo basadas en la investigación clínica y en los estudios epidemiológicos.

Pueyo y Echeburúa consideran que el juicio clínico estructurado es la mejor técnica para predecir y gestionar el riesgo de violencia (aunque otros dicen que la más eficaz es la valoración actuarial,Hilton y Harris, 2005). Son herramientas al servicio de los profesionales que no sustituyen a éstos. En los entornos en los que es necesario hacer valoraciones más rápidas para toma de decisiones urgentes se utilizan las escalas de predicción, que son de utilidad para jueces, entorno forense y penitenciario, oficinas de atención a víctimas, hogares de acogida, etc.

No voy a entrar en el análisis de estas herramientas, remito a los interesados a estas referencias:Muñoz-Vicente y López-Ossorio 2016 y Singh 2013). Lo interesante es que estos métodos sirven para proponer procedimientos de gestión del riesgo individualizado y apropiado al momento de la evaluación, para desarrollar la protección de la víctima por medio de la elaboración de planes específicos y para diseñar programas de tratamiento concretos en función de las características de los agresores. También aumentan la propia concienciación de la víctima acerca del riesgo de violencia, ayudan a las decisiones judiciales y a centrar los recursos y las intervenciones en los casos más graves. Aunque la gran mayoría de maltratadores no van a cometer homicidio, ni los que están en la categoría de mayor riesgo, sí es verdad que estos agresores de mayor riesgo son los que van a cometer más ataques en el futuro y los que causaran las lesiones más serias. Por ello, representan unas dianas legítimas para los mayores esfuerzos de prevención de la violencia doméstica. En conjunto, son unas herramientas útiles en manos de profesionales entrenados (una valoración de todas ellas la tenéis en Roehl y cols 2005 y en Kropp 2008).

Conclusión

La conclusión conjunta que podemos sacar tanto para el caso del suicidio como del homicidio de pareja es que transmitir a la población que tenemos conocimientos científicos adecuados y herramientas de diagnóstico precisas y que si las aplicamos vamos a evitar los suicidios y los homicidios -y que por tanto cuando ocurren algo se ha hecho mal- es una falacia.

Como concluyen López-Ossorio y cols: «Debemos tener presente que la anticipación de eventos poco frecuentes (como el homicidio de pareja) es complicada y está sujeta a un elevado nivel de error, quizás un fenómeno similar a los descritos por Taleb (2007) bajo la denominación de cisne negro para referirse a «sucesos improbables con consecuencias importantes, cuyas explicaciones a posteriori no tienen en cuenta el azar y solo buscan encajar lo imprevisible en un modelo perfecto».

Quiero aclarar que, al explicar todo lo anterior, no estoy diciendo que los psiquiatras, psicólogos, policías y jueces no cometan errores y negligencias y que esto ocurra en algunos casos, lo que estoy diciendo es que la explicación sistemática de los suicidios y homicidios no son los errores o negligencias de los profesionales implicados sino una ausencia de la ciencia necesaria para predecirlos. Tampoco estoy diciendo que no se pueda hacer nada para intentar disminuir la prevalencia de estos fenómenos. Lo que estoy diciendo es que atribuirnos unos conocimientos que no tenemos y unas capacidades que no tenemos, es un engaño y es perjudicial porque no soluciona los problemas que queremos solucionar y crea otros nuevos. Tenemos margen para optimizar la aplicación de la ciencia que ya tenemos sobre estos fenómenos pero no podemos sacarnos de la chistera la ciencia que no tenemos.

Podemos poner en marcha más y mejores servicios incluyendo servicios de intervención en crisis que puedan mejorar la rapidez de atención

Con respecto al suicidio, hay evidencias de que lo que se llama restricción de medios funciona para prevenir el suicidio. Medidas como poner barreras en los puentes, disminuir el número de pastillas por envase así como el control de su dispensación, para impedir su acumulación; reducir la toxicidad de los pesticidas en países donde se utilizan mucho con intenciones autolíticas como en países asiáticos, reducir el uso y disponibilidad de armas, etc. También tenemos que seguir mejorando el tratamiento de los pacientes con trastornos mentales graves. Hay estudios en los que se encuentra, por ejemplo, que sólo 2 de 28 pacientes con esquizofrenia que se suicidaron tenían niveles de medicación en sangre. Podemos poner en marcha más y mejores servicios incluyendo servicios de intervención en crisis que puedan mejorar la rapidez de atención así como directrices para los medios de difusión, reducción del estigma, concienciación del público, etc. Y es importante también dedicar recursos a la investigación para mejorar todo lo posible nuestros conocimientos acerca del suicidio.

Con respecto al homicidio de pareja, tenemos una ley de Violencia de Género, un Pacto de Estado contra la violencia de género, 30.465 mujeres con protección policial en este año de 2018 (datos del portal de la Delegación de Gobierno para la violencia de género), 41081 órdenes de protección, 1079 hombres llevan dispositivos electrónicos de seguimiento, a fecha 30 de Septiembre hay 518.503 casos en seguimiento en el sistema VioGén, y en 2017 había 6.300 hombres en la cárcel por violencia de género. Se ha anunciado recientemente que en España en el protocolo VioGén se va a valorar también el riesgo de asesinato, cosa que antes no se hacía. Creo que no se puede decir que no se hacen y se han hecho cosas pero, a pesar de todo ello, este año llevamos 40 muertes (esto ocurre también en otros países, están disminuyendo las cifras de homicidios globales pero disminuyen menos o se han estancado las de homicidios de pareja).

Voy a poner un ejemplo de prevención de homicidio de pareja que resulta posible con la ciencia que ya tenemos. Existe un tipo de homicidio de pareja con unas características diferenciales que es el de hombres seniles, cuidadores únicos de mujeres con altas discapacidades (Cobo, 2007). Suelen ser parejas de más de 60 años en los que no existe ningún antecedentes de agresiones valoradas ni de denuncias previas pero tampoco de que el entorno haya considerado esta posibilidad. En la muestra de Cobo son 36 casos de 266 muertes homicidas. La mujer suele tener una enfermedad de Alzheimer o una enfermedad crónica grave y se pueden añadir problemas económicos y de soledad. El hombre acaba llegando a una situación de desesperanza («no es posible seguir viviendo de esa forma») y puede acabar la situación en una depresión y en un homicidio-suicidio.

Estos casos no son conocidos por la policía o los juzgados pero sí lo son por los médicos y los asistentes sociales. Casi con toda seguridad los equipos de valoración de dependencia y los servicios sociales han hecho una valoración y acuden con regularidad al médico. Si somos conscientes del riesgo que existe en este caso de hombres mayores cuidadores únicos de una mujer gravemente enferma, podemos montar un dispositivo de apoyo y de seguimiento a este tipo de parejas. Se pueden tramitar todas las ayudas económicas y sociales disponibles incluyendo servicios como centros de día u otro tipo de medidas. También se puede seguir médica y psicológicamente al hombre para ver si aparece agotamiento, desesperanza y pérdida de expectativas y ofrecerle ayuda psicológica y psiquiátrica. Todo ello contando con el apoyo de la familia, si es que existe. Este dispositivo coordinado entre los médicos de atención primaria, servicios de salud mental, trabajadores sociales y la familia podría aliviar la carga económica y personal y de soledad del hombre afectado y favorecer que pueda seguir ejerciendo su labor de cuidador sin llegar al agotamiento.

En los últimos tiempos están apareciendo enfoques basados en Big Data y en inteligencia artificial y redes neuronales para predecir el suicidio. Estas intervenciones todavía no son operativas pero no sabemos si podrán ser clínicamente eficaces en el futuro. Podemos imaginar escenarios de ciencia ficción en los que un chip implantado en nuestro cerebro podría detectar en tiempo real nuestra intención de suicidarnos o de matar a nuestra pareja y efectivamente dar aviso a la policía, pero la pregunta es si desearíamos vivir en un mundo como ése. La realidad es que la vida es muy dura y cruel para muchas personas, enfermedades físicas y psíquicas, graves problemas económicos, dolor, sufrimiento…Mientras la vida de muchas personas sea un infierno, algunas van a buscar una forma de escapar de él. Y mientras el ser humano sea capaz de ver infiernos donde no los hay y no sepamos cómo evitar que los vea, seguirá existiendo ese riesgo. Mientras nuestra mente siga siendo algo privado y podamos mantener secretos nuestros pensamientos, impulsos, obsesiones, miedos, deseos y odios; mientras podamos mentir -o no decir lo que pensamos-, nos enfrentaremos a lo irracional, lo imprevisible y lo desconocido.

Voy a concluir extrayendo un par de párrafos de una revisión sistemática y metaanálisis realizada por Fazel y cols en 2012 sobre el uso de instrumentos de valoración de riesgo en la predicción de violencia y conducta antisocial en general (no en el caso del suicidio o el homicidio de pareja en particular) que sintetizan el mensaje que quería transmitir con esta entrada:
«Los instrumentos de valoración de riesgo en su forma actual pueden ser usados solamente para clasificar a los individuos en líneas generales a nivel de grupo, y no para determinar de forma segura el pronóstico criminal en un caso individual»
«Una implicación de estos hallazgos es que, después de 30 años de desarrollo, el punto de vista de que la violencia o el riesgo criminal o sexual puede ser predicho en la mayoría de los casos no está basado en la evidencia. Este mensaje es importante para el público general, los medios de comunicación y algunas administraciones que pueden tener expectativas no realistas sobre la predicción de riesgo para los clínicos»

Referencias bibliográficas:

 

Andrés-Pueyo, A., & Echeburúa, E. (2010). Valoración del riesgo de violencia: instrumentos disponibles e indicaciones de aplicación. Psicothema, 22(3). Retrieved from https://www.redalyc.org/html/727/72714400008/

Campbell, J. C., Webster, D. W., & Glass, N. (2009). The danger assessment: validation of a lethality risk assessment instrument for intimate partner femicide. Journal of Interpersonal Violence, 24(4), 653–674. https://doi.org/10.1177/0886260508317180

Fazel, S., Singh, J. P., Doll, H., & Grann, M. (2012). Use of risk assessment instruments to predict violence and antisocial behaviour in 73 samples involving 24 827 people: systematic review and meta-analysis. BMJ , 345, e4692. https://doi.org/10.1136/bmj.e4692

Hilton, N. Z., & Harris, G. T. (2005). Predicting wife assault: a critical review and implications for policy and practice. Trauma, Violence & Abuse, 6(1), 3–23. https://doi.org/10.1177/1524838004272463

Kropp, P. R. (2008). Intimate partner violence risk assessment and management. Violence and Victims, 23(2), 202–220. Retrieved from https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18624090

López-Ossorio, J. J., Carbajosa, P., Cerezo-Domínguez, A. I., González-Álvarez, J. L., Loinaz, I., & Muñoz-Vicente, J. M. (2018). Taxonomía de los Homicidios de Mujeres en las Relaciones de Pareja. Psychosocial Intervention. https://doi.org/10.5093/pi2018a11

Mulder, R., Newton-Howes, G., & Coid, J. W. (2016). The futility of risk prediction in psychiatry. The British Journal of Psychiatry: The Journal of Mental Science, 209(4), 271–272. https://doi.org/10.1192/bjp.bp.116.184960

Plana, J. A. C. (2007). La prevención de la muerte homicida doméstica: un nuevo enfoque. El Justicia de Aragón. Retrieved from https://market.android.com/details?id=book-v1FGygAACAAJ

Roehl, J., O’Sullivan, C., Webster, D., & Campbell, J. (2005). Intimate Partner Violence Risk Assessment Validation Study: The RAVE Study Practitioner Summary and Recommendations: Validation of Tools for Assessing Risk from Violent Intimate Partners. PsycEXTRA Dataset. https://doi.org/10.1037/e515672006-001

Santos, J., & González, J. L. (2017). Homicidio de pareja (2007-2016): tiempo entre denuncia, valoración policial del riesgo y muerte. Behavior and Law Journal, 3(1), 1–10.

Singh, J. P. (2013). Predictive validity performance indicators in violence risk assessment: a methodological primer. Behavioral Sciences & the Law, 31(1), 8–22. https://doi.org/10.1002/bsl.2052

Vicente, J. M. M., & López-Ossorio, J. J. (2016). Valoración psicológica del riesgo de violencia: alcance y limitaciones para su uso en el contexto forense. Anuario de Psicología Jurídica. https://doi.org/10.1016/j.apj.2016.04.005

 
Copy to Clipboard
  • Artículos de opinión (Op-ed)
  • Ciencia

Trascender el sufrimiento desde la aceptación

  • 19/03/2019
  • María Lucía Giordano

Nuestra experiencia humana ineludiblemente trae consigo la posibilidad de sufrimiento. Se trata de una de las realidades más conflictivas en tanto desafía nuestra búsqueda de plenitud y felicidad. El sufrimiento es un fenómeno complejo, debido a la autoconsciencia sufrimos y sabemos que sufrimos, al poseer la capacidad de ir hacia el pasado y el futuro podemos revivir circunstancias dolorosas pasadas indefinidamente, aferrarnos a ellas de modo limitante y anticipar amenazas en un futuro.

Un aporte interesante a considerar es el de Casell, quien define al sufrimiento como aquel estado especifico de distrés que se produce cuando la integridad de la persona se ve amenazada o rota, y se mantiene hasta que la amenaza desaparece o la integridad es restaurada. Podemos verlo, desde la perspectiva de Bayés, como la consecuencia dinámica y cambiante de la interacción, en contextos específicos, entre la percepción de amenaza y la percepción de recursos, modulada por el estado de ánimo.

La consideración de amenazas está presente en ambas definiciones, es Bayes quien introduce nuestra percepción de los recursos, para hacer frente a las posibles amenazas, como factor a tener en cuenta en las posibilidades del sufrimiento. Nos encontramos en ocasiones, concentrados esfuerzos para evitar y disminuir el sufrimiento, en la sociedad moderna. La ciencia continúa ganando importantísimas batallas contra el dolor y el sufrimiento en general. Pese a estos avances en los que aún nos queda mucho por conocer, siempre nos queda la muerte como fuente de sufrimiento por su imprevisibilidad e inevitabilidad. Ante esto necesitamos promover la aceptación de la vulnerabilidad y fragilidad humana.

Si bien el sufrimiento se da en la dimensión subjetiva su naturaleza es universal, y es en el reconocimiento de esta universalidad en el que se desarrolla nuestra capacidad de empatizar y experimentar un sufrimiento ajeno, al cual todos somos vulnerables.

Muchas veces en el afán por intentar evitar a toda costa encontrarnos con el dolor, anticipamos posibilidades de sufrimiento futuro que nos paralizan, propiciando frustración y mayor sufrimiento al ver como el curso de la vida no se detiene mientras nosotros no nos animamos a andar. Nos alejamos de este modo de nuestros anhelos. Volviéndonos extraños a nosotros mismos, el mundo se torna también extraño y hostil, aumentando la angustia y el temor.

En las ocasiones en que experimentamos dolor nos encontramos con nuestro propio límite, la propia impotencia de no poder cambiar un hecho real. Si nos instalamos en el sufrimiento el límite se vuelve obstáculo, taponando el acceso a toda nueva experiencia, pasando de la impotencia del hecho a una impotencia del vivir.

Ambos modos, la evitación y la instalación, empobrecen nuestra capacidad de adaptarnos y construir estilos de afrontamiento. Tan importante es conocer las estrategias de afrontamiento con las que contamos como el hecho de que las mismas pueden variar de un momento a otro en tanto se construyen en interacción. Yace de este modo también en el sufrimiento la potencialidad de ser fuente de construcción empática. Posibilitando la interacción desde la comprensión y la compasión.

Cuando experimentamos el sufrimiento desde la aceptación conduce al crecimiento, al observar nuestro sufrimiento detectamos en el mismo hecho una vulnerabilidad de la que nadie está exento y apreciamos aquello que valoramos. Posibilitamos una toma de perspectiva, una disposición a la experiencia que no debe confundirse con una suerte de resignación inevitable frente a los sucesos dolorosos.

Se trata de una aceptación activa que posibilita la unión con otros en empatía, trascendiendo lo que no podemos cambiar. Reorientándonos desde la construcción creativa y el compromiso de acción con nuevos posibles que nos permitan desarrollar nuestra singularidad y enriquecer trayectorias de desarrollo comunitario, brindando nuestro legado al mundo.

Referencias:

Casell, E (1982)The nature of suffering and the goals in medicine.

Wilson, K. G. & Luciano, M. C. (2002). Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Un tratamiento conductual orientado a los valores.

Bayés, R. (2009) Discurso de Investidura como Doctor «Honoris Causa en Psicología» por la UNED

  • Cursos recomendados

La ciencia del bienestar – certificado por la Universidad de Yale

  • 19/03/2019
  • David Aparicio

La Universidad de Yale es una de las instituciones educativas de mayor prestigio a nivel mundial. En esta oportunidad te invita a su nuevo curso online titulado: La ciencia del bienestar.

El propósito del curso es conocer las investigaciones psicológicas más rigurosas sobre los factores que nos hacen felices y desarrollar habilidades para poner en práctica estos factores y hábitos tanto en la atención psicológica como en la vida cotidiana.

En la primera parte del curso se revelan los conceptos erróneos que tenemos sobre la felicidad y las características molestas de la mente que nos llevan a pensar de la manera en que lo hacemos. La siguiente parte del curso se enfoca en actividades que han demostrado aumentar la felicidad junto con estrategias para crear mejores hábitos. La última parte del curso les da a los alumnos tiempo, consejos y apoyo social para trabajar en la tarea final, que les pide que apliquen una actividad de bienestar también conocida como «Recompensa» en sus vidas durante cuatro semanas.

