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Psicología humana en tiempos de máquinas 💞

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  • Clínica

Se incrementa la evidencia de la relación entre el autismo y la obesidad maternal

  • 04/02/2016
  • David Aparicio

La respetada revista científica Autism Research reporta nuevos datos que incrementan la evidencia sobre la relación entre la obesidad y diabetes maternal y el autismo de sus hijos.

Según los datos recabados en esta investigación, las mujeres con obesidad o diabetes gestacional tienen 1.5 más probabilidades dar a luz a un niño con autismo, comparados con las madres con hijos que presentan trastornos del desarrollo.

Este riesgo es congruente con datos de investigaciones previas que sugerían relaciones entre la obesidad y diabetes maternal con el autismo.

El equipo de científicos analizó los registros médicos electrónicos de 188.188 madres y los compararon entre las madres que tenían hijos con autismo, con aquellas que no tenían hijos con trastornos del desarrollo y con madres de niños con otros trastornos del desarrollo, diferentes al autismo.

Los análisis permitieron conocer que 487 madres tenían hijos con autismo, 1,495 tenían hijos con otros trastornos del desarrollo y 35,734 madres no tenían hijos con autismo u otros trastornos del desarrollo. Las madres de los niños con autismo habían tenido su hijo, en promedio, a los 28.6 años y las madres de hijos con otros trastornos del desarrollo o sin trastornos tenían, en promedio, 27.4 años de edad cuando dieron a luz.

«Aunque estudios previos reportan un vínculo entre la obesidad maternal y la diabetes durante el embarazo y el autismo, nosotros demostramos que los datos médicos electrónicos pueden verificar y establecer la extensión de este vínculo a través de grandes poblaciones, » dijo Katherine Bowers, autora de la investigación y miembro de la División de Bioestadística y Epidemiología del centro médico infantil en Cincinnati, Estados Unidos.

Los registros médicos electrónicos suponen un gran avance en la investigación médica, ya que les ofrecen a los científicos una gran cantidad de datos, sin molestar a los sujetos del estudio con los engorrosos procesos y evaluaciones de la investigación.

Ojalá lleguen y se aprueben sistemas similares en los países latinoamericanos para facilitar y motivar la investigación.

Fuente: Psypost

  • Clínica

Por qué no debes usar el término: «enfermo mental»

  • 03/02/2016
  • David Aparicio

El lenguaje tiene un profundo efecto en la manera en que interpretamos el mundo y cómo nos comportamos. Durante las últimas tres décadas, miles de profesionales de la salud han impulsado la inclusión del término «persona» en cada referencia que se hace a los trastornos mentales, en un esfuerzo por reducir la despersonalización y el estigma que sufren las personas con trastornos mentales.

Algunos podrían creer que es un simple intento de fomentar el uso de un lenguaje «políticamente correcto». Sin embargo, una nueva investigación encontró que incluso las diferencias sutiles en los términos que usamos pueden afectar profundamente los niveles de tolerancia con los que tratamos a las personas con trastornos mentales.

Los datos provienen de la investigación publicada en la revista The Journal of Counseling and Development, la cual aplicó a 711 personas que fueron divididas en tres grupos (estudiantes universitarios, adultos y profesionales consejeros), dos versiones sutilmente modificadas de la escala Community Attitudes Toward The Mentally Ill que evalúa las actitudes hacia las personas con trastornos mentales. Una versión de la escala incluía el término: «enfermos mentales» y la otra versión incluyó: «personas con enfermedad mental».

La escala también incluyó cuatro subescalas que permitió conocer distintos aspectos de cómo se percibe a las personas con trastornos mentales:

  • Autoritarismo: «Los mentalmente enfermos o las personas con enfermedades mentales» necesitan el mismo tipo de control y disciplina que un niño pequeño».
  • Benevolencia: «Los mentalmente enfermos o las personas con enfermedades mentales» han sufrido por mucho tiempo objeto del ridículo».
  • Restricción social: «Los mentalmente enfermos o las personas con enfermedades mentales» deben ser aislados del resto de la comunidad».
  • Ideología de la comunidad de salud mental: «Los mentalmente enfermos o las personas con enfermedades mentales, se beneficiarían de vivir en barrios residenciales, pero el riesgo para los residentes es muy grande».

Al comparar las respuestas, se encontró que las personas eran menos tolerantes cuando leían la declaración con el término: «mentalmente enfermo». También se encontraron leves diferencias en las escalas según los grupos de personas que participaron en el estudio:

Los estudiantes universitarios y los profesionales consejeros mostraron menos tolerancia en las escalas de autoritarismo y restricción social. En cambio, los adultos en general fueron menos tolerantes en las escalas de benevolencia e ideología de salud mental en la comunidad.

Otro dato no menor fue que el grupo de los consejeros tuvo la mayor discrepancia en los niveles de tolerancia, según el término que se usó. Lo cual significa que nosotros, los profesionales de la salud mental, no somos inmunes al efecto del lenguaje a la hora de tratar a las personas con trastornos mentales, y debemos ser muy cuidadosos con las palabras que usamos.

Los autores del estudio también recomiendan que sus hallazgos sean considerados por los directivos de salud y los medios a la hora de elegir las palabras que utilizan para referirse a las personas con trastornos mentales. Ellos tienen mucha influencia en la sociedad y deben ser los primeros en efectuar los cambios sugeridos.

«Yo entiendo por qué las personas usan el término «mentalmente enfermo». Es más corto y más fácil de usar que «personas con enfermedades mentales». Dijo Darcy Granello, coautora de la investigación. » Pero creo que las personas con enfermedades mentales se merecen que cambiemos nuestro lenguaje. Incluso si es más incómodo para nosotros, porque ayuda a cambiar nuestra percepción, lo que nos lleva por último a tratar a todas las personas con el respeto y el entendimiento que ellas se merecen.»

Es necesario aclarar que esta investigación se hizo en inglés y que las connotaciones sobre la palabra illness (traducido como: enfermedad) son distintas a las que usamos en español. En nuestro caso, deberíamos también considerar el uso de la palabra trastorno, porque las condiciones mentales no se conciben como enfermedades.

Fuente: Psypost

  • Ciencia

Aspectos psicológicos de la envidia

  • 03/02/2016
  • Juan José Ruíz Sánchez

El conocido filósofo español Fernando Savater (1991) afirma que la envidia “es la virtud democrática por excelencia” y que por ello no debe verse como pecado siguiendo los cánones tradicionales. Gracias a ella se evita que otros tengan más derechos que uno/a mismo empujándonos a todos a buscar la igualdad social. Por ello, según Savater, habría que considerarla más una auténtica virtud que un vicio. Incluso este filósofo relata cómo la envidia le ayudó a emular y desear parecerse a determinados intelectuales que ha ido admirando a lo largo de su vida, y cómo esto le ha ayudado a su propio desarrollo personal.

Las afirmaciones de Savater, reconociendo sus aportaciones, como veremos al hablar de la “envidia mimética”, son cuestionables. Por lo pronto parece confundir envidia con admiración, y por otro, contradice la experiencia real y directa de muchas personas que han padecido o recibió los actos envidiosos.

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La gente no suele reconocer que tiene envidia y, a lo sumo, afirma que solo tiene “envidia sana”, si es que eso realmente existe. Nadie va a la consulta del psicólogo quejándose de que tiene envidia. Las demandas psicológicas habituales suelen ser por “depresión”, y solo en el despliegue biográfico de la persona al ir relatando distintos aspectos de su vida, en un clima de confianza y seguridad, aparece muchas veces la presencia de la envidia hacia otros, casi siempre próximos (hermanos, familiares, compañeros de trabajo, etc.).

La mayoría de los psicólogos y psiquiatras, y aún más los de orientación psicoanalítica, han destacado los aspectos destructivos y patológicos de la envidia. Rattner (1974) describe cuatro formas generales de envidia: la envidia entre los hermanos (que tiene un origen en las experiencias de la infancia), la envidia entre los sexos (dado que la cultura ha valorado más lo masculino en general), la envidia entre los compañeros de trabajo (que da lugar a no pocos casos de “mobbing” o acoso laboral) y la envidia fomentada socialmente (el espíritu competitivo de la sociedad de consumo).

¿Y cuáles son los orígenes y causas de la envidia?

Por lo pronto, hay que situar su origen en las experiencias del niño/a en su tierna infancia. Algunos psicoanalistas como M. Klein (1957) consideran que la envidia tiene su raíz en el primer objeto de importancia para el niño: su madre. El niño distingue entre el “pecho bueno” cuando su madre le amamanta y sacia su deseo de hambre, y el “pecho malo”, cuando su madre frustra su deseo de saciarse; siendo esto universal y relativamente dependiente de los cuidados que realice la madre. De hecho, otros autores han insistido más aún en el papel de las primeras experiencias de frustración del niño (Ferenczi, 1913; Rank, 1924). El psicoanalista español Guerra Cid (2004, 2006) afirma que en la historia personal de quién padece envidia aparece una intensa frustración que aumenta cuando el otro tiene lo que él anhela. Ese deseo, salvo en personas con mentalidad más simple, no suele ser de las cosas materiales que el otro posee, sino más bien de sus cualidades que le permiten tener la admiración y bienes materiales.

El gran envidioso suele desear, fantasear y hasta llevar a cabo, acciones de perjuicio o destrucción dirigida al envidiado. Es un ser amargado incapaz de aceptar sus limitaciones, al que habría que aplicarle el refrán tradicional de “Dime que envidias y te diré de qué careces”. La persona con envidia suele utilizar una curiosa “racionalización” para mantener su estado de envidia: argumenta que en su vida ha tenido mala suerte y que el envidiado, por el contrario, ha sido agraciado por la buena suerte.

Si se mira despacio en la vida del envidioso suelen ser frecuentes las experiencias de múltiples fracasos en su vida amorosa, laboral y social; y no precisamente a causa de la mala suerte sino por no contar con numerosas variables de la realidad para tomar sus decisiones, precisamente por su baja tolerancia a la frustración y su deseo de tener las máximas satisfacciones en el plazo más inmediato. Desde esta óptica, la “envidia sana” no existe, solo hay una y es “patológica”.

El carácter enfermizo de la envidia ha sido considerado incluso en la tradición escolástica tomasiana. Según el psicólogo tomista Martin Echevarria (2005), la envidia es una forma enfermiza o viciosa de la tristeza desordenada que deriva de la vanagloria de querer tener siempre más y de poseerlo todo; y que tendría dos causas (siguiendo al aquinate): una intelectual o cognitiva (desconocimiento de los propios límites y cualidades) y otra afectiva (el temor a fallar en lo que se considera que supera las propias capacidades).

También en muchos casos se añaden verdaderas tradiciones familiares de envidiosos que educan al niño en el resentimiento hacia el envidiado. Si en ese ambiente familiar y hasta escolar, se prima mucho comparar al niño con las cualidades de otro, la envidia estará servida y el daño al niño realizado.

Pero sin duda, uno de los psicólogos y psiquiatras que más han estudiado la envidia ha sido Alfred Adler. Para éste, la envidia se configura en una atmósfera familiar infantil donde prima la competitividad y donde la rivalidad entre los hermanos es frecuente. Los niños mayores y menores suelen ser los más vulnerables a la envidia en ese contexto. El hermano mayor porque ha sido “único” objeto de privilegio y atenciones, y ahora se ve “destronado de su reinado” por la venida de otro hermanito con el que rivaliza; y puede recurrir a “apaños” como “ser ahora muy malo”, “orinarse encima” y otras estratagemas conscientes e inconscientes para recuperar el trono de atenciones y afectos perdidos. También el menor porque suele ser objeto de mimos y protección excesivos que cuando sale del ambiente familiar habitual tiene que afrontar un mundo despiadado, difícil y frustrante.

Y, por último, podríamos hablar de la envidia no solo como afecto, sino como una forma de conducta, y hasta como forma de conducirse por la vida que no solo tiene sus “causas”, sino también sus efectos, consecuencias o funciones finalistas” (Marino Perez, 2004). La envidia, desde esta perspectiva, cumple un papel social relacionado con la “función de regulación del poder”.

