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  • Ciencia

¿Qué diferencia a un psicópata de un sociópata?

  • 01/10/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Los “psicópatas exitosos” son personas muy exitosas, a menudo despiadadas, insensibles y superficialmente encantadoras, con poco o ningún respeto por los sentimientos o las necesidades de los demás. Ellos tienden a realizar crímenes premeditados con riesgos calculados. O pueden manipular a otra persona para que infrinja la ley, mientras se mantienen seguros a distancia. Son maestros manipuladores de los sentimientos de otras personas, pero no son capaces de experimentar las emociones por sí mismos. Y sí, es probable que conozcas al menos uno: las tasas de prevalencia se encuentran entre el 0.2% y el 3.3% de la población .

Tanto la psicopatía como la sociopatía se conocen como trastornos de personalidad antisociales, que son afecciones de salud mental a largo plazo.

¿Qué los diferencia?

Los psicópatas y los sociópatas comparten una serie de características, incluida la falta de remordimiento o empatía por los demás, la falta de culpa o la capacidad de asumir la responsabilidad de sus acciones, el desprecio por las leyes o las convenciones sociales y la inclinación a la violencia. Una característica central de ambos es una naturaleza engañosa y manipuladora. Pero, ¿cómo podemos distinguirlos?

Los sociópatas son generalmente menos estables emocionalmente y altamente impulsivos; su comportamiento tiende a ser más errático que el de los psicópatas. Al cometer crímenes, ya sean violentos o no violentos, los sociópatas actuarán más por compulsión. Y les faltará paciencia, cederán mucho más fácilmente a la impulsividad y carecerán de una planificación detallada.

Los psicópatas, por otro lado, planearán sus crímenes hasta el más mínimo detalle, tomando riesgos calculados para evitar la detección. Los inteligentes dejarán pocas pistas que puedan conducir a ser atrapados. Los psicópatas no se dejan llevar por el momento y, como resultado, cometen menos errores.

Ambos actúan en un continuo de comportamientos, y muchos psicólogos todavía debaten si en realidad deben ser diferenciados. Pero para aquellos que los diferencian, una cosa está ampliamente acordada: los psiquiatras usan el término psicopatía para ilustrar que la causa del trastorno de personalidad antisocial es hereditaria. La sociopatía describe comportamientos que son el resultado de una lesión cerebral, o abuso y/o negligencia en la infancia.

Existe un vínculo particularmente interesante entre los asesinos en serie y los psicópatas o sociópatas, aunque, por supuesto, no todos los psicópatas y sociópatas se convierten en asesinos en serie. Y no todos los asesinos en serie son psicópatas o sociópatas.

Pero la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos ha notado ciertos rasgos compartidos entre los asesinos en serie conocidos y estos trastornos antisociales de la personalidad. Estos incluyen el comportamiento depredador (por ejemplo, Ivan Milat, quien cazó y asesinó a sus siete víctimas); búsqueda de sensaciones (asesinos hedonistas que asesinan por entusiasmo o excitación, como Thomas Hemming, de 21 años, quien, en 2014, asesinó a dos personas solo para saber lo que se siente al matar); falta de remordimiento; impulsividad y la necesidad de control o poder sobre otros .

Jack Kelsall: un caso de estudio

El asesinato en Sydney de Morgan Huxley por Jack Kelsall, de 22 años, quien posiblemente muestra todas las características de un psicópata, resalta las diferencias entre psicópatas y sociópatas.

En 2013, Kelsall siguió a Huxley a su casa donde agredió indecentemente al hombre de 31 años antes de apuñalarlo 28 veces. Kelsall no mostró remordimiento por su crimen, que fue extremadamente violento y premeditado.

Aunque el asesinato fue frenético, Kelsall mostró paciencia y planificación. Había seguido a posibles víctimas antes y había compartido fantasías que tenía sobre asesinar a un extraño con un cuchillo con su psiquiatra un año antes de matar a Huxley, supuestamente por «la emoción de hacerlo.»

Cualquiera que sea el motivo de Kelsall, independientemente de si nació con esta disfunción o la desarrolló, el caso se presenta como un ejemplo del peor resultado posible de un trastorno de personalidad antisocial: violencia sin sentido perpetrada contra una víctima aleatoria para su autogratificación. A lo largo de su juicio y sentencia, Kelsall no mostró signos de remordimiento, ni culpa, y no se disculpó.

Existen otros rasgos importantes de los psicópatas que todos deberíamos conocer, porque al final de cuentas, tanto ellos como los sociópatas pueden ser peligrosos e incluso mortales.

Fuente: The Conversation

  • Ciencia

La atención de salud mental para los presos podría evitar nuevos arrestos, pero las cárceles no están diseñadas para rehabilitación

  • 01/10/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Los trastornos de salud mental son más comunes entre los presos que en la población general (Eaton, Joseph Bienvenu, Nestadt, Volk, & Anthony, 2019) (Reingle Gonzalez & Connell, 2014). Y los presos con enfermedades mentales no tratadas tienen más probabilidades de ser arrestados nuevamente después de ser liberados (Feder, 1991).

Pero el acceso de los presos a la atención médica, incluida la atención de salud mental, varía de una prisión a otra. Esto se debe en parte a que la financiación varía anualmente debido a restricciones presupuestarias y políticas cambiantes que requieren el uso de fondos para otros fines. Y el apoyo público para la rehabilitación fluctúa constantemente. El acceso a la atención de la salud mental puede ayudar a los internos a recuperar el control sobre sus vidas y puede conducir a mejores resultados de seguridad individual y pública al salir de prisión.

Pero a pesar de que las enfermedades mentales se asocian constantemente con el comportamiento delictivo, estas condiciones no suelen ser abordadas por los sistema penitenciario. Las cárceles fueron diseñadas para incapacitar a los reclusos, no para rehabilitarlos. No cuentan con fondos suficientes y proporcionan condiciones de trabajo deficientes para los proveedores de atención médica y entornos que pueden exacerbar (o incluso provocar) enfermedades mentales.

“Las cárceles serán sanas y limpias…”

El artículo primero de la ley argentina de Ejecución de la Pena Privativa de la Libertad (No. 24660), establece que “la ejecución de la pena privativa de libertad, en todas sus modalidades, tiene por finalidad lograr que el condenado adquiera la capacidad de respetar y comprender la ley, así como también la gravedad de sus actos y de la sanción impuesta, procurando su adecuada reinserción social, promoviendo la comprensión y el apoyo de la sociedad, que será parte de la rehabilitación mediante el control directo e indirecto. El régimen penitenciario a través del sistema penitenciario, deberá utilizar, de acuerdo con las circunstancias de cada caso, todos los medios de tratamiento interdisciplinario que resulten apropiados para la finalidad enunciada” («Ley 24660», s. f.).

Y el derecho internacional cuenta con muchas normas con principios que guían aquél espíritu: «todo individuo que haya sido privado de su libertad tiene derecho (…) a un tratamiento humano durante la privación de su libertad,» establece la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre en su artículo XXV (OEA, 2009).

“Toda persona privada de libertad será tratada humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano. (…) El régimen penitenciario consistirá en un tratamiento cuya finalidad esencial será la reforma y la readaptación social de los penados. Los menores delincuentes estarán separados de los adultos y serán sometidos a un tratamiento adecuado a su edad y condición jurídica,” indica el artículo 10 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos («ACNUDH | Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos», s. f.).

Por su parte, la Convención Americana sobre Derechos Humanos en su artículo 5 consagra el derecho de toda persona a que se respete su integridad física, psíquica y moral, y continúa: “nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano. (…) Las penas privativas de la libertad tendrán como finalidad esencial la reforma y la readaptación social de los condenados” (Montero, s. f.).

Más específicamente, las Reglas Mínimas para el tratamiento de reclusos, dictadas en el Primer Congreso de Naciones Unidas para la Prevención del delito y el tratamiento del delincuente, de Ginebra, en 1955, establecen una serie de principios y reglas de organización penitenciaria y de la práctica relativa al tratamiento de los reclusos.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido que «una de las obligaciones que ineludiblemente debe asumir el Estado en su posición de garante, con el objetivo de proteger y garantizar el derecho a la vida y a la integridad personal de las personas privadas de libertad, es la de procurar a éstas las condiciones mínimas compatibles con su dignidad mientras permanecen en los centros de detención» (cfr.: considerando 7 del caso «Penitenciarías de Mendoza», del 30/3/06).

Y para culminar las referencias normativas de este artículo, cito la última parte del artículo 18 de la Constitución Nacional Argentina, que dice que “las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice” («Infoleg», s. f.).

Salud mental en la cárcel

Dado el entorno laboral, reclutar profesionales de la salud que estén dispuestos a brindar atención de calidad en las prisiones puede ser difícil. Están más expuestos a enfermedades infecciosas (como la tuberculosis o la gripe) que la población en general. Las amenazas o el miedo a la violencia física están siempre presentes en el entorno penitenciario. Y, por cuestiones presupuestarias, muchas cárceles cuentan con un solo médico de atención primaria que es responsable de tratar las condiciones de salud mental y física de todos los reclusos.

La ausencia de atención en salud mental contribuye a que los presos fracasen cuando vuelven a entrar en sus comunidades y círculos sociales. Puede que salgan de la prisión sin estar equipados para manejar su estado de salud mental lo que los lleva continuar a través de la «puerta giratoria» del encarcelamiento durante gran parte de su vida. Este ciclo costoso es difícil de detener, como se ha visto con décadas de investigación en justicia penal. Para que la atención de salud mental en las cárceles sea una prioridad, nacional e internacional, se necesita una transformación en la forma en que vemos el papel de las prisiones.

Debido a la inversión que hacen los contribuyentes en el sistema de justicia penal, es razonable concluir que el público espere un retorno de su inversión en forma de menor actividad delictiva reiterada. Un paso en esta dirección sería utilizar el tiempo que pasa en prisión para abordar la mayor cantidad posible de factores de riesgo de delincuencia, incluidas las condiciones de salud mental.