El programa del curso tiene una duración de 19 horas / 3 horas por semana. Es totalmente online, lo que significa que se ajustará a tus horarios. Incluye videos y materiales para descargar. Todo con subtítulos en español.

Puedes inscribirte en el curso totalmente gratis. Pero te recomiendo hacer la inscripción de pago de 49 dólares para que recibas la certificación oficial de la Universidad de Yale.

Para más información e inscripciones visita la página oficial del curso online de La ciencia del bienestar.

Otras voces

💌 Sitios afines: amistades, colegas, referentes y compañeros de camino que leemos con gusto.

  • P Psicoflix psicoflix.com El Netflix de la psicología, podcast semanal con entrevistas rigurosas a terapeutas y expertos en psicología a nivel mundial.
  • P Psyche psyche.co Revista de ensayos con artículos de psicología y neurociencias.
  • A Aterrizaje de emergencia - Dario Benitez aterrizajedeemergencia.com Productividad, psicología y reflexiones de Dario Benitez, psicólogo ACT y cofundador de Psicoflix
  • J Jason Kottke kottke.org Con casi 30 años online, Jason Kottke es uno de los referentes del blogging. Aquí encontrarás artículos interesantes todos los días.
  • J Jonathan Yentch www.youtube.com Cada video es una aventura.
→ ver todos
  • Clínica

Eduardo Keegan: «Siempre ha sido mi objetivo contribuir a la calidad de la salud mental en la Argentina»

  • 18/03/2019
  • Lara María Velázquez

Eduardo Keegan es Doctor en psicología, psicólogo clínico, docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador. Ha sido reconocido por sus esfuerzos en traer la terapia cognitiva a Argentina. Publicó muchos artículos científicos, escribió un libro y participó en capítulos de varios libros, entre ellos: Escritos de psicoterapia cognitiva y Guía para perfeccionistas en problemas. Fue Presidente de la Asociación Argentina de terapia cognitiva conductual (TCC) en los períodos 2004-2007 y 2010-2013. Participó como supervisor o como docente en entrenamientos en Argentina, Paraguay, Perú, Uruguay, Brasil, España, Polonia, Lituania y Letonia. Y dictó cursos y conferencias en Guatemala, Chile, Italia y Marruecos. También dirige un equipo de investigación en la Universidad de Buenos Aires.

Keegan es, sin dudarlo, una persona con mucha experiencia en nuestro campo que ha impulsado el desarrollo de la psicología basada en evidencia en Argentina y ha «contagiado» a muchos en el proceso. En la entrevista nos cuenta cómo lo logró, su opinión sobre el estado de la TCC actualmente en Argentina y sobre los desafíos que enfrenta la psicología.

Bueno, Eduardo, primero ¡muchas gracias por permitirme esta entrevista! Para mí es un honor conociendo tu trayectoria como psicólogo y habiendo cursado una materia en la que sos jefe de cátedra (Clínica Psicológica y Psicoterapias, Emergencias e Interconsultas, Cátedra II). Para comenzar ¿cuántos años de ejercicio profesional tenés?

Me recibí en 1984. Hace 34 años que soy psicólogo.

¿Qué te llevó a inclinarte hacia la rama de la terapia cognitivo-conductual? ¿Cuándo comenzó este extenso recorrido?

Tuve formación psicoanalítica en la facultad. Estudié y supervisé mi trabajo, pero al cabo de unos años sentí que lo que hacía no ayudaba mucho a mis pacientes. Mi mejor amigo era psiquiatra y por esa época nos reuníamos a estudiar. A través de él supe de la terapia cognitivo-conductual y también que una gran cantidad de artículos científicos hablaban de su eficacia. Me interesé mucho por el tema y eventualmente me decidí a buscar formación en el exterior. Obtuve una beca del British Council para estudiar en el Institute of Psychiatry de Londres y así tuve mi primer contacto formal con la terapia cognitivo conductual.

¿Decidiste especializarte en esas diferentes ramas de la Psicología mucho después de egresar como psicólogo de la UBA? 

Alrededor de 6 o 7 años después de mi graduación ya estaba en búsqueda de formación más allá del psicoanálisis.

Teniendo en cuenta que en la UBA (y en Argentina en general) prevalece el Psicoanálisis, lo que hace unos años atrás era todavía más fuerte ¿cómo fue el proceso de ser impulsor de la terapia cognitivo conductual en nuestra facultad y en nuestro país?

Cuando regresé de Inglaterra comencé a dar clases de posgrado sobre los tratamientos para trastornos del ánimo. En mis clases no ponía tanto el énfasis en los marcos teóricos, sino en la depresión y cómo abordarla más eficazmente. En parte por mis objetivos y en parte porque en Argentina prevalecía el interés en los modos de abordar un problema más que en los resultados, comencé a hablar más específicamente de terapia cognitivo-conductual y de psicoterapia con apoyo en investigación empírica. La primera vez que hablé de esto en un hospital de Buenos Aires fue por invitación de uno de los residentes psiquiatras. La recepción de los concurrentes psicólogos fue bastante hostil. Como decía Freud, fue una etapa de «espléndido aislamiento». Y siguió siendo así por muchos años, a veces todavía alguien del público es abiertamente hostil.

Durante esa época mis cursos tenían convocatoria, pero la gente no parecía interesarse mucho por la terapia cognitivo-conductual. Recién en 1999 comenzó a haber un interés más claro. De hecho, fue difícil armar un equipo docente para la cátedra que pude organizar a partir de 2000.

También a lo largo de los años di clases en muchas universidades e instituciones de Argentina tratando de difundir la TCC. Supongo que todo el esfuerzo empeñado, el hecho de dar clases en la universidad más grande de Argentina, ser vehemente y no sentirme desalentado por las reacciones negativas frecuentes colaboraron en que la tarea de difusión fuera exitosa. Desde 2003 me invitaron a dar clases en diversos entrenamientos en el exterior, pero esa es otra historia.

Recién en 1999 comenzó a haber un interés más claro. De hecho, fue difícil armar un equipo docente para la cátedra que pude organizar a partir de 2000

¿Qué fue lo que te llevó a querer impartir tus conocimientos en la Terapia Cognitivo Conductual?

Siempre me gustó dar clases. Además, yo ya era docente universitario cuando obtuve mi beca en Gran Bretaña, y esta incluía el compromiso de difundir lo que aprendiese en Argentina. Por otro lado, siempre ha sido mi objetivo contribuir a la calidad de la salud mental en la Argentina, y me parecía que yo tenía una oportunidad de hacer una contribución en ese sentido, no tanto por lo que hiciera yo como persona, sino por contagiar a otros el entusiasmo por una práctica mejor basada en la evidencia, de mejor calidad y más eficaz para reducir el sufrimiento humano.

**En relación a la pregunta anterior, teniendo en cuenta que en Argentina, al menos en el área de psicología, hay cierto «delay«¿Creés que todavía estén vigentes la concepción de «segunda ola» y «tercer ola» en las terapias basadas en la evidencia? ¿Por qué? **

En la Argentina hay muchas personas que trabajan en línea con los desarrollos más recientes en psicoterapia, pero el consenso general «atrasa» unos cuantos años, por una serie de razones. Las contribuciones de autores como Steven Hayes han sido significativas. Todo el debate que se denominó de «tercera ola» ha sido muy fructífero para el campo y ha dado lugar a un montón de ideas nuevas. Pero Hayes es un gran psicólogo, no un historiador, y las periodizaciones serán hechas a su tiempo por historiadores profesionales.

Más allá de eso, creo que la publicación del libro «Process-Based CBT» por Stefan Hofmann y Hayes marca el inicio de otro período. Stefan Hofmann comenzó un taller dictado en forma conjunta con Hayes en mayo de este año en Alemania con la frase «esta es la cuarta ola». Hofmann tampoco es historiador, pero al menos podemos afirmar que tanto él como Hayes creen haber dado una vuelta de página en lo relativo a la «tercera ola».

Siempre ha sido mi objetivo contribuir a la calidad de la salud mental en la Argentina

¿Cuándo comenzaste a ser docente y jefe de cátedra de la materia de grado? ¿Qué te llevó a serlo?

Cuando era alumno de grado me habían alentado a postularme como ayudante de Historia de la psicología. Cuando me gradué me postulé para dar clases en esa cátedra y me aceptaron. Aprender historia de la psicología me permitió conocer mejor otros enfoques y campos de la psicología más allá del psicoanálisis.
La democratización de la UBA y el crecimiento de la matrícula de la carrera en la segunda mitad de los años ’80 -y la audacia de la juventud- me dieron la oportunidad de postularme para un cargo de profesor adjunto, que obtuve al cabo de un tiempo. Tenía entonces 30 años. Como mencioné antes, siempre me gustó dar clases.

Luego, a mediados de los ’90, comencé con un pequeño curso en posgrado, al que sumé un segundo un par de años más tarde. Invité a terapeutas destacados como Cory Newman a dar clases en nuestra facultad y pude aprender de él. La facultad tenía esta política de doble cátedra para asegurar a los alumnos más de un enfoque teórico y no había una segunda cátedra de psicoterapias. Presenté un proyecto en 1999 para crear una segunda cátedra de esta materia, la primera materia clínica obligatoria que tendría un enfoque no-psicoanalítico en la historia de la facultad. Mi proyecto tuvo apoyo en la Facultad -no todo fue hostilidad- y así en 2000 comencé el dictado de esta asignatura.

¿Cómo surgió la idea del posgrado en terapia cognitiva de la UBA?

En 1999 reuní un conjunto de cursos que tenían esa orientación y que estaba dictando junto a otras personas. Sumé a ellos otros cursos nuevos y así nació el Programa de Actualización en Terapia Cognitiva, que estaba dirigido a graduados que quisieran tener una primera aproximación al tema. En 2009 ya contaba con un equipo de personas con suficiente formación como para convertir ese programa en una carrera de especialización. Desde entonces el programa ha tenido muy buena inscripción y ha ido creciendo en calidad y complejidad.

¿Considerás que hoy en día haya crecido la demanda en la formación en terapia cognitivo conductual en comparación a otros años?

Definitivamente. Nuestra materia de grado pasó de tener 102 inscriptos en su primera edición a tener entre 500 y 700 alumnos en los últimos años. A la vez, cada vez hay más demanda de formación de posgrado en TCC. Los eventos científicos relacionados a la TCC tienen una gran convocatoria. Unas jornadas realizadas en los últimos años en la facultad han reunido a cientos de estudiantes y jóvenes graduados. Los muros de Facebook de psicólogos de Argentina muestran una creciente participación de psicólogos con orientación cognitivo-conductual.

¿Por qué creés que eso es así? 

La TCC es la psicoterapia _mainstream _en el mundo desarrollado desde hace mucho tiempo. Los sistemas de salud mental estatales de varios países desarrollados la incluyen como la psicoterapia más utilizada.

Si bien la Argentina seguirá siendo distinta a esos entornos por un buen tiempo, es indudable que esa influencia se hará sentir de modo creciente. Además, las nuevas generaciones de psicólogos tienen otros valores e intereses. Hay aspectos de la cultura contemporánea, tales como el interés por la meditación contemplativa y la compasión, que están mucho mejor reflejadas en la TCC que en otros modelos de psicoterapia.
Por otro lado, los sistemas de salud demandan cada vez más terapeutas capaces de planificar y llevar a cabo tratamientos eficaces de acuerdo a protocolos cuya duración y resultados puedan ser pre-estimados. Por último, las personas que consultan comienzan a demandar más específicamente terapia cognitivo-conductual.

La TCC es la psicoterapia _mainstream _en el mundo desarrollado desde hace mucho tiempo

¿Cuándo comenzaste a ser disertante en jornadas y congresos?

Tanto la investigación como el deseo de difundir la TCC me llevaron a presentar en reuniones científicas desde mediados de los años ’90. Mi primera presentación sobre algo relativo a TCC tuvo lugar en 1995 en un horario muy poco favorecido, como es natural.

Presenté muchas veces en los congresos de psiquiatría locales, porque ese público siempre me pareció relevante por su impacto en el sistema hospitalario público y en la salud mental en general. La presentación que recuerdo con mayor satisfacción tuvo lugar en 2004. Al público le gustó mucho. No tengo muy en claro por qué, pero a veces la comunicación con el público tiene sus momentos mágicos. Fue una presentación sobre el optimismo en los terapeutas, no algo específico de TCC.
La presentación más importante que he hecho fue una conferencia plenaria por invitación en el congreso europeo de terapia cognitivo-conductual en Marrakech, en 2013.

Trabajás en consultorio privado (entre otras cosas), ¿qué opinás del trabajo interdisciplinario?¿Qué aportes considerás que otorga? 

La relación entre psicoterapia y psicofarmacología es muy importante. Cuando un paciente recibe un tratamiento combinado es crucial que el psiquiatra y el psicoterapeuta compartan una conceptualización del caso, que defina la intervención y la estrategia. La combinación de tratamientos puede tener efectos sinérgicos o aditivos, pero también pueden generar interferencias.

Presenté muchas veces en los congresos de psiquiatría locales, porque ese público siempre me pareció relevante por su impacto en el sistema hospitalario público

Por un lado el trabajo en equipo nos ayuda a llevar adelante los tratamientos más complejos reduciendo los riesgos propios de las rupturas en la alianza terapéutica. Por el otro, también nos ayuda a mantener la motivación para ayudar a nuestros pacientes y puede reducir el burnout. Dos personas normalmente tienen más ideas que una sola y también un mejor conocimiento de la base empírica para tomar decisiones clínicas.

En mi experiencia personal han sido muchas más las ventajas que las dificultades resultantes de trabajar en modo conjunto con otros profesionales de la salud mental.

¿Sobre qué temáticas has redactado e investigado (en líneas generales)? ¿Qué te llevó a elegir esos asuntos?

Parte de la tarea como profesor es la de investigar. Más allá de lo que hice en el campo de Historia de la Psicología, durante la última década he estado investigando el perfeccionismo adaptativo y desadaptativo. Esto se debió en parte a que un integrante de la cátedra hizo un primer trabajo sobre la relación entre perfeccionismo y ansiedad social. Luego el interés se extendió por la relación entre perfeccionismo y trastornos alimentarios. Dado que el perfeccionismo desadaptativo es un problema común entre los estudiantes universitarios, mi trabajo mismo como profesor le daba mayor interés al tema.

Desarrollamos una intervención psicoeducativa para estudiantes que tuvo éxito en cambiar el perfeccionismo desadaptativo. Publicamos en EUDEBA la guía que usamos en ese proyecto, para que estuviera disponible para cualquier estudiante universitario.

Parte de la tarea como profesor es la de investigar

Hemos investigado el perfeccionismo como fenómeno transdiagnóstico – una de las líneas contemporáneas de interés en el campo cognitivo-conductual – y en este momento estamos indagando su papel en el desempeño de los terapeutas. Yo no soy un gran investigador, pero estoy satisfecho con haber posibilitado la formación de varios becarios y doctorandos que desarrollan hoy un trabajo muy productivo.

¿Cuál es tu experiencia en relación a ello? 

Una de las cosas que mejoró en las últimas dos décadas en la psicología en Argentina es el incentivo económico para la investigación, tanto para becarios como para equipos de investigación. Esta política ha sido acertada porque ha contribuido mucho a construir una tradición de investigación donde sólo había una profesión.

Con el crecimiento de la investigación formal es natural que más personas valoren los enfoques psicoterapéuticos que cuentan con apoyo empírico. También esto permite que la psicología argentina se desarrolle más allá de las aplicaciones clínicas, que eran la casi totalidad del campo hace 20 años.

¿Notás que en los últimos años prevalezca algún diagnóstico más puntual en tus consultas? ¿Cuál? 

La mayor parte de las consultas siempre se relaciona con trastornos emocionales (ansiedad y depresión), porque son muy prevalentes. Hay mucha consulta de pacientes con problemas de ansiedad porque son muy frecuentes – más o menos una de cada 6 personas padecerá un trastorno de ansiedad en su vida – pero también porque la terapia cognitivo conductual es particularmente buena para tratar estos trastornos. Es muy eficaz en plazos relativamente cortos, no tiene serios efectos adversos y sus resultados son muy estables. A medida que la terapia cognitivo-conductual se hace más conocida hay una demanda creciente de ella, sobre todo por parte de estos pacientes.

Con el crecimiento de la investigación formal es natural que más personas valoren los enfoques psicoterapéuticos que cuentan con apoyo empírico

Para ir cerrando, ¿qué desafíos creés que tenga la Psicología a futuro? ¿Por qué?

En la Argentina uno de los desafíos será el de ir construyendo una disciplina con investigación creciente, aunque para eso se necesita también cierta cantidad de inversión económica que no siempre está disponible, por razones diversas.
Debemos también cambiar la percepción social que en nuestro país se tiene de la psicología como profesión y disciplina, para ajustarla mejor a la realidad contemporánea. La representación de la psicología en los medios masivos de comunicación no es la mejor ni la más precisa.

En mi campo de experticia diría que un desafío presente importante es garantizar que los mejores tratamientos estén disponibles para todos los integrantes de nuestra sociedad en todo el sistema. Aún estamos muy lejos de este objetivo. La diseminación de la psicoterapia es una tarea compleja y costosa. El modelo del programa Improving Access to Psychological Therapies (IAPT) de Inglaterra es una buena fuente de inspiración, pero aún estamos lejos de algo así en Argentina.