Habría que distinguir aquí entre una “envidia mimética” donde no solo es importante el objeto del deseo para el propio envidioso; sino que el objeto del deseo es aún más deseable cuanto más sea deseado por otros. La función aquí es orientar los objetos que son deseables y valiosos según la sociedad del momento en cuestión. En la sociedad de consumo esos objetos del deseo son “creados continuamente” sin remitir a necesidades reales, y tienen un claro exponente en los medios de comunicación y la publicidad.

Y, por otro lado, estaría la “envidia maléfica” donde se desea que el otro pierda lo que tiene sin que sea necesario tenerlo uno mismo. En este caso, la envidia está muy relacionada con las comparaciones sociales con otros donde el “rebajamiento del otro” cumple con la función o finalidad de la propia afirmación; operando en una especie de equilibrio tanto real como imaginario. El hecho es que ambas formas de envidia pueden convivir en la misma persona y sociedad. Incluso hay quien “provoca” la envidia en otros haciendo “ostentación” de bienes materiales o cualidades como una forma de sentirse superior al envidioso.

En suma, afirma Marino Pérez (2004), para que se dé la envidia tiene que haber una serie de causas antecedentes: incluyen la presencia de objetos deseados que pertenecen a otros, desigualdades que hacen evidente la inferioridad de otros casi siempre próximos y/o el afán insaciable de igualdad en sociedades democráticas; y una serie de consecuencias o funciones: orientar a objetos de consumo social deseables, equilibrio real o imaginario de la propia inferioridad y/o sentimiento de superioridad ante el otro.

¿Y tiene remedio o solución la envidia?

Para la opinión del psiquiatra cordobés Castilla del Pino (2000) la envidia es intratable e incurable. Para otros especialistas el asunto no es tan pesimista, pero debe contar con varias condiciones. Para la persona que ya está en tratamiento (y no precisamente por admitir su envidia como apuntábamos al principio), ésta debe admitir su propia identidad, con sus limitaciones y cualidades; lo que conllevará “resistencias y defensas frecuentes” y será un trabajo psicológico duro y difícil, pero no imposible. Para los padres y educadores será muy importante en plan preventivo trabajar las conductas de solidaridad y cooperación desde las primeras fases de la vida de los niños; aquello que Alfred Adler llamó “sentimiento de comunidad o interés social” (Ruiz, Oberst y Quesada, 2006). Pero bien es cierto que la sociedad en general no está por esa labor y el “complejo de Caín” seguirá haciendo mucho daño a esta y a las próximas generaciones, por lo que el trabajo es inacabable.

Articulos recomendados:
–¿Existe envidia de la buena?
–El lado bueno de la envidia.

BIbliografía:

  • Alfred Adler: El sentido de la vida. Miracle, 1935
  • Francisco Savater: Ética para Amador. Ariel. Barcelona 1991.
  • F. Oliver Brachfeld: Los sentimientos de inferioridad. Editorial Apolo. Barcelona, 1936.
  • Juan J. Ruiz , Úrsula E. Oberst y Antonio M. Quesada: Estilos de vida. El sentido y el equilibrio según la psicología de Alfred Adler. Paidós. Barcelona, 2006.
  • Josef Rattner: La persoalidad del hombre. Orientaciones psicoterapéuticas para el conocimiento de si mismo y los demás. Ed. Mensajero. Bilbao, 1973.
  • Luis Raimundo Guerra Cid: Esto no es un libro de autoayuda. Tratado de la suerte, el amor y la felicidad. Descleé de Brouwers. Bilbao, 2006.
  • Luis Raimundo Guerra Cid: Tratado de la insoportabilidad. La envidia y otras “virtudes humanas”. Descleé de Brouwers. Bilbao, 2004.
  • Marino Pérez Álvarez: Contingencia y drama. La psicología según el conductismo. Minerva Ediciones. Madrid, 2004.
  • Martin F. Echevarria: La praxis de la psicología y sus niveles epistemológicos según Santo Tomás de Aquino. Documenta Universitaria. Girona, 2005
  • Ciencia

Los olvidados de los olvidados: La salud mental en África

  • 02/02/2016
  • Airam Vadillo

La Salud Mental Global propone un acercamiento de la salud mental a todos los rincones del planeta. Que, por ejemplo, cualquier persona con enfermedad mental recibiera un servicio, bien sea en Francia o en Namibia. Esta aproximación es relativamente nueva, y supone una apuesta firme sobre la accesibilidad de los tratamientos psicológicos a aquellos países en desarrollo, los cuales tienen precisamente tienen menos impacto y servicio dado sus bajos recursos socioeconómicos.

no hay salud sin salud mental

Al ser un acercamiento reciente, tanto su vertiente investigadora como de intervención psicosocial está aún en sus inicios, teniendo en cuenta el espectro de intervención humanitaria. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud ya hace hincapié fuerte con un eslogan que se suelen recordar en el ámbito humanitario: “there is no health without mental health” (no hay salud sin salud mental) el cual está ganando peso dentro de la cooperación internacional.

En cuanto a las enfermedades mentales, existe un componente cultural que delimita e influye considerablemente en torno a qué es enfermedad mental y qué deja de serlo. Sin embargo, existen patrones comunes, los cuales nos hacen humanos, seas de Alemania o Kenia. Tal y como cita Vikram Pattel en su charla TED, existe el llamado Black Dog (perro negro), que es una metáfora sobre los síntomas de depresión, una de las enfermedades más comunes a nivel global. Mucha gente puede pensar que no existe en África simplemente porque sus preocupaciones podrían ser distintas. Lo que indican los estudios epidemiológicos mostrados en el vídeo es que, de 20 personas en el mundo, una tendría depresión. Esto nos conduce a que en el planeta existirían 300 millones de personas con depresión.

La accesibilidad: Salud mental para todas y todos

Tal y como se indicó, la accesibilidad a la salud mental está fuertemente determinada por el nivel socioeconómico del país donde residas, unido al propio nivel adquisitivo del que dispongas. Esto haría que el diagnóstico y tratamiento de nuestra depresión sea bien distinto si eres de Inglaterra o de Liberia. Fácil de entender. Tanto es así que el 90% de las personas con enfermedades mentales que viven en países en desarrollo no recibirán ningún tipo de tratamiento. De 10 personas, solo una 1 recibiría tratamiento para su enfermedad mental en Myanmar, por ejemplo.

Campaña de sensibilización del gobierno sierraleonés fomentando la inclusión social de los supervivientes del ébola y familias afectadas por el brote. En Koinadugu, Sierra Leona /Airam Vadillo

Por si fuera poco, el problema no solo estriba en la falta de accesibilidad, sino también la trampa de la pobreza, y su círculo vicioso hacia la enfermedad mental. Dicho círculo es evidente: las variables contextuales de pobreza (baja economía, baja educación, falta de hogar, etc…) repercuten negativamente en la salud mental. El malestar emocional o la enfermedad mental hacen que el individuo y/o la comunidad en general tengan menos aptitudes y herramientas para mejorar su situación, lo que genera una exclusión social, repercutiendo negativamente en su bienestar psicológico…. y así sucesivamente.

la accesibilidad a la salud mental está fuertemente determinada por el nivel socioeconómico del país donde residas

¿Qué podemos hacer? Intervención psicosocial en contextos en desarrollo

Pese a que la ayuda humanitaria dio un gran salto en la década de los noventa, el componente psicosocial comenzó a profesionalizarse desde hace relativamente poco. El tsunami de Sri Lanka 2004 marcó un antes y después, en el cual se vio la ineficacia de algunas intervenciones psicosociales e incluso intervenciones contraproducentesDo No Harm: Toward Contextually Appropriate Psychosocial Support in International Emergencies.

Nuestro trabajo, de forma muy resumida, consiste en capacitar y empoderar a los trabajadores locales del país para que ellos mismos puedan llevar tales intervenciones psicosociales de forma autosuficiente, siempre adaptando nuestros conocimientos a un contexto y cultura particula Un ejemplo es cómo en programas de psicoeducación sexual en occidente se permite la entrega de preservativos de modo preventivo, mientras que una cultura musulmana puede ser visto como incitación al sexo.

Uno de los problemas que solemos toparnos es la falta de trabajadores psicosociales en países en desarrollo. No hay psiquiatras, psicólogos ni enfermeros en salud mental o si los hay, existen en un número muy reducido.

Una manera sencilla de solucionar este problema es simplemente capacitando a aquellas personas que estén interesadas en el componente psicosocial, aunque no tengan ningún tipo de experiencia. Aquellos y aquellas que muestren interés y tengan habilidades sociales, capacidad de escucha y empatía bien pueden hacerlo mucho mejor que cualquier persona titulada pero desmotivada. De tal manera que nuestro trabajo suele ser con personal no cualificado, pero que presentan las cualidades necesarias para desempeñar el trabajo. Tenemos pues, la hazaña de adaptar conceptos muy técnicos en psicología en un lenguaje simple y adaptado a su culturaDo No Harm: Toward Contextually Appropriate Psychosocial Support in International Emergencies.

¿Por qué no interesa la salud mental global?

Posiblemente porque nos da miedo hablar de enfermedad mental. Es algo que nos desagrada, nos quiere sonar distante, muy lejano a nuestros problemas.

La Salud Mental global continúa sin interesar por el fuerte componente discriminatorio que tiene las enfermedades mentales. Si existe discriminación en nuestros países, el estigma y rechazo en países como Zambia o Sierra Leona son increíblemente mayores. Nadie quiere posicionarse en una realidad en la que cualquier podría caer.

Por un lado, en ocasiones las enfermedades mentales no son consideradas como una condición clínica, se asocian los problemas mentales con la propia miseria de la vida, o peor aún, que la propia pobreza justifica el hecho de tener depresión, de tal forma que se legitima inconscientemente. Esto hace que en los países olvidados, se tengan a los enfermos mentales olvidados.

la accesibilidad a tratamientos psicológicos está fuertemente determinada por la propia condición humana

Por otro lado, se podría deshumanizar a la persona, es decir, clasificar en un rango menos humano por tener enfermedad mental. De hecho, frases como “ellos también son humanos” o “ellos también merecen tratamiento” son microracismos, ya que se sobreentiende y se da por sentado tales afirmaciones. En definitiva, la accesibilidad a tratamientos psicológicos está fuertemente determinada por la propia condición humana.

Proyecto psicosocial con Médicos del Mundo en Sierra Leona, a raíz del brote del ébola / Airam Vadillo

 

¿Soluciones?

Vikram propone tomar como modelado el ejemplo del VIH. Hace unas décadas era una enfermedad devastadora, sin embargo, ha mejorado ostensiblemente no solo el tratamiento médico sino también la percepción y aceptación social. El paralelismo es claro, bien la Salud Mental debería tener esa capacidad de movilización, denuncia y moviendo social tanto de los portadores como familias afectadas por esa enfermedad crónica, para así dar el salto que la Salud Mental Global merece.

Cuando estemos realmente exentos de estigma, discriminación o se deje de etiquetar a las personas con enfermedades mentales como locos o agresivos, estaremos en disposición de dejar de avergonzarnos. No nos veremos tan lejanos hacia el resto de nuestros iguales. Un trabajo tanto de los medios informativos como de los propios profesionales de la psicología que humanice las enfermedades mentales y que el resto esté dispuesto a humanizarse.

Quizá en ese momento podríamos dar servicio a aquellos y aquellas personas con trastornos mentales en esos países que nadie se acuerda, o peor aún, que ni se sabe que existen. Para, por lo menos, dejar de tener olvidados a los olvidadosOlvidados. 

  • Recursos

Intervenciones psicológicas para cuidadores con síntomas depresivos: revisión sistemática y metanálisis (PDF)

  • 02/02/2016
  • David Aparicio

Está bien establecido que los cuidados no profesionales, un componente fundamental de la atención a personas dependientes, pueden aumentar el riesgo de trastornos mentales en el cuidador, especialmente de depresión.