Referencias:

ACNUDH | Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. (s. f.). Recuperado 1 de octubre de 2019, de https://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/CCPR.aspx

Eaton, W. W., Joseph Bienvenu, O., Nestadt, G., Volk, H. E., & Anthony, J. C. (2019). The Burden of Mental Disorders. Public Mental Health, pp. 3-32. https://doi.org/10.1093/oso/9780190916602.003.0002

Feder, L. (1991). A Profile of Mentally Ill Offenders and their Adjustment in the Community. The Journal of Psychiatry & Law, Vol. 19, pp. 79-98. https://doi.org/10.1177/0093185391019001-206

Infoleg. (s. f.). Recuperado 1 de octubre de 2019, de https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/0-4999/804/norma.htm

Ley 24660. (s. f.). Recuperado 1 de octubre de 2019, de https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/35000-39999/37872/texact.htm

Montero, F. J. (s. f.). :: Tratados Multilaterales > Departamento de Derecho Internacional > OEA :: Recuperado 1 de octubre de 2019, de https://www.oas.org/dil/esp/tratados_b-32_convencion_americana_sobre_derechos_humanos.htm

OEA. (2009). OEA – Organización de los Estados Americanos: Democracia para la paz, la seguridad y el desarrollo. Recuperado de https://www.oas.org

Reingle Gonzalez, J. M., & Connell, N. M. (2014). Mental health of prisoners: identifying barriers to mental health treatment and medication continuity. American Journal of Public Health, 104(12), 2328-2333. https://doi.org/10.2105/AJPH.2014.302043

Fuente: The Conversation

  • Ciencia

Este es el tono de voz que no deben usar los padres para lograr que sus hijos hagan su tarea

  • 01/10/2019
  • David Aparicio

El tono de voz tiene un poderoso impacto sobre nuestras respuestas fisiológicas. Elegir un tono de voz adecuado puede cambiar por completo la respuesta en nuestras conversaciones.

Los padres llegan a su casa esperando que sus hijos adolescentes cumplan sus responsabilidades. Al encontrar que no lo han hecho se sienten frustrados e irritados, lo que los lleva fácilmente por un camino pedregoso caracterizado por una comunicación aversiva y poco eficaz. Para evitar el deterioro de la relación entre padres e hijos, es importante que los primeros tengan presente que la mejor manera de obtener la cooperación y compromiso de sus hijos es por medio de la comunicación abierta y participativa, y para lograrlo el tono de voz regulado y cálido es vital.

Un estudio experimental con 1000 adolescentes (486 varones y 514 mujeres) que tenían entre 14 y 15 años examinó cómo respondían al tono de voz que utilizaban sus madres para darles instrucciones.

Cada una de las madres leyó 30 oraciones que se enfocaban en el trabajo escolar e incluían instrucciones como: “Ahora es tiempo de ir para la escuela”, “Vas a leer ese libro en la noche”, y “te va a ir bien en este examen.”

Después de darles estos mensajes a sus hijos, cada estudiante tomó una encuesta que indagaba cómo se sentían con sus madres luego de que les hablaran con un tono especifico.

Los resultados demostraron claramente que el tono que utilizaban las madres para comunicarse con sus hijos tenía un impacto significativo en la respuesta emocional, relacional y las respuestas conductuales que evocaban. Hay que notar que las oraciones descritas son bastante neutras y pueden cambiar su connotación con la entonación con las que se pronuncian.

En general, los adolescentes que escucharon a sus madres decir las frases mencionadas con un tono de voz controlador mostraron conductas indeseadas. En cambio, los adolescentes que escucharon las frases con un tono de voz que generaba la autonomía y apoyo evocaron reacciones positivas en ellos.

Una muy buena recomendación para los padres es que se tomen unos minutos antes de hablar con sus hijos y eviten reaccionar impulsivamente. Quizás los resultados no se vean instantáneamente, pero a la larga valdrá el esfuerzo y mejorará la unión familiar.

El artículo científico está próximo a ser publicado en la revista académica Developmental Psychology.

Fuente: ScienceDaily

  • Ciencia

Daños resultantes del abuso sexual: la situación especial de las víctimas gay o bi masculinas

  • 01/10/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Al menos 1 de cada 6 niños varones son abusados ​​sexualmente antes de cumplir 18 años (Dube et al., 2005). Este número aumenta a 1 de cada 4 hombres a lo largo de su vida.

Las tasas de abuso y agresión sexual son aún más altas en niños y hombres de poblaciones de minorías sexuales (Sullivan, 2013).

La violación sexual en personas homosexuales, bisexuales, transgénero e intersexuales a menudo complica su autoconcepto y cómo encajan, o no, en la cultura y las comunidades LGBTQ +. Tal abuso incluso puede afectar su búsqueda de ayuda o la decisión de informar eventos traumáticos, ya que temen la estigmatización o la culpabilización de la víctima (Rumney, 2009).

Los hombres y las mujeres que han sufrido abuso y agresión sexual corren el riesgo de sufrir una amplia gama de trastornos médicos, conductuales y sexuales (Maniglio, 2009). Tienen altas tasas de varios trastornos psiquiátricos (Molnar, Buka, & Kessler, 2001), incluido el trastorno de estrés postraumático, abuso y dependencia de sustancias, depresión y ansiedad, así como un mayor riesgo de suicidio. También tienen más dificultades educativas, laborales e interpersonales que los hombres no abusados (Lisak & Luster, 1994). Además, el trauma sexual está relacionado con enfermedades médicas (Talbot et al., 2009), una mayor utilización de la atención médica (Brignone et al., 2017) y una mala calidad de vida.

Pero, los hombres pertenecientes a minorías sexuales que han sufrido traumas sexuales enfrentan disparidades de salud aún mayores (Brown & Pantalone, 2011). Los hombres homosexuales y bisexuales con antecedentes de victimización sexual infantil y adulta tienen más probabilidades de informar un mayor número de infecciones de transmisión sexual, un mayor riesgo sexual para el virus de la inmunodeficiencia humana y una mayor compulsividad sexual que los hombres sin antecedentes de agresión sexual (Hequembourg, Bimbi, & Parsons, 2011). Además, los sobrevivientes masculinos de minorías sexuales exhiben resultados psicológicos más negativos relacionados con sus identidades sexuales, como una autoestima más baja (Smith, Cunningham, & Freyd, 2016), un autoconcepto distorsionado y dificultades para formar relaciones íntimas adultas saludables (Williams, 2011).

El impacto acumulativo del abuso sexual, junto con el status de las minorías sexuales, también puede generar tasas más altas de revictimización sexual, así como violencia y discriminación contra los homosexuales (McLaughlin, Hatzenbuehler, Xuan, & Conron, 2012).

Los hombres homosexuales y bisexuales también están expuestos a estrés minoritario significativo (Meyer, 1995), un término utilizado para describir los factores estresantes sociopolíticos impuestos a las personas como resultado de su condición de minoría. Las disparidades de orientación sexual comienzan relativamente temprano en el desarrollo. Las personas LGBTQ + están desproporcionadamente expuestas a la discriminación cotidiana, el rechazo de pares y padres, ambientes laborales o entornos sociales hostiles, y el acceso desigual a las oportunidades ofrecidas a los heterosexuales, incluido el matrimonio, la adopción y la no discriminación laboral.

Las expectativas de rechazo crónicas, la homofobia internalizada, la alienación y falta de integración con la comunidad pueden conducir a problemas de autoaceptación (Hatzenbuehler, 2009). Como resultado, un hombre perteneciente a una minoría sexual que ha experimentado abuso sexual puede sentirse deficiente, inferior o incapaz. Además, pueden sentirse avergonzados de sí mismos, indeseables, indignos o incapaces de formar una relación amorosa.

Muchos hombres de minorías sexuales que han experimentado abuso sexual internalizan creencias dañinas que les dificultan sanar. Estos mitos incluyen la falsa creencia de que los hombres no pueden ser obligados a tener relaciones sexuales contra su voluntad; que los hombres que se excitan sexualmente o tienen una erección cuando son agredidos sexualmente deben haberla deseado o disfrutado; y que los hombres de verdad deberían dar la bienvenida a cualquier oportunidad de tener relaciones sexuales (Turchik & Edwards, 2012).

Estos hombres a menudo acumulan mitos perjudiciales adicionales, como que los hombres se vuelven homosexuales o bisexuales porque fueron abusados ​​sexualmente, o que los hombres de minorías sexuales están obsesionados con el sexo y abusan de niños a tasas más altas que los hombres heterosexuales (O’Brien, Keith, & Shoemaker, 2015). Pero los hombres de minorías sexuales que han sido abusados ​​no nacen con estas creencias, sino que las aprenden de sus familias, religión, sociedad y medios de comunicación. Pero, mientras más hombres sostengan estas creencias como si fueran verdaderas, más difícil será para ellos avanzar en su recuperación psicológica.

Estos hombres generalmente no buscan tratamiento formal de salud mental (Sorsoli, Kia-Keating, & Grossman, 2008). O tardan, en promedio, décadas en hacerlo. Esto es consistente con la investigación sobre predictores de participación en servicios de salud mental en la población en general, así como en aquellos que se recuperan de un trauma. En general, los hombres buscan asistencia de salud mental a tasas mucho más bajas que las mujeres (Galdas, Cheater, & Marshall, 2005). Del mismo modo, en los sobrevivientes de una amplia gama de eventos traumáticos con trastorno de estrés postraumático, la disminución del uso de los servicios de salud mental se relacionó con ser hombre.

Además, a pesar de las tasas similares de trauma sexual militar en hombres y mujeres, es menos probable que los hombres busquen y utilicen ayuda profesional (Turchik, Pavao, Hyun, Mark, & Kimerling, 2012). Los hombres son aún menos propensos a buscar ayuda psicológica aún cuando han sido abusados con mayor severidad a través de la penetración (Monk-Turner & Light, 2010).

Existen muchos obstáculos para los sobrevivientes masculino de abuso sexual que reciben la necesaria atención de salud mental. Al encontrarse con figuras de autoridad percibidas, como los proveedores de atención médica, estos hombres a veces experimentan un juzgamiento severo y desconfianza. Además, al iniciar servicios psicológicos, pueden tener dificultades para encontrar proveedores de atención con conocimientos y experiencia que entiendan los matices específicos del abuso sexual masculino (Walker, Archer, & Davies, 2005) y, en consecuencia, no revelarán su trauma sexual (Masho & Alvanzo, 2010; Walker et al., 2005).

La no divulgación del abuso sexual también puede deberse a la falta de comprensión por parte de la propia víctima masculina de lo que es el abuso. Esto se relaciona con la investigación que encontró que la mayoría de los hombres que informaron los ítems de la encuesta o los comportamientos que indicaban abuso sexual no se etiquetaron como sobrevivientes de abuso sexual (Artime, McCallum, & Peterson, 2014; Masho & Alvanzo, 2010; Walker et al., 2005). No revelar el historial de trauma sexual de una persona se asocia con un aumento de la angustia emocional, mientras que la divulgación y la búsqueda de servicios de salud mental están relacionadas con el bienestar psicológico (Cepeda-Benito & Short, 1998).