  • Clínica

Pasos hacia una terapia cognitiva conductual basada en procesos con niños y adolescentes (TCCBP)

  • 14/03/2019
  • Javier Mandil

La diseminación de las terapias basadas en la evidencia ha prodigado importantes avances en la clínica con niños y adolescentes. Por una parte promovió el desarrollo de instrumentos de evaluación y protocolos de tratamiento para el abordaje de diversos trastornos psicopatológicos que afectan a esta franja etaria vulnerable. Por otra justificó el acceso y cobertura de los consultantes jóvenes por parte de los Servicios de Seguridad Social a nivel mundial (Chambless y Hollon, 1998; Ollendick y King, 2012). Sin embargo una serie de desafíos persisten en relación a la superación de la distancia registrada entre los reportes de eficacia provistos por los estudios controlados y la efectividad de los procedimientos ante las complejidades inherentes a múltiples motivos de consulta (Ollendick, Fraire y Spence, 2013).

Por una parte, el ajuste insuficiente de los cuadros nosográficos descriptos en los manuales diagnóstico-estadísticos y la presentación clínica cotidiana, se multiplica exponencialmente ante la injerencia de las diversas dimensiones que contextualizan cada caso (Castonguay y Beutler, 2005). En este sentido, las características evolutivas y culturales, las vulnerabilidades y recursos neuro-cognitivos, las dinámicas familiares y la intercomunicación con sistemas educativos y comunitarios constituyen factores de impacto en la etiología, configuración, mantenimiento y evolución de cada problemática (Ollendick y Neville, 2012). Así mismo, variables como la posible comorbilidad y solapamiento diagnóstico, la cronicidad y la intensidad de la sintomatología, suelen exigir al clínico una especial precisión en la formulación de los casos y un notable grado de flexibilidad en el diseño de las estrategias terapéuticas (Friedberg y Mc Clure, 2016). En este sentido, los protocolos de tratamiento basados en la evidencia ofician a la manera de brújulas generales que orientan las intervenciones, pero el quehacer profesional en la consulta cotidiana requiere de una flexibilidad y una sensibilidad ideográfica, históricamente dependientes de la intuición y el juicio clínico.

Afortunadamente, en los últimos años, diversos desarrollos y precisiones han dado lugar a nuevas propuestas teóricas y metodológicas que nos sitúan en la antesala de un salto evolutivo de importancia para la clínica en general y en particular, para esta compleja área de estudio que nos ocupa.

 


 

Versión PDF

 

Puedes descargar este artículo en formato pdf para imprimir y compartir en clases o con tus colegas. Por favor envíanos un email a: [email protected], en caso de que encuentres algún error o problema con la descarga.

 


 

Hacia el desarrollo de consensos productivos: la terapia cognitivo conductual basada en procesos (TCCBP)

El movimiento de terapias basadas en la evidencia y la terapia cognitivo comportamental han tenido una importancia crucial en el desarrollo de pautas para la corroboración empírica de la eficacia de los tratamientos y en la justificación de su necesaria incorporación a las prestaciones otorgadas por los sistemas de seguridad social (Chambless y Hollon, 1998). Sin embargo, su inicial formulación acorde a modelos biomédicos, es decir la manualización estricta, la convalidación de criterios nosográficos con los manuales diagnóstico-estadísticos, su sustento en una epistemología racionalista y la valoración de sus resultados en manera casi excluyente a partir de estudios controlados, ha dado lugar a una serie de cuestionamientos y desarrollos alternativos en su interior (Hayes y Hofmann, 2017).

Uno de los más recientes ha sido promovido por las llamadas “terapias cognitivas y conductuales de tercera generación” (Hayes, Masuda y De Mey, 2003), una serie de marcos teórico-metodológicos sustentados en el contextualismo funcional que incorporan perspectivas filosóficas y prácticas propias de las tradiciones humanistas y el Budismo Zen. Sus modelos de tratamiento, guiados por principios flexibles, se orientan a la evaluación y el abordaje de procesos centrales al sufrimiento psicológico. El marco de intervención de estas propuestas implica un cambio de agenda, desde perspectivas orientadas al control de las emociones y el cuestionamiento cognitivo, hacia la aceptación, la toma de perspectiva y el desarrollo de repertorios conductuales flexibles. El carácter rupturista de sus postulados, sumados a la creciente corroboración empírica de su eficacia, en especial en relación a presentaciones clínicas crónicas y/o complejas, han dado lugar a algunos de los debates más intensos en el marco de las terapias basadas en la evidencia a comienzos del siglo XXI. Posteriormente a partir de la última década, el intercambio entre investigadores provenientes de perspectivas heterogéneas dio lugar al desarrollo de notables síntesis superadoras entre las propuestas tradicionales y estas nuevas perspectivas (Hayes y Hofmann, 2017).

 

Los protocolos de tratamiento basados en la evidencia ofician a la manera de brújulas generales que orientan las intervenciones, pero el quehacer profesional en la consulta cotidiana requiere de una flexibilidad y una sensibilidad ideográfica

La terapia cognitiva conductual basada en procesos (TCCBP) es el resultado más representativo de estos intercambios, cuyos lineamientos principales podemos destacar a continuación.

 

  1. La consideración de modelos de tratamiento más flexibles, transdiagnósticos y organizados por principios.
  2. La propuesta de una substitución paulatina de los protocolos de tratamiento específicos, dirigidos al abordaje de trastornos definidos en manera médico-estadística, por la identificación de procedimientos orientados al abordaje de procesos psicológicos generales que impactan en la etiología y el mantenimiento de los motivos de consulta.
  3. Una complejización en la propuesta de los modelos de investigación. Esta se caracteriza por un pasaje del énfasis en los estudios controlados sobre la eficacia de los protocolos, al estudio acerca de los mediadores y moderadores del cambio terapéutico. Así mismo, se promueve la enfatización de los estudios experimentales de caso y los diseños de investigaciones de proceso.
  4. Un avance en las formulaciones ideográficas del sufrimiento psicológico, sustentado en conceptualizaciones clínicas comprehensivas y en el análisis funcional.
  5. La integración de la psicoterapia científica a las ciencias sociales y naturales y en especial a una conceptualización evolutiva del desarrollo humano.
  6. El reconocimiento y la aceptación del impacto de paradigmas filosóficos divergentes en el área, en especial los mecanicistas y contextuales, como enfoques pertinentes orientados a enfatizar diferentes perspectivas en ese complejo objeto de estudio que es el ser humano, asegurando al mismo tiempo la intercomunicación respetuosa y la confluencia de esfuerzos en el avance de la investigación.
  7. Por último y quizás más importante: una redefinición del concepto de “salud mental” y de los objetivos de los tratamientos psicoterapéuticos. Dado que el funcionamiento “presumiblemente normal” y cotidiano del ser contemporáneo involucra procesos destructivos inherentes a la inserción socio-cultural (Hayes, Strosahl y Wilson, 1999), la descripción de problemáticas en categorías nosográficas se considera arbitraria y la definición de un supuesto estado de salud como ausencia de sintomatología psicopatológica insuficiente. En este sentido, las metas generales de las psicoterapias con base científica se reorientan predominantemente hacia el enriquecimiento del funcionamiento y el desarrollo flexible del ser en contexto.

Hayes y Hoffman (2018) destacan, una pregunta re-fundacional para la psicoterapia actual “¿Que procesos biopsicosociales deben ser abordados con cada cliente, en cada situación y considerando las metas particulares de cada tratamiento? ¿Cómo se puede intervenir en los mismos en la manera más eficiente y efectiva posible?”

En el desarrollo de consensos productivos, los autores describen procesos neurobiológicos, cognitivos, emocionales y conductuales centrales, sustentados a la fecha por la investigación básica y alientan el estudio de su impacto idiosincrásico en cada motivo de consulta. Así mismo entienden que, dado que la definición del concepto cognición involucra cuestiones controversiales, como la concepción del ser humano respecto a la experiencia y el sentido del sí mismo, históricamente la naturaleza y la modalidad operativa del conocer, constituyeron el epicentro de algunos de los más intensos debates suscitados entre las diferentes perspectivas filosóficas en psicoterapia.

Una definición general, cercana al lenguaje cotidiano del término cognición, consiste en “los procesos de adquisición del conocimiento y el entendimiento, desarrollados a partir del pensamiento, los sentidos y la experiencia” (Stevenson, 2010). En este sentido, a grandes rasgos la psicoterapia de base científica, entiende a la cognición como la organización proactiva y con tendencia al desarrollo de una coherencia idiosincrásica respecto al significado adjudicado por las personas a los acontecimientos, aspectos de la propia identidad y las interacciones. De Houwer, Barnes-Holmes y Barnes-Holmes (2018) proponen a la perspectiva cognitivo-funcional como un concilio ecuménico útil al marco de la TCCBP, en tanto reconoce y valora las diferencias teóricas, en manera no excluyente y plausible de generar intercambios orientados a la conceptualización de distintos aspectos de esta compleja faceta de la psicología humana.

 

La perspectiva contextual-funcional, por otra parte, define a la cognición como conductas lingüísticas que establecen relaciones y transformaciones arbitrarias entre los estímulos del contexto

En este sentido, señalan que desde la perspectiva tradicional de la TCC, la incidencia de la cognición en el desarrollo psicopatológico considera el impacto de los esquemas centrales en el procesamiento de la información, la generación de sesgos en la percepción y/o recuperación de datos, así como en los productos cognitivos – pensamientos automáticos e imágenes – que afectan el desarrollo de las experiencias emocionales y de repertorios comportamentales desadaptativos.

La perspectiva contextual-funcional, por otra parte, define a la cognición como conductas lingüísticas que establecen relaciones y transformaciones arbitrarias entre los estímulos del contexto. Su impacto en el sufrimiento psicológico estaría dado por niveles poco efectivos de fusión cognitiva y el seguimiento rígido de las reglas lingüísticas que gobiernan las acciones. Los procedimientos terapéuticos enmarcados en ambas tradiciones están orientados, en sentido amplio, al desarrollo de la toma de perspectiva y la flexibilización cognitiva.

En el marco de la TCC, esta tarea se lleva a cabo principalmente promoviendo la auto-observación de productos, procesos y estructuras cognitivas, su discusión colaborativa, el desarrollo de experimentos comportamentales y la generación de contenidos y procesos más adaptativos. De acuerdo a Clark y Beck (1997), algunos de los procedimientos habituales orientados por estas metas incluyen la psicoeducación, el auto-monitoreo, la reestructuración cognitiva, la resolución de problemas y los experimentos comportamentales.

Desde las perspectivas orientadas por el marco contextual-funcional, como la terapia de aceptación y compromiso (ACT), se promueve un cambio general en la relación de los consultantes con sus pensamientos y emociones dolorosas. Hayes, Stroshal y Wilson (1999), sugieren que este cometido podría desarrollarse mediante la alteración de la función de los eventos privados dolorosos en relación al contexto. Varios procedimientos orientados por esta agenda incluyen la aceptación, diversas prácticas de observación en perspectiva, ejercicios orientados a la toma de contacto experiencial respecto a los eventos privados dolorosos y la elucidación de valores.

En este sentido, el marco TCCBP promueve que, a partir del análisis funcional y la evaluación idiosincrásica del impacto en los motivos de consulta de procesos centrales como la fusión cognitiva, la resolución de problemas, la toma de contacto y regulación de las emociones, el desarrollo de repertorios orientados por valores, el desarrollo de las habilidades interpersonales y de afrontamiento, puedan desarrollarse diseños flexibles de tratamiento en base a principios metodológicos sustentados en tradiciones diversas de las terapias cognitivo conductuales, con fuerte soporte en la investigación.

Procedimientos como la reestructuración cognitiva, las prácticas de atención flexible y toma de perspectiva, la elucidación de valores, la toma de contacto y regulación emocional, el control de estímulos, el manejo de las consecuencias conductuales y el entrenamiento en habilidades integran un bagaje de herramientas potencialmente efectivas, cuyo énfasis y secuencia de implementación sería considerada en manera idiosincrásica a partir de la formulación de cada caso clínico (Koerner, 2018).

En la siguiente figura ilustraremos la interacción entre la orientación básica proporcionada por las evaluaciones clínicas, los procesos centrales analizados y el diseño de estrategias de tratamiento flexibles en el marco de la TCCBP.

 

Hayes y Hofmann (2018), señalan el carácter incipiente de la psicoterapia basada en procesos, con la expectativa de que pueda reorientar futuras investigaciones, la substitución paulatina de los protocolos de tratamiento específicos por programas de intervención comprehensivos y flexibles, así como una actualización en la formación de los especialistas.

Es importante destacar que la terapia cognitiva comportamental basada en procesos se define, antes que a la manera de un nuevo modelo terapéutico, como un consenso en continuo desarrollo, nutrido de la confluencia de esfuerzos provenientes de diferentes tradiciones en psicoterapia científica. En este sentido, dado que la principal pregunta que orienta el presente artículo, refiere a la posible injerencia de la TCCBP en relación a futuros desarrollos en Psicoterapia infanto-juvenil, consideramos provechoso revisar en la próxima sección contribuciones con evidencia considerable, orientadas a la fecha por una agenda análoga en el área. Con estos propósitos, nos referiremos principalmente a los Tratamientos Transdiagnósticos con Niños y Adolescentes (Rohde, 2012) y al Enfoque Modular en Clínica infanto-juvenil (Chorpita, Daleiden y Weisz, 2005).

 

La TCCP se define, antes que a la manera de un nuevo modelo terapéutico, como un consenso en continuo desarrollo, nutrido de la confluencia de esfuerzos provenientes de diferentes tradiciones en psicoterapia científica.

 

Hitos en el desarrollo de la TCCBP en la clínica con niños y adolescentes

Diversos modelos terapéuticos con prestigio y evidencia creciente, definidos como transdiagnósticos y orientados hacia procesos, han difundido en los últimos años adaptaciones para el tratamiento de los consultantes jóvenes. Por poner ejemplos, tanto la terapia de aceptación y compromiso, la terapia dialéctica conductual (DBT) y la terapia multisistémica son marcos de trabajo flexibles orientados por principios y que enfatizan la evaluación y la intervención en relación a procesos psicológicos comunes a un amplio rango de problemáticas. En este sentido, dimensiones como la flexibilidad psicológica, la regulación emocional y la intercomunicación ecológica entre sistemas múltiples, constituyen contribuciones de importancia a un campo en evolución constante (Ehrenreich-May y Chu, 2013).

 

Tratamientos transdiagnósticos y el enfoque modular

En este apartado revisaremos dos particulares desarrollos con soporte empírico considerable y que han propiciado originales contribuciones a la psicoterapia infanto-juvenil, en un recorrido coherente a la agenda propuesta por la TCCBP.

Por una parte, los tratamientos transdiagnósticos (Barlow et al., 2011), promueven el desarrollo de protocolos unificados orientados al abordaje de trastornos emocionales diversos, criterios clínicos dimensionales y comorbilidades múltiples. La base conceptual de los mismos se sustenta en un importante cuerpo de estudios orientados hacia procesos psicológicos generales de mayor o menor impacto en el desarrollo idiosincrásico de los motivos de consulta (Rohde, 2012).

Por su parte, el enfoque modular ha sido desarrollado para abordar complejidades como la frecuente comorbilidad, particularidades evolutivas y características complejas de los entornos que contextualizan los motivos de consulta de los jóvenes y sus familias (Park y Chorpita, 2016). Koerner (2018) entre otros, valoran su aporte como un posible modelo de guía flexible para el diseño de los tratamientos, la toma de decisiones y la orientación de los recorridos terapéuticos en el marco de la TCCBP.

Los tratamientos transdiagnósticos adquieren mayor difusión a la par que se cuestiona el enfoque categorial del DSM IV TR, en vistas a promover la enfatización de los criterios dimensionales en las subsiguientes ediciones de los manuales diagnóstico-estadísticos. Atendiendo a las frecuentes comorbilidades y solapamientos diagnósticos observables en la clínica, Barlow, Allen y Choate (2004) publican el Protocolo unificado para el abordaje de los trastornos emocionales. En el marco del mismo se sugiere una reorientación de las investigaciones, evaluaciones y diseños de estrategias clínicas en relación al impacto que en diferentes motivos de consulta podrían registrar procesos psicológicos generales como los sesgos cognitivos, la atención, la regulación emocional, la resolución de problemas y las estrategias de afrontamiento (Rohde, 2012). Debido a que principalmente la comorbilidad en la clínica infanto-juvenil es mas una regla que una excepción, estas perspectivas fueron acogidas con interés considerable por especialistas en el área. Ehrenreich-May y Chu (2013) revisan la corroboración empírica de la incidencia de procesos generales como la atención, los sesgos cognitivos, las modalidades de afrontamiento y la evitación en el desarrollo y agravamiento del curso de diversos trastornos internalizantes y externalizantes en la población infanto-juvenil. Así mismo, destacan la particular incidencia del rol de las relaciones con pares y de los estilos de crianza en el desarrollo psicopatológico en esta franja etaria. Por otra parte, Ehnreich- May, Queen, Bilek, Remmes y Marciel (2013) destacan los avances en el desarrollo de modelos de intervención como el Protocolo unificado para el tratamiento de los trastornos emocionales en adolescentes (UP-A) y el Protocolo unificado para niños: detectives de las emociones (UP-C: ED). El motivo principal de estos emprendimientos es la comorbilidad frecuente entre ansiedad y depresión que alcanza aproximadamente un 62% en la población infanto-juvenil, particularmente en la adolescencia.