El objetivo de este estudio fue realizar una revisión sistemática y un metanálisis para determinar la eficacia de las intervenciones psicológicas, para reducir los síntomas depresivos, dirigidas a cuidadores no profesionales. Se realizó una búsqueda exhaustiva de estudios publicados entre los años 1980 y 2013 en las bases de datos Medline y PsycInfo, así como en las referencias de otras revisiones y metanálisis y capítulos de libro relevantes, de los cuales se seleccionaron 13 estudios.

Aunque la mayoría de las intervenciones obtuvieron resultados positivos en la reducción de la sintomatología depresiva, en general, sus efectos fueron moderados (tamaño del efecto = -0.49, intervalo de confianza 95% ). Se han producido importantes avances en relación con la calidad de los estudios, pero todavía se encontraron algunas limitaciones que restringen el alcance de sus hallazgos.

Es necesario realizar más estudios que cumplan con los estándares de excelencia y, más concretamente, de prevención indicada de la depresión.

Autores: Fernando L. Vázquez*, Elisabet Hermida, Olga Díaz, Ángela Torres, Patricia Otero y Vanessa Blanco.

Descarga la investigación completa en formato PDF: Intervenciones psicológicas para cuidadores con síntomas depresivos: revisión sistemática y metanálisis (PDF).

Fuente:  Scielo

Otras voces

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  • Ciencia

El dolor crónico podría cambiar el ADN del sistema inmunológico

  • 01/02/2016
  • David Aparicio

Científicos de la reconocida universidad canadiense McGill han encontrado que el dolor crónico podría reprogramar los genes del sistema inmune y del cerebro. Ellos escriben en la revista Scientific Reports que este hallazgo podría cambiar dramáticamente la manera en que diagnosticamos y tratamos el dolor crónico, uno de los trastornos más debilitantes que existen.

¿Qué es el dolor crónico?

El dolor crónico se caracteriza por un dolor persistente que dura más de 6 meses, que puede haber sido causado por alguna enfermedad, pero en algunos casos no hay razón especifica. El dolor crónico generalmente no tiene cura y los tratamientos existentes sirven de paleativos para reducir la intensidad de dolor y mejorar la calidad de vida de las personas. Pero no curan el dolor.

La investigación

El equipo investigador utilzó un compuesto químico llamado grupo metilo que les permitió mapear el ADN cerebral y del sistema nervioso de un grupo de ratas (su ADN tiene un 90% de similitud con el de los humanos). Al examinar las celulas marcadas con el grupo metilio, los investigadores encontraron que cientos de miles de celulas de ADN habían cambiado cuando las ratas habían experimentado dolor crónico. Lo que significa, según los autores, que el dolor crónico tiene importantes implicaciones en otras partes del sistema corporal que normalmente no se asociaban con él.

Gracias a este hallazgo ahora sabemos que el dolor crónico puede afectar la composición química de uno del sistema inmune, uno de los sistemas biológicos más valiosos para la supervivencia humana y quizás en un futuro se encuentre un tratamiento más efectivo para el dolor crónico.

Puedes leer la investigación completa en la revista Scientific Reports.

Fuente: ScienceDaily

  • Recomendados

La anorexia y la deshumanización que reina en el mundo del modelaje

  • 31/01/2016
  • David Aparicio

El modelaje es una de las profesiones más exclusivas, en la cual miles de jóvenes están dispuestos a hacer lo que sea para desfilar en la pasarela. Es un mundo en donde sólo importan la imagen, la estética y las prendas que se lucen.

Victoire Maçon Dauxerre es una joven de 23 años que llegó a ser una de las 20 modelos más importantes en Francia y que se atrevió a denunciar, en un libro, el maltrato, la deshumanización y la anorexia reinante en el mundo de la moda.

El diario La Nación de Argentina entrevistó a la Modelo y a continuación te dejamos algunos fragmentos que nos parecieron interesente:

-¿Y al firmar el contrato qué te dijeron?

-Que era muy hermosa, pero que necesitaba bajar de peso para entrar en un talle 0. Mis medidas de caderas eran de 92 cm, y me pedían que sean de 87. Tenía dos meses para perder peso y llegar bien a la Fashion Week de Nueva York. Y me convertí en anoréxica: comía sólo tres manzanas al día, bajé 10 kilos y llegué al talle pedido. Viajé y compartí un departamento con otras dos modelos, que no me hablaban porque estaban celosas de que yo era la más flaca. Cuanto más peso perdía, más éxito laboral tenía: me tomaron para 22 desfiles en Milán y París. Llegué a ser la top 20 de modelos del año.

-¿No te dabas cuenta de que tenías un desorden alimentario?

-Sí y no, lo negaba. La moda te convierte en un objeto, y sos sólo una percha a la que la ropa le tiene que sentar bien según los criterios de los diseñadores, las agencias y los fotógrafos. Tenés que ser flaquísima sí o sí; o no comés o tomás cocaína, cosa que no iba a hacer. Pero llegué a intentar suicidarme y fue como un grito de ayuda. Era habitual: las modelos que me rodeaban comían cuando aparecía una cámara en épocas de desfiles y después iban todas juntas a vomitar al baño. Y en los departamentos que compartís con otras modelos del mundo, la envidia y las traiciones son comunes: una amiga mía modelo tenía un casting y sus dos compañeras de cuarto -dos modelos rusas- le dieron golosinas a su perro para que se descomponga y tuviera que llevarlo de urgencia al veterinario y no pudiera llegar al casting.

-¿Cómo son los castings?

-En el casting de Vuitton nos pedían que desfilemos sólo con una tanga y tacos altos. Nos miraban como si fuésemos pedazos de carne. Y cuando hice el de Chanel, Karl Lagerfeld no me eligió porque dijo que «Chanel no fotografía a mujeres con pechos», y yo tenía pechos medianos. ¡Y todas las mujeres tenemos pechos! También era tomado con normalidad que durante una producción fotográfica, los asistentes les den almuerzo a todos menos a las modelos, porque «las modelos no comen».

El relato de Victoire Maçon Dauxerre es una clara y poderosa denuncia sobre lo que sucede tener el mundo de la pasarela. Su libro y sus experiencias no cayeron en oídos sordos, y el gobierno francés empezó a exigir que todas las modelos presenten un registro de salud antes de subir a la pasarela en el que se incluye su peso y masa muscular. Sin embargo, creo que también se deberían incluir evaluaciones psicológicas cómo se hacen en otras profesiones de alto riesgo y el modelaje es sin dudas una de ellas.

Lee la entrevista completa en La Nación.

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La gente abierta tiene un cerebro más conectado

  • 29/01/2016
  • Marisa Fernandez

Algo tiene la ‘personalidad’ que nos fascina y llena miles de conversaciones. Nos definimos según unos determinados rasgos que marcan nuestra forma de ser y eso parece guardar relación con la manera en que está diseñado nuestro cerebro. Al menos ese es uno de los hallazgos de un reciente estudio realizado en Italia y publicado en la revista Neuroimage (2015).

El trabajo, realizado por L. Passamonti, pretendía analizar la relación entre la apertura, como rasgo de personalidad, y los circuitos de dopamina en el cerebro. Para ello contaron con la colaboración de un total de 46 participantes sanos en tres experimentos distintos en los que se utilizó resonancia magnética funcional. En un primer experimento, los participantes se sometieron a la prueba de imagen cerebral en una condición de reposo, sin hacer ninguna actividad. En el segundo experimento se tomaron las imágenes mientras realizaban una tarea en que se presentaban olores agradables y en el tercero mientras veían fotografías de comida. Para valorar la personalidad se utilizó una prueba tipo test muy utilizada en el ámbito de la Psicología. De forma particular, la apertura se define como la capacidad para verse influido por la experiencia sensorial, la búsqueda de novedad y la capacidad creativa.

Después de analizar los datos, los resultados mostraron que el rasgo de personalidad denominado apertura se asoció con la conectividad neural entre algunas áreas del cerebro. Concretamente, cuanto más altas eran las puntuaciones en apertura, más conectadas estaban la sustancia negra y la corteza prefrontal dorsolateral. Para que nos hagamos una idea, la sustancia negra es una estructura del cerebro fundamental en la segregación de dopamina. Por otro lado, la corteza prefrontal dorsolateral es un área relevante en tareas que ponen en marcha varios procesos de la memoria de trabajo.

Según explican los autores, esta conexión más intensa entre la sustancia negra y la corteza prefrontal dorsolateral podría explicar por qué las personas con una personalidad más abierta se muestran más ‘permeables mentalmente’ a los estímulos nuevos y absorben mejor la experiencia que les llega a través de los sentidos.

Una cuestión curiosa sería averiguar si entrenando el cerebro también puede cambiarse la personalidad… quizá en un futuro nuevos estudios nos iluminen sobre esta y otras preguntas relacionadas con la forma de ser de las personas.

Artículo previamente publicado en Uno Brain, una plataforma online de entrenamiento cognitivo en español. 

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«El bullying te autodestruye: piensas para qué vivo, para qué estoy aquí» – ABC

  • 29/01/2016
  • David Aparicio

Nidia Represa es una joven de 22 años que durante la adolescencia sufrió de terribles episodios de Bullying que le dejaron serias secuelas: alopecia (pérdida del cabello), fuertes dolencias de estomago, afecciones de garganta y alergias alimentarias.

Pero que a pesar de todo, y con el apoyo incondicional de su familia, pudo salir adelante. Hoy Nidia estudia en el segundo año de psicología y ya escribió su primer libro: “Bajo mi piel”,En el que narra la odisea que vivió, las características del Bullying escolar y cómo puede destruir la salud e integridad de una persona:

Todas las víctimas de acoso escolar sufrimos un proceso de autodestrucción, porque el acoso deja tan baja la autoestima que al final crees todo lo que te están diciendo y terminas por autodestruirte. Piensas que no eres nada, que todo lo que haces y dices está mal. Es cuando te preguntas «¿para qué estoy aquí?, ¿por qué vivo?». Entonces te dices que a lo mejor no deberías estar aquí. Pero lo que más me dolió fue que los acosadores eran chicos que yo conocía desde muy pequeña y mis mejores amigos estaban detrás.

Me costó mucho superarlo. Primero porque yo no dije nada durante muchos años. No quería hacer daño a los demás. Fui año tras año a peor, las secuelas iban a más, me costaba más relacionarme, suspendía más… Y llegó un momento que colapsé. En segundo de bachiller ya no pude más. Cogía el Metro para ir a clase y me daban ataques de pánico pensando en los exámenes. Entonces me tracé un plan: no voy a clase, estudio por mi cuenta y haré los exámenes cuando lleguen. Además había empezado a hacer amigos pero me daba mucho miedo porque eso significaba que ellos me estaban conociendo más y yo me estaba volviendo más vulnerable. Intenté ocultarlo, pero mi madre lo descubrió. Lo peor es que yo no sentía, estaba hueca, vacía… Al llegar hasta el fondo me di cuenta de que me tenía que recomponer, y encontrarme a mí misma. Mi madre y mi psicóloga comenzaron a darme estrategias para ello. Poco a poco comencé a salir adelante.

El libro de Nidia es un buen recurso para los psicólogos y maestros que buscan literatura de primera persona que ayuden a los jóvenes y adultos a enterar de una vez por todas que el bullying es mucho más peligroso que una simple broma.

Lee el artículo completo en ABC.

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Confesiones de un cómico depresivo (Vídeo)

  • 28/01/2016
  • David Aparicio

Kevein Breel luchaba en silencio con la depresión y las ideaciones suicidas, mientras el resto de las personas veían al chico sano, popular, que estaba en todas las fiestas, que era el capitán del equipo de baloncesto y estudiante sobresaliente en teatro e inglés.

Tal vez para los profesionales de la salud, la conferencia de Breel no ofrezca datos novedosos sobre la depresión, pero su riqueza se encuentra en la la sencillez con la que logra transportar sus ideas, sus propias vivencias y que seguro ayudará a otras personas que se sienten solos y que pasan por situaciones similares.

Fuente: TED

  • Ciencia

Diálogo consciente: Una práctica compartida

  • 28/01/2016
  • Paula José Quintero

Empecemos por acá.