Referencias:

Artime, T. M., McCallum, E. B., & Peterson, Z. D. (2014). Men’s acknowledgment of their sexual victimization experiences. Psychology of Men & Masculinity, Vol. 15, pp. 313-323. https://doi.org/10.1037/a0033376

Brignone, E., Gundlapalli, A. V., Blais, R. K., Kimerling, R., Barrett, T. S., Nelson, R. E., … Fargo, J. D. (2017). Increased Health Care Utilization and Costs Among Veterans With a Positive Screen for Military Sexual Trauma. Medical Care, 55 Suppl 9 Suppl 2, S70-S77. https://doi.org/10.1097/MLR.0000000000000767

Brown, L. S., & Pantalone, D. (2011). Lesbian, gay, bisexual, and transgender issues in trauma psychology: A topic comes out of the closet. Traumatology, Vol. 17, pp. 1-3. https://doi.org/10.1177/1534765611417763

Cepeda-Benito, A., & Short, P. (1998). Self-concealment, avoidance of psychological services, and perceived likelihood of seeking professional help. Journal of Counseling Psychology, Vol. 45, pp. 58-64. https://doi.org/10.1037//0022-0167.45.1.58

Dube, S. R., Anda, R. F., Whitfield, C. L., Brown, D. W., Felitti, V. J., Dong, M., & Giles, W. H. (2005). Long-term consequences of childhood sexual abuse by gender of victim. American Journal of Preventive Medicine, 28(5), 430-438. https://doi.org/10.1016/j.amepre.2005.01.015

Galdas, P. M., Cheater, F., & Marshall, P. (2005). Men and health help-seeking behaviour: literature review. Journal of Advanced Nursing, 49(6), 616-623. https://doi.org/10.1111/j.1365-2648.2004.03331.x

Hatzenbuehler, M. L. (2009). How does sexual minority stigma «get under the skin»? A psychological mediation framework. Psychological Bulletin, Vol. 135, pp. 707-730. https://doi.org/10.1037/a0016441

Hequembourg, A. L., Bimbi, D., & Parsons, J. T. (2011). Sexual victimization and health-related indicators among sexual minority men. Journal of LGBT Issues in Counseling, 5(1), 2-20. https://doi.org/10.1080/15538605.2011.554603

Lisak, D., & Luster, L. (1994). Educational, occupational, and relationship histories of men who were sexually and/or physically abused as children. Journal of Traumatic Stress, Vol. 7, pp. 507-523. https://doi.org/10.1002/jts.2490070402

Maniglio, R. (2009). The impact of child sexual abuse on health: A systematic review of reviews. Clinical Psychology Review, Vol. 29, pp. 647-657. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2009.08.003

Masho, S. W., & Alvanzo, A. (2010). Help-seeking behaviors of men sexual assault survivors. American Journal of Men’s Health, 4(3), 237-242. https://doi.org/10.1177/1557988309336365

McLaughlin, K. A., Hatzenbuehler, M. L., Xuan, Z., & Conron, K. J. (2012). Disproportionate exposure to early-life adversity and sexual orientation disparities in psychiatric morbidity. Child Abuse & Neglect, 36(9), 645-655. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2012.07.004

Meyer, I. H. (1995). Minority Stress and Mental Health in Gay Men. Journal of Health and Social Behavior, Vol. 36, p. 38. https://doi.org/10.2307/2137286

Molnar, B. E., Buka, S. L., & Kessler, R. C. (2001). Child sexual abuse and subsequent psychopathology: results from the National Comorbidity Survey. American Journal of Public Health, 91(5), 753-760. https://doi.org/10.2105/ajph.91.5.753

Monk-Turner, E., & Light, D. (2010). Male sexual assault and rape: who seeks counseling? Sexual Abuse: A Journal of Research and Treatment, 22(3), 255-265. https://doi.org/10.1177/1079063210366271

O’Brien, C., Keith, J., & Shoemaker, L. (2015). Don’t tell: Military culture and male rape. Psychological Services, Vol. 12, pp. 357-365. https://doi.org/10.1037/ser0000049

Rumney, P. N. S. (2009). Gay male rape victims: law enforcement, social attitudes and barriers to recognition. The International Journal of Human Rights, Vol. 13, pp. 233-250. https://doi.org/10.1080/13642980902758135

Smith, C. P., Cunningham, S. A., & Freyd, J. J. (2016). Sexual violence, institutional betrayal, and psychological outcomes for LGB college students. Translational Issues in Psychological Science, Vol. 2, pp. 351-360. https://doi.org/10.1037/tps0000094

Sorsoli, L., Kia-Keating, M., & Grossman, F. K. (2008). «I keep that hush-hush»: Male survivors of sexual abuse and the challenges of disclosure. Journal of Counseling Psychology, Vol. 55, pp. 333-345. https://doi.org/10.1037/0022-0167.55.3.333

Sullivan, M. K. (2013). Sexual Minorities: Discrimination, Challenges and Development in America. Recuperado de https://play.google.com/store/books/details?id=5XHfAQAAQBAJ

Talbot, N. L., Chapman, B., Conwell, Y., McCollumn, K., Franus, N., Cotescu, S., & Duberstein, P. R. (2009). Childhood sexual abuse is associated with physical illness burden and functioning in psychiatric patients 50 years of age and older. Psychosomatic Medicine, 71(4), 417-422. https://doi.org/10.1097/PSY.0b013e318199d31b

Turchik, J. A., & Edwards, K. M. (2012). Myths about male rape: A literature review. Psychology of Men & Masculinity, Vol. 13, pp. 211-226. https://doi.org/10.1037/a0023207

Turchik, J. A., Pavao, J., Hyun, J., Mark, H., & Kimerling, R. (2012). Utilization and intensity of outpatient care related to military sexual trauma for veterans from Afghanistan and Iraq. The Journal of Behavioral Health Services & Research, 39(3), 220-233. https://doi.org/10.1007/s11414-012-9272-4

Walker, J., Archer, J., & Davies, M. (2005). Effects of Rape on Men: A Descriptive Analysis. Archives of Sexual Behavior, Vol. 34, pp. 69-80. https://doi.org/10.1007/s10508-005-1001-0

Williams, J. (2011). Childhood Sexual Experiences and Substance Use Among African American MSMW: From Vulnerability to Strength. PsycEXTRA Dataset. https://doi.org/10.1037/e657152011-001

Fuente: The Conversation

  • Ciencia

Adversidades durante la infancia y trastornos de salud mental en la adolescencia: ¿qué rol juega la relación entre padres e hijos?

  • 30/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

La muerte de una persona cercano y apreciada, la exposición al consumo de drogas o alcoholismo en el círculo inmediato, una estadía en un hogar de acogida, sufrir enfermedades o lesiones graves, así como el divorcio o separación de los padres son situaciones con una gran carga emocional a las que muchos niños están expuestos, afectando aproximadamente a 1 de cada 4 niños. Investigaciones han asociado el enfrentarse a este tipo de adversidades durante la infancia con psicopatologías en la adolescencia. Pero recientemente han destacado que este riesgo es inferior en familias con menos conflictos entre padres e hijos (Dhondt, Healy, Clarke, & Cannon, 2019).

“Hay mucha evidencia que indica que la adversidad es un factor de riesgo importante para dificultades de salud mental más tarde en la vida y se ha asociado con el 25-40% de los casos de depresión y ansiedad (Bellis et al., 2019),» dijo el autor del estudio Colm Healy, candidato a doctorado en el Departamento de Psiquiatría del Royal College of Surgeons en Irlanda.

“Curiosamente (y afortunadamente), no todos los que experimentan adversidades infantiles tienen dificultades de salud mental. Entonces, teníamos curiosidad acerca de qué factores podrían aumentar o disminuir el riesgo de dificultades de salud mental si un niño ha experimentado adversidad.”

Los investigadores se enfocaron en tres factores principales: la relación padre/madre-hijo/a (conflicto y experiencias positivas), cómo se sentía el niño o niña acerca de sí mismo (también conocido como autoestima o autoconcepto) y si la niña o niño participaba en pasatiempos.

Examinaron datos de 7505 niños en el proyecto Growing Up in Ireland, un estudio longitudinal realizado por el Instituto de Investigación Económica y Social y el Trinity College de Dublín.

A la edad de 9 años, el cuidador principal de cada niño fue encuestado sobre eventos estresantes de la vida a los que el pequeño podría haber estado expuesto, como la muerte de la madre o el padre, el consumo de drogas/alcoholismo en la familia inmediata, una estadía en un hogar de acogida/cuidado residencial, enfermedades/lesiones graves y divorcio/separación de los padres.

«La adversidad infantil es común en los niños irlandeses y afecta al 28% de los niños de nuestra muestra», dijo Healy.

Los investigadores descubrieron que la adversidad infantil se asociaba con problemas a la edad de 13 años. Pero una relación positiva entre padres e hijos parecía amortiguar esta asociación.

«Aquellos que tuvieron adversidades en la infancia tenían más probabilidades de presentar dificultades de salud mental y dificultades que persistieron desde la infancia hasta la adolescencia (esto incluía dificultades como bajo estado de ánimo y ansiedad, hiperactividad, problemas de conducta y con los compañeros),» dijo Healy.

«Para todos los niños, tener niveles más bajos de conflicto entre el cuidador principal y el niño, una mayor autoestima o participar en pasatiempos redujo el riesgo de dificultades de salud mental en la adolescencia.»

Healy explicó que si el niño ha experimentado adversidades, tener menos conflicto con sus padres reducía significativamente el riesgo asociado a las dificultades de salud mental. Por lo que destacó este como un factor importante en la prevención de dificultades de salud mental en la edad adulta.

Limitaciones del estudio

“Nuestra medida de adversidad infantil es una combinación de una serie de experiencias de vida estresantes moderadas a severas. En particular, nuestra medida no incluye información sobre experiencias traumáticas importantes como el abuso físico o sexual o la negligencia,» dijo Healy. Por esta razón queda por confirmar si la relación entre los eventos traumáticos y las dificultades de salud mental también está mediada por el nivel de conflicto entre el niño y el cuidador principal.

Además, pueden haber otros factores que median la relación entre la adversidad infantil y las dificultades de salud mental que no han sido consideradas en el estudio, como la relación del niño con sus compañeros o el ejercicio físico.