Sin embargo, mayoritariamente los cuadros comórbidos han sido excluidos de los estudios controlados, reconociéndose que los jóvenes afectados por comorbilidades tienen peor respuesta a los protocolos de tratamiento específicos. Los abordajes transdiagnósticos infanto-juveniles apuntan a intervenir sobre los procesos comunes a los trastornos internalizantes. Así mismo promueven la economía en la formación de los terapeutas en tanto reorientan el entrenamiento hacia una menor cantidad de modelos. Tanto el UP-A como el UP-C:ED se sustentan en una base teórica informada por la ciencia cognitiva, la modificación conductual y los hallazgos de las investigaciones sobre regulación emocional. De acuerdo a estos últimos, los trastornos de ansiedad y la depresión comparten características afectivas de base (predisposición temperamental y afectividad negativa) y estrategias de regulación emocional poco efectivas. Estas últimas se caracterizan por la evitación emocional, la supresión de las emociones negativas, un bajo reconocimiento general de las propias emociones y una respuesta atenuada a los estímulos positivos. Sobre esta base conceptual, los procedimientos apuntan a incidir en tres componentes clave: modificar las interpretaciones de los consultantes respecto a los estímulos del entorno y a las emociones mismas, promover tendencias a la acción incompatibles con los comportamientos desadaptativos que retroalimentan las emociones dolorosas y prevenir la evitación emocional.

 

Los abordajes transdiagnósticos infanto-juveniles apuntan a intervenir sobre los procesos comunes a los trastornos internalizantes

Ehnreich-May et al. (2017) destacan la evidencia prometedora de estos enfoques, evaluados al día de la fecha en dos estudios abiertos y un estudio controlado. Los resultados de dichas investigaciones parecen corroborar una mejoría en la sintomatología ansiosa y depresiva, el desarrollo de competencias orientadas a la regulación de un amplio rango de emociones, así como una mejor respuesta que la de los protocolos específicos en relación a consultantes jóvenes que presentan trastornos comórbidos.

El Enfoque Modular se concibe como un sistema de módulos y algoritmos para la toma de decisiones, orientado a la práctica flexible de las psicoterapias con niños y adolescentes. La modularidad consiste en la organización de intervenciones complejas en componentes simples, que pueden funcionar en manera aislada o en interconexión con otras unidades, siguiendo una lógica algorítmica a la manera de diagramas de flujo que orientan la toma de decisiones clínicas (Park y Chorpita, 2016). Cada módulo o grupo de intervenciones contiene componentes que se presumen como mediadores del cambio terapéutico en los protocolos de tratamiento con evidencia preestablecida.

Basándose en investigaciones previas, Chorpita y Weisz (2009) han desarrollado un protocolo modular plausible de ser adecuado a las necesidades de cada consultante y capaz de abarcar diversos motivos de consulta coexistentes. El resultado es el Abordaje modular de psicoterapia para niños con ansiedad, depresión, trauma y/o problemas de conducta (MATCH). Dicho Manual contiene una librería de procedimientos tomados de la TCC para la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático e intervenciones basadas en los Programas de entrenamiento a padres de niños con conductas disruptivas. Los procedimientos se estructuran a la manera de módulos discretos secuenciados por diagramas de flujo que delimitan un recorrido de base, pero que a su vez permiten una alteración y recombinación en la secuencia modular a medida que surgen interferencias en el tratamiento (Park y Chorpita, 2016).

 

Viñeta clínica

Ejemplificaremos con la siguiente viñeta clínica: Tommy es un niño de 8 años, cuya madre consulta debido a síntomas de ansiedad de separación. A medida que la profesional tratante implementa los módulos psicoeducativos sobre la ansiedad, evalúa que el niño carece de motivación personal para proseguir el tratamiento y que a la vez presenta conductas oposicionistas en el hogar y la escuela. Ante dicha interferencia en la secuencia del tratamiento, la terapeuta opta por implementar módulos psicoeducativos para padres y docentes sobre el manejo de las conductas disruptivas. Una vez que el niño presenta menor oposicionismo y una mayor motivación para resolver sus dificultades, la profesional retoma los módulos de psicoeducación sobre la ansiedad y prosigue con la secuencia original de tratamiento.

En la siguiente figura puede observarse un diagrama de flujo ilustrativo de la secuencia modular anteriormente descripta, adaptado de Chorpita, Daleiden y Weisz (2005).

 

A la fecha el enfoque modular ha sido investigado en comparación a la implementación de Protocolos de TCC estándar para diversos trastornos. Park y Chorpita (2016) reportan una eficacia similar respecto a la mejoría de la sintomatología en las dos condiciones de estudio, registrando la condición MATCH mayor eficiencia, una curva de mejoría más alta en un número menor de sesiones y mayores reportes de satisfacción por parte de las familias consultantes. Así mismo los autores señalan que el equipo se encuentra abocado al desarrollo e investigación de diseños modulares que contemplan otras complejidades clínicas frecuentes: pobre adherencia a los tratamientos, diversidad cultural, impacto de estresores o crisis vitales y diferencias en el entrenamiento y la experiencia clínica de los terapeutas.

 

La modularidad consiste en la organización de intervenciones complejas en componentes simples

En suma esta tendencia hacia el desarrollo de modalidades de evaluación idiosincrásicas y el diseño de intervenciones flexibles, ha aportado contribuciones destacables en psicoterapia infanto-juvenil desde hace al menos una década. Podemos aventurar que la diseminación de la TCCBP incorporará estas propuestas a un marco de trabajo aún más sensible a la complejidad de la consulta cotidiana y capaz de unificar los esfuerzos provenientes de investigadores enmarcados en tradiciones epistemológicas diversas de las terapias con base en la evidencia.

 

Desarrollos y precisiones pendientes para una TCCBP con niños y Aadolescente

La TCCBP ofrece un consenso auspicioso, abierto a los aportes continuos de los expertos en el área. Sin embargo Ollendick, Fraire y Spence (2013) destacan el natural desfasaje entre el soporte empírico de los procedimientos orientados hacia procesos psicológicos generales evaluados en población adulta, en comparación al registrado con niños y adolescentes. Por otra parte, ciertos procesos psicológicos centrales descriptos en las propuestas iniciales de la TCCBP, como los Valores, han mostrado inconsistencias referentes a su adecuación evolutiva en estudios de componentes y mediadores terapéuticos (Swain et al., 2015). En este sentido se considera que las cualidades que orientan las acciones comprometidas, en tanto reforzadores lingüísticos amplios y abstractos se encuentran en edades tempranas aún en formación, siendo altamente dependientes de la injerencia de los entornos orientados al desarrollo y el aprendizaje de los niños. Mayores precisiones respecto a la utilidad de procedimientos orientados hacia la elucidación de valores, en el intercambio directo con los consultantes jóvenes y/o en relación a los entornos institucionales y familiares son necesarias. Así mismo Coyne, Birtwell, Mc Hugh y Wilson (2013) sugieren que procedimientos basados en la toma de perspectiva como la defusión, debido a su relativa simplicidad y adaptabilidad, pueden ser más viables con niños y adolescentes que las técnicas clásicas de reestructuración cognitiva. Finalmente, probablemente sea importante al abducir procedimientos de tradiciones diversas en el marco coherente de la TCCBP, considerar las adaptaciones necesarias para favorecer el desarrollo personal y el funcionamiento flexible de los consultantes (Hayes y Hofmann, 2017). Lo que queda claro es que la juventud de estos desarrollos y la necesidad de mayores esfuerzos de investigación podrían propiciar múltiples desafíos y oportunidades en el área. En este sentido podemos alentar expectativas concernientes a que, las contribuciones unificadas provenientes de perspectivas diversas, probablemente enriquezcan en manera exponencial nuestros recursos para la prevención y el tratamiento de esta franja etaria vulnerable.

Referencias bibliográficas:

Barlow, D., Allen, L. & Choate, M. (2004). Toward a unified treatment of emotional dissorders. Behavior Therapy, 35, 205-230.

Barlow, D., Farchione, T., Fairholme, C., Ellard, C., Boisseau, L., Allen, L. & Ehrenreich-May, J. (2011). Unified Protocol for Transdiagnostic Treatment of Emotional Disorders. New York: Oxford University Press.

Castonguay, L. & Beutler, L. (2005). Principles of Therapeutic Change that Works. New York: Oxford University Press.

Chambless, D. & Hollon, S. (1998). Defining empirically supported therapies.Journal of Consulting and Clinical Psychology, 66 (1), 7-18.

Chorpita, B., Daleiden, E. & Weisz, J. (2006). Modularity in the design and application of therapeutic interventions_. Applied and Preventive Psychology, 11. 141-156._

Chorpita, B. & Weisz, J. (2009)_. Modular Approach to Therapy for Children with Anxiety. Depression, Trauma or Conduct Problems (MATCH-ADTC)._ Florida: Practice Wise LLC.

Clark, D. y Beck, A. (1997). El estado de la cuestión en la teoría y la terapia cognitiva. En I. Caro (ed.). Manual de Psicoterapias Cognitivas. Estado de la Cuestión y Procesos Terapéuticos. Barcelona: Paidos.

Coyne, L. Birtwell, K., McHugh, L. & Wilson, K. (2013). Acceptance and Commitment Therapy. In J. Ehrenreich-May & B. Chu (eds.). Transdiagnostic Treatments for Children and Adolescents . New York: The Guilford Press.

De Houwer, J., Barnes-Holmes, D. & Barnes-Holmes, Y. (2018). What is Cognition? A Functional-Cognitive Perspective. In S. Hayes & S. Hofmann (eds). Process Based CBT. The Science and Core Clinical Competencies of Cognitive Behavioral Therapies. Oakland: New Harbinger.

Ehrenreic-May, J. & Chu, B. (2013). Overview of Transdiagnostic Mechanisms and Treatments for Youth Psychopatology. In J. Ehrenreich-May & B. Chu. (eds.). Transdiagnostic Treatments for Children and Adolescents . New York: The Guilford Press.

Ehrenreich-May, J., Queen, A., Bilek, E., Remmes, C. & Marciel, K. (2013). The Unified Protocols for Treatment of Emotional Disorders in Children and Adolescents. In J. Ehrenreich-May & B. Chu (eds.). Transdiagnostic Treatments for Children and Adolescents. New York: The Guilford Press.

Ehrenreich-May, J., Rosenfield, D., Queen, A., Kennedy, S., Remmes, C. & Barlow, D. (2017). An initial waitlist-controlled trial of the unified protocol for the treatment of emotional disorders in adolescents.Journal of Anxiety Disorders, 46, 46-55.

Friedberg, B. y Mc Clure, J. (2016). Conceptualización cognitiva comportamental del caso clínico con jóvenes: una herramienta útil. En M. Gomar, J. Mandil y E. Bunge (comps.). Manual de Terapia Cognitiva Comportamental con Niños y Adolescentes. Buenos Aires: Akadia

Hayes, S., Strosahl, K. & Wilson, K. (1999). Acceptance and Commitment Therapy. An Experiential Approach to Behavior Change. New York: The Guilford Press.

Hayes, S., Masuda, A. & De Mey (2003). Acceptance and Commitment Therapy and the Third Wave of Behavior Therapy. Gedragstherapie (Dutch Journal of Behavior Therapy), 2, 69-96.

Hayes, S. & Hofmann, S. (2017). The third wave of cognitive behavioral therapy and the rise of process based care. World Psychiatry. 16 (3). 245-246.

Hayes, S. & Hofmann, S. (2018). Process Based CBT. Oakland: New Harbinger.

Hoffman, S. & Hayes, S. (2018). The Future of Intervention Science: Process-Based Therapy_. Clinical Psychologycal Science._ doi.org/10.1177/2167702618772296.

Koerner, K. (2018). Science in Practice. In S. Hayes & S. Hofmann (eds). Process Based CBT. Oakland: New Harbinger.

Ollendick, T. & Neville King, J. (2012). Empirically supported treatments for children and adolescents. In P. Kendall (Comp.). Child and Adolescent Therapy. New York: Guilford Press.

Ollendick, T., Fraire, M. & Spence, S. (2013). Transdiagnostic Treatments: Issues and Commentary. In J. Ehrenreich-May & B. Chu (eds.). Transdiagnostic Treatments for Children and Adolescents. New York: The Guilford Press.

Park, A. y Chorpita, B. (2016). Terapia Cognitiva Comportamental Modular. En M. Gomar, J. Mandil y E. Bunge. Manual de Terapia Cognitiva Comportamental con Niños y Adolescentes. Buenos Aires: Akadia

Rohde, P. (2012). Applying Transdiagnostic Approaches to Treatments With Children and Adolescents: Innovative Models That Are Ready for More Systematic Evaluation. Cognitive and Behavioral Practice. 19, 83-86.

Stevenson, A. (2010). Oxford Dictionary of English 3rd Edition. Oxfordshire: Oxford University Press.

Swain, J., Hancock, K., Hainsworth, C. & Bowman, J. (2015). Mechanisms of change: Exploratory outcomes from a randomised controlled trial of acceptance and commitment therapy for anxious adolescents. Journal of Contextual Behavioral Science, 4 (1), 56-67.

  • Entrevistas

José Olid: «Me gusta ver la manera en que las personas damos lo mejor aún en las peores circunstancias»

  • 14/03/2019
  • Karemi Rodríguez Batista

Desde Psyciencia llevábamos mucho tiempo deseando saber un poco más sobre José Olid, y es hasta ahora que hemos tenido la maravillosa oportunidad de traeros esta entrevista. Muchos de vosotros ya lo conocéis y entenderéis el por qué, pero para los que no, os damos unas cuantas razones.

José Olid, profesional muy versátil, creativo e incansable, no solo es psicólogo, psicoterapeuta, investigador, y un docente de gran nivel, conocido a nivel nacional e internacional, sino que además es un divulgador muy comprometido con las terapias basadas en la evidencia y concretamente con las terapias contextuales y de tercera generación. Su labor en las redes es impresionante, ha creado activamente eventos y comunidades de libre acceso, para fomentar el pensamiento crítico, inclusivo, ético y responsable, proporcionándonos el espacio a profesionales de todas partes del mundo para compartir ideas y recursos. En definitiva, una comunidad amena y apasionante desde la cual seguir creciendo. ¡Gracias por ello!

Repasamos algunas pinceladas de su trayectoria que puedes consultar a profundidad aquí.

José Manuel Sánchez Olid es psicólogo general sanitario que combina su práctica privada con la labor de investigación y docencia desde hace ya muchos años. Ha sido, además, presidente y fundador de la Asociación Española de Ciencias de la Salud y Bienestar y escritor de varios libros. Resaltamos que con el objetivo de proporcionar formación de calidad y basada en la evidencia a más profesionales de una forma más flexible, ha añadido a sus labores formativas la opción online en la plataforma TerapiasContextuales.com donde además encontraréis artículos y novedades de mucho interés. Actualmente es director de Prácticas del Máster Online de Terapias Contextuales y de Tercera Generación que oferta Itaca Formación y la UDIMA y tenemos el privilegio de contar con él como colaborador en Psyciencia.

Y ahora sin más dilación, os dejamos con la entrevista.

José, antes que nada, agradecerte la oportunidad de saber un poco más de ti y de tu labor profesional y docente. Cuéntanos un poquito más de ti.

¿Dónde y por qué decidiste estudiar psicología?

¡Gracias a vosotros!

Siempre encuentro dificultad a la hora de responder a este tipo de pregunta, ¡así que la considero muy interesante!

Creo que no sabría identificar una causa clara o antecedente como muy concreto. Me gustaría decir que fue vocación, que siempre me inquietó el comportamiento o algo así, pero sería falso.

Estudié en Málaga, donde resido en la actualidad, y lo que me trajo aquí tiene que ver con mis condiciones de los momentos anteriores: cuando tenía 17 años estaba deseando salir de casa y en mi ciudad no había oferta de Licenciatura en Psicología, en Málaga sí (que es una ciudad muy cercana a Córdoba, donde nací); por otro lado, en el último curso de bachillerato, pude cursar una optativa que se llamaba Psicología, y me pareció la menos aburrida de todas.

Ahora, no sé si mi decisión de estudiar Psicología obedecía más a salir corriendo de mi hogar o al amor por algo de lo que no tenía ni idea… ¡sospecho que fue más por la primera opción sin dejar de tener una pizca de la segunda!

En cualquier caso, no era algo que estuviera planeado, y claramente eso se vio reflejado en el curso de la Licenciatura: ¡me aburría como una ostra y apenas iba a clase! Mi amor y mi dedicación a la psicología vino mucho después, casi a punto de egresar.

¿Qué fue lo que impulsó a que eligieras las terapias contextuales como modelo?

¡Esta sí creo que la tengo clara!

Como decía, me aburría enormemente en las clases de la facultad, hasta el punto de dejar de acudir a algunas. Por entonces pensaba que, si eso era la Psicología, no iba demasiado conmigo.

Ya en último curso, me dio clase un profesor que me aportó una visión que no había tenido hasta entonces: la psicología era una ciencia, podía ser cercana y tenía un método que permitía comprobar y dar una mínima garantía de sus procedimientos. Ese profesor es hoy mi director de tesis doctoral, Luis Valero, a quien le estoy eternamente agradecido.

Pude aprender que la psicoterapia no era una cuestión académica y, a la vez, que la ciencia era una condición necesaria para la psicoterapia

También, pude coincidir con José Manuel Molinero Roldán, quien fue mi tutor de prácticas, y de quién seguí aprendiendo hasta… bueno, hasta el día de hoy, ¡y deseo no dejar de decir esto! De él pude aprender que la psicoterapia no era una cuestión académica y, a la vez, que la ciencia era una condición necesaria para la psicoterapia; también, la filosofía. Y que transmitir todo esto no era algo que debiera ser aburrido ni agotador: él es una persona que transmite justo eso con cada acto (igual me he pasado, disculpad jaja).

En definitiva, creo que fue el contacto con estas dos personas lo que provocó mi máximo interés en una psicología que cumpliera las condiciones mencionadas, y que se veían reflejadas en las terapias contextuales.

¿De dónde nació la idea de utilizar las redes sociales como una herramienta de divulgación y concretamente cómo nació la idea de los Miércoles de Debate Contextual?

A la primera pregunta, ¡ni idea! No es que me propusiera algo como “voy a hacer un plan de comunicación con X fines y tales medios”.