Elisha: Si estuvieras sentado frente a una persona que está experimentando un profundo sufrimiento emocional en su vida en este momento, ¿Qué consejo o sugerencia le darías?

Jack: Muy poco consejo para empezar. Creo que lo más importante que uno puede hacer es estar totalmente presente en ese estar frente a esa persona y no intentar dar consejos. Sentarse y estar presente, incluso sostener su mano o, si no está abierta a eso, sostenerla en mi corazón y permitir que mi propia experiencia resuene con la de ella. Estar presente yo mismo en la experiencia, con toda la compasión y cuidado, y toma de perspectiva y tanto amor como pueda ofrecer. Si comenzara a decir algo, empezaría por hacerlo cultivando curiosidad, preguntando de qué se trata su sufrimiento, de donde vienen esas lágrimas y esa angustia. Querría saber y no imponer ningún consejo, sin haber primero escuchado con claridad lo que ocurrió, en dónde estaba y qué es lo que está buscando. Y luego, quizá, a partir de esta capacidad compartida de estar presentes me gustaría comunicarle mi confianza profunda en que podemos estar abiertos a todo lo que está ocurriendo y estar juntos con esta experiencia de sufrimiento.

Elisha es Elisha Goldstein entrevistando a Jack Kornfield en el primer capítulo de su libro sobre diálogo conciente (1). Cuando leí ese fragmento por primera vez me conmovió. ¿Qué es lo que generó eso en mí? Posiblemente admiración frente a esa imagen de dos personas sentadas frente a frente abiertas a aceptarse con sus experiencias tal cual son. Puede sonar a algo fácil de hacer pero sabemos que no lo es, al menos para la mayoría de nosotros. Me conmovieron puntualmente dos cosas de esa imagen: la primera, que quien escuchaba lo hacía de una manera que nos suele ser ajena: sin los automatismos habituales, suspendiendo los intentos de “resolver el problema”, con curiosidad; la segunda, que el resultado de esa escucha con esa cualidad particular abría la posibilidad de una conexión real con el otro.Estos dos componentes, los encontramos en la práctica del diálogo conciente.

¿Qué es?

Como toda de práctica de mindfulness, implica la disposición a prestar atención al fluir de la experiencia en el momento presente sin juzgar (2) —en esta oportunidad no nos vamos a detener en los detalles más formales como definiciones más precisas y diferentes áreas de aplicación pero si querés saber más sobre mindfulness podes hacer click acá — Como toda práctica de mindfulness puede resultar incómoda, ya que supone una manera de experimentar los eventos diferente de la que estamos acostumbrados. El diálogo conciente puede considerarse una práctica de mindfulness interpersonal, en donde otro está involucrado junto con nosotros en la experiencia de estar despierto frente la realidad de ese intercambio tal cual es. Dialogar con conciencia plena implica hablar y escuchar de un modo particular a la otra persona.

¿Cómo se hace?

1) Cuando escuchamos, solamente escuchamos

Cada uno tiene su turno para hablar sin interrupciones. El desafío es estar atentos frente a lo que el otro dice y no a lo que nuestra mente nos dice mientras tanto, ni a las distracciones que pueden surgir (la lista del supermercado o recuerdos sobre las navidades pasadas pueden esperar). Por supuesto que nuestra mente se esforzará por imponerse, la práctica es simplemente observar estos intentos y volver a poner la atención en las palabras y gestos del otro cuando habla.

2) Cuando escuchamos, escuchamos con curiosidad

Cultivamos la curiosidad de quién no sabe y está genuinamente interesado, sin realizar juicios de valor. Todos tenemos ideas preconcebidas y prejuicios cuando entramos en una conversación y eso no lo podemos evitar. Permanecer curioso implica entonces dejar pasar esa historia que nos hacemos en nuestra mente respecto a lo que el otro dice y volver a focalizar en lo que en realidad dice. Permanecer curioso implica no aferrarse a las suposiciones.

3) Cuando escuchamos, escuchamos con comprensión

Escuchamos para intentar comprender el lugar del otro, lo que está diciendo y sintiendo, estando atentos a lo que el otro realmente está diciendo y ampliando la atención también a su lenguaje corporal y a su tono de voz.

4) Cuando escuchamos, escuchamos sin interrumpir

Permitimos que el otro se exprese totalmente sin interrumpir. Practicamos notar el impulso a interrumpir al otro mientras habla y no reaccionar a él. Cultivamos paciencia hacia el otro y también hacia nosotros mismos. Respiramos, notamos nuestras ganas de interrumpir, volvemos a poner la atención en las palabras del otro.

5) Cuando hablamos, también escuchamos

Escuchamos nuestras palabras, nuestra mente y nuestro corazón y observamos nuestras reacciones, las ganas de hablar enseguida, de hablar rápido y sin pausas, de justificarnos, de querer salir de la conversación o de insistir en continuarla a pesar del otro, etc.

6) Cuando hablamos, preguntamos más y aconsejamos menos

Pedir más información para lograr entender mejor es una parte importante del diálogo conciente: usamos más preguntas y damos menos consejos u opiniones.

7) Cuando hablamos, notamos cómo surgen nuestros patrones habituales

Puede tratarse de nuestra tendencia a juzgar, a sacar conclusiones apresuradas, a leer intenciones en el otro, a querer responder rápidamente aun cuando no sabemos bien qué decir, a pensar en qué es lo próximo que diremos aun cuando la otra persona aún no terminó de hablar. También muchas veces intentamos decir cosas para buscar aprobación, cariño o admiración por parte del otro o bien damos respuestas automáticas estandarizadas en situaciones en las cuales quizá sería mejor el silencio o dar lugar a que algo más genuino surja en nosotros para decirlo. Notamos estos patrones también cuando escuchamos al otro. Intentamos no reaccionar de manera automática a ellos.

8) Cuando hablamos, hablamos con la verdad

Decir la verdad tiene menos que ver con las palabras y más con la fuente de las palabras (3). La verdad de la que hablamos es una verdad subjetiva a la que accedemos cuando nuestra mente se encuentra aquietada. Las palabras que surgen cuando estamos muy emocionales quizá no sean las que diríamos un rato más tarde cuando la tormenta pasó. Hablar con la verdad implica primero pausar y aquietarse y decidir qué es lo que queremos decir y cómo queremos decirlo.

9) Cuando hablamos, hacemos una pausa

Uno de las actitudes distintivas del diálogo conciente es la capacidad para pausar. Notar las reacciones automáticas y volver al dialogo en el momento. Relajar y no “morder los anzuelos” son parte de la pausa. Cuando relajamos tomamos una respiración conciente y hacemos un escaneo corporal breve para notar las áreas de tensión y entonces las relajamos; realizamos de manera conciente los movimientos que el cuerpo necesita en ese momento. No morder los anzuelos implica no responder con defensividad. Durante la pausa, notamos los anzuelos y luego elegimos como queremos responder.

10) En el diálogo conciente respetamos los silencios

Notamos si frente al silencio surge incomodidad y hacemos lugar a esa incomodidad. No reaccionamos queriendo llenar ese espacio de palabras que no tienen mucho sentido para nosotros. Tomamos los silencios también como parte de la experiencia compartida con el otro y damos lugar a que del silencio pueda surgir algo más genuino.

¿Por dónde empezar?

Como sucede con todas las habilidades que queremos aumentar, el diálogo conciente requiere práctica. Podes comenzar a practicar hoy mismo con quien vos elijas, lo único que necesitas es tener a alguien cerca con quien conversar y disposición a intentarlo. Seguramente es difícil mantener una práctica sostenida por mucho tiempo, por eso quizá sea mejor que te propongas practicar por unos pocos minutos y los hagas con toda tu atención. Es mejor practicar primero durante conversaciones que no impliquen mucha tensión emocional. Cuando estamos en medio de discusiones acaloradas es un poco más difícil. Escuché decir a un sabio profesor: “cuando uno aprende a manejar no empieza por la autopista”. Pero si practicas lo suficiente, cuando llegue el momento de una discusión difícil vas a tener más a mano las cualidades del diálogo conciente.
De todas maneras, si tenés ganas de hacer una práctica menos informal, podés seguir el siguiente ejercicio (4) y notar los resultados en la comunicación:

1. Encontrá un momento en el que no estés apurado.
2. Invitá a alguien a practicar con vos.
3. Decidan quién va a hablar y quién va a escuchar primero.
4. Cada uno tendrá 5 minutos para hablar. Quién escucha puede comenzar con una pregunta o bien quien habla puede elegir el tema sobre el que quiere hablar.
5. Quien escucha permanece con conciencia plena, sin interrumpir ni responder a lo que está escuchando, observando sus propias experiencias internas sin reaccionar.
6. Una vez pasados los 5 minutos, quien escuchó tiene 3 minutos para reflejar lo escuchado sin agregar opiniones ni consejos (“si te entendí bien, lo que pasó fue… y vos te sentiste…”).
7. Luego quién habló tiene un minuto para compartir lo que sintió al ser escuchado.
8. Finalmente, se cambian los roles y se empieza de nuevo.

La gente que realiza esta práctica suele coincidir en que genera una experiencia de reciprocidad, aceptación y conexión con el otro más profunda que la que obtenemos de dialogar según nuestros patrones habituales. Definitivamente vale la pena intentarlo.

Referencias

(1) Goldstein, E. (2010). A Mindful Dialogue: A Path Toward Working with Stress, Pain and Difficult Emotions,. (G. G. (ED.), Ed.).
(2) Kabat-Zinn, J. (1994). Wherever you go, there you are: mindfulness meditation in everyday life. NewYork: Hyperion.
(3) Kramer, G. (2007). Insight Dialogue: The Interpersonal Path to Freedom. London & Boston: Shambhala Puclications.
(4) Day 18: The Mindful Dialogue (2016) in www.mindfulinmay.org

Si te quedaste con ganas de leer más:

Insight Dialogue: The Interpersonal Path to Freedom de Gregory Kramer

Instrucciones del Insight Dialogue de Kramer para descargar

A Mindful Dialogue: A Path Toward Working with Stress, Pain and Difficult Emotions de Elisha Goldstein

  • Recomendados

Henry Marsh: «Sabemos más de la Luna que del cerebro» – El País

  • 27/01/2016
  • David Aparicio

«Hasta cierto punto, conocemos mejor la Luna que el cerebro», asegura Henry Marsh. «No hemos más que rasgado en la superficie, y creo que así seguiremos durante mucho mucho tiempo. A veces me acuerdo de lo que decía Newton: ‘He sido un niño pequeño que, jugando en la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más bonita de lo normal. Y el océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante de mí’. Así me siento yo muchas veces ante el cerebro, cuando opero tumores, como si estuviera recogiendo guijarros».

Hace poco se publicó las memorias de Henry Marsh, uno de los neurólogos más respetados y experimentados del mundo. Tiene 30 años haciendo cirugías del cerebro y con toda su experiencia reconoce que recién apenas estamos conociendo superficie del órgano más complejo que existe. La honestidad de Marsh y su humildad científica nos llama a la mesura interpretativa de los estudios neurológicos que en estos tiempos se difunden como hechos irrefutables que explican en totalidad la conducta humana, lo cual es totalmente falso.

Lee el artículo completo en El País.

  • Ciencia

La psicología de la atracción

  • 27/01/2016
  • Karemi Rodríguez Batista

Seguramente te habrás planteado alguna vez cuántos amigos verdaderos tienes, a cuántas personas eres capaz de querer realmente, por qué hoy te gusta una persona y mañana hasta sientes que la odias. Te suena, ¿verdad? En el siguiente artículo hablaremos de esos factores que intervienen en primera instancia a la hora de sentirnos atraídos por los demás y que, seguramente, responderán a algunas de estas preguntas.

Introducción

Aunque el artículo se centra en aquellos factores que intervienen en la atracción interpersonal, nos gustaría hacer una reflexión sobre el vínculo, ya que tiene relación y da cuenta de la importancia de sentirnos queridos, aceptados y formando parte de “algo”. El siguiente vídeo, resultado de una investigación del Dr. Tronick, nos ilustra claramente la importancia de “la mirada del otro” en nuestra psique desde que somos tan pequeñitos.