Referencia:

Bellis, M. A., Hughes, K., Ford, K., Ramos Rodriguez, G., Sethi, D., & Passmore, J. (2019). Life course health consequences and associated annual costs of adverse childhood experiences across Europe and North America: a systematic review and meta-analysis. The Lancet. Public Health. https://doi.org/10.1016/S2468-2667(19)30145-8

Dhondt, N., Healy, C., Clarke, M., & Cannon, M. (2019). Childhood adversity and adolescent psychopathology: evidence for mediation in a national longitudinal cohort study. British Journal of Psychiatry, Vol. 215, pp. 559-564. https://doi.org/10.1192/bjp.2019.108

Fuente: PsyPost

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Cursos online en terapia cognitiva conductual

  • 30/09/2019
  • David Aparicio

CETECIC trae en octubre una excelente propuesta de cursos online de psicología y con un descuento especial del 20%, hasta el 7 de octubre.

Todos los cursos están dirigidos a psicólogos, psiquiatras, estudiantes y profesionales de salud que deseen incorporar herramientas prácticas, efectivas y científicamente validadas

Así también todos los cursos incluyen clases en video, materiales y recursos en PDF para imprimir, ejercicios y prácticas, foros de intercambio y certificación digital.

Los cursos de CETECIC:

Terapia cognitivo conductual del trastorno de pánico y la agorafobia

El curso se encuentra estructurado en tres grandes ejes. El primer módulo desarrolla la conceptualización diagnóstica y los principales procesos psicopatológicos específicos del trastorno por pánico y la agorafobia. El segundo eje se dedica a la evaluación y el tercero, al tratamiento de los mencionados diagnósticos. El curso se completa con representaciones filmadas de la aplicación de las principales técnicas a fin de que los alumnos tengan una muestra práctica y realista de aplicación de los procedimientos.

Inscríbete aquí.

Terapia cognitivo conductual de los trastornos depresivos

El curso se halla organizado alrededor de cuatro partes. La primera de ellas se aboca a las precisiones del diagnóstico, la epidemiología y los procesos psicopatológicos específicos de los Desórdenes Depresivos. Luego, tenemos un módulo dedicado a la evaluación y el tratamiento del Trastorno Depresivo Mayor y otro abocado a la evaluación y tratamiento del Trastorno Depresivo Persistente. Finalmente, se reservan las dos clases finales para la evaluación, tratamiento y prevención de la conducta suicida, por ser éste un tópico de gran relevancia en el tipo de problemática en cuestión.

Durante las clases técnicas, se dispondrá de materiales fílmicos en los cuales los docentes muestran cómo se aplican concretamente las técnicas con los pacientes.

Inscríbete aquí.

Terapia cognitivo conductual de los trastornos bipolares

El presente curso constituye una instancia de profundización en la conceptualización, evaluación y tratamiento de los Trastornos Bipolares.

Se halla organizado alrededor de cuatro partes. La primera de ellas se aboca a las precisiones del diagnóstico, la epidemiología y los procesos psicopatológicos específicos de los Desórdenes Bipolares. Seguidamente, tenemos un módulo dedicado a la evaluación y otro al tratamiento de estos síndromes. Finalmente, se reservan las dos clases finales para la evaluación, tratamiento y prevención de la conducta suicida, por ser éste un tópico de gran relevancia en el tipo de problemática en cuestión.

Durante las clases técnicas, se dispondrá de materiales fílmicos en los cuales los docentes muestran cómo se aplican concretamente las técnicas con los pacientes.

Inscríbete aquí.

Manejo del estrés. Abordaje cognitiva conductual

El curso comienza con una revisión de las principales orientaciones teóricas acerca del estrés. Seguidamente, se dedican dos clases a las particularidades de su evaluación, focalizando muy especialmente en la construcción del análisis funcional, piedra angular de todo proceso terapéutico en Terapia Cognitivo Conductual. De este modo, se desarrollan dos talleres durante los cuales los alumnos practicarán la construcción de análisis funcionales sobre la base de viñetas clínicas aportadas por los docentes. Las mismas versan sobre dos de las emociones básicas en el proceso de estrés: ansiedad y enojo. El resto del curso se avoca a la enseñanza de estrategias técnicas para el tratamiento del estrés.

En primera instancia, y a fin de respetar su orden de aparición histórico, ocupan un espacio de dos clases las técnicas de corte conductual con reconocida eficacia: la respiración abdominal, la relajación muscular profunda y la desensibilización sistemática, aunque trabajada ésta en su versión más actual, es decir, como visualizaciones autoinstruccionales y de autocontrol. En segunda instancia, se desarrolla el procedimiento de reestructuración cognitiva, con tres clases que contemplan distintas etapas del proceso.

Inscríbete aquí.

Agradecemos a CETECIC, nuestro sponsor exclusivo de la semana.

  • Ciencia

Tomar un placebo puede reducir la ansiedad antes de un examen, incluso sabiendo que la pastilla es inocua

  • 30/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Una gran cantidad de estudios han demostrado el llamativo impacto que puede tener el efecto placebo. Tratamientos inertes no solo pueden producir beneficios médicos como el alivio del dolor, sino que también tienen efectos cognitivos como aumentar la creatividad y el aprendizaje. Y aunque muchos de esos estudios implican engañar a las personas para que piensen que están recibiendo una intervención efectiva, un nuevo estudio muestra que este engaño no siempre es necesario. Los investigadores han descubierto que tomar un placebo puede reducir la ansiedad de las personas antes de un examen, incluso cuando saben que están tomando una píldora inactiva (Schaefer et al., 2019).

Hasta 2 de cada 5 personas experimentan ansiedad por los exámenes, lo que puede implicar síntomas físicos como frecuencia cardíaca alta y sudoración, pensamiento negativo e incluso un rendimiento deteriorado o incluso evitar tomar el examen. Algunos toman medicamentos o reciben psicoterapia para manejar la ansiedad. Michael Schaefer de la Facultad de Medicina de Berlín y sus colegas quisieron averiguar si solo tomar un placebo podría ayudar.

El equipo reclutó a 58 estudiantes universitarios que se acercaban a sus exámenes de fin de trimestre. La mitad de los participantes no recibió tratamiento, mientras que a la otra mitad se les pidió que tomaran dos píldoras placebo por día durante dos semanas. Es importante destacar que no hubo engaño: los investigadores les dijeron a los participantes en la condición de placebo que sus píldoras eran inactivas. Antes de comenzar el curso del tratamiento, y nuevamente al final, los participantes completaron cuestionarios que midieron sus niveles de ansiedad ante el examen, el bienestar físico y mental y las habilidades de autogestión (por ejemplo, mecanismos de afrontamiento y creencia en la propia capacidad de tener éxito).

El grupo de control no mostró ninguna diferencia en las medidas antes y después del período de tratamiento. Pero respecto del otro grupo, después del «tratamiento» con el placebo, su ansiedad se había reducido significativamente, y también mostraron mejores habilidades de autocontrol. Sin embargo, no estaba claro si estos cambios tuvieron algún efecto negativo en las calificaciones del examen (dentro del grupo placebo, los participantes que mostraron una mayor mejora en sus habilidades de autocontrol tendieron a obtener calificaciones más altas, pero esta correlación no alcanzó niveles significativos).

Es un misterio cómo los placebos disminuyen la ansiedad incluso cuando las personas son conscientes de que están tomando una sustancia inerte, escriben los investigadores. Una posibilidad es que la forma positiva en que los investigadores discutieron la intervención con los participantes haya jugado un papel importante: a los participantes se les dijo que los efectos del placebo podrían ser «poderosos» y que el cuerpo podría responder automáticamente.

Pero aunque los resultados pueden parecer sorprendentes, son consistentes con investigaciones anteriores que han encontrado que los placebos «abiertos» pueden ser efectivos para afecciones como el síndrome del intestino irritable.

Aún así, los resultados son muy preliminares. El tamaño de la muestra era bastante pequeño, y no está claro si lo que parece ser una caída bastante modesta en los puntajes de ansiedad tiene relevancia práctica. Sería interesante ver evidencia más detallada y exacta sobre cómo la intervención con placebo afectó a los participantes: ¿alteró su pensamiento negativo, por ejemplo, o tuvo más bien efectos sobre los síntomas físicos de la ansiedad ante los exámenes?

E incluso si los placebos reducen el tipo de ansiedad que experimentan las personas antes de una prueba, eso no significa necesariamente que sirvan para una ansiedad crónica o en otras situaciones estresantes.

Referencia:

Schaefer, M., Denke, C., Harke, R., Olk, N., Erkovan, M., & Enge, S. (2019). Open-label placebos reduce test anxiety and improve self-management skills: A randomized-controlled trial. Scientific Reports, 9(1), 13317. https://doi.org/10.1038/s41598-019-49466-6

Fuente: The British Psychological Society

  • Ciencia

La deshonestidad afectaría nuestra empatía y sensibilidad social

  • 30/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Somos humanos. Dadas determinadas circunstancias, hacer trampa puede ser muy tentador. Incluso, puede percibirse como irresistible. Existen quienes consideran que pequeños actos deshonestos no producen realmente daños relevantes; y otros, que no soportan ni siquiera una “mentira blanca.”
Una interesante investigación se enfocó en los efectos que la deshonestidad puede tener en la persona deshonesta. Con un total de 2588 participantes, la investigadora Julia Lee de la Universidad de Michigan y sus colegas, examinaron si los actos de deshonestidad perjudican nuestra «precisión empática,» la capacidad de detectar las emociones de los demás (Lee, Hardin, Parmar, & Gino, 2019). El comportamiento falso, teorizaron los autores, puede hacer que nos desconectemos de otras personas y, a su vez, puede dificultar la interacción social. Si este es el caso, la deshonestidad podría tener implicaciones significativas para la forma en que mantenemos relaciones, resolvemos conflictos y colaboramos en el trabajo.

En un par de estudios iniciales, preguntaron a 259 adultos con qué frecuencia cometieron actos deshonestos en el lugar de trabajo, y le dieron a otro grupo de 150 personas la oportunidad de hacer trampa en un juego de computadora. Todos los participantes completaron la tarea «Leer los ojos en la mente», para medir su precisión empática. Esto implicaba ver videos de la región que rodeaba los ojos de los actores y seleccionar una de las cuatro emociones posibles para describir mejor el estado mental del actor. En ambos estudios, una mayor deshonestidad se asoció con un mayor número de selecciones inexactas.