Gran parte de lo que Paula Matoso y yo hacemos en TerapiasContextuales.com (y de lo que yo hago en mi actividad individual) tiene mucho que ver con charlas improvisadas sobre “qué haremos a continuación”, de ahí tomamos algunas ideas y unas pocas las ponemos a prueba sin saber demasiado bien qué resultado tendrá. Entonces, ocurren cosas: hay respuestas por parte de personas interesadas, que nos indican por donde avanzar, qué cosas pueden estar mejor y qué ideas es preferible descartar. Creo que podría decir que nos dejamos moldear por las consecuencias que percibimos de las personas con las que nos relacionamos.

Tenemos claro que nos gusta comunicar, crear y transmitir: eso sí te lo puedo decir, porque creo que es algo que ha sido realmente premiado en nuestra historia. Esto nos lleva a buscar maneras, vías y caminos para estar en contacto con algo tan importante para nosotros, por lo que el debate de los miércoles fue fruto de eso, aunque esto poco importa: si la respuesta por parte de la comunidad hubiera sido diferente, ahora mismo seguramente estaría contestando a otra pregunta, por eso me gusta poner siempre la importancia en las consecuencias, que son al fin y al cabo las que seleccionan nuestras respuestas.

¿Qué es lo que más amas de tu trabajo como psicólogo y como docente?

Creo que lo que más amo es comunicar y transmitir ideas que puedan hacer que la vida de las personas simplemente sea mejor.

Me gusta ver la manera en que las personas damos lo mejor aún en las peores circunstancias, ser testigo de eso me emociona enormemente, y si yo puedo hacer algo para que eso ocurra mi vida va a tener mucho sentido.

Pero aquí hay un punto que me planteo siempre y que me atrevo a reflejar en esta entrevista: la psicología es un medio para ese fin, amo la psicología en la medida en que es una herramienta útil para dirigirme a esa dirección, y en absoluto creo que uno deba ser psicólogo/a para ello.

Cualquier persona puede contribuir enormemente a que la vida de las personas que tiene cerca sea mejor: una buena atención médica, un buen reparto a domicilio con una sonrisa amable y una breve conversación simpática, un buen servicio en un restaurante haciendo sentir a los clientes que son realmente importantes y les cuidas… podría poner mil ejemplos, el punto está en que aquello que amo no es tanto la psicología como aquello con lo que la psicología me permite contactar.

Lo que más amo es comunicar y transmitir ideas que puedan hacer que la vida de las personas simplemente sea mejor

¿Cuáles son los aspectos más desafiantes de tu trabajo?

¡Los burocráticos! Y los administrativos, ¿son los mismos? ¿Veis? Ni siquiera lo sé: odio lidiar con eso.

Ahora algo más en serio… creo que lo que más me cuesta es llevar un precario equilibrio entre práctica clínica, investigación y formación.

Son tres aspectos que requieren un gran esfuerzo si quieres ofrecer y comunicar algo que tenga valor: quien mucho abarca poco aprieta, y yo me encuentro continuamente lidiando con aquello que quiero/puedo abarcar y lo mucho o poco que puedo apretar.

Si bien es cierto que voy avanzando en esos ámbitos, también lo es que eso no sucede sin una cantidad necesaria de errores, frustraciones y preocupaciones.

¿Alguna vez has sentido que te quedaste sin recursos para ayudar a un/a paciente?¿Qué haces en estos casos?

¡Por supuesto!

Bueno, de entrada, diré que nunca sé muy bien qué va a suceder a continuación, puedo tener hipótesis y demás pero ninguna certeza. Esto me hace recordar que, en cualquier momento, algo que yo no controle pueda pasar.

Tengo un conocimiento sobre cómo funciona lo que ocurre en consulta, a cada instante voy valorando funcionalmente lo que está ocurriendo, eso me ayuda, y aún así nada me salva de la posibilidad de fallar.

Aunque, en relación a la pregunta, te diré que para mi no hay algo así como un “recurso” que yo pueda tener y que pueda ayudar a la persona: diría que he sentido que me he equivocado realizando acciones que han tenido un resultado indeseado. Cuando eso ocurre, pueden pasar dos cosas: si me doy cuenta en el momento, lo hago explícito con la persona que tengo delante, le transmito cómo me siento y cómo veo la terapia en ese momento, y le invito a compartir cómo lo ve él/ella; a partir de aquí, en mi experiencia, suceden cosas buenas: como mínimo, nos comunicamos sobre algo común, y cualquier cosa posterior será desde una perspectiva conjunta, incluso dejar la terapia. También, puede ocurrir que yo no me de cuenta en ese momento: entonces, más adelante realizando supervisión o similar, puedo tomar perspectiva y ver qué pudo haber ocurrido. Eso también me ayuda, como mínimo, para la siguiente persona a la que atienda (en estos caso además también me suelo sentir algo tonto).

¿Cómo estructuras la primera entrevista con un/a paciente?

Tengo claro que debo explorar cuál es el problema, qué ocurre antes y qué ocurre después; además, me centro en aquello que motiva a la persona a estar en consulta. Pero antes de nada, dedico tiempo a escuchar y permitir un desahogo inicial.

Digamos que realiza una entrevista funcional semi-estructurada en la que tiene protagonismo la vida de valor de la persona. Por supuesto, descarto el uso del diagnóstico, aunque sí utilizo a menudo escalas y herramientas de evaluación siempre y cuando me permitan profundizar en los puntos anteriores.

Esto se complementa con detectar comportamientos clínicamente relevantes que puedan estar teniendo lugar delante de mí, en consulta, en esos momentos.

Creo que, muy a grandes rasgos y de manera algo laxa, esa sería una mínima estructura a las primeras sesiones que suelo llevar a cabo.

En tu opinión, hay algún factor específico que ayude a la mejoría de la mayoría de los pacientes (en el terapeuta y/o el paciente), ¿cuál?

En mi propia experiencia y en la de mis alumnos/as, he podido ser testigo de cómo una persona cansada, agobiada y preocupada por asuntos ajenos a la consulta tiene un impacto en su trabajo. Por tanto, el auto-cuidado en los terapeutas me parece fundamental y totalmente necesario: si un psicólogo/a está privado de sus necesidades básicas, esto se va a notar enormemente en su trabajo. Y aquí hablo de asuntos sociales: un mal sueldo, una mala sanidad, pobres recursos para la educación de sus hijos, unas condiciones laborales horribles… todo eso afecta enormemente a la calidad del trabajo de un profesional de la salud psicológica, y afecta todavía más porque en muchos casos no es responsabilidad suya: es responsabilidad de organismos oficiales y similar, que son aquellos que pueden mejorar las condiciones en que muchos profesionales desempeñan su trabajo.

He querido comentar este punto (y no otros con los que estoy de acuerdo y sobre los que ya se ha comunicado muchísimo, como habilidades terapéuticas y elección de una intervención basada en la evidencia) porque es algo que apenas se suele reflejar en los factores que inciden en el resultado terapéutico, y que considero fundamental: por mucha evidencia que siga, un terapeuta con hambre en consulta es lo último que un paciente necesita, y eso no es responsabilidad del terapeuta en la mayoría de los casos.

Cuáles crees que son las habilidades más importantes que debe tener un/a terapeuta

Muy relacionada con la anterior, y algo que también pocas veces suelo encontrar mencionado, diría que elocuencia y retórica. No se trata de convencer a la persona que tenemos delante: se trata de utilizar el lenguaje de manera que conozcamos qué estamos diciendo, para qué lo decimos, cómo lo queremos decir exactamente y qué resultado está teniendo en el contexto del que nosotros formamos parte (una parte del todo, tampoco debemos olvidar esto).

Sería genial que en las facultades hubiera prácticas que ayudasen a los alumnos/as a desarrollar capacidades de producción oral, a desarrollar recursos verbales que le permitan tener un repertorio de conducta amplio con el que intervenir en consulta.

Por tanto, más allá de empatía, escucha activa, estar en el momento presente… diría eso, retórica y elocuencia, habilidades que pueden ser entrenadas además de una manera muy concreta y específica (haciendo teatro de improvisación, por ejemplo, o leyendo y escribiendo).

¿Cuál/s es el mejor libro sobre psicología o terapia que hayas leído?

El último que recuerdo es Mastering the Clinical Conversation (Villatte, Villatte y Hayes, 2015), me parece un libro excelentemente estructurado y práctico como ningún otro, que aporta un marco para utilizar el lenguaje como intervención directa en psicoterapia.

Me encanta encontrar factores comunes entre elementos, ser parsimonioso (o tratar de serlo…) a la hora de explicar relaciones entre eventos, y este manual consigue justo eso: sin referirse ya a la evitación experiencial, técnicas de aceptación, de mindfulness o de lo que sea… es muy elegante la manera en que muestra cómo podemos trabajar sin necesidad de hacer las cosas más complicadas de lo que en principio ya son.

¡Pero este es solo uno de muchos! Mi memoria es un desastre, he citado este porque es el que antes y mejor he podido recordar… diría muchos sobre análisis funcional, terapia de conducta, el original de Hayes de ACT, por supuesto los de Psicoterapia Analítico Funcional del Dr. Luis Valero (tanto las traducciones como los originales suyos con el Dr. Rafael Ferro)…

¿Qué libro o investigación estás leyendo actualmente?

Actualmente estoy (no tanto como me gustaría…) centrado en el desarrollo de mi tesis doctoral, por lo que leo otras tesis y artículos que ya se hayan publicado sobre moldeamiento verbal y el estudio de procesos psicológicos básicos.

Hace poco terminé de leer el trabajo del grupo ACOVEO así como los primeros artículos en los que se nombraba “verbal shaping” y similar.

Además, al dedicarme a dirigir trabajos de fin de máster, tengo que buscar y revisar continuamente artículos y tesis sobre muchísimos campos relacionados con las contextuales: es muy satisfactorio trabajar en algo que me impulsa a mantenerme actualizado.

¿Qué haces para evitar el burnout en tu trabajo o cuando atiendes a un paciente “difícil”?

¡Siguiente pregunta! jajaja

En serio de nuevo, considero que es gran parte del trabajo que realizamos, pero no es diferente a cualquier otro aspecto de la vida.

En esto que llamamos vivir nos vamos a encontrar con historias que pueden ser muy incompatibles con la nuestra, y entonces vamos a tener experiencias que pueden ser desagradables.

Es lo que entiendo por atender a un paciente difícil, y me encanta que lo pongas entre comillas, porque (como bien dijo la Dra. Paula José Quintero, ¡a quien aprovecho para saludar y agradecer su trabajo!) no hay pacientes difíciles en general: hay historias que pueden ser incompatibles con mi propia historia, y simplemente ser consciente de eso ya aporta perspectiva y, en mi caso, calma.

En cuanto al burnout, soy una persona a la que le cuesta considerarse aparte de su labor profesional, de alguna manera siempre estoy conectado al trabajo y a menudo me cuesta desconectar, ¡es algo a lo que estoy aprendiendo! Puedo estar semanas trabajando sin un día de descanso, lo cual me resulta sostenible a corto plazo pero no a largo plazo: poco a poco estoy aprendiendo a establecer y programar periodos casi obligados de descanso, ¡es realmente difícil cuando amas hacer aquello que a la larga sabes que termina agotando!

¿Cual es el psicólogo/a, investigador/a o académico/a que más admiras?

Es difícil responder a esa pregunta en mi caso, y trataré de explicarme. Cuando una persona hace algo admirable, o tiene una trayectoria admirable, no es simplemente esa persona: es esa persona-contexto, de manera inseparable. Entonces, me resulta extraño admirar a una persona: me cuesta mucho dejar a un lado que hay todo un contexto (historia de aprendizaje y contingencias de mantenimiento) que explica aquello que es admirable.

Puedo admirar la manera en que colectivos divulgan conocimiento útil para la sociedad, grupos que trabajan y cooperan por el bien común o proyectos que abogan por la reducción del daño medioambiental, por ejemplo.

En el caso de nuestra disciplina, admiro el trabajo que se hace para investigar en procesos básicos en psicoterapia, en poner a pie de calle la ciencia de la conducta para que cualquiera pueda beneficiarse y el de las entidades que se comprometen con un acceso libre a las potenciales aplicaciones de la Psicología para fines clínicos y sociales.

Admiro el trabajo que se hace para investigar en procesos básicos en psicoterapia, en poner a pie de calle la ciencia de la conducta para que cualquiera pueda beneficiarse

Por supuesto, todo eso incluye personas, pero estás no son-están separadas en ningún caso de su contexto-historia, son mutuamente determinados.

En tu opinión, ¿cuál es el mayor obstáculo que afronta la psicología?

¿El mayor? ¡Ni idea! Hay muchísimos y muy importantes… no sabría cual es el más relevante de todos ellos, comentaré dos que considero importantes.

Creo que es un obstáculo, para empezar, la propia concepción y definición de la Psicología. Queremos aplicar el método científico y a menudo tenemos serias dificultades para ello: lidiamos con un objeto de estudio muy escurridizo. No es de extrañar que existan múltiples corrientes cada una declarando qué es Psicología y qué no… Eso es un gran desafío, la propia concepción de la Psicología.

Otro es su papel en la sociedad. Bajo mi punto de vista, el papel de todo psicólogo/a debiera ser planificar sistemas de ventilación y prevención de fuegos, no apagar incendios. El profesional de la psicología debiera ser un gestor social que dispusiera las contingencias para el desarrollo conductual-contextual de las comunidades (no puedo evitar citar a Skinner y otros), estamos muy lejos de ello.

Mencionabas que ahora mismo estás desarrollando tu tesis doctoral. Cuéntanos sobre qué tema versa y cuál fue el motivo que te impulsó a elegirlo.

Así es. A grandes rasgos, investigo en procesos psicológicos en la práctica clínica, concretamente analizando interacciones verbales entre las dos personas que forman parte de una relación terapéutica.

Para ello, desarrollo un registro de análisis funcional del lenguaje en las interacciones terapéuticas (lo hemos bautizado RAFLIT: el anterior era SCAMV, aún por ser actualizado, y después pensamos FARTI… tuvimos que cambiarlo por las bondades del idioma británico… aunque confieso que hubiera estado genial dejarlo jaja.

Es muy interesante, porque en la práctica consiste en escuchar muchísimas sesiones de terapia y clasificarlas (tratando de tener un buen índice de fiabilidad para el sistema de clasificación, claro, aplicando Kappa de Cohen).

En este caso, utilizo el registro para observar el moldeamiento verbal que el terapeuta hace de las verbalizaciones de la persona, y pudiera servir como medida de la eficacia terapéutica en base ya no a técnicas ni a terapias, sino a principios básicos: este registro puede utilizarse se utilice el modelo terapéutico que sea.

Creo que lo que más me interesa de dedicarme a esto es su aplicación directa en la práctica clínica: al supervisar, los compañeros/as me envían audios de sesiones (previo consentimiento y protocolo de seguridad) y se pueden analizar utilizando este sistema de registro para dar una medida observable de su comportamiento proterapéutico sesión a sesión, ¡eso es genial!

Para más información visita Terapias Contextuales.

Muchos nos preguntamos cómo es que a José Olid le da la vida para poder desarrollar tantas líneas de acción al tiempo; investigación, docencia, psicoterapia, divulgación en las redes..y su vida personal ¿Cómo lo haces?

Pues mira, para ello tengo un remedio infalible, te contaré mi secreto.

En realidad es una receta, y los ingredientes son super baratos: vas a la frutería más cercana que tengas, y compras algunas cabezas de ajo, bien grandotas porque las vas a utilizar de manera intensa y frecuente. Después, compras un par de garrafas de agua, a ser posible mineral, baja en sales y bien embotellada.

Llegas a casa, picas el ajo… sirves el agua…y… pues eso, ¡ajo y agua! Un dicho que viene a decir “a joderse y a aguantarse”, o lo que es lo mismo (pero de manera menos elocuente): renunciando a mil cosas, equivocándome dos mil veces y con miedo (mucho miedo a veces) de meter la pata en tres mil ocasiones futuras… en todos los ámbitos. He cometido errores profesionales, he sido poco cuidadoso con personas (muy poco si me paro a pensar…) y hay muchas cosas con las que no estoy satisfecho.

Sé que quiero hacer lo que hago porque sigo en ello y si me pregunto “José, ¿quieres seguir?” mi respuesta es “Sí”, y lleva siendo “sí” en ciertos asuntos como los que dices desde hace bastante tiempo. Eso me da una sensación de estabilidad y de saber que lo que hago me aporta sentido. Y nunca olvido que puede llegar el momento en que la respuesta sea “No”.

Y, por supuesto, si bien eso puede ser lo que se muestra, sí me gustaría transmitir que lo que se ve es el fruto del fracaso, del error y de la equivocación, en gran parte, e innegablemente del valor que el contexto otorga a algunas cosas de las que hago.

En ningún caso es fruto de algo como “si quiero, puedo”. Si hubiera parado a saber qué quiero para empezar a hacer… sospecho que aún estaría tratando de averiguarlo.

Y ya para finalizar, ¿Qué le recomiendas a los psicólogos/as que recién inician?

Que dejen de estudiar Psicología.

Que aprueben sus exámenes y se saquen el título y lo celebren, sí, y que no estudien demasiada Psicología.

Que se salten alguna que otra clase y conecten con sus compañeros/as, que en el tiempo libre después de las clases se involucren en proyectos creativos, que viajen, que se duelan, que conozcan a sus familiares y amigos y sus historias.

Que no se tomen demasiado en serio lo que ningún profesor o libro o entrevista les diga.

En definitiva, que hagan un poco lo que les dé la gana.

Y si ya son profesionales y están ejerciendo, pues doble ración de esto mismo: ¡en algunos casos agudos sugiero triplicar la dosis!