¿Qué te ha parecido? Queda claro que somos seres emocionales y sociales y que necesitamos del otro. De aquí la importancia de adentrarnos en aquellos factores que son fundamentales a la hora de sentirnos atraídos por alguien, amigos o pareja. Así que sin más dilatación, veamos qué nos dicen los estudios sobre éstos factores.

Aspectos diferentes

La atracción es un fenómeno basado en la acción de traer hacia uno mismo a alguien que, debido a una serie de factores culturales, psicológicos y biológicos, resulta de su propio agrado. Los motivos del agrado varían en función de diferentes matices, e incluso los niveles de amor tienen sus variaciones. En la antigua Grecia, por ejemplo, al amor de amigos lo llamaban “phileos”, al amor sexual, “eros”, y al amor desinteresado, altruista o platónico, “ágape”.

Definir el amor o la atracción puede llegar a ser muy complicado, más aún si quisiéramos medir la cantidad de ese amor o atracción. La forma más precisa de hacerlo es preguntando directamente a la persona o personas implicadas. Desde la psicología social se ha intentado promulgar alguna teoría explicativa sobre la atracción entre las personas. Una de las teorías representativas es la que basa la atracción en las gratificaciones que una persona obtiene de otra, es decir, nos atraen las personas cuya conducta nos gratifica de alguna manera, o también aquellas personas que asociamos a los acontecimientos que son gratificantes para nosotros. Normalmente esta clase de gratificación suele conllevar una reprocidad equilibrada, que lo que recibimos en una relación sea directamente proporcional a lo que damos.

nos atraen las personas cuya conducta nos gratifica de alguna manera

Es muy importante que los miembros que intervienen en una relación de atracción o amor perciban que las contribuciones mutuas sean de esa manera, equilibradas, que los costes-beneficios estén compensados. Y para ello, es muy importante que desde el principio podamos expresar qué es lo que entendemos como demostración de cariño, qué nos disgusta, qué esperamos y, muy importante, saber lo mismo de la otra persona. Sólo así empezamos a establecer un lenguaje común dónde las “lecturas de mente e intenciones” sean mínimas.

Fíjate, en las relaciones que son de amistad, la equidad está presente continuamente: “Yo te invito a las cañas (chelitas) hoy,  y tú mañana”. Pero en las relaciones de pareja, normalmente, esta relación de equidad es más bien a largo plazo, puede haber periodos largos recibiendo poco y entregando mucho.

Características más valoradas

Actualmente encontramos bastante bibliografía científica respecto a las variables implicadas, Sin embargo, quisiéramos resumirte los puntos más importantes encontrados en una investigación reciente y, sobre todo, muy completa. Esta investigación fue realizada por la Profesora Titular de la Universidad de Valencia, Gemma Pons-Salvador y la Licenciada en Psicología y Especialista en Sexología, Carolina Muñoz Martínez. En ella vemos cómo en un primer momento es el atractivo físico el que juega un papel fundamental, esto es porque se le relaciona con la idea de reproducirse con una persona saludable. La información principal la obtenemos a partir de la simetría del cuerpo y especialmente de la cara  (Guillén-Salazar y Pons-Salvador, 2002). Pero, este atractivo físico es modulado por la cultura, hay rasgos predominantes según el modelo de belleza social imperante. Basta que pensemos en lo que en nuestra sociedad es ese modelo. ¿A qué no es el mismo de los años 60, por ejemplo? Seguramente una chica delgada en aquellos momentos sería famélica y por tanto no atractiva físicamente, también podemos irnos a  Nigeria, donde las mujeres acuden a centros de obesidad para poder ganar kilos antes de casarse, ya que esto indica un elevado estatus social.

En términos generales, las características más valoradas según el anterior estudio fueron: un aspecto saludable, con valores socialmente aceptados, con personalidad adaptada a la vida en pareja y con un nivel cultural similar al suyo.  Eso sí, con ligeras variaciones. Los sujetos sin pareja estable dan más importancia al atractivo físico y a la belleza, y los sujetos que se perciben como muy atractivos valoran más el atractivo físico de los otros.

Factores biopsicosociales implicados

La atracción a un nivel más general, por otro lado, tiene más en cuenta factores como la proximidad, la semejanza, la reciprocidad, otras características socialmente valoradas, y aunque en menor grado, las características físicas,  que veremos a continuación con más detalle.

Características físicas

Las características físicas de las personas que percibimos son especialmente importantes en los primeros encuentros, o cuando el primer contacto es superficial. Cuando nos encontramos con desconocidos, el primer proceso que ocurre consiste en decidir si dicha persona tiene o no algún interés para nosotros. Si no lo tiene, será ignorada. Es el proceso de ignorancia cognitiva.

la proximidad, la semejanza, la reciprocidad son otras características importantes de la atracción a un nivel más general

Algunas explicaciones de porqué resulta atractivo un físico agradable son:

  1. a) Que tendemos a inferir que hay características o cualidades asociadas en la personalidad y con cierta consistencia, por ejemplo «Lo que es bello, es bueno».  Este fenómeno es explicado por Asch en su trabajo sobre las Teorías Implícitas de la Personalidad (TIP). A veces, lo atractivo va asociado a características negativas por ejemplo que las mujeres muy atractivas son vanidosas y materialistas.
  2. b) El Efecto Halo, nombre acuñado por el psicólogo estadounidense Edward Lee Thorndike, nos explica el sesgo cognitivo por el cual la percepción de un rasgo particular es influida por la percepción de rasgos anteriores en una secuencia de interpretaciones. Así, si nos gusta una persona tendemos a calificarle con características favorables aunque no contemos con mucha información sobre esa persona.
  3. b) Que cuando nos asociamos con una persona atractiva, nuestra imagen pública sale favorecida.

Proximidad

Esto nos suena mucho a  «ojos que no ven, corazón que no siente», o aquello de “dicen la distancia es el olvido…” Y es que tiene su lógica. Hay elementos que, de entrada, nos favorecen el encuentro con personas con las cuáles tengamos más afinidad, estos son los factores sociales e institucionales y las características personales que tengamos cada uno. Es decir, será muy probable que dos personas amantes de la pintura coincidamos en un museo.

Algunas de las formas en que influye esa proximidad física en la atracción son:

  1. a) En que generalmente son más accesibles las personas que tenemos más cerca físicamente
  2. b) En que tratar con extraños, según nos dicta nuestra sociedad, puede ser inadecuado, o incluso peligroso.
  3. c) En que la proximidad puede incrementar la familiaridad y, ésta a su vez, puede aumentar la atracción. Este efecto se conoce como “principio de familiaridad” en psicología social y fue denominado por Zajón como «efecto de la mera exposición«: La percepción de forma repetida de un estímulo que inicialmente es neutro o positivo (no negativo), lleva a una mayor atracción hacia el estímulo.

No siempre la proximidad influye positivamente en la atracción (el efecto de la mera exposición, no se da si el estímulo es negativo).

Semejanza

Es muy frecuente que a más semejanza con las personas, mayor atracción. Nos sentiremos más atraídos entre sí, si hay similitud en cuanto a procedencia étnica, geográfica, religión, nivel cultural, clase social y edad, tienden a sentirse atraídos entre sí.

La psicología social ha puesto mucho foco a dos de sus dimensiones: la semejanza actitudinal, y la semejanza de personalidad. En cuanto a la primera, Theodore Newcom mostró en uno de sus principales trabajos, el importante impacto que el hecho de tener actitudes semejantes tenía sobre la atracción. La teoría de consistencia cognitiva explica que ser semejantes a alguien y no sentirse atraído por esa persona es una relación de desequilibrio, teniendo en cuenta que solo hay equilibrio si alguien es semejante y nos gusta, o cuando es distinto y no nos gusta. Hay excepciones, por ejemplo, cuando otra persona es semejante pero tiene alguna característica negativa adicional o es de status inferior, o cuando la diferencia es más reforzante que la semejanza, como cuando nos relacionamos con personas de actitud diferente ya que tenemos en mente aprender cosas nuevas.

En cuanto a la segunda, los resultados son menos consistentes por el carácter poco visible de la característica de personalidad en cuestión. Sin embargo, por regla general, cuando la dimensión de personalidad se manifiesta con claridad, la semejanza produce mayor atracción que la diferencia, al menos en el caso de las siguientes características: la orientación o rol sexual, conducta tipo A, depresión, búsqueda de sensaciones y estilo cognitivo.

Reciprocidad

Para éste factor, la interacción es fundamental. El mero hecho de que se presente la reciprocidad será determinante para el desarrollo de las relaciones.

Seguramente te habrá pasado, cuando una mujer (u hombre) te responde de manera positiva, tiendes a sentirse atraído hacia esa persona. (No es exclusivo de las relaciones románticas, también aparece en la amistas y en relaciones profesionales).

estos estudios nos proporcionan datos interesantes pero siempre habrá que contextualizarlos al individuo en particular

Otro ejemplo, puede ser cuando se nos informa que le “caemos bien o mal” a alguien, al momento de encontrarnos con ese alguien influirá lo que nos han dicho, seremos más afectuosos o distantes, según el caso. Entonces, nuestro comportamiento influiría y terminaríamos gustándole o no a ese extraño.

Esto se puede explicar, por mecanismos de refuerzo: el que alguien tenga una mala imagen de nosotros, no es recompensaste, o por las teorías de consistencia cognitiva: que yo le caiga bien a alguien y que ese alguien me caiga mal a mí, es una situación de desequilibrio.

Otras características personales socialmente valoradas

En un estudio realizado en 1968 a 100 estudiantes de universidad en el cual se tenía que valorar de 555 rasgos los 5 más valorados, Anderson encontró que los cinco rasgos más valorados eran ser sincero, honesto, comprensivo, leal y digno de confianza, y los menos eran el ser  falso, mezquino, cruel y deshonesto.

Otros estudios como el de Lydon y colaboradores en 1988 han mostrado que los rasgos más valorados en las personas se agrupan en dos conjuntos: a) afecto (p. e., afectuoso, amigable, feliz y considerado), señales no verbales (p. e., sonreír, mirar con atención, expresar emociones), disposiciones actitudinales (p. e., mostrar agrado por las personas), y  b) Competencia, que comprende habilidades sociales e inteligencia (p. e., tener una conversación interesante, etc.).

De nuevo, estos estudios nos proporcionan datos interesantes pero siempre habrá que contextualizarlos al individuo en particular. Incluso los factores relacionados con los aspectos más relativos a rasgos de personalidad deseados deberán de tener en cuenta, por ejemplo, la época, la cultura, los valores predominantes en la familia, el estilo de relación que hayamos vivido con nuestros padres, etc. Sin embargo, sí que nos dan una idea clara de por dónde ir, y el porqué es tan importante a la hora de elegir una pareja el tener intereses y actitudes semejantes, antecedentes educativos y culturas afines, actitudes similares respecto a la vida sexual, etc.

Esperamos que os haya resultado de interés. ¡Hasta la próxima!

Bibliografía:

Anderson, N. (1968). Likableness ratings of 555 personality-trait words. Journal of Personality and Social Psychology, 9(3), 272-279.

Cherry, K. (2014).  What is the halo effect?

Guillén-Salazar, F., y Pons-Salvador, G. (2002). El origen evolutivo del comportamiento sexual humano: Una aproximación desde el campo de la psicología evolucionista. Revista De Psicología General y Aplicada, 55(2), 187-202.

Muñoz Martínez, C. y Pons-Salvador, G. (2012). La percepción de la atracción interpersonal: Un estudio sobre las características personales que resultan más atractivas. Informació Psicològica, (103), 62-72.

Newcomb, T. M. (1961). The acquaintance process. New York: Holt, Rinehart and Winston.

Pablo Briñol, B. Sierra, C. Falces, A. Becerra y Froufe, M. (2000). La eficacia relativa del efecto de mera exposición y del condicionamiento clásico en la formación de preferencias. Psicothema, 12(4), 586-593.