Pero la correlación no necesariamente significa causalidad. Entonces, para descubrir si la deshonestidad reduce activamente la precisión empática, el equipo de investigación ofreció a una muestra de estudiantes universitarios la oportunidad de ganar dinero real en un juego de lanzamiento de dados. Se pidió a los participantes que pronosticaran qué lado del dado mostraría un número más alto, con las conjeturas correctas intercambiables por más dinero en efectivo. Sin embargo, mientras los participantes de control dieron sus predicciones al comienzo del juego, un segundo grupo lo hizo una vez que el dado había sido lanzado, ofreciéndoles la oportunidad de hacer trampa.

En comparación con los participantes de control, el segundo grupo, o «condición de trampa probable», informó más conjeturas correctas, lo que sugiere que aprovecharon la oportunidad para el engaño. También se desempeñaron peor en la tarea “leer los ojos en la mente,” lo que indica que esta deshonestidad les dificultaba la lectura de las emociones de los demás. En un juego posterior, donde los participantes podían ganar 2 dólares por enviar un mensaje falso a un compañero anónimo o $ 0,50 por decir la verdad, aquellos en la condición de trampa probable también tenían más probabilidades de mentir, lo que sugiere que su deshonestidad original provocó un acto inescrupuloso adicional.

¿Por qué la deshonestidad podría perjudicar nuestra capacidad de lectura de emociones?

Una explicación es que reduce nuestra «autoconstrucción relacional,» la medida en que pensamos en nosotros mismos en términos de conexiones sociales (por ejemplo, «soy una hermana»). Tal distanciamiento social podría ayudarnos a justificar los actos inmorales, porque reduce el grado de atención y preocupación que dedicamos a los demás, una forma literal de evitar «mirar a alguien a los ojos.» De hecho, un quinto experimento con las mismas tareas de precisión de empatía y lanzamiento de dados demostró que los «probables tramposos» se describieron a sí mismos usando menos frases sociales que el grupo de control, lo que explica la relación entre la deshonestidad y la lectura emocional.

También parece que algunas personas pueden ser más susceptibles a estos efectos que otras. En un experimento final, Lee y sus colegas analizaron la «reactividad vagal,» una medida de la frecuencia cardíaca asociada con la autorregulación y la sensibilidad social. Aquellos con alta reactividad vagal no mostraron una precisión empática reducida después de mentir, mientras que aquellos con baja reactividad experimentaron el efecto perjudicial. Los autores sugieren que las personas que son más sensibles socialmente desde el principio aún pueden leer las emociones de los demás incluso después de un comportamiento deshonesto, mientras que aquellos con menos reactividad y, por lo tanto, menos sensibilidad social, son más vulnerables a los efectos dañinos de la deshonestidad.

No está claro cuánto tiempo duran los efectos de la deshonestidad en la precisión empática, y también sería interesante explorar si la deshonestidad dificulta la detección de emociones cuando no podemos ver a otras personas, pero podemos escuchar su voz o ver lo que escriben online. Esto podría arrojar luz sobre acciones deshonestas que afectan a muchos, como la difusión de noticias falsas.

Independientemente de si la falta de honradez es detectada por otros, la evidencia es clara. Hacer trampa puede tener costos personales significativos al reducir nuestra comprensión general de los sentimientos de los demás, y estos son particularmente severos para aquellos que ya encuentran más difícil la interacción interpersonal.

Referencia:

Lee, J. J., Hardin, A. E., Parmar, B., & Gino, F. (2019). The interpersonal costs of dishonesty: How dishonest behavior reduces individuals’ ability to read others’ emotions. Journal of Experimental Psychology: General, Vol. 148, pp. 1557-1574. https://doi.org/10.1037/xge0000639

Fuente: The British Psychological Society

  • Sponsor

Máster Comportamiento no Verbal y Detección de la Mentira

  • 30/09/2019
  • David Aparicio

Cuando nos comunicamos con los demás lo podemos hacer mediante lenguaje verbal o no verbal. Mucha gente presta mucha atención solo al primero, pensando que es el más importante, sin tener en cuenta que gran parte de la comunicación que hacemos es a través del lenguaje no verbal. Por ello, saber analizarlo supone una gran ventaja en nuestras interacciones con los demás, que sean pacientes, amigos, clientes, etc.

Tras años de desarrollo y siendo pioneros en la materia Behavior and Law ha logrado crear un programa de calidad excepcional que te permitirá adquirir todos los conocimientos necesarios para saber analizar el comportamiento no verbal de los demás en base a los estudios en psicología con más evidencia de los últimos años así como conocer las técnicas más modernas en detección de mentiras y que ha mostrado mejores resultados. El Máster en Comportamiento no Verbal y Detección de la Mentira.

Este máster tiene como objetivo formar analistas de comportamiento y comunicación no verbal que estén en disposición de interpretar la conducta humana observada con rigor científico y de aplicarlo a su entorno profesional, quedando a su vez capacitados para impartir formación en la materia. Así como expertos en la detección del engaño desde la perspectiva de la investigación científica llevada a cabo con rigor y seriedad.

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Un excepcional equipo docente: profesores procedentes de diferentes universidades; analistas de conducta y negociadores de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad Españoles y Fuerzas Armadas; y profesionales del ámbito empresarial.

Está certificado por Behavior & Law, líder internacional en las Ciencias del Comportamiento y la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA). Además, el título de este Máster da acceso a la Certificación Internacional como Analista de Conducta No Verbal por el Criminal Profiling & Behavioral Analysis International Group.

Las plazas son limitadas y empezamos el próximo 14 de octubre. Además, por ser suscriptor de Psyciencia queremos hacerte un descuento especial. ¡Consúltanos sin compromiso e infórmate!

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  • Recursos

El Modelo Portland: un programa para aprender ACT entre psicoterapeutas

  • 26/09/2019
  • Fabián Maero

Hoy vamos a ocuparnos de un aspecto de los modelos de psicoterapia que suele ocupar un lugar más bien secundario en el corpus teórico de cada modelo. En concreto: hablemos un poco de la formación y el entrenamiento de psicoterapeutas.

Por lo general la mayor parte de aprender alguna forma de psicoterapia consiste en aprender las bases conceptuales, la teoría, principios de intervención, y esto suele hacerse en el divertidísimo formato de exposición teórica que tantas satisfacciones nos da en los congresos – especialmente en esos inolvidables momentos cuando alguien lee su presentación en tono monocorde durante 45 minutos (ah, por cierto, estaba siendo sarcástico). Es decir, suele suceder que la formación clínica consiste más en escuchar o leer y menos en hacer, es decir, practicar o entrenarse en las competencias del modelo -me refiero a las habilidades clínicas que integran el repertorio de la terapeuta, por ejemplo sobre cómo preguntar, cómo realizar determinadas intervenciones, como manejar situaciones clínicas puntuales, etc.

Muchos modelos para suplir esta carencia utilizan formaciones más experienciales, es decir, entrenamientos que incluyen prácticas, role-play, y ejercicios experienciales. Esto es preferible a las formaciones meramente expositivas porque permite practicar una competencia clínica y hasta cierto punto tener una devolución para mejorar el desempeño. Sin embargo, a pesar de que estas formaciones pueden resultar muy útiles, tienen la limitación de que no suelen ser personalizadas, es decir, las habilidades que se enseñan en un taller pueden no ser las habilidades específicas que la terapeuta estuviera necesitando desarrollar para su práctica clínica cotidiana.

Un recurso habitual que se usa para lidiar con situaciones puntuales es la supervisión, pero a pesar de que puede ser útil y necesaria también tiene sus limitaciones con respecto a desarrollar habilidades clínicas. Una supervisión, individual o grupal, puede proporcionar orientación sobre cómo manejar un caso, sugerencias de intervenciones o de herramientas a utilizar pero rara vez una supervisión se ocupa de entrenar habilidades clínicas. No es muy frecuente, digamos, realizar un role-play con el supervisor para mejorar el trabajo con habilidades interpersonales.

Los grupos de consultoría, son otro recurso útil pero que comparte las limitaciones de la supervisión. Me refiero a grupos de profesionales con una formación más o menos similar, en los cuales no hay una supervisora más experimentada que oriente a otros terapeutas. Usualmente se trata de un grupo de pares que se reúnen regularmente, y en el transcurso de las reuniones cada miembro presenta los casos con los que estuviera teniendo dificultades y el resto realiza sugerencias sobre cómo manejarlos. Pero, nuevamente, nos encontramos con la misma limitación que con la supervisión, no siempre esto lleva a practicar y pulir habilidades clínicas, sino más bien lo que sucede es que el grupo ofrece sugerencias sobre qué hacer.

Entonces, lo que tenemos dentro de las herramientas usuales de formación es en primer lugar la exposición teórica y lectura de textos, que si bien ayuda en el aprendizaje de lo conceptual no ayuda a desarrollar competencias. En segundo lugar están las formaciones experienciales, que si bien ayudan a desarrollar competencias no están ajustadas a las necesidades específicas de cada profesional. Luego tenemos las supervisiones y grupos de consultoria, que ayudan con situaciones clínicas puntuales pero rara vez se enfocan en la práctica de habilidades. Algunos modelos también sugieren que la terapia de la profesional debe ser parte de la formación, pero ese recurso tampoco sirve para practicar competencias clínicas específicas.

Por supuesto, hay muchas excepciones a todo esto, pero el panorama general es aproximadamente ese. Ahora bien, hace algunos años me encontré con una publicación que ofrecía una propuesta bastante original para entrenar habilidades clínicas de Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), y de esa propuesta nos ocuparemos hoy (ya ven, los prolegómenos se van haciendo cada vez más extensos).

Practicando ACT entre pares

La propuesta en cuestión es conocida como Modelo Portland (por haber surgido en el Centro Clínico, de Investigación y Entrenamiento de Portland), y se trata de una estructura para implementar un grupo de consultoría entre pares dirigido a entrenar habilidades ACT (Thompson et al., 2015).

Explícitamente, el Modelo Portland tiene dos objetivos. En primer lugar propiciar el desarrollo de habilidades ACT entre sus participantes, y en segundo lugar favorecer la formación de una comunidad de terapeutas. Este segundo punto no es menor. La psicoterapia es una profesión extremadamente solitaria, en la cual la mayoría de los terapeutas tiene poca red de contención social y profesional.

El Modelo Portland es una estructura formal para realizar una reunión grupal de dos horas entre terapeutas que están interesadas en mejorar sus habilidades ACT. Dicho de otro modo, es una guía paso a paso, que detalla las actividades y roles para realizar una reunión mensual entre profesionales que se oriente a la práctica de habilidades clínicas.