  • Clínica

«Los investigadores como Steven Hayes o cualquier otro no deben jugar a ser historiadores», Cristian Garay

  • 14/03/2019
  • Lara María Velázquez

Cristian Javier Garay es Doctor en psicología, Magister en Cultura y Sociedad con Mención en Concepciones sobre la salud, psicólogo clínico, docente de licenciatura y posgrado en la Universidad de Buenos Aires (UBA), subsecretario de investigaciones en la Facultad de Psicología de la UBA y autor de varios libros como: Terapia cognitivo conductual y Psicofarmacología y Tratamientos psicológicos contemporáneos con apoyo empírico.

Con más de 20 años de experiencia, Garay ha sido disertante en varios congresos y jornadas y ha recibido reconocimiento por su contribución a la mejora de la calidad de vida de las personas. Además ha trabajado por la difusión de tratamientos basados en la evidencia que realmente ayuden al paciente.

En esta entrevista podes conocer sobre su trayectoria, las razones detrás de su decisión de seguir una corriente poco popular en Argentina y su opinión sobre modalidades transdiagnóstico, tratamientos combinados, el trabajo interdisciplinario y los desafíos de la psicología en el futuro, entre otros datos muy interesantes.

Primero gracias por permitirme esta entrevista. Para comenzar ¿cuántos años de ejercicio profesional tenés?

Muchas gracias por la entrevista Lara, para mí es un placer. Bueno me gradué a mediados de 1997 y comencé ese año con la actividad docente en la materia Problemas antropológicos en psicología y al año siguiente en Psicoanálisis: Freud, luego los primeros pacientes y la residencia de Psicología Clínica. ¡Serán ya más de 20 años! El tiempo no para…

¿Qué te llevó a inclinarte hacia la rama de la terapia cognitivo-conductual
y, actualmente, especializarte en los procesos transdiagnósticos y de
metacognición como parte de las innovaciones en TCC?

Fue un largo camino. Cuando estudié, en la Facultad de Psicología de la UBA no existían materias clínicas que no tuviera orientación psicoanalítica. Por otra parte, a mí siempre me había interesado la filosofía contemporánea, particularmente me había adentrado en la lectura de autores como Nietzsche, Heidegger, Foucault y Deleuze. Filósofos críticos y de ardua lectura. Intentaba leer los originales en francés e incluso comencé a estudiar alemán los sábados a la mañana. Lacan me parecía interesante pero muy conservador. Además, había estudiado Bellas Artes y me había dedicado a la pintura, desde los 16 a los 22 o 23 años, con bastante pasión y cursando casi todo el Profesorado de pintura. En ese contexto, claramente las terapias cognitivo-conductuales (TCC) me eran desconocidas y ajenas.

notaba que los debates teóricos estaban muy lejos de la práctica clínica y me sentí muy defraudado

Al graduarme, mientras dictaba clases de Freud, y luego de un intento no muy serio e infructuoso, obtuve un cargo en la residencia de psicología clínica del Hospital Cosme Argerich, en el barrio de la Boca. Esa experiencia puedo decir que cambió todo para mí.

Tanto en la guardia externa como en el trabajo con mis compañeros de camino, los médicos residentes de psiquiatría, notaba que los debates teóricos estaban muy lejos de la práctica clínica y me sentí muy defraudado. Entre mis colegas psicólogos, había quienes se centraban en la clínica con buenas intenciones y honestidad, de un modo un tanto empírico y otros que se sumergían en complejas disquisiciones teóricas, muy lejanas de los problemas clínicos que atendían.

Rápidamente, comencé a buscar marcos teóricos más cercanos a los problemas clínicos que aquejaban a mis pacientes, una población en la que se conjugaban con dificultades socioeconómicas serias en el contexto de la situación previa a la gran crisis económica y política del año 2001. Sentí que debía proveer una ayuda.

En la búsqueda de modelos alternativos, conocí algunos modelos sistémicos y junto a nuestro docente de psicofarmacología del hospital, Omar Alva, ex-residente del Hospital y un gran amigo que falleció el año pasado trágicamente, buscamos evidencia en revistas científicas sobre tratamientos psicológicos. Él fue uno de los primeros en mencionarme la TCC y averiguamos con quién estudiar.

Surgió entonces la recomendación de Eduardo Keegan, con quien comenzamos a estudiar junto a Guido Korman. Fue un gran viraje para mí. No solamente por la solidez científica de los modelos sino por los resultados que observé en los pacientes. Sentí que los ayudaba y eso fue fundamental. Los cinco años de residencia fueron todo para mi formación como clínico.

La filosofía perdió interés y gradualmente fui abandonando su lectura. La docencia, mi otra pasión, siempre tuvo un lugar importante y a medida que me formaba como clínico, comencé a trabajar como ayudante en la cátedra de Eduardo, un rico espacio de formación y actualización permanente. Eduardo siempre supo traer los debates más actuales de la psicoterapia y de las TCC a las reuniones de cátedra.

Los cinco años de residencia fueron todo para mi formación como clínico

Luego tuve oportunidad de realizar mi doctorado y estudiar en el Beck Institute de Filadelfia. Fue una gran experiencia. La verdad es que resultó muy interesante intercambiar formación y recorridos con investigadores de diferentes partes del mundo. Allí conocí personalmente a Donna Sudak de la Universidad de Drexel y a Claudi Bockting de la Universidad de Amsterdam con quienes mantenemos un productivo intercambio y enriquecedor contacto.

¿Podrías explicarnos, resumidamente, en qué consisten los abordajes y tratamientos transdiagnósticos?

Los abordajes transdiagnósticos surgen como respuesta al problema de las comorbilidades por un lado y al surgimiento de numerosos modelos terapéuticos para cada problema clínico. Los sistemas diagnósticos operativos dan lugar a una gran cantidad de trastornos mentales que, como era esperable, cuánto más numerosos son, más solapamiento y “comorbilidad” hay entre ellos.

La palabra comorbilidad puede dar lugar a creer que son patologías diferentes que se presentan conjuntamente por azar. El estudio de estos problemas clínicos desde una perspectiva no categorial, permite ver los aspectos en común, las dimensiones transdiagnósticas o procesos psicológicos y neurobiológicos comunes a diferentes entidades nosográficas.

Así, autores como Harvey pudieron observar que la rumiación, el sesgo negativo, la preocupación, la evitación y otros procesos cognitivos y conductuales son comunes a diferentes patologías. Por otro lado, al estudiar las diferentes TCC para estos problemas vemos que presentan gran similitud y que las diferencias son pequeñas o a veces son teóricas y clínicamente se asemejan más. El narcisismo de las pequeñas diferencias diría un psicoanalista. Eso traía aparejado el problema para los clínicos de tener que capacitarse en innumerables modelos.

Los enfoques transdiagnósticos o modelos unificados como el de David Barlow para los pacientes con ansiedad y depresión o el de Christopher Fairburn para los trastornos alimentarios, permiten reducir el tiempo de capacitación de los profesionales y centrarse en los aspectos comunes de diferentes protocolos que atacan los procesos cognitivos y conductuales centrales de un conjunto de patologías. De este modo, trabajando sobre una dimensión común a los trastornos depresivos y de ansiedad, remite la sintomatología ansioso-depresiva sin necesidad de comenzar primero por la ansiedad y luego abordar la depresión o viceversa. Esto es un gran avance porque vuelve a los abordajes más accesibles por parte de los clínicos y a través de ellos disponibles para los pacientes.

¿Consideras que todavía estén vigentes la concepción de “segunda ola” y “tercer ola” en las terapias basadas en la evidencia? ¿Por qué?

Por un lado está la historia de las TCC. Creo que los investigadores como Steven Hayes o cualquier otro no deben jugar a ser historiadores. En primer lugar, porque no lo son y seguramente caen en innumerables errores. En segundo lugar, porque participan de la historia y no tienen la distancia necesaria para estudiar el fenómeno del que forman parte. Finalmente, y podríamos seguir, por los intereses que los investigadores tienen en juego.

Las “olas” definidas por alguien que se atribuye el lugar de la “nueva ola” es claramente algo muy sesgado. Se podría decir lo mismo de la “historia de la revolución cognitiva” de Gardner o de la “contribución a la historia del movimiento psicoanalítico” de Freud.

Entonces, sobre este punto, dejemos el estudio de la historia para los amigos historiadores que pueden y saben hacer su trabajo. Por otro lado, es cierto que las TCC han ido cambiando desde la fusión entre las terapias conductuales y las terapias cognitivas cerca de la década del ’80. El cambio es más gradual y menos revolucionario de lo que se cree.

Las “olas” definidas por alguien que se atribuye el lugar de la “nueva ola” es claramente algo muy sesgado

Los modelos no son tan antinómicos en general aunque algunos son muy diferentes en particular. Podemos ver que la inclusión de la práctica de mindfulness, la aceptación y la validación, la importancia de la relación terapéutica, el foco en procesos más que en contenidos de la cognición, el uso de metáforas y ejercicios más experienciales forman parte de las TCC contemporáneas y todos esos elementos no eran parte de la TC estándar de Aaron T. Beck para la depresión o de la terapia racional de Albert Ellis.

Los modelos han ido evolucionando, y sin duda hay un ala más conductual, representada por Steven Hayes y una más cognitiva, representada por Stefan Hofmann. Esto ha sido así desde hace mucho tiempo y no es una novedad. Las dos asociaciones internacionales de TCC representan esas dos alas. Recientemente, sin embargo, ambos representantes acordaron en mantener la unidad del campo y postular la TCC basada en procesos. Cómo entendemos los procesos es igual materia de discusión y seguramente el debate continuará probablemente porque también hay una diferencia filosófica o ideológica que no se zanjará con estudios empíricos.

¿Decidiste estudiar esas diferentes ramas de la psicología mucho después de egresar como psicólogo de la UBA? ¿Por qué?

Como te comentaba, mi formación como psicólogo clínico fue fundamentalmente en el posgrado de la UBA de Eduardo, en el que ahora soy docente y en la residencia de psicología. Esos dos elementos me dieron la formación que tengo hoy en día. Para mí fue un gran complemento.

La actividad docente y de investigación que realizo en la UBA es la que me permite un constante aprendizaje y la verdad es que aprendo de mis colegas, alumnos y pacientes todos los días

Por aquellos años, Eduardo y su equipo además aceptaron amablemente supervisarnos, en forma gratuita a los residentes en formación. Ese valioso gesto trato de repetirlo y hoy me encuentro vinculado a actividades de supervisión y formación de residentes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y de la Facultad de Psicología. Es un trabajo que realizo con gran placer y es una forma para mí de retribuir todo lo que recibí y continuo aprendiendo de la UBA, la Universidad Pública y del Hospital Público.

La actividad docente y de investigación que realizo en la UBA es la que me permite un constante aprendizaje y la verdad es que aprendo de mis colegas, alumnos y pacientes todos los días. Ciertamente acuerdo en considerar que la práctica basada en la evidencia debe soportarse en la docencia, la clínica y la investigación.

¿Creés que todos tus estudios se complementan entre sí? ¿Por qué?

Tal vez, seguramente todo se integra de algún modo aunque no podría precisar bien cómo. Por ejemplo, mis estudios de arte, de la filosofía de Nietzsche y la TCC no sabría cómo se complementan. Más allá de la cultura general que creo es una ventaja para cualquier persona, haga lo que haga, no sé si puedo decir mucho más. Es decir, no sé si recomedaría a los colegas o futuros colegas que estudien arte o Nietzsche.

Sí, les digo que no pierdan tiempo con tantas teorías y lean investigaciones empíricas, que sepan de ciencia, de tratamientos para la salud, que conozcan más del cerebro y su funcionamiento, que se familiaricen con los debates actuales en el campo de la psicología y los tratamientos psicológicos y no psicológicos disponibles. Todo eso sin duda les servirá. El otro día me sorprendió que una experimentada colega desconociera que existen tratamientos psicológicos para los tics. Y que contara cómo dijo a los familiares de un niño aquejado por ese problema que tales tratamientos no existían.

les digo que no pierdan tiempo con tantas teorías y lean investigaciones empíricas, que sepan de ciencia

Debemos dar información confiable a los pacientes. Es nuestro deber ético. No podemos permitir que la ignorancia triunfe. La gente tiene derecho a conocer los tratamientos disponibles para sus problemas y nosotros tenemos el deber como profesionales de la salud de brindar ese conocimiento y hacer lo que esté a nuestro alcance para ofrecer esos tratamientos o al menos derivar a los pacientes hacia quienes los realicen. Infinidad de veces vemos cómo personas pasan años sin acceder a los tratamientos que podrían ayudarlos, años sufriendo limitaciones y las consecuencias de patologías tratables.

¿Cuál es tu opinión acerca de los tratamientos combinados con psicofarmacología?

Mi opinión es que son una herramienta muy importante para el trabajo con pacientes aquejados por problemas mentales severos y crónicos y una buena alternativa cuando no podemos ayudarlos con una monoterapia. No es ético tampoco quedarse intentando
con un tratamiento psicológico por años si la persona no mejora de sus síntomas. Es necesario pensar e incluir estrategias de reemplazo o potenciación entre psicofarmacología y psicoterapia. Esa es mi opinión.

Debemos dar información confiable a los pacientes. Es nuestro deber ético. No podemos permitir que la ignorancia triunfe

La evidencia para sostener dicha opinión, sin embargo, es escasa. Necesitamos más estudios sobre la utilidad de esta frecuente práctica. De hecho sabemos que no es demasiado útil para pacientes con trastornos de ansiedad pero sí para pacientes con depresiones crónicas o con trastornos bipolares o psicóticos. En estos últimos, resulta también necesario incluir otras herramientas que colaboren con su inserción social, incrementen su autonomía y aborden la compleja trama de problemas que se derivan de patologías tan devastadoras como la esquizofrenia.

Al formar parte de la residencia de un hospital, creo que trabajaste con varias disciplinas y profesionales simultáneamente, ¿qué opinás del trabajo interdisciplinario?¿Qué aportes consideras que otorga?

Creo que es tremendamente enriquecedor. Es difícil y te enfrenta a la resolución de problemas concretos, institucionales, comunicacionales, interpersonales. Las instituciones, las profesiones, los roles, las jerarquías, a veces interfieren con la tarea clínica de modos sorpresivos y nunca previstos por lo que uno estudia. Es necesario ser creativo, estar con los pies en la tierra y tener la mente abierta a diferentes opciones de intervención. Me parece un ámbito sumamente desafiante y enriquecedor para cualquier psicólogo. Recomiendo mucho la práctica en concurrencias o residencias para quienes se quieran formar como clínicos.

¿Cuándo comenzaste a ser docente? ¿Qué te llevó a hacerlo?

La docencia me interesó desde siempre. Recuerdo que en la residencia me decían “el profesor”. Me hace reír eso cuando lo recuerdo. No sé por qué pero siempre me gustó dar clases. No soy particularmente extrovertido, sino más bien lo contrario. Pero me ayuda mucho a pensar los temas que estudio. La verdad es que transmitir un tema complejo con claridad es el principal desafío. Y aprendo mucho de las preguntas y comentarios de los alumnos.

También vi que publicaste varios artículos e investigaciones ¿Sobre qué temáticas has redactado e investigado (en líneas generales)? ¿Qué te llevó a elegir esos asuntos?

Bueno, una gran parte tiene que ver con los temas que fui mencionando. Escribir es un ejercicio que ordena mis ideas. Algunos son resultados de investigaciones empíricas. Otros, revisiones sobre algún tema en particular.

Por ejemplo, me sorprendía que en el hospital público, atendiendo mucha gente migrante, con bagajes culturales muy diversos, usáramos modelos y teorías europeos sin ningún esfuerzo de adaptación cultural formalizado y explícito. En eso estaba cuando me topé con los síndromes dependientes de la cultura y la guía para la formulación cultural del DSM. Les pregunté a mis compañeros sí lo conocían y nadie sabía siquiera de su existencia. O los que lo conocían, sonreían como si fuera algo anecdótico o simpático pero sin dudas poco relevante o poco serio.

Con Guido Korman diseñamos un cuestionario para indagar acerca del conocimiento y uso de estas herramientas para reducir el sesgo etnocéntrico de una clasificación diagnóstica desarrollada en una determinada cultura. Nos topamos con que muy pocos lo habían leído o sabían de su existencia y casi nadie lo había utilizado. Y bueno, cosas así me interesaron siempre. Detectar blancos en nuestra formación y llamar la atención sobre su importancia y la necesidad de incluirlo en la capacitación formal. Algo similar hicimos sobre las Guías Clínicas o sobre el Tratamiento Combinado.

Escribiste dos libros interesantísimos: “Terapia Cognitivo Conductual y Psicofarmacología” y “Tratamientos psicológicos contemporáneos con apoyo empírico” ¿Querés contarnos cómo surgieron las ganas para llevar a cabo la redacción y publicación?

¡Agradezco mucho por lo de interesantísimos! Son el resultado de estas investigaciones. El libro sobre TCC y psicofarmacología es el resultado de ese problema: psiquiatras y psicólogos trabajamos muchas veces juntos, pero no tenemos bibliografía clara y directa que diga cuándo combinar psicofármacos con psicoterapia y cuándo no.

Con respecto al libro sobre innovaciones tiene que ver más con la actividad docente. Junto a Eduardo y Guido venimos hace muchos años estudiando los modelos de la llamada “tercera ola”, de hecho hicimos el entrenamiento en el modelo de mindfulness de Jon Kabat-Zinn con María Noel Anchorena y un workshop con Marc Williams. De eso resultó un curso de posgrado que dictamos hace casi 10 años en la UBA, junto a Guillermo Lencioni y Fabián Maero, quien fue primero alumno y era tan buen alumno que lo incorporamos al equipo.