Psicología Online. (2015). Factores que influyen en la atracción.

Lydon, J., Zanna, M.P., Ross, M. (1988). Bolstering Attitudes by Autobiographical Recall: Attitude Persistence and Selective Memory. Personality and Social Psychology Bulletin, 1, 78-87.

  • Ciencia

Una técnica para disfrutar más seguido de los sueños lúcidos

  • 26/01/2016
  • David Aparicio

Los sueños lúcidos se caracterizan por tener la persona plena consciencia y control de los eventos a medida que suceden. Es como si fueras el director de una película, y en este caso la película ocurre mientras duermes y sueñas.

Pueden ser muy divertidos  y seguramente lo has experimentado y te has quedado con las ganas de que ocurran con más frecuencia. Hoy te contaremos de un estudio que encontró una extraña acción que podría aumentar la frecuencia de  los sueños lúcidos.

La investigación en cuestión fue publicada en la revista Dreaming y encontró que las personas que usaban a diario la opción: “posponer” de la alarma despertadora (posponer alarma por 10 minutos o los que ponen la alarma cada x número de minutos para levantarse:  6, 6:10, 6:15, 6:20,: 6,25, 6:30… ) tenían significativamente más sueños lúcidos que las personas que nunca lo usaban esta función del despertador.  En promedio las personas que usaban el repetidor de la alarma tenían 3.04 sueños lúcidos en una escala de 7 comparados con el 2.76 de los que no usaban dicha función.

Esta correlación fue notablemente estable aun cuando se controlaron otros factores como: la tendencia de las personas a recordar sus sueños y la frecuencia de los despertares durante la noche.

¿Qué tiene que ver el repetidor de la alarma despertador con los sueños lúcidos?

Una explicación bastante factible, según los autores, es que la interrupción constante del sueño producida por el repetidor de la alarma, hace que volvamos a dormirnos en las primeras fases del sueño REM, y es ahí donde ocurren los sueños lúcidos. Pero también reconocen que pueden haber otras explicaciones más sencillas como por ejemplo, que las personas participantes propensas a los sueños lúcidos usan con más frecuencia el repetidor de la alarma.

Sabemos que la correlación no significa causa, pero sería interesante probar con esta técnica y ver si logras tener sueños lúcidos más seguido

Fuente: Research Digest

  • Recursos

(PDF) La psicología de la delincuencia

  • 26/01/2016
  • David Aparicio

¿Cuáles son los principales aspectos a destacar en la investigación actual sobre la psicología de la delincuencia? ¿Cómo enfrentarnos a la prevención y tratamiento de la delincuencia? ¿Qué análisis deben realizarse para desarrollar intervenciones eficaces? ¿Sobre qué bases deben apoyarse los estudios en este campo? ¿Cómo actuar con menores delincuentes de diferente edad?

Estas cuestiones, de indudable relevancia para el campo de actuación con menores y adultos infractores, articulan el siguiente manual sobre Psicología de la Delincuencia.

He intentado contestar a cada una de ellas, ofreciendo los fundamentos conceptuales de este área de estudio y de su estado actual en el panorama nacional e internacional, realizando un análisis de los componentes de las inter- venciones que resultan más prometedoras en el abordaje de esta problemática, informando sobre las estrategias que hay que tener en cuenta para llevar a cabo un programa de intervención eficaz con delincuentes, y ofreciendo pautas de prevención que permitan la adaptación personal y social de los menores en riesgo. No debemos olvidar que se trata de personas que por razones evolutivas o circunstancias ambientales presentan problemas que por sí mismos no pueden resolver de una manera adecuada.

Cada vez son más los autores que comparten la opinión de que la delincuencia, especialmente aquella de naturaleza grave o crónica, no es sino una manifestación más -si se quiere, la más perturbadora- de un estilo de vida incompetente. Estos sujetos, entonces, no sólo son delincuentes, sino que resultan fracasados sociales en términos de su ajuste personal, laboral y familiar.

Por otra parte, en el contexto de la conducta antisocial, las investigaciones ya no se centran exclusivamente en buscar la causa del problema. Esto refleja en parte el reconocimiento de los complejos factores que se combinan para producir la conducta delictiva, las muchas vías distintas que conducen a un mismo resul- tado. Para comprender los mecanismos en los que operan los factores de riesgo serían necesarios estudios que examinaran los factores múltiples y su desarrollo en el curso del crecimiento. Es probable que haya vías o secuencias múltiples que conduzcan al comportamiento delictivo y que éstas difieran en los jóvenes a distintas edades, de distinto sexo y de cultura diferente. Por ello, las teorías futuras necesitan adoptar un amplio rango de variables a estudiar (individuales, interpersonales y sociales), junto con procesos motivacionales, de inhibición conductual y toma de decisiones, que adopten una perspectiva de desarrollo que permita establecer secuencias evolutivas en la carrera delictiva.

El objetivo en el pasado fue comprobar la evidencia empírica sobre descu- brimientos ya existentes, el énfasis en el futuro debe ponerse en la predicción de nuevos resultados, en la planificación de programas donde las teorías y la evidencia avancen juntas y se enriquezcan mutuamente.

El estudio de los factores de riesgo ha revelado que no sólo existe continuidad de la conducta antisocial desde la niñez a la adolescencia y vida adulta, sino también a través de generaciones. La estabilidad y continuidad de esta proble- mática social significa que las intervenciones diseñadas para mejorar estas conductas son sumamente importantes. Pero no podemos obviar el hecho de que no todos los individuos bajo riesgo de conducta delictiva se convierten en sujetos delincuentes. La evidencia de estas personas resistentes o inmunes ha propiciado una vía de investigación muy prometedora, ya que, al menos a priori, parece más sencillo analizar qué protege a los menores ante el delito que el interrogarse qué es lo que les induce a delinquir, como tradicionalmente se venía haciendo. La cuestión más importante sigue siendo el mejorar la identifi- cación de estos grupos de sujetos. Lo que tenemos que hacer es intentar repro- ducir en esos chicos de riesgo los factores que pueden hacerles “inmunes” al primer delito, o bien que puedan evitar que sigan implicados en comportamientos delictivos.

En la actualidad, y tras años de investigación, podemos afirmar que para que un tratamiento con delincuentes sea eficaz, debe basarse en: (a) un conjunto de técnicas diferentes que pueda emplearse atendiendo a las necesidades especificas de cada sujeto; (b) estrategias para que el delincuente aprenda a relacionarse con los demás y con su entorno; y (c) un entrenamiento relacionado con la comu- nidad (escuela, servicios sociales, clubes, etcétera). Asimismo, debe contar con profesionales capaces y entusiastas, que sirvan de modelos positivos en su interacción con los jóvenes y en consonancia con el estilo de aprendizaje de los mismos. Todo ello con un mismo objetivo: lograr que el delincuente adopte un modo diferente de relacionarse con el mundo y de verse a él dentro de ese mundo. De hecho, podríamos resumir la tarea de socialización como un esfuerzo por ofrecer recursos y habilidades a estos jóvenes para que adquieran un mayor auto-control en el establecimiento de metas y actividades prosociales, que les permitan abandonar una incipiente o consolidada carrera delictiva y les haga sujetos adaptados a su entorno.

Aunque sabemos que es necesario potenciar los escenarios comunitarios para el tratamiento de los delincuentes, la institucionalización es una realidad. No podemos plantearnos si podemos o no educar a los delincuentes en institu- ciones. Estas existen, y seguirán existiendo. Por tanto, lo importante es aplicar en ellas programas efectivos, para lo cual sería claramente de ayuda un cambio, desde la perspectiva de la psicología organizacional, del diseño tradicional de funcionamiento. Al mismo tiempo, no descuidamos el campo de la prevención, el cual se ha visto enriquecido por la corriente cognitivista al ofrecer resultados prometedores en el trabajo con niños con comportamiento antisocial y jóvenes predelincuentes o en riesgo de serlo.

A continuación el lector encontrará nueve temas con un mismo objetivo: demostrar la necesidad de comprender y conocer, para prevenir e intervenir en el ámbito de la conducta delictiva.

El primero de ellos titulado “Definición de la conducta antisocial y delictiva” nos introduce en la definición e identificación de los menores con conducta antisocial y delictiva, diferenciándolos de aquellos con trastorno disocial, y ofre- ciendo el marco legal que sirve de referencia para la actuación con los menores infractores. Asimismo, hace un recorrido sobre los diferentes conocimientos que debe poseer el profesional que trabaja en este campo.

En el segundo tema “Predicción de la conducta delictiva: vulnerabilidad y resistencia”, realizado en colaboración con José Luis Alba, se señalan los factores de riesgo más importantes para el inicio y el mantenimiento de la conducta delictiva así como los factores protectores que pueden ayudar al sujeto a hacerse resistente ante influencias antisociales.

El tercer y cuarto tema (realizado en colaboración con Ana D’Ocon) ofrecen, respectivamente, los aspectos psicológicos y sociales del delincuente. En primer lugar, se presenta un análisis detallado de los factores cognitivos y emocionales relacionados con la delincuencia, y en segundo lugar, de los factores ambientales (en concreto, la familia, escuela y grupo de amigos) que en un gran número de ocasiones contribuyen al inicio, mantenimiento y desarrollo del comportamiento antisocial y delictivo.

El quinto tema “La integración: persona, conducta y ambiente”, realizado en colaboración con Vicente Garrido, presenta una serie de teorías integradoras que representan algunas de las explicaciones más novedosas en esta materia.

Del análisis de todas estas variables se desprenden una serie de derivaciones para la prevención que son desarrolladas en el tema seis “La prevención de la conducta delictiva”. Concretamente, este tema se centra en las medidas de prevención e intervención dirigidas al entorno familiar, situando la moderna perspectiva de la prevención en el marco de la competencia social. También se ocupa del papel de la escuela en la prevención e intervención de la conducta delictiva, reflexionando acerca del modo en que la escuela actúa en el presente como agente de prevención y haciendo un repaso sobre las principales estrategias de actuación para el desarrollo de la competencia social.

El tema siete “El tratamiento de la conducta delictiva” está dedicado, como su nombre indica, al tratamiento del delincuente juvenil y adulto. En primer lugar, aborda la respuesta de la justicia juvenil ante el menor infractor, resaltando dos conceptos clave: la responsabilidad y la competencia. En segundo lugar, analiza los objetivos de la intervención con delincuentes, diferenciando los principios que deben guiar una actuación eficaz de las características de los programas que han resultado prometedores en el tratamiento del delincuente. Y en tercer lugar, muestra algunos programas eficaces de intervención, incluyendo un proyecto para delincuentes juveniles de alto riesgo y con conductas violentas.

Precisamente sobre la delincuencia violenta trata el tema ocho donde a parte de ofrecer definiciones y conceptos, se centra en la identificación de las perso- nalidades con cierta propensión a las conductas violentas y en estrategias de prevención e intervención del comportamiento violento.

El profesor Vicente Garrido Genovés ha colaborado en este manual con el último tema, sin duda enriqueciendo este libro. El capítulo 9 “Psicopatía y delincuencia”, nos acerca a la figura del delincuente psicópata para que lo comprendamos mejor, sepamos diagnosticarlo, y en última instancia, podamos ofrecer limitadas pero útiles pautas de tratamiento a estos difíciles delincuentes.

Finalmente, estos nueve temas van acompañados de dos prácticas. La primera sobre la identificación de los factores de riesgo y de protección de un adolescente, que cubriría los primeros cinco temas, y la segunda, más centrada en los últimos cuatro capítulos, sobre el diagnóstico y valoración de la psicopatía en un delin- cuente.

Deseo que este material pueda ser un verdadero instrumento de ayuda para todos los estudiantes de esta asignatura, así como para los psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales, criminólogos, maestros, educadores sociales, fuerzas de seguridad, sociólogos, juristas y personal de instituciones que estén interesados en conocer o desarrollar programas para la prevención y tratamiento de la desviación social, la delincuencia y la violencia en sus diferentes manifestaciones.