Hace algún tiempo entrevistamos a algunos de los desarrolladores del Modelo de Portland, quienes lo describieron como “un modelo experiencial de aprendizaje y práctica de ACT que es es intencionalmente no jerárquico. No tiene un líder pero sí varios roles a cumplir. El grupo se reúne una vez al mes y (…) en el fondo consiste en esto: hay una persona que quiere practicar una habilidad específica, una habilidad de ACT, podría ser una intervención real que quiera practicar o un proceso en el que quiera trabajar, y todos los demás en el grupo tienen un rol específico para ayudar a apoyar a esa persona, la que llamamos el constructor de habilidades, a practicar su habilidad”

En líneas generales la reunión dura aproximadamente dos horas y se divide en dos partes. La primera parte comienza con un ejercicio experiencial breve (usualmente un ejercicio de mindfulness) y luego hay un tiempo abierto (pero bastante acotado) para preguntas breves sobre casos clínicos o temas generales, como un grupo de consultoría común.

La segunda parte de la reunión se ocupa de la práctica de habilidades y en ella uno los integrantes practicará una habilidad ACT que haya elegido previamente a la reunión. Puede ser una metáfora, una interacción clínica, un ejercicio experiencial, o cualquier otro recurso ACT a utilizar en clínica. Otro de los integrantes hará el papel de paciente (si bien se prefiere siempre trabajar con material personal en lugar de hacer role-play), para que el primero pueda practicar la habilidad como lo haría en su trabajo clínico, y el resto de los integrantes del grupo observará la práctica, tras lo cual se realizará una devolución y discusión grupal sobre lo observado.

De esta manera, todos se benefician en términos de aprendizaje. Quien practica pule su habilidad terapéutica, pero quienes observan la interacción también tienen la posibilidad de observar en tiempo real los aciertos y errores que se pueden realizar al implementar una habilidad clínica.

Los tiempos de la reunión están pautados, de manera tal que el grupo no se desvíe de sus objetivos centrales, y de hecho en cada reunión una persona se ocupa de monitorear que el grupo se mantenga dentro de la agenda y objetivos del día, señalando cuando el grupo se desvía o se va de tiempo y redirigiéndolo hacia la tarea acordada.

La estructura del grupo quizá parezca algo innecesaria y hasta rígida, pero puedo atestiguar la asombrosa facilidad con la cual una reunión entre terapeutas tiende a irse hacia cualquier parte. Tener una estructura bien definida funciona como una guía para que el tiempo sea bien aprovechado y el grupo resulte de utilidad. Otra función útil de tener una estructura acordada es que se evitan las sugerencias estériles o los comentarios que pueden ser contraproducentes para la participación, como por ejemplo, criticar a quien se ha animado a hacer algo tan difícil como practicar un ejercicio frente a otras personas (es notable también la facilidad con la cual los terapeutas pueden ser invalidantes entre sí).

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Descarga la guía completa

Hemos preparado la guía completa del Modelo Portland con las instrucciones, paso a paso, y fichas de registro para que puedas implementar el grupo de consulta entre terapeutas. Puedes descargarlo en formato PDF e imprimirlo a tu gusto.

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Implementando un grupo Portland

Si les interesa pulir sus habilidades de terapeutas ACT, comenzar un grupo Portland con colegas puede ser una estupenda y divertida forma de hacerlo, una buena manera de complementar la formación y apoyarse mutuamente durante el camino de la formación.

Para ayudarlos en esto, hemos preparado un documento con una traducción del protocolo original del modelo que pueden descargar, imprimir, y hacer circular entre los integrantes del grupo (si prefieren leer el original en inglés está la referencia al pie) .

Algunas sugerencias generales para implementar un grupo Portland:

  • Lean y sigan la guía. Sé que resulta a veces aversivo atenerse a una estructura que puede resultar un tanto rígida, pero hay un motivo por el cual se creó: es muy fácil que se pierda el objetivo del grupo y que éste devenga en meramente una conversación sobre casos. Si el grupo se encuentra dividido entre seguir la guía o sólo juntarse, prueben a realizar una reunión siguiendo la guía y otra reunión sin hacerlo, y registren qué les resulta más útil.
  • Si no saben qué competencias trabajar, les dejo este excel que es para realizar una autoevaluación de las competencias centrales de ACT: Planilla de evaluación de competencias ACT. Se trata de un documento que utilizo para trabajar con las personas que superviso, les puede servir para identificar sus fortalezas y competencias a desarrollar.
  • Una frecuencia mensual puede ser suficiente para comenzar.
  • Una vez que se habitúen al modelo, consideren adaptar los roles a sus necesidades o intereses específicos. Para darles un ejemplo, hace algunos años cuando trabajaba en un equipo DBT (que tiene reuniones grupales similares en algunos aspectos al modelo Portland), luego del ejercicio de apertura se dedicaban unos minutos a que alguien, que se había comprometido a ello en la reunión anterior, comentara al grupo un artículo o investigación reciente.
  • No descuiden el aspecto de comunidad del modelo. Juntarse a cenar o a tomar algo luego de la reunión puede reforzar la cooperación y mejorar las interacciones grupales.
  • Tómense un tiempo antes de la primera reunión para clarificar sus valores y propósito respecto de participar en el grupo, y póngalos por escrito. En el documento les hemos incluido la Declaración de Principios del grupo Portland original que pueden tomar como guía para redactar la propia.
  • Si están dando los primeros pasos en ACT, hemos publicado una pequeña guía de lectura que les puede servir para conocer o profundizar en algunos aspectos del abordaje.
  • Actualmente hay varios grupos Portland funcionando en diversas ciudades de Latinoamérica, averigüen porque contactarse con otros grupos para compartir experiencias y sugerencias puede resultarles útil (una forma de averiguar puede ser consultar en el listserv de la ACBS).

Ojala los recursos les sirvan. Pueden dejar comentarios y consultas aquí debajo. ¡Nos leemos la próxima!

Referencias bibliográficas:

Thompson, B. L., Luoma, J. B., Terry, C. M., LeJeune, J. T., Guinther, P. M., & Robb, H. (2015). Creating a peer-led acceptance and commitment therapy consultation group: The Portland model. Journal of Contextual Behavioral Science, 4(3), 144–150. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2014.11.004

  • Ciencia

Haber experimentado adversidades influye en la compasión que sentimos hacia los demás, según estudio

  • 26/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Muchos estudios han demostrado lo que se conoce como el «sesgo numérico» en la compasión: los sentimientos de compasión de las personas no tienden a aumentar en respuesta a un mayor número de personas en peligro. Esto «lleva a las personas a experimentar con frecuencia una cantidad desproporcionada de compasión hacia un solo individuo que sufre en relación con decenas de víctimas que son parte de una tragedia más grande», escriben Daniel Lim y David DeSteno, autores de un nuevo estudio. Sin embargo, ahora han descubierto que las personas que han experimentado adversidades en sus propias vidas son resistentes a este sesgo (Lim & DeSteno, 2019).

A través de una serie de cuatro experimentos, los investigadores reclutaron a casi 700 participantes, quienes informaron sus propios niveles de adversidades pasadas (enfermedades y lesiones, duelo, exposición a desastres, etc.). Para cada estudio, los investigadores descartaron el tercero de rango medio, dejando grupos de «alta adversidad» y «baja adversidad», que continuaron con los experimentos propiamente dichos.

En el primer estudio, los participantes leyeron un párrafo sobre el sufrimiento de los niños en Darfur y miraron fotos de un niño azotado por la guerra u ocho. Luego se les hicieron varias preguntas sobre sus sentimientos de compasión (por ejemplo, «¿qué tan comprensivo te sientes con los niños?»). El grupo de baja adversidad mostró consistentemente el sesgo numérico, pero el grupo de alta adversidad no: informaron significativamente más compasión por las víctimas múltiples que por una sola. Además, cuanto mayor era su propio nivel de sufrimiento pasado, mayor compasión en general informaron respecto de los niños y, como se reveló en un nuevo estudio, más estaban dispuestos a donar a UNICEF, lo que en teoría podría ayudar a esos niños.

Otros experimentos revelaron que los participantes de alta adversidad tenían una creencia más fuerte en su capacidad de realmente hacer una diferencia en otras personas que están sufriendo. Sospechando que esto apuntalaba el perfil de compasión de este grupo, Lim y DeStono intentaron una intervención simple diseñada para mejorar las creencias de los participantes de baja adversidad en su propia eficacia. Cuando se informó a un nuevo grupo de participantes de baja adversidad, en base a una prueba falsa, que habían puntuado alto en empatía y que las personas con alta empatía son buenas para cuidar a los demás y son más exitosas para aliviar su dolor, sus subsecuentes sentimientos de compasión hacia víctimas múltiples coincidió con los de los participantes de alta adversidad. El sesgo numérico había desaparecido.

«Sobrevivir a las adversidades pasadas hace que las personas crean que serán eficaces para ayudar a los demás, lo que les permite regular sus sentimientos de compasión frente a los eventos más exigentes», concluyen los investigadores.

Lim y DeSteno enfatizan que no están argumentando que la adversidad es algo bueno. Dicen que hay otras formas de enseñar a las personas que realmente pueden ayudar a otros que lo necesitan. «Por ejemplo, se puede esperar que las personas que se ofrecen como voluntarios para ayudar en el alivio de desastres o para trabajar con los enfermos terminales desarrollen la sensación de que sus esfuerzos hacen una diferencia para muchos otros,” concluyen los autores.

Referencia:

Lim, D., & DeSteno, D. (2019). Past adversity protects against the numeracy bias in compassion. Emotion . https://doi.org/10.1037/emo0000655

Fuente: British Psychological Society

  • Ciencia

Estudio con IRMf muestra nuevas perspectivas respecto de la forma en que el trauma modifica el cerebro

  • 26/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Un ensayo clínico de padres (Poppa et al., 2019; «Website», s. f.) incluyó un estudio que se utilizó imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) para estudiar la actividad cerebral asociada con el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y los trastornos por abusos de sustancias. La investigación fue especialmente sensible a la situación de las mujeres que padecen estos trastornos y que “ingresan al tratamiento con comorbilidades médicas más complejas en comparación con los hombres, incluso debido a traumas interpersonales y sexuales,” explicó la autora Tasha Poppa, candidata doctoral en la Universidad del Sur de California.

Los investigadores analizaron la actividad cerebral de 43 mujeres que habían ingresado recientemente en un programa de abuso de sustancias. Catorce de estas mujeres habían recibido un diagnóstico de TEPT.