¿Cuál es tu experiencia en relación a la publicación de dichos libros? ¿Hay proyectos de próximos?

La experiencia es muy buena. Mucho pero mucho trabajo. Sin embargo, la satisfacción es enorme. Los siguientes pasos serán actualizar el libro de tratamientos combinados. Tengo en mente varios proyectos en este sentido. Hay mucho por hacer en nuestro país para la formación de los psicólogos. Si bien somos el país con más psicólogos del mundo por habitante, tenemos mucho por crecer en la profesión.

Hoy en día ¿trabajás con alguna población en particular?

Como clínico me centro en la asistencia de pacientes con trastornos emocionales, ansiedad y depresión y pacientes con síntomas psicóticos.

Para ir cerrando, ¿qué desafíos creés que tenga la Psicología a futuro? ¿Por qué?

Creo que tenemos por un lado que integrarnos más con las neurociencias y los tratamientos biológicos, más allá de la psicofarmacología, tratamientos como la estimulación magnética transcraneal, etc., y por otro lado, tenemos que integrar más la tecnología en nuestros tratamientos. No creo que la psicología clínica permanezca igual tras la importancia que las nuevas tecnologías están teniendo en nuestras vidas y el modo en que esto ha impactado e impactará en nuestra cotidianeidad.

  • Recomendados

Podcast recomendado: Las perras de Pavlov

  • 14/03/2019
  • David Aparicio

Hablar de psicología barata en los medios es fácil. Cualquiera puede hablar de la autoestima, de la infancia, del amor tóxico y dar tips autoayuda. Lo difícil es hablar de psicología con precisión científica y más dificil aun es presentarla en un formato interesante, que despierte la curiosidad de la gente y que genere esa chispa para que ellos puedan seguir investigando. Por eso es una verdadera alegría cuando encontramos programas y contenidos de buena calidad.

Las perras de Pavlov, es un buen ejemplo de ello. Este nuevo podcast del Canal de Extremadura y dirigido por Olga Ayuso se atreve a hacer las preguntas dificiles de la psicología cómo: ¿Es verdaderamente una ciencia? ¿Existe la mente? ¿Podemos cambiar con sólo quererlo? ¿Qué es realmente la psicología? y mucho más.

El podcast se lanzó a inicios de febrero y ya tienen cuatro capítulos imperdibles. Puedes escucharlos en su página oficial o en la plataforma de podcasts Ivoox.

Para que puedan conocerlo les compartimos el primer capítulo donde entrevistan al psicólogo Daniel Palacino y hablan de cómo saber cuando un psicólogo es bueno y también debaten sobre las últimas declaraciones del Consejo Oficial de la Psicología en relación al plan contra las pseudociencias que prepara el Gobierno.

  • Ciencia

¿Por qué perder a un perro puede ser más duro que perder a un familiar o a un amigo?

  • 13/03/2019
  • Equipo de Redacción

Hace poco, mi esposa y yo pasamos por el peor momento de nuestras vidas: la eutanasia de nuestra querida perra, Murphy. Recuerdo que mantenía el contacto visual con Murphy, momentos antes de que dejase de respirar. Me miró con una adorable mezcla de confusión y confirmación de que todos estábamos bien porque estábamos allí con ella.

Cuando la gente que no ha tenido perro ve a sus amigos que tienen mascota llorar por su pérdida, normalmente piensan que están exagerando un poco, ya que “solo es un perro”.

Sin embargo, los que aman a los perros saben la verdad: una mascota no es “solo un perro”.

Muchas veces, mis amigos me han confesado, sintiéndose culpables, que habían llorado más la pérdida de un perro que la de sus familiares o amigos. Un estudio ha confirmado que, para la mayoría de las personas, la pérdida de su perro es, en casi todos los casos, comparable a la pérdida de un ser querido. Lamentablemente, en nuestra cultura no hacemos ceremonias, no ponemos esquelas en los periódicos y no existe servicio religioso para la pérdida de nuestra mascota; evitando todo lo anterior nos sentiremos un poco menos avergonzados por demostrar en público que lamentamos su muerte.

Quizá, si fuéramos conscientes de lo fuerte e intenso que es el vínculo entre un amo y su mascota, aceptaríamos mucho mejor ese dolor. Eso ayudaría a los dueños de los perros a aceptar su muerte y a superarla.

Un vínculo único entre especies

¿Qué tienen los perros para que su vínculo con los humanos sea tan especial?

Para que los humanos lo sepan, han tenido que adaptarse a vivir con ellos durante los pasados 10.000 años, y lo han hecho bastante bien. Son los únicos animales que han evolucionado y se han convertido en compañeros y amigos. El antropólogo Brian Hare ha escrito Hipótesis de la domesticación donde explica que los perros pasaron de ser lobos grises a animales con habilidades sociales con los que interactuamos igual que lo hacemos con otras personas.

Puede que uno de los motivos por los que nuestra relación con los perros es más satisfactoria que con los humanos es que los perros nos dan un amor incondicional, sin críticas y positivo. Ya lo dice el dicho: “Voy a convertirme en el tipo de persona que mi perro cree que soy”.

No es casualidad. Han sido criados de manera selectiva para que estén pendientes de las personas. Una resonancia magnética muestra cómo el cerebro del perro reacciona con el mismo entusiasmo antes sus dueños que con la comida. Los perros reconocen a las personas y aprenden a interpretar las emociones de los humanos y sus expresiones faciales. Estudios científicos han indicado también que los perros advierten las intenciones de los humanos, intentan ayudar a sus amos e incluso evitan a las personas que no colaboran con sus dueños o que no los tratan bien.

No es de extrañar que los humanos respondan positivamente a este afecto, a esta ayuda y a esta lealtad. Mirar a un perro puede hacer que las personas sonrían. Los dueños de los perros tienen mayor bienestar y son más felices, de media, que las personas que tienen gatos o que no tienen ninguna mascota.

Como un miembro de la familia

Nuestro gran cariño hacia los perros se menciona en un estudio reciente sobre “equivocarse de nombre”, es decir, cuando llamamos a alguien por otro nombre. Como cuando los padres se equivocan llamando a uno de sus hijos por el nombre de otro. Pasa lo mismo cuando confundimos el nombre de la mascota con uno de los nombres de los miembros de la familia, lo que indica que el nombre del perro se ha asociado con el mismo grupo cognitivo que contiene al resto de miembros de la familia. Curiosamente, con los gatos rara vez pasa esto.

No hay ni que decir lo mucho que echan de menos los dueños a sus perros cuando no están con ellos.

La psicóloga Julie Axelrod afirmó que la pérdida de un perro es tan dolorosa porque los propietarios no están perdiendo solo a una mascota. Puede significar la pérdida de un amor incondicional, de un compañero que les brinda seguridad y comodidad, y puede que haya protegido a ese ser como a un hijo.

La pérdida de un perro puede alterar también gravemente la rutina del propietario, mucho más que si hubiera perdido a un pariente o a un amigo. Para los dueños, sus horarios diarios, incluso en vacaciones, pueden girar en torno a las necesidades su mascota. Los cambios en el estilo de vida y en la rutina diaria son unos de los principales causantes del estrés.

Según una encuesta reciente, muchos de los que han perdido a sus mascotas han creído ver o escuchar el movimiento, la respiración o el llanto de su mascota fallecida. Esto suele pasar poco después del fallecimiento, sobre todo a los dueños que estaban muy unidos a su mascota.

Es cierto que la muerte de un perro es terrible. Pero los dueños están tan acostumbrados a la presencia reconfortante y sin críticas de sus compañeros caninos que, muy frecuentemente, acaban adquiriendo uno nuevo.

Sí, echo de menos a mi perra, pero estoy seguro de que volveré a pasar por esto otra vez dentro de unos años.

Por: Frank McAndrew, profesor de psicología en la universidad Knox College.

Articulo publicado en The conversation y cedido para su publicación en Psyciencia.

  • Recomendados

Esto es lo que le pasó a un niño que chupó durante meses la pintura con plomo de sus juguetes

  • 12/03/2019
  • David Aparicio

Miguel Jorge relata en Gizmodo Expañol el caso de un niño que sufrió intoxicación por plomo al chupar durante meses la pintura con plomo que tenían algunos de sus juguetes:

Le dolía mucho la barriga. Hablaba raro, sus manos comenzaron a temblar y su tiempo de reacción parecía estar debilitado. Algo no iba nada bien. Un primer examen médico confirmó los temores de la madre: encontraron en el pequeño un comportamiento hiperactivo junto con ataxia aguda.

Esto quería decir que sus movimientos eran descoordinados, con un temblor marcado en las extremidades superiores. También se le detectó pérdida auditiva neurosensorial de alta frecuencia. Los sonidos más agudos eran casi inaudibles para JP. Además, el análisis de orina reveló proteinuria excesiva, indicando daño renal.

Finalmente, un análisis de sangre indicó que el nivel de plomo en la sangre de JP era de más de 200 microgramos por decilitro, al menos 40 veces el nivel conocido para causar daño cerebral. Claramente, su declive neurológico se debía a la intoxicación por plomo.

El artículo es muy interesante y explica el proceso químico y los efectos que puede generar. Leelo completo en Gizmodo Español.

  • Clínica

Thomas Ollendick y el tratamiento de fobias en personas con y sin trastornos del desarrollo

  • 12/03/2019
  • David Aparicio

Todos los que nos dedicamos a la clínica infanto-juvenil desde una perspectiva basada en la evidencia, hemos tenido contacto directo o indirecto con los aportes del Dr. Thomas Ollendick, un reconocido psicoterapeuta que se ha convertido en una institución dentro de los tratamientos psicológicos para la ansiedad, fobias y el trastorno negativista desafiante.

El año pasado los colegas de ABA España tuvieron la oportunidad de entrevistarlo el año pasado durante 11 Congreso Internacional de Psicología Clínica realizado en Granada. En esta entrevista el Dr. Olledick nos cuenta sobre sus inicios en la clínica, el entrenamiento psicodinámico que recibió, el cambio de paradigma que marcó su carrera profesional. También hace un repaso sobre el tratamiento intensivo de fobias con población infantil con y sin trastornos generalizados del desarrollo y reflexiona sobre las explicacions no mentalistas del comportamiento, su elaboración en el contexto de la terapia de conducta y los modelos cognitivo-conductuales.

Una entrevista imperdible que se pasará volando. Puedes escucharla mientras vas camino a tu oficina (como hago yo) o sentarte y verla completa en tu computadora o en la gran pantalla que tienes en tu sala.

  • Recomendados

¿Qué es la amistad?

  • 12/03/2019
  • David Aparicio

Clotilde Sarrió escribe en su blog Gestalt Terapia un completo artículo sobre la amistad:

La amistad es un vínculo interpersonal y afectivo de suma importancia que nos acompaña desde la infancia hasta la senectud y, por tanto, está presente en todos los ciclos vitales.

La amistad es un vínculo horizontal marcado por la preferencia, reciprocidad y afecto compartido, que surge dentro de una relación voluntaria, estable y diádica. Es por ello, que la amistad constituye una relación especial diferente de la que se mantiene con simples conocidos o compañeros en general, y es una relación que implica un intercambio afectivo bidireccional.

Para que la amistad pueda establecerse como vínculo afectivo, existe una condición de suma relevancia que es la libertad. Es decir, la amistad verdadera sería aquella que se establecería desde la libertad, sin ningún tipo de presión externa.

Elementos esenciales del vínculo afectivo de la amistad son: el afecto, el amor desinteresado, la confidencialidad, la colaboración. Todos estos elementos pueden estar presentes pero si en la relación no existe una libertad recíproca es difícil que se constituya un vínculo de amistad.

Lee el artículo completo en Gestalt Terapia.

  • Cursos recomendados

Especialízate en marketing digital

  • 12/03/2019
  • David Aparicio

¿Quieres darle mayor publicidad a tus servicios, cursos, entrenamientos o quizás darle mayor difusión a tu próxima publicación y no sabes cómo hacerlo?

La Universidad Austral tiene una excelente propuesta para ti. Su Programa de especialización de marketing digital de la Universidad Austral incluye 5 cursos que te enseñarán a utilizar las herramientas digitales más poderosas e influyentes de la internet.

Todos los cursos están 100% en linea en la plataforma de educación online Coursera, tienen un cronograma flexible, incluyen cursos para estudiantes principiantes y avanzados. Y lo mejor de todo, es que están completamente en español.

Los 5 cursos del programa de especialización:

  1. Pilares del marketing digital
  2. Estrategias de redes sociales
  3. Publicidad digital con Google AdWords
  4. Compra programática de medios: Publicidad online en tiempo real
  5. Programa especializado en marketing digital

Todos estos cursos son dictados por instructores especialistas en comunicación, economía y marketing digital. Al finalizar cada curso recibirás un certificado oficial de la Universidad Austral que podrás anexar a tu currículum profesional.

Al inscribirte obtendrás una prueba de 7 días en el que tendrás acceso ilimitado a todos los cursos del programa especializado y sino te gusta puedes cancelar sin costo alguno. Pasado el tiempo de prueba se te cobrará 39 dólares mensuales hasta que finalices todo el programa. Puedes hacerlo tan rápido como puedas; mientras más rápido lo hagas, más ahorrarás.

Ingresa aquí para acceder al Programa de especialización de marketing digital.

  • Ciencia

¿Por qué dormimos?

  • 12/03/2019
  • Alejandra Alonso

El sueño es un estado en el que no realizamos acciones con funciones obvias (comer o reproducirse, por ejemplo) y cuando dormimos somos más vulnerables. Entonces, ¿cuál es su función? Para entender mejor, primero vamos a describir las fases del sueño.

Datos obtenidos a través de electroencefalogramas (EEG) sobre las ondas cerebrales han categorizado al sueño en dos fases: no REM (dividido a su vez en fase 1, fase 2, fase 3 y fase 4) y REM (o MOR en español), que se repite cada 90 minutes varias veces durante la noche.

Fases del sueño

Fase 1

Cuando estamos con sueño, pero todavía despiertos, las ondas cerebrales se hacen mas lentas, aumenta su altura (amplitud) y se hacen más sincrónicas (ondas alfa). El primer estadio del sueño sirve como transición entre la conciencia y el sueño y se caracteriza por ondas theta, que son más lentas en número (frecuencia) y tienen mayor amplitud que las ondas alfa. Las personas privadas de sueño pueden experimentar microsueño, que son episodios de sueño temporales, que duran segundos; en ellos las ondas theta reemplazan la actividad de las alfa. La mayoría de las personas con este problema ni siquiera se da cuenta de que estaban dormidas.

Fase 2

Durante esta fase, continua la actividad de las ondas theta, entremezclada con oscilaciones entre el tálamo (región cerebral que regula el sueño) y el resto de la corteza. Las fases 1 y 2 se caracterizan por un sueño relativamente ligero, donde despertar es más fácil y el individuo podría no reconocer que estaba dormido.

Fases 3 y 4

Se caracterizan por ondas delta, mientras mayor sea la lentitud y amplitud de las ondas cerebrales, más difícil será despertar. Debido a que el sueño delta es el más profundo, en esta fase es más difícil despertar al individuo. Si lo logras, estará soñoliento y desorientado. Es interesante notar que el caminar y hablar dormido suelen suceder en el sueño delta.

Sueño No-REM

Durante el sueño no-REM la información sensorial se transfiere y codifica de forma similar a como sucede cuando estamos despiertos. Al progresar el sueño, la reactividad y conciencia disminuyen. La actividad perceptual se hace progresivamente autónoma. La mente se enfoca en lo interior y disminuye la atención prestada a estímulos del ambiente externo.

El patrón puede observarse en análisis que examinan redes de trabajo en estado de reposo, redes de regiones cerebrales activadas sincrónicamente. Los datos han mostrado que dos redes siguen activas similarmente a lo que pasa cuando estamos despiertos: la red de modo por defecto y la red sensorio-motora. La primera se activa cuando tenemos pensamientos auto-generados, mientras que la segunda se activa durante percepción de estímulos. Mientras tanto, la conectividad a la red central ejecutiva (que se activa durante procesos de orden superior, como la inhibición), se reduce dando lugar a que los pensamientos divaguen libremente y se creen escenarios ilógicos.

REM

El significado de su nombre es también una de sus características principales: “rapid eye movement” o movimientos oculares rápidos. Otras características de esta fase son la pérdida repentina de tono muscular (parálisis), ondas cerebrales disincrónicas, cambios variables en la presión sanguínea, ritmo cardíaco y ritmo respiratorio y, por supuesto, en esta fase ocurren los sueños.

Qué no son los sueños

Los sueños no son alucinaciones; en éstas últimas hay una activación en todo el cerebro y el individuo las recuerda bien. Los sueños, en cambio se caracterizan por una activación en la corteza sensorial primaria y secundaria, junto con una interrupción de la corteza frontal. Si el sueño tiene contenido emocional, también estará implicado el sistema límbico.

La falta de funcionamiento en la corteza frontal facilita una reducción de la autoconciencia y contenidos extraños en los sueños, a la vez que restringe la información entrante y crea un circuito de sueño autocontenido.

Sueño lúcido

Algunos estudios han encontrado evidencia de que hay mayor activación en la corteza prefrontal durante el sueño lúcido, comparado con el sueño REM normal. La desactivación típica de este área durante el sueño REM es responsable de las conductas socialmente inapropiadas y la inhabilidad para razonar que se pueden experimentar durante el sueño, si los recordamos luego.

Aunque se mantienen algunas características del sueño REM (como la atonía muscular), la actividad en el área frontal parece ser un “híbrido” entre el sueño REM y el estado de consciencia. Además se incrementa la activación en regiones corticales prefrontales que muestran una disminución durante el sueño REM (Filevich y cols, 2015).