Asimismo, espero que sea de utilidad para los profesionales de los servicios psicopedagógicos que tienen como misión elaborar programas de ayuda para jóvenes con dificultades, así como a otros profesionales de los servicios sociales que trabajan con esta población o los responsables de desarrollar estrategias adaptadas a este tipo de adolescentes.

No obstante, mi principal pretensión es que a través de todos vosotros puedan beneficiarse especialmente los jóvenes con graves problemas personales y sociales, cuyos comportamientos les impiden experiencias socializadoras positivas que les hacen más susceptibles, si cabe, de desajustes en su etapa adulta.

María Jesús López Latorre.

Universidad de Salamanca, España.

Descarga el PDF completo: La psicología de la delincuencia

  • Clínica

Revista para descargar: ¿Qué demonios son las Terapias de Tercera Ola?

  • 25/01/2016
  • Fabián Maero

Este texto tiene un origen atípico. En el 2013, cuando ya hacía un tiempo que escribía para el blog de psicología Psyciencia me encontré con un artículo de revisión de la evidencia para las terapias de tercera ola que parecía prometedor (Hayes, Villatte, Levin, & Hildebrandt, 2010).

Nuestro primer instinto fue reseñarlo para el blog (otra forma de decir que quisimos plagiarlo), pero enseguida nos percatamos de que no había buenas descripciones de cada uno de los modelos. Claro está, el lector curioso podía revisar la bibliografía relevante a todos y cada uno de los modelos, pero no es tan fácil acceder a tanto material, sin mencionar que para esos temas el material en castellano escasea, por lo cual decidimos publicar una serie de artículos introductorios siguiendo la lista de ese artículo de revisión, serie que terminaría extendiéndose durante dos años.

Este texto que hoy les traemos es heredero directo de esa serie, adaptada para este formato. Algunos artículos han sufrido adaptaciones menores (remover algunos links, corregir referencias), y otros tienen secciones completamente nuevas. No pretendemos que cubra todos los aspectos de cada modelo, sino que incluya los elementos mínimos que ofrezcan para tener una idea general de las terapias de tercera ola (sospechamos lectores que, como nosotros, tienden a hacer el mínimo esfuerzo posible).

La serie se publicó de manera libre en la web, y es por eso que hemos hecho todo lo posible para que siga siendo de acceso libre en su formato digital.

Versión en PDF: ¿Qué Demonios son las Terapias de la Tercera Ola?

Qué demonios son las terapias de tercera ola

Pueden descargar esta revista en formato PDF haciendo click aquí. El enlace los dirigirá a la web de Grupo ACT donde podrán descargarlo en formato de revista digital para que lo puedan imprimir y compartir en clases o con colegas. Todo el trabajo es gratuito y de libre distribución,  pero los invitamos a realizar una donación económica que ayudarán a sostener los costos de edición y de servidores.

Por favor envíen un email a: [email protected], en caso de que encuentren algún error o problema con las versiones disponibles.

Click aquí para leer los artículos directamente en la web.

  • Ciencia

«Yo soy visual» – El mito de los estilos de aprendizaje

  • 25/01/2016
  • Fabián Maero
Mito de estilo de aprendizaje

─ Yo más bien aprendo de manera visual, necesito ver las cosas.

¿Han escuchado frases así (quizá reemplazando “visual” por “auditivo” o “kinestésico”)? Si es así, bienvenidos al fascinante mundo de los estilos de aprendizaje, y bienvenidos a una nueva entrega de nuestra serie de artículos “Haciendo Enemigos”.

La hipótesis de los estilos de aprendizaje se hizo popular en los 70’ en el ámbito de la educación, y aproximadamente se puede formular así: “las personas se diferencian en cuanto a qué tipo de modalidad de aprendizaje es más efectiva para ellas” (Pashler, Mcdaniel, Rohrer, & Bjork, 2009)

Dicho de otro modo, postula que cada persona tiene una forma distintiva de aprender, y si esa forma es correctamente evaluada y el docente se ajusta a ella, el aprendizaje será más fluido y eficaz para esa persona.  Por ejemplo, uno de los modelos más populares de estilos de aprendizaje (y que vamos a usar varias veces de ejemplo en este artículo, pero no es el único), sugiere que las personas se dividen según su estilo de aprendizaje en visuales, auditivas o kinestésicas, según el medio de aprendizaje: las personas visuales aprenden mejor con gráficos y diagramas, las auditivas aprenden mejor escuchando, y las kinestésicas aprenden mejor a través del movimiento y la experiencia.

“las personas se diferencian en cuanto a qué tipo de modalidad de aprendizaje es más efectiva para ellas”

La hipótesis de los estilos de aprendizaje tiene consecuencias que no son desdeñables, ya que involucraría una serie de cambios en nuestra forma de enseñar y aprender. Después de todo, si fuera cierta implicaría que un alumno que recibiera una enseñanza ajustada a su estilo de aprendizaje obtendría mejores resultados que alguien cuya enseñanza no fuera ajustada a su estilo de aprendizaje. Podríamos decir que la hipótesis de los estilos de aprendizaje comprende tres ideas:

  • Las personas tienen distintos estilos de aprendizaje que se agrupan en categorías.
  • Los estilos de aprendizaje pueden ser evaluados confiable y consistentemente.
  • Recibir enseñanza en el estilo de aprendizaje propio lleva a mejores resultados (y a peores resultados cuando se aprende en un estilo ajeno).

¿Cuáles estilos de aprendizaje?

Hasta aquí la cosa pareciera completamente evidente ─ lo cual debería bastar para ponernos en guardia. Los problemas empiezan a aparecer cuando intentamos precisar qué y cuáles son los estilos de aprendizaje. Después de todo, el estilo de aprendizaje que usamos como ejemplo (visual/auditivo/kinestésico, o VAK), es sólo una de entre muchas clasificaciones posibles. ¿Cuántas clasificaciones? Demasiadas, según parece.

Coffield, Moseley, Hall, y Ecclestone (2004), contaron 71 modelos de estilos de aprendizaje, mientras que Mitchell (1994), sostiene que hay más de 100. Cada uno desarrollado por distintas personas, proponiendo categorías e instrumentos de evaluación (tests, generalmente), distintas. La mayoría de esos modelos establece “tipos” -es decir, clasifican a la personas en categorías separadas, no en dimensiones- y suelen establecer polaridades dicotómicas. Por ejemplo, esa lista de 71 modelos incluye (sin agotarse) grupos de estilos de aprendizaje tales como:

  • Intuitivo/Analítico
  • Télico/Paratélico
  • Negativismo/Conformidad
  • Visual/Verbal
  • Holista/Analista
  • Simultáneo/Sucesivo
  • Abordaje Profundo/Abordaje Superficial
  • Activo/Reflexivo
  • Sensorial/Intuitivo
  • Secuencial/Global
  • Tolerante/Intolerante
  • Competitivo/Colaborativo
  • Participante/Evitativo
  • Heurístico/Algorítimo
  • Convergente/Divergente
  • Sintetizador/Idealista/Pragmatista/Analista/Realista
  • Teorista/Humanitario
  • Organizador/Innovador
  • Asimilador/Explorador
  • Perceptivo/Receptivo
  • Serialista/Holista
  • Amplio/Estrecho,

Y un largo, largo etcétera (traduje aquí aproximadamente una cuarta parte del listado, pueden ver la lista completa en Coffield y colaboradores, 2004). Como se puede observar, no hay absolutamente ningún criterio respecto a qué se considera “estilo de aprendizaje”, ya que puede referirse tanto al tipo de material (verbal/visual, por ej.), como a ciertas características del estudiante (competitivo/colaborativo, por ej.).

no pudimos encontrar apoyo a la hipótesis de que los verbales deben recibir instrucciones verbales y que los visuales deben recibir instrucciones visuales

Una aclaración es necesaria en este punto: no estamos hablando de preferencias aquí, sino de estilos de aprendizaje; preferir una modalidad no es lo mismo que obtener mejores resultados cuando el aprendizaje se da en esa modalidad (así que si van a dejar un comentario en la línea de «yo aprendo más con la modalidad X», ya saben a qué atenerse)

Una regla que parece aplicar bien a este caso es la siguiente: con frecuencia el nivel de confusión conceptual está en relación inversamente proporcional con el nivel de la evidencia disponible (usen esta regla como guía al lidiar con literatura académica, me lo pueden agradecer luego).

En este caso, si fuéramos a evaluar el estilo de aprendizaje de los alumnos, la pregunta que podríamos hacer es: ¿con qué clasificación? Evaluar 71 modelos, cada uno involucrando varias categorías, es ciertamente excesivo: ¿evaluamos si el alumno es convergente/divergente/asimilador/acomodador, si es visual/auditivo/kinestésico o si es secuencial concreto/aleatorio abstracto/secuencial abstracto/aleatorio concreto? Y en caso de que eligiéramos una de las setenta clasificaciones disponibles, ¿qué tan confiable resultaría esa clasificación?

Como quizá sepan, para que una evaluación o test que mide una variable psicológica se sostenga, en psicología se exige que exhiba buenas propiedades psicométricas, es decir, que tenga una buena consistencia interna, confiabilidad test-retest, validez predictiva y de constructo. Es decir, que mida de manera consistente lo que dice medir.

Es aquí en donde encontramos el primer problema. En la revisión de Coffield y colaboradores (2004), se seleccionaron 13 de los 71 modelos, y se evaluaron sus propiedades psicométricas: seis no cumplieron con criterios psicométricos, tres “se acercaron a cumplir” con los criterios psicométricos, otros tres cumplieron la mitad… Sólo uno de los modelos cumplió con los requisitos mínimos psicométricos (y el que cumplió con los requisitos no está dirigido tanto a estudiantes sino más bien a docentes y managers…).

Para resumir, de setenta y un modelos de estilos de aprendizaje solo uno cumplió con requisitos psicométricos básicos, lo cual ni siquiera es algo excepcionalmente destacable; es el mínimo absoluto que uno puede esperar de una herramienta de evaluación. Ciertamente, no parece prometedor si se tiene en cuenta que la hipótesis ha estado dando vueltas durante 40 años.

¿Vale la pena?

Como mencionamos al principio de este artículo, la hipótesis de los estilos de aprendizaje implica que los alumnos aprenderán mejor si la enseñanza es entregada en el estilo de aprendizaje propio, por tanto, los estilos de enseñanza deben ajustarse al alumno.

Así, al aprender un contenido, digamos, conceptos matemáticos, los alumnos “visuales” aprenderán mejor con gráficos y diagramas, los “auditivos” escuchando una clase oral, y los “kinestésicos” haciendo experimentos con objetos, por poner un ejemplo un tanto burdo. Si a un alumno “visual” se le intenta enseñar en modalidad “kinestésica”, por ejemplo, sus resultados serán menores (no aprenderá un cuerno, digamos).

La literatura falla en proporcionar soporte adecuado para aplicar evaluaciones de estilo de aprendizaje en ámbitos escolares

La evaluación de esa hipótesis es relativamente directa, basta con evaluar el estilo de los participantes, enseñar un contenido o tarea y ver si los resultados son mejores cuando el aprendizaje se entrega en la modalidad preferida.

Eso fue precisamente lo que hicieron Massa y Mayer, (2006), en una serie de tres experimentos en donde evaluaron si seguir la modalidad preferida del alumno (visual o verbal), generaba diferencias en el aprendizaje.  Lo que encontraron es la modalidad de presentación no tiene impacto en términos de resultados. Digamos, si un alumno “visual” recibe un contenido de forma visual o verbal da lo mismo:

“En términos generales, a pesar de evaluaciones cuidadosas utilizando más de una docena de medidas de verbalizadores versus visualizadores, no pudimos encontrar apoyo a la hipótesis de que los verbales deben recibir instrucciones verbales y que los visuales deben recibir instrucciones visuales. En cambio, añadir ayudas visuales a una lección online que tenía mucho texto tendió a ser de utilidad tanto a visualizadores como a verbalizadores” (Massa y Mayer, 2006, p.334).