Durante la exploración del cerebro, las participantes alternaron entre dirigir su atención hacia la sensación de respiración y enfocar su atención en un objetivo externo. La atención fue de particular interés porque el programa de abuso de sustancias se basó en prácticas de meditación mindfulness.

Poppa y sus colegas observaron una conectividad reducida en una red cerebral relacionada con la atención en mujeres con TEPT en comparación con aquellas sin TEPT. En particular, las mujeres con TEPT mostraron una conectividad funcional reducida entre la corteza orbitofrontal y el precúneo, la ínsula media posterior, la corteza prefrontal lateral y la circunvolución angular.

Independientemente de los diagnósticos de TEPT, la exposición a la violencia sexual también se asoció independientemente con reducciones similares en la conectividad en esta red cerebral.

Los resultados indican que las mujeres con TEPT y trastornos por abuso de sustancias “pueden tener más dificultades para recurrir a los recursos interoceptivos y de atención que pueden apoyar la regulación emocional en el contexto de las prácticas de atención plena,” dijeron los investigadores (Poppa et al., 2019).

“Estos hallazgos se suman a un conjunto de evidencia que el trauma cambia de manera duradera cómo funcionan nuestros cerebros. Además, dada la alta concurrencia de traumas y trastornos por abuso de sustancias, comprender estos cambios cerebrales puede tener un papel en la mejora de los resultados del tratamiento,” dijo Poppa.

Limitaciones del estudio

Esta investigación contó con una muestra bastante limitada. Y dado que este es el primer estudio que analiza la cuestión de la comorbilidad del TEPT en una población femenina con trastornos por abuso de sustancias, es importante replicar los hallazgos en estudios más amplios.

“Una advertencia relacionada con la reproducibilidad es que los hallazgos surgen en el contexto de una tarea conductual particular en la que se pide a los participantes que atiendan las sensaciones corporales asociadas con la respiración, por lo que no está claro si estos patrones cerebrales surgirían en otra tarea o en contextos ‘libres de tareas’,” señaló Poppa.

Referencias:

Poppa, T., Droutman, V., Amaro, H., Black, D., Arnaudova, I., & Monterosso, J. (2019). Sexual trauma history is associated with reduced orbitofrontal network strength in substance-dependent women. NeuroImage. Clinical, 24, 101973. https://doi.org/10.1016/j.nicl.2019.101973

Website. (s. f.). Recuperado 26 de septiembre de 2019, de https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0005796719301238

Fuente: PsyPost

  • Ciencia

Practicar meditación mejora la cognición social, según nuevo estudio

  • 26/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Los meditadores experimentados y las personas que son más conscientes del momento presente tienden a obtener una puntuación más alta en varias medidas de cognición social, como el reconocimiento emocional (Campos et al., 2019).

Para examinar este tema, los investigadores administraron evaluaciones psicológicas a 30 meditadores españoles y 30 personas sanas que no practicaban meditación, que coincidían en cuanto a sexo, edad y origen étnico. Los participantes en el grupo de meditadores tuvieron al menos 1 año de experiencia en meditación.

Los meditadores tendieron a puntuar más alto en las medidas de empatía. También tendían a ser mejores para reconocer las emociones basadas en expresiones faciales e inferir la verdadera intención detrás de las expresiones indirectas del habla. Los meditadores también tenían más probabilidades de mostrar un sesgo de hostilidad reducido, lo que significa que tendían a ver las acciones negativas de alguien como accidentales en lugar de intencionales.

Los investigadores descubrieron que los meditadores también tenían niveles significativamente más altos de atención disposicional, un rasgo de personalidad que describe la conciencia y la atención de alguien a lo que está pensando y sintiendo en el momento. El mindfulness disposicional estaba, a su vez, relacionado con varios resultados de cognición social.

«Desde una perspectiva pedagógica, nuestros hallazgos sugieren que el entrenamiento específico en mindfulness centrado en la observación de experiencias internas y externas, así como la falta de reactividad a dicha experiencia interna, puede resultar en la mejora de dominios específicos de cognición social,» dijeron los investigadores.

Limitaciones del estudio

Los investigadores sólo examinaron datos de encuestas transversales, lo que impide cualquier determinación de causa y efecto.

«Por ejemplo, tal vez las personas que eligen involucrarse en la mindfulness simplemente tienen niveles más altos de cognición social desde un principio, y las razones para practicar la meditación mindfulness podrían, por lo tanto, estar relacionadas con sus resultados,» explicaron los investigadores. Investigaciones futuras también podrían beneficiarse de muestras de participantes más grandes y diversas.

Pero los resultados se ven reforzados por un estudio aleatorizado y controlado anterior, que encontró que un programa de meditación basado en la compasión de 8 semanas podría mejorar significativamente la capacidad de una persona para leer las expresiones faciales de los demás (Mascaro, Rilling, Tenzin Negi, & Raison, 2013).

Del mismo modo, otro estudio encontró que practicar meditación mindfulness por 5 minutos mejoró la capacidad de inferir y comprender los estados mentales de otros (Tan, Lo, & Neil Macrae, 2014).

Referencias:

Campos, D., Modrego-Alarcón, M., López-Del-Hoyo, Y., González-Panzano, M., Van Gordon, W., Shonin, E., … García-Campayo, J. (2019). Exploring the Role of Meditation and Dispositional Mindfulness on Social Cognition Domains: A Controlled Study. Frontiers in Psychology, 10, 809. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.00809

Mascaro, J. S., Rilling, J. K., Tenzin Negi, L., & Raison, C. L. (2013). Compassion meditation enhances empathic accuracy and related neural activity. Social cognitive and affective neuroscience, 8(1), 48-55. https://doi.org/10.1093/scan/nss095

Tan, L. B. G., Lo, B. C. Y., & Neil Macrae, C. (2014). Brief Mindfulness Meditation Improves Mental State Attribution and Empathizing. PloS one, 9(10), e110510. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0110510

Fuente: PsyPost

  • Ciencia

Este video representa lo difícil que puede ser la transición de la infancia a la adolescencia

  • 26/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Tener la oportunidad de crecer, y de transicionar por las distintas edades de la vida humana, es una experiencia intensa, llena de situaciones nuevas que afrontar (algunas de las cuales ocurrirán inevitablemente), y con una mezcla de sentimientos y emociones tan intensa como las experiencias mismas. Crecer puede sentirse como una tormenta arrebatadora.

Esta historia, protagonizada por Lili, es una representación de lo que significa crecer, de lo que enfrenta una niña, un niño, al darse cuenta que su infancia está acabando, que muchas cosas cambian (quizás más de lo que le gustaría). Por más que Lili pelea contra la tormenta, no puede aferrarse a su infancia, llena de peluches y juguetes. Ella se da cuenta de que crecer puede significar dejar atrás ciertas cosas, aunque hayan sido sinónimo de alegría y felicidad. Con un poco de melancolía, valorando y recordando su niñez, Lili avanza a una nueva etapa, desconocida, intrigante, desafiante.

https://vimeo.com/242934453

Este video es una herramienta que mueve a padres y educadores a reflexionar sobre los cambios que enfrentan las niñas y los niños cuando pasan de la niñez a la adolescencia. Destaca la importancia de acompañar esta transición y reconocer y validar las emociones que atraviesan los chicos al crecer. Ser capaces de empatizar con ellos es crucial para su desarrollo físico y emocional.

Los adultos, dice Vanessa Orrego, Psicóloga de Elige Educar, juegan un rol determinante pues ellos ya vivieron este periodo de vida y justo por eso, con el fin de vincularse con las emociones de quienes enfrentan esta etapa, deben pensar en sus propias experiencias. Esto permitirá al niño vivir la transición de una manera más natural y siendo consciente de que en realidad no está solo. Pero en este proceso, agrega la psicóloga, el adulto no debe imponerse, simplemente deber ser una especie de espejo en el cual el niño pueda reconocerse. Esto permitirá que viva su adolescencia a su manera, con sus propios aprendizajes y errores, tal como lo hizo Lili en esa solitaria aventura que empezó con la tormenta de arena y terminó con la adultez.

Fuente: Elige Educar

  • Ciencia

Actividades al aire libre para prevenir y tratar trastornos de salud mental

  • 26/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Investigadores de la Universidad de Utah en Salt Lake City informaron que se pueden obtener importantes beneficios para la salud mental al participar en actividades al aire libre. Su revisión sistemática de la literatura existente sobre los beneficios para la salud mental de la recreación basada en la naturaleza confirmó que pasar tiempo al aire libre, y especialmente participar en actividades al aire libre, puede conducir a una variedad de resultados positivos para la salud mental (Lackey et al., 2019).

Más del 80% de los trabajos de investigación relevantes revisados ​​para este estudio informaron al menos una asociación entre las actividades al aire libre y los resultados positivos de salud mental, mientras que ninguno informó un solo resultado negativo de salud mental. Los beneficios positivos más comunes observados fueron reducciones significativas en el estrés y la ansiedad después de pasar un tiempo en la naturaleza, así como un mayor afecto positivo o un estado de ánimo elevado. Los efectos positivos generales documentados en estos estudios a menudo se describieron utilizando términos como «curación psicológica,» «mayor sensación de bienestar» y «restaurativo». Aunque hubo muchos resultados alentadores, sin embargo, se encontraron menos asociaciones entre actividades basadas en la naturaleza y un mayor afecto positivo en estudios que examinaron los beneficios potenciales para las personas con diagnósticos de salud mental como depresión mayor y TEPT.

En general, los autores del estudio encontraron que la recreación basada en la naturaleza tiene un gran potencial para mejorar los resultados de salud mental en áreas de bienestar general, resiliencia, restauración y cognición, con cierto potencial para disminuir los síntomas de ansiedad, estrés y depresión. Al mismo tiempo, se necesitan más estudios sobre tipos específicos de actividades al aire libre para proporcionar la evidencia clínica que muchos profesionales de la salud mental necesitan para incluir recomendaciones más significativas sobre recreación basada en la naturaleza en sus programas de tratamiento.

Referencia:

Lackey, N. Q., Qwynne Lackey, N., Tysor, D. A., David McNay, G., Joyner, L., Baker, K. H., & Hodge, C. (2019). Mental health benefits of nature-based recreation: a systematic review. Annals of Leisure Research, pp. 1-15. https://doi.org/10.1080/11745398.2019.1655459

Fuente: Psychology Today

  • Ciencia

El poder de la neuroplasticidad para reconfigurar el cerebro humano ante la carencia de un sentido

  • 26/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

¿Qué pasa en el cerebro cuando usamos los pies como manos? Este interrogante fue abordado por un estudio que te presentamos hace unos días, donde también compartimos un video maravilloso que muestra las habilidades motrices de Tom Yendell, un artista plástico que nació sin brazos (hacé clic en el link para verlo).