¿Cuál es la función del sueño?

Todavía no lo sabemos con certeza, aunque hay muchas teorías. Una de ellas considera que el sueño juega un papel importante en la consolidación de recuerdos y las funciones ejecutivas. Muchas investigaciones han encontrado evidencia que apoya esta idea, aunque todavía no se sabe cómo sucede esto (Spencer, Walker y Stickgold, 2017; Maingret, 2016; Raven y cols., 2017).

Otra teoría sugiere que durante el sueño las conexiones sinápticas se debilitan como contrabalance para el fortalecimiento que ocurre durante el aprendizaje. De esta manera, se estaría realizando una limpieza para poder seguir aprendiendo al día siguiente. La interferencia en este proceso podría ser responsable de recuerdos más intensos.

También existen teorías que sugieren que durante el sueño REM suceden mejoras en nuestra eficacia muscular (Zi-Jian Cai, 2015)

Una última teoría postula que el sueño tiene funciones restaurativas. En específico, sugiere que se encarga de eliminar toxinas, ya que durante el sueño se incrementa el espacio entre células cerebrales, permitiendo que algunas proteínas tóxicas sean eliminadas. Según esta teoría, es posible que este mecanismo nos permita evitar enfermedades neurodegenerativas, como el alzheimer. Algunas investigaciones han apoyado esta teoría (Xie y cols., 2013; Cedernaes y cols., 2016; Mendelsohn y Larrick, 2013), indicando que ésta es una de las razones más importantes por las que dormimos.

Fuente: Scientific American

  • Clínica

Mindful eating: una invitación a la práctica meditativa a través de la alimentación

  • 12/03/2019
  • Maira Orive

Mindful eating (alimentación consciente) llega a la consulta o al tratamiento en curso cuando el paciente percibe que su relación con la comida no es lo que quisiera, cuando se da cuenta que come por comer, en cualquier momento del día, que no diferencia hambre de saciedad, cuando entiende que la comida aparece como una ayuda para soportar la existencia, cuando registra que ser invitado a una boda es un free pass aunque al otro día se sienta fatal.

Sí. De todo eso el paciente ya tiene noción, de esos eventos o esas partes del día que suceden de esa forma, ya se dio cuenta. Y ya intentó varias ideas: de las revistas, propias, que le dijo un amigo, que sugirió un profesional de la salud.

Ya inventó. Ya ayunó. Ya se acercó a alguna práctica milenaria para alimentarse mejor, probó con no comer ciertos alimentos, hizo détox, paleo, cambios de “plan alimentario” a “dieta” y de “dieta” a “hábito saludable” en su forma de expresarlo verbalmente. Ya colgó los guantes y se comió todo vorazmente. Ya prometió. Ya juró. Y también ya sabe qué debería comer por su bien, según todos dicen.

No siempre las personas con las que ponemos de objetivo “alimentarnos conscientemente” portan diagnósticos relacionados a un trastorno alimentario o pivotean en dificultades nutricionales. No siempre obesidad, atracón, ansiedad son la base desde la cual destinamos tiempo del tratamiento a abordar cómo comemos, cuándo comemos, qué sucede cuando comemos, con quién comemos, cómo es el ambiente, quién prepara los alimentos, quién compra los alimentos, dónde se compran los alimentos y larga lista de etc. En muchas ocasiones pacientes explorando sus áreas vitales descubren que su salud y su alimentación han sido la parte relegada de su historia.

Es muy habitual que mamás y papás con hijos pequeños coman el resto de comida que el bebé no come “para no tirarlo”, es bastante común que no sepamos qué cocinar para todos los días, que nos canse hacerlo, que se nos acobarde la creatividad cuando llegamos después del trabajo cansados o que hayamos preparado tantos menús en nuestra vida que nos parezca injusto que haya que pensar nuevamente uno. Aparece, también, la oportunidad cuando vamos a una fiesta: la oportunidad de comer todo lo que creemos que queremos y tomar todo lo que creemos que queremos, sin restricciones. “Me lo merezco” es una de las frases con cierto riesgo que escucho cuando un chocolate gigante se dispone como postre y regalo a sí mismo al final del día.

Cocinar es la oportunidad de entender que estoy haciendo algo importante y es menester estar presente

Fast food no es sólo una asociación con determinadas marcas de comida rápida, es un estilo de vida alimentario para algunas personas, que comen paradas, snackean, viven a vianda calentada en microondas, tomando algo de alguna lata, con servilletas de papel o tal vez limpiándose la boca con un repasador. No estamos diciendo que esté mal, simplemente, para algunos, esto forma parte de la vorágine en la que viven y eso los hace sufrir.

Como terapeuta yo no juzgo esto. Ni en el consultorio ni en mi vida fuera del consultorio puedo yo hacer algo para convencer a alguien de cosa alguna. Primero, porque a mí también me pasa que no hay tiempo para hacer la pizza casera que tanto disfrutamos en casa y llamamos al delivery de la esquina (sí, llamamos a la esquina). Segundo, porque no soy quién para decirle a la gente (cualquiera sea la gente) qué tiene o no que hacer. Y tercero, y más importante, porque en el tiempo de trabajo con Mindful eating y en la forma en la que yo lo entiendo, lo que cada persona necesita es la experiencia. Y mi invitación es a la experiencia.

Una vez que uno se ve, ya no hay vuelta atrás. Podemos decirnos que nos encargaremos de esto “más tarde” o “en otra ocasión” o “cuando tengamos más tiempo” o “después de las vacaciones” pero ya lo vimos. Y si bien hay muchas chances de que nos olvidemos de, también hay alta probabilidad de que nos veamos nuevamente, porque comer, es una actividad cotidiana con la que tenemos contacto varias veces en un día.

En este punto la alimentación consciente cobra un sentido fundamental: podemos aprender que cada vez es nueva y única, ser espectadores del plato, registrar cada papa frita individualmente, y cada bocado como inigualable, podemos recrear y anticipar pero no saber exactamente cómo será la experiencia del degustar hasta hacerlo y luego se esfuma la experiencia y es otra nueva, en el próximo bocado, si nos permitimos estar atentos. Hete aquí la mente de principiante en acción.

Para ampliar este punto y extenderlo, tenemos también las acciones que implican cocinar y cocinar para comer, donde sucede algo similar: es conocido y es nuevo a la vez. Esta es la única vez que comeré esta manzana y es sólo en este presente donde podré hacerle un lugar inatrapable o no, podré cortar esta manzana con la mano derecha mientras la sostengo con la izquierda o tomarla con las dos manos y abrir grande la boca para sacar un mordisco grandioso, y tal vez darme cuenta que está arenosa y seguir comiéndola o no, o sentir que es la mejor manzana de mi vida, sin poder hacer esta comparación realmente pero pensándolo de todos modos.

Probablemente no sea la primera vez que picamos cebolla, pero esta cebolla es única, y siendo similar a otras cebollas (que recordamos, por ejemplo) no se le parece en nada. Los movimientos implicados en cortar esta cebolla parten de la intención de cortarla pero son momento a momento, a momento, a momento, los movimientos implicados en cortar esta cebolla. (Entiendo que me detesten pero quiero que estemos todos en clima). Cocinar es una actividad diaria, para los chefs con estrellas Michelin, para los chefs de los food trucks de moda, para vos y para mí.

Cocinar es la oportunidad de entender que estoy haciendo algo importante y es menester estar presente, porque forma parte del tiempo en el que vivo y estoy invirtiendo en ello, así como también es valioso porque puedo a través de lo que cocino ser amoroso conmigo y los demás. Puntos aparte, podemos desarrollarlos en otros momentos, son el cultivo de la paciencia en algunos platillos y la dedicación para el armado desarrollando contemplación y gratitud. No quiero descuidar el detalle del momento creativo de la invención de un plato y el estado de flow que refieren algunas personas cuando integran todo el proceso. Podremos hablar también, más adelante, de la elección y el cultivo de alimentos.

Muchas veces la alimentación consciente es la puerta de ingreso a la práctica meditativa, y bienvenido sea! Todos nosotros merecemos aliviar nuestro sufrimiento y ese camino necesita que entendamos cómo funcionamos, que nos volvamos expertos en captarnos, en estar advertidos sobre nosotros mismos y que nos aceptemos tal cual somos. Cada comida es una oportunidad y la invitación será, sin juzgarnos, a adentrarnos en los conocimientos que nos permitan ser y estar en el mundo de una manera valiosa para nosotros.

  • Ciencia

Los adultos mayores con ansiedad tienen hasta 3 veces más riesgo de sufrir algún tipo de demencia

  • 11/03/2019
  • David Aparicio
shallow focus photo of man

La investigación denominada ZARADEMP fue hecha en Zaragoza, España, e intentó determinar la incidencia, prevalencia y factores de riesgo de la demencia en la comunidad de adultos mayores.

Su muestra incluyó a más de 4 mil personas mayores de 55 años sanas, que fueron evaluadas periódicamente durante cuatro años con escalas validadas como el Mini-Examen de Estado Mental (MMSE), el cuestionario de Estado Mental Geriátrico (GMS) y otras dos escalas (índice de Katz y escala de Lawton y Brody) las cuales evaluaron las actividades básicas de la vida diaria. Para la ansiedad se empleó el AGECAT, un instrumento que clasifica a los participantes en casos (ansiedad clínicamente significativa), subcasos (ansiedad leve) y no casos (sin ansiedad).

En la primera evaluación (1994) se detectó que 91 participantes tenían síntomas de ansiedad clínicamente significativos y 1,645 fueron catalogados con ansiedad leve. El grupo de síntomas significativos estuvo compuesto en su mayoría por mujeres, con bajo nivel de estudios académicos, vivían solas, tenían un peor estado cognitivo, más diagnósticos de depresión y mayor frecuencia de diabetes y enfermedades cardiovasculares.

Con números específicos la investigación detalló que el riesgo de demencia fue mayor entre las personas con ansiedad leve y fue todavía más alta entre los casos de ansiedad clínicamente significativa, siendo el cociente de incidencia de 2,77. Lo que significa que estas personas tienen casi tres veces más riesgo que las personas sin ansiedad de sufrir algún tipo de demencia.

Una posible explicación es que la ansiedad prolongada puede afectar las estructuras cerebrales y puede desencadenar daños cognitivos graves, pero para determinar esa hipótesis se necesita un tipo de estudio experimental que no se puede aplicar con esta población.

Referencia del estudio completo: Lobo, A., Saz, P., Marcos, G., Día, J.-L., De-la-Cámara, C., Ventura, T., … Aznar, S. (2005). The ZARADEMP Project on the incidence, prevalence and risk factors of dementia (and depression) in the elderly community: II. Methods and first results. The European Journal of Psychiatry, 19(1), 40–54. Retrieved from https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0213-61632005000100004

Fuente: Medscape

  • Ciencia

Ver series dobladas limita tus oportunidades de aprender inglés

  • 11/03/2019
  • David Aparicio

Esto ya lo intuíamos, pero ahora un estudio del Journal of Economic Behavior  demuestra con buena data que ver películas y series con subtítulos mejora el nivel de inglés de sus espectadores.

Con los puntajes del TOEFL, una prueba estandarizada que mide el nivel de inglés, los investigadores encontraron que los países que prefieren subtitular las películas y series de TV tienen un puntaje promedio 3,4 puntos mayor que aquellos que eligen el doblaje.

Este efecto se hace visible en países que han elegido el subtitulado como Suecia, Holanda, Finlandia y Dinamarca y donde el 58% de su población dice ser capaz de mantener una conversación en inglés. En comparación con el 38% de la población de países como España, Francia, Italia o Alemania, que han priorizado el doblaje de las películas y series de Estados Unidos.

Las diferencias son muy claras incluso en países muy próximos y similares como España y Portugal. Los portugueses presentan mejores puntajes en inglés porque su gobierno priorizó desde hace muchos años el subtitulado, a diferencia de los españoles que eligieron el doblaje.

En términos económicos la práctica de subtitulado es mucho más barata y rentable, pero hay países en los que se impuso el doblado como una manera de reforzar la identidad nacional.

Sea como sea, el inglés se ha establecido como el lenguaje más importante a nivel intelectual y comercial. Muchos gobiernos están desarrollando mejores programas educativos para enseñar inglés. Una buena propuesta y de bajo costo es la de reforzar el subtitulado en las televisoras nacionales y las salas de cine.

Así que ya sabes, cambia la opción a subtitulado en tu cuenta de Netflix o en tu control de cable tv. Esto te ayudará a mantener la concentración y al mismo tiempo mejorará tu inglés.

Referencia del estudio original: Rupérez Micola, A., Aparicio Fenoll, A., Banal-Estañol, A., & Bris, A. (2019). TV or not TV? The impact of subtitling on English skills. Journal of Economic Behavior & Organization, 158, 487–499. https://doi.org/10.1016/j.jebo.2018.12.019

Fuente: Gizmodo

  • Ciencia

Las personas que sólo leen la vista previa de los artículos en Facebook creen que saben más de lo que realmente saben

  • 11/03/2019
  • David Aparicio

Hay personas que se creen capaces de comentar y debatir artículos con sólo leer la vista previa que aparece en Facebook. Este patrón de comportamiento fue estudiado recientemente en Research and Politics y demuestra que las personas propensas a este tipo de comportamiento creen saber más de lo que realmente saben y se dejan llevar por sus emociones.

La muestra del estudio se dividió en tres partes. En la primera participaron 320 personas que leyeron un artículo del reconocido periódico The Washington Post sobre la seguridad de los alimentos genéticamente modificados. La segunda contó con 319 personas que leyeron una vista previa de un artículo que aparecía en el muro de Facebook sobre el mismo tema. En el tercer grupo hubieron 351 personas (grupo control) que no leyeron ningún artículo, ni vista previa de Facebook.

Luego de la lectura, los grupos fueron evaluados con 6 preguntas objetivas sobre el tema que habían leído y, para medir su confianza, se les pidió que estimaran cuántas preguntas habían contestado correctamente.

Como era de esperarse, los participantes que leyeron el artículo completo tuvieron la mayor cantidad de respuestas correctas, mientras que las personas que leyeron la vista previa tuvieron un desempeño muy pobre. Sólo obtuvieron un punto por encima del grupo que no leyó nada y eran más propensos a sobreestimar su propio conocimiento.

Esta investigación es un llamado de atención saludable a los lectores que se creen en condiciones de compartir sus opiniones sin leer, ni informarse lo suficiente. Estas personas suelen emocionarse y se precipitan al contestar, lo que se traduce en pésimos argumentos basados en su mayoría en prejuicios y mitos.

 Así que la próxima vez que te encuentres con un artículo en Facebook o en cualquier red social, tomate el trabajo de leer y no dejes que tus emociones te dejen mal parado cuando se haga relucir que no leíste.

Referencia del estudio original: Anspach, N. M., Jennings, J. T., & Arceneaux, K. (2019). A little bit of knowledge: Facebook’s News Feed and self-perceptions of knowledge. Research & Politics. https://doi.org/10.1177/2053168018816189

Paginación de entradas

Anterior 1 … 171 172 173 174 175 … 351 Próximo
Iniciar sesión — Pro
  • Únete a Psyciencia Pro
  • Webinars
  • Recursos
  • Tips para terapeutas
  • Watson (podcast)
  • Café (red social)

Clínicos Pro

Directorio de psicólogos y psiquiatras de la comunidad Psyciencia Pro.

  • Bleidy Bejarano

    Psicólogo/a · COLOMBIA

  • Darío Benitez Casado

    Psicólogo/a · España

    Online
  • Dra. Francisca Muñoz

    Psicólogo/a

  • Hollman Castro

    Hollman Castro

    Psicólogo/a · Estados Unidos

    Online
  • Psic. Canek Hernández

    Psicólogo/a · México

    Online
Ver directorio completo

Psyciencia Pro

EXCLUSIVO

La psicología de las personas que no ven el mundial

jueves, 18 de junio 2026

Una sesión con Freud costaría hoy casi 2,000 dólares

miércoles, 10 de junio 2026

La psicología de las personas a las que no les importa su cumpleaños

domingo, 7 de junio 2026

El reloj no piensa. El cerebro tampoco.

jueves, 14 de mayo 2026

Ver todo

Webinars

FORMACIÓN

Autismo en mujeres: el elefante en la sala (webinar)

miércoles, 13 de mayo 2026

Psicoterapia con población LGTBIQ+ (webinar)

lunes, 9 de marzo 2026

Cómo crear tu página web de psicología con IA en 90 minutos (webinar)

lunes, 16 de febrero 2026

Ver todo

Opinión

OP-ED

La psicología de las personas que no ven el mundial

jueves, 18 de junio 2026

Distractibilidad sin diagnóstico: un nuevo motivo de consulta

miércoles, 17 de junio 2026

No todo es psicología: Sé compasivo con quien fuiste

domingo, 14 de junio 2026

Ver todo

Tips para psicoterapeutas

ARTÍCULOS

Una regla para no odiar mi trabajo

sábado, 13 de junio 2026

Cómo interrumpir a tus pacientes sin romper el vínculo

martes, 24 de junio 2025

Cuando el paciente habla al final: cómo manejar los comentarios de última hora en terapia

miércoles, 21 de mayo 2025

Ver todo

Guías y recursos

RECURSOS

Límites: un recurso completo para psicoeducación y trabajo clínico

miércoles, 1 de julio 2026

Plan de seguridad (Recurso)

miércoles, 17 de junio 2026

Aceptación y desesperanza creativa (hojas de trabajo)

miércoles, 10 de junio 2026

Ver todo
Psyciencia
  • Contáctanos
  • Publicidad
  • Nosotros
  • Publica
Orgullosamente desarrollado por psicólogos

Ingresa las palabras de la búsqueda y presiona Enter.