Pashler y colaboradores (2009), citan resultados similares en varios otros casos, y ofrecen la siguiente frase:

“La literatura falla en proporcionar soporte adecuado para aplicar evaluaciones de estilo de aprendizaje en ámbitos escolares. Más aún, varios estudios que utilizaron diseños de investigación apropiados encontraron evidencia que contradicen la hipótesis de los estilos de aprendizaje. Finalmente, incluso si un estudio de una clasificación particular de estilos de aprendizaje y sus métodos instruccionales correspondientes revelara la evidencia necesaria, tal hallazgo sólo apoyaría ese sistema de clasificación –y sólo si sus beneficios sobrepasaran el alto costo de las evaluaciones de los estudiantes y la instrucción personalizada” (p.116)

En la misma línea Lilienfeld, Lynn, Ruscio, & Beyerstein (2010) sostienen lo siguiente: “desde los 70 hasta ahora, la cantidad de estudios que no apoyaron este abordaje es la misma que los que sí la apoyaron (Kavale & Forness, 1987; Kratzig & Arbuthnott, 2006; Stahl, 1999; Zhang, 2006). Esto es mayormente porque ciertos estilos de enseñanza a menudo arrojan mejores resultados que otros sin importar el estilo de aprendizaje de los estudiantes (Geake, 2008; Zhang, 2006).

Algunos apuntes finales

Llegados a este punto, adherimos a lo que varios investigadores han afirmado: los estilos de aprendizaje constituyen un mito, una hipótesis cuyo sustento dista mucho de ser tan sólido como pareciera ser si diéramos fe a su popularidad y duración (Coffield et al., 2004; Lilienfeld et al., 2010; Riener & Willingham, 2010; Scott, 2010)

Por supuesto, decir que la hipótesis de los estilos de aprendizaje carece de evidencia sólida no significa afirmar que los alumnos son todos iguales, ni que las cosas son fantásticas así como están, ni que queremos que nadie aprenda nada, ni ninguna otra de las cosas de las cuales nos van a acusar en los comentarios (internet es un lugar mágico).

los estilos de aprendizaje constituyen un mito, una hipótesis cuyo sustento dista mucho de ser tan sólido como pareciera

No significa nada más que esto: hay poca evidencia que sustente esa hipótesis tal como está planteada, y ciertamente, no suficiente evidencia como para justificar el tremendo gasto de recursos que significaría evaluar a todos los alumnos y tener varias versiones de un mismo contenido según el estilo de los alumnos. No hay buena evidencia de que valdría la pena.

Sin embargo, efectivamente hay formas mejores de aprender ciertos materiales. Pero como varios autores señalan, quizá se trate de que algunos contenidos son más fáciles de aprender de ciertas maneras. No parece tener mucho sentido aprender salto en largo utilizando modalidad auditiva, o aprender a bailar utilizando gráficos, por ejemplo.

El diario satírico The Onion ilustra esto brillantemente cuando en uno de sus artículos refiere: Respaldados por expertos en educación olfatoria, padres de alumnos nasales están demandando que las escuelas públicas de Estados Unidos provean una currícula basada en olores para sus niños con dificultades académicas.

Pero no se trata de una especulación inocua; la hipótesis de los estilos de aprendizaje parece ignorar peligrosamente los contextos de los aprendizajes, para centrarse solamente en supuestas fortalezas individuales. En palabras de Lilienfeld, Lynn, Ruscio, & Beyerstein(2010):

“Los modelos de estilos de aprendizaje no parecen percatarse de la posibilidad de que los mejores abordajes para enseñar y aprender pueden depender de lo que los estudiantes están tratando de aprender. Considérese la primera pregunta del Inventario Paragon de Estilo de Aprendizaje: “cuando está en una nueva situación usualmente trata de a) intentarlo inmediatamente y aprender haciéndolo, o b) prefiere observar primero e intentar después?” Es difícil de responder esta pregunta sin conocer el tipo de situación nueva. ¿Aprenderías un nuevo lenguaje, resolverías ecuaciones matemáticas y realizarías rutinas gimnásticas usando los mismos métodos?”

Esto pareciera ser consistente con las conclusiones del estudio de Massa y Mayer que citamos antes: “añadir ayudas visuales a una lección online que tenía mucho texto tendió a ser de utilidad tanto a visualizadores como a verbalizadores”, es decir, enriquecer el material sirvió a todos por igual, más allá del estilo de aprendizaje asignado.

Quizá, pero esto ya es discusión para otro día, sea una buena idea utilizar estilos de enseñanza variados, eficaces y atractivos, sin que esto implique necesariamente una evaluación de hipotéticas características de los alumnos.

Y cerramos con las palabras de Frank Coffield (link): Le hacemos un flaco favor a los estudiantes al implicar que tienen solo un estilo de aprendizaje, más que un repertorio flexible del que escoger dependiendo del contexto.

Nos leemos la próxima!

Referencias

Coffield, F., Moseley, D., Hall, E., & Ecclestone, K. (2004). Learning styles and pedagogy in post-16 learning A systematic and critical review. Learning and Skills Research Centre, 84.

Lilienfeld, S. O., Lynn, S. J., Ruscio, J., & Beyerstein, B. L. (2010). 50 myths of popular psychology. John Wiley & Sons, Ltd.

Massa, L. J., & Mayer, R. E. (2006). Testing the ATI hypothesis: Should multimedia instruction accommodate verbalizer-visualizer cognitive style? Learning and Individual Differences, 16, 321–335. https://doi.org/10.1016/j.lindif.2006.10.001

Mitchell, D. P. (1994). Learning style: a critical analysis of the concept and its assessment. In R. Hoey (Ed.), Design for learning: aspects of educational technology. London: Kogan Page.

Pashler, H., Mcdaniel, M., Rohrer, D., & Bjork, R. (2009). Learning Styles Concept and Evidence. Psychological Science in the Public Interest, 9(3), 15.

Riener, C., & Willingham, D. (2010). The Myth of Learning Styles. Change: The Magazine of Higher Learning, 42(5), 32–35. https://doi.org/10.1080/00091383.2010.503139

Scott, C. (2010). The enduring appeal of “learning styles.” Australian Journal of Education, 54(1), 5–15. https://doi.org/10.1177/000494411005400102

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El carcoma del resentimiento – El País

  • 24/01/2016
  • David Aparicio

Él que diga que perdonar es fácil, claramente no sabe de lo que está hablando. Porque el perdón no es algo que se genera de la noche a la mañana. Es un proceso que requiere tiempo y esfuerzo. Significa que pasamos la página y que avanzamos sin dejarnos consumir por la llaga del resentimiento.

La psicóloga Jenny Moix Queraltó sintetiza prodigiosamente lo que significa perdonar y desmitifica algunas de las creencias más populares que rondan al perdón: para perdonar hay que olvidar; perdonamos cuando nos reconciliamos con el que nos hirió; o que para perdonar hay que encontrar la explicación lógica al sufrimiento que el otro nos causó.

Moix Queraltó:

Hace tiempo impartí una conferencia en una prisión de hombres. En el discurso hablé de emociones tan corrientes como la vergüenza, la pena, la rabia, el miedo o el resentimiento. En el turno del debate, uno de los internos contó cómo al ingresar en el centro penitenciario se sentía muy dolido por algo que su novia y su mejor amigo le habían hecho. No dio más detalles. Simplemente explicó que cada día, al despertarse, se encontraba encerrado no solo tras las barreras físicas de la cárcel, sino en una auténtica jaula de rencor. El detalle más punzante es que confesó que estuvo varios años así. Un día se dio cuenta de que el resentimiento era absurdamente inútil. ¿Qué iba a conseguir fantaseando continuamente con vengarse? Semanas después, la bibliotecaria que me invitó a impartir aquella conferencia me contó que, a raíz de esa confesión, otros internos resentidos se acercaron a él porque también querían deshacerse de esa carcoma que sentían en el pecho. Después de escuchar el testimonio de su compañero, comprendieron que era posible dejar a un lado el rencor.

El efecto del perdón:

El milagro del perdón es que su capacidad corrosiva se va diluyendo. No solo mengua su mordiente, sino su aparición en la conciencia. Los recuerdos permanecen allí, pero, si se logra dejarlos atrás, es posible que no afloren tan a menudo. Al final aparecerán solo cuando se les invoque, pero nunca lo harán por sí mismos. Es comprensible que cuando el rencor está en plena ebullición, el resentido no se crea esta teoría, pero hay que confiar.

El artículo de Moix Queraltó es el mejor artículo que hoy leí y creo que puede ser de muchautilidad  para las personas que se sienten abrumadas por el resentimiento.

Lee el artículo completo en el diario El País.

Sin categoría

Andrew Solomon: «Cómo los peores momentos de nuestra vida nos hacen quienes somos» (Vídeo)

  • 24/01/2016
  • David Aparicio
Vida momentos Andrew Solomon

Andrew Solomon es el orador de TED más interesante y emocionante que he visto. Cada una de sus conferencias es un deleite intelectual y emocional que muy pocos oradores logran alcanzar. Solomon no necesita de las exageradas técnicas de oratoria para mantener tu atención. Con su voz pausada y sus brazos cruzados en su espalda te transportará en una montaña rusa emocional y profundo análisis intelectual que te transporta a cada una de sus historias.

«Cómo los peores momentos de nuestra vida nos hacen ser quienes somos» es su última presentación en TED. En ella nos narra como encontró la resilencia en él y otras personas valientes que forjaron sentido a su vida después de sufrir de las adversidades. Su conferencia es una muestra de valentía y de acción que sirve de ejemplo para otras personas.

Te invito también a que veas otra de sus presentaciones en TED, titulada: «Depresión, el secreto que compartimos».

  • Ciencia

El tamaño del cerebro no determina la inteligencia sino su integridad, según estudio

  • 22/01/2016
  • Maria Fernanda Alonso

El volumen del cerebro no tendría un vínculo relevante con el Coeficiente Intelectual. En cambio, su estructura e integridad parecen ser más importantes como una base biológica del CI, sugiere un estudio publicado en Neuroscience and Biobehavioral Reviews.

Un equipo internacional de investigadores, conducido por Jakob Pietschnig, Michael Zeiler, y Martin Voracek, de la facultad de Psicología de la Universidad de Viena, junto a Lars Penke (Universidad de Göttingen) y Jelte Wicherts (Universidad de Tilburg), realizaron un meta-análisis que examina las correlaciones entre el volumen cerebral in-vivo y el Coeficiente Intelectual. Basados en los datos de 148 muestras que comprenden más de 8000 participantes, reportaron una asociación robusta pero débil entre el tamaño del cerebro y el CI. Esta asociación parece ser independiente del sexo y la edad del participante.

Jakob Pietschnig, del Instituto de Psicología Aplicada de la Universidad de Viena, explica que: “la asociación observada significa que el volumen del cerebro juega solo un rol menor al explicar el desempeño de los humanos en los tests de CI.” Y aclara que si bien se observa cierta asociación, “el volumen del cerebro parece ser sólo de una pequeña relevancia práctica. Más bien, la estructura e integridad del cerebro parecen ser más importantes como una base biológica del CI, mientras que el tamaño del cerebro funciona como uno de los muchos mecanismos compensatorios de las funciones cognitivas.”

Las diferencias en la estructura del cerebro parecen ser mayormente las responsables de las diferencias entre especies en cuanto al desempeño cognitivo. Entre los Homo sapiens, hay indicaciones que dan una asociación más grande entre el CI y el volumen del cerebro igualmente cuestionables. Por ejemplo, las diferencias en el tamaño del cerebro entre hombres y mujeres están bien establecidas, dando, en comparación, cerebros más grandes a los hombres que a las mujeres. Sin embargo, no hay diferencias en el desempeño global en tests de CI entre hombres y mujeres. Otro ejemplo son los individuos con síndrome de megalencefalia (volumen cerebral aumentado) quienes típicamente presentan un rendimiento inferior al de la población promedio en los tests de CI.

“Por lo tanto, los aspectos estructurales parecen ser más importantes para el desempeño cognitivo entre los humanos también,” concluye Pietschnig.

Fuente: ScienceDaily

 

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