El estudio examinó cómo la neuroplasticidad reconfigura el cerebro en artistas que pintan con los pies y no tienen manos. Sorprendentemente, los dedos de los pies de los pintores se trazan como los de las manos en sus cerebros (Dempsey-Jones, Wesselink, Friedman, & Makin, 2019).

Al crear mapas cerebrales de artistas que nacieron sin brazos y usan sus pies y dedos de los pies para hacer arte, Dempsey-Jones y sus colegas demostraron por primera vez que el cerebro humano designa áreas en el cerebro que evolucionan para controlar el movimiento afinado de cada dedo del pie. Sin embargo, en la civilización moderna que usa zapatos, estas áreas del cerebro permanecen inactivas. Esta falta de uso provoca atrofia y podas posteriores para mantener el cerebro simplificado.

«Nuestros resultados tienen sentido desde una perspectiva de plasticidad cerebral: si no usás los dedos de los pies por separado en acción, tu cerebro no necesita representar cada dedo del pie por separado. Los resultados también tienen sentido dado que nuestros primos primates han organizado mapas de los dedos de los pies, en una posición y orientación cerebral similar a la de artistas,” explicó Dempsey-Jones.

Otro estudio reciente encontró que los adultos que nacen ciegos pueden reutilizar partes de la corteza cerebral que generalmente están designadas para la visión para realizar tareas de escucha (Loiotile, Cusack, & Bedny, 2019).

Las imágenes cerebrales muestran que cuando las personas con ceguera congénita escuchan el audio de una película o la narración de un libro en cinta, las regiones de la corteza cerebral que generalmente se consideran áreas cerebrales de «visión solamente» se iluminan en las imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf).

Ambos estudios ilustran cómo las circunstancias de la vida influyen en la forma en que el cerebro reestructura o reconecta su estructura y función para realizar tareas cotidianas o crear obras de arte.

Desde principios de 1800 y los días de la frenología, los neurocientíficos han buscado relacionar las funciones cerebrales con ubicaciones específicas en el cerebro y crear «mapas cerebrales» precisos. Pero el cerebro es plástico, se reforma y se vuelve a cablear cuando es necesario.

En esta misma línea, otro estudio encontró que si las regiones del hemisferio izquierdo que normalmente son responsables del lenguaje se dañan a una edad temprana, las regiones no utilizadas del hemisferio derecho pueden reutilizarse y «hacerse cargo» de las funciones del lenguaje (François et al., 2019). (Ver estudio muestra cerebro izquierdo: reconfiguración del cerebro derecho en acción)

Para su disertación en Johns Hopkins sobre «evidencia de flexibilidad cortical extrema,» Rita Loiotile examinó cuán flexible es la corteza visual al estudiar si esta región del cerebro puede ser reutilizada para llevar a cabo otras funciones como resultado de la ceguera congénita. Arribó a la conclusión de que las cortezas “visuales” de personas ciegas se reutilizan significativamente para funciones cognitivas superiores. Aunque las estructuras cerebrales pueden parecer particularmente adecuadas para implementar una función particular, tales mapeos de estructura-función no son evidencia de rigidez funcional. En contraste, la evidencia de la ceguera sugiere que la corteza humana es muy flexible al nacer.»

Finalizaremos este artículo con una poderosa cita:

«Yo, que soy ciega, puedo dar una pista a los que ven: usa tus ojos como si mañana estuvieras ciego. Y el mismo método se puede aplicar a los otros sentidos. Escucha la música de las voces, la canción de un pájaro, las poderosas melodías de una orquesta, como si estuvieras sordo mañana. Huele el perfume de las flores, prueba con gusto cada bocado, como si mañana nunca pudieras oler y probar de nuevo. Aprovecha al máximo cada sentido.» —Helen Keller (1880-1968).

Referencias:

Dempsey-Jones, H., Wesselink, D. B., Friedman, J., & Makin, T. R. (2019). Organized Toe Maps in Extreme Foot Users. Cell Reports, 28(11), 2748-2756.e4. https://doi.org/10.1016/j.celrep.2019.08.027

François, C., Ripollés, P., Ferreri, L., Muchart, J., Sierpowska, J., Fons, C., … Rodriguez-Fornells, A. (2019). Right Structural and Functional Reorganization in Four-Year-Old Children with Perinatal Arterial Ischemic Stroke Predict Language Production. eNeuro, 6(4). https://doi.org/10.1523/ENEURO.0447-18.2019

Loiotile, R., Cusack, R., & Bedny, M. (2019). Naturalistic auditory stories synchronize «visual» cortices across congenitally blind but not sighted individuals. The Journal of Neuroscience, pp. 0298-0219. https://doi.org/10.1523/jneurosci.0298-19.2019

Fuente: Psychology Today

  • Clínica

Terapia centrada en la compasión

  • 25/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

La terapia centrada en la compasión (usaremos “CFT,” por sus siglas en inglés, y para evitar confundirla con la terapia cognitivo conductual) ayuda a aquellos que luchan con la vergüenza y la autocrítica que pueden resultar de experiencias tempranas de abuso o negligencia. CFT enseña a los pacientes a cultivar habilidades de compasión y autocompasión, lo que puede ayudar a regular el estado de ánimo y generar sentimientos de seguridad, autoaceptación y comodidad.

El psicólogo Paul Gilbert desarrolló esta terapia en la década del 2000 para abordar específicamente la vergüenza y la autocrítica, basándose en la psicología y la neurociencia evolutiva, social, del desarrollo y budista.

La técnica es similar a la terapia cognitiva basada en mindfulness, que también instruye a los pacientes sobre la ciencia detrás de la conexión mente-cuerpo y cómo practicar la conciencia de la mente y el cuerpo.

Tratamiento con terapia centrada en la compasión: ¿cuándo se usa?

Se ha demostrado que la CFT trata eficazmente los problemas emocionales a largo plazo, incluidos los trastornos de ansiedad, los trastornos del estado de ánimo, los trastornos de la personalidad, los trastornos alimentarios, el trastorno de acumulación y la psicosis al abordar los patrones de vergüenza y autocrítica, que pueden contribuir significativamente a los problemas de salud mental.

La investigación sugiere que los humanos tienen al menos tres sistemas diferentes de regulación de emociones: un sistema de amenaza y autoprotección, que genera enojo, asco o miedo para protegernos; un sistema de impulso y entusiasmo, que nos motiva a buscar recursos externos como compañeros, parejas, comida y estatus; y un sistema relajante y de seguridad social, que se activa cuando nos sentimos lo suficientemente pacíficos y contentos como para que ya no nos veamos obligados a buscar recursos externos.

La enfermedad mental puede resultar, en parte, de un desequilibrio entre estos tres sistemas. Es posible que las personas con alta vergüenza y autocrítica no hayan tenido suficiente estimulación de su sistema calmante temprano en la vida, y demasiada estimulación de su sistema de amenaza. Como resultado, pueden tener problemas para ser amables consigo mismos o para sentir la amabilidad de los demás. Pueden ser muy sensibles a las críticas o al rechazo, ya sean reales o percibidos, e internalizar esa desaprobación. El objetivo de CFT es corregir este desequilibrio en los sistemas de regulación de emociones.

Qué esperar de esta terapia

El tratamiento CFT se puede practicar en sesiones individuales o grupales, con el objetivo general de cultivar la compasión por uno mismo y por los demás. El terapeuta le enseñará al paciente sobre la evolución del cerebro, la construcción del yo y los sistemas que regulan las emociones.

También ayudará al paciente a desarrollar habilidades como la compasión, la autocompasión y la atención plena. Generalmente reciben tareas para practicar estas habilidades durante los días sin sesiones.

¿Cómo funciona?

La vergüenza y la autocrítica a menudo surgen del abuso, la negligencia y la intimidación. Las personas que experimentan un trauma temprano pueden llegar a sentir que sus mundos internos y externos están casi siempre al borde de la hostilidad. Según Gilbert, la autocrítica interna y el miedo al rechazo externo pueden volverse tan crónicos que pueden «acosar literalmente» a las personas hacia la depresión y la ansiedad.

CFT se superpone con terapias desarrolladas para tratar el trauma, que abordan los recuerdos tempranos, reconocen los pensamientos negativos y corrigen las percepciones erróneas. Pero para algunas personas que luchan con la vergüenza y la autocrítica, ser capaz de contrarrestar los pensamientos irracionales no es suficiente; sin autocompasión, la lógica no se traduce en sentirse mejor.

CFT reemplaza los sentimientos de hostilidad e inseguridad hacia uno mismo con compasión y comprensión, para que los pacientes puedan comenzar a calmarse, aceptar el alivio de los demás y generar sentimientos de satisfacción y seguridad (Chou et al., 2019; Cuppage, Baird, Gibson, Booth, & Hevey, 2018; Frostadottir & Dorjee, 2019; Gilbert, 2009).

El terapeuta

Busque un profesional de salud mental con capacitación especializada y experiencia en terapia cognitiva conductual y mindfulness, así como capacitación adicional y experiencia supervisada en terapia centrada en la compasión. Además de estas credenciales, es importante encontrar un terapeuta con el que se sienta cómodo.

Referencias:

Chou, C.-Y., Tsoh, J. Y., Shumway, M., Smith, L. C., Chan, J., Delucchi, K., … Mathews, C. A. (2019). Treating hoarding disorder with compassion-focused therapy: A pilot study examining treatment feasibility, acceptability, and exploring treatment effects. The British Journal of Clinical Psychology / the British Psychological Society. https://doi.org/10.1111/bjc.12228

Cuppage, J., Baird, K., Gibson, J., Booth, R., & Hevey, D. (2018). Compassion focused therapy: Exploring the effectiveness with a transdiagnostic group and potential processes of change. The British Journal of Clinical Psychology / the British Psychological Society, 57(2), 240-254. https://doi.org/10.1111/bjc.12162

Frostadottir, A. D., & Dorjee, D. (2019). Effects of Mindfulness Based Cognitive Therapy (MBCT) and Compassion Focused Therapy (CFT) on Symptom Change, Mindfulness, Self-Compassion, and Rumination in Clients With Depression, Anxiety, and Stress. Frontiers in Psychology, 10, 1099. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.01099

Gilbert, P. (2009). Introducing compassion-focused therapy. Advances in Psychiatric Treatment, Vol. 15, pp. 199-208. https://doi.org/10.1192/apt.bp.107.005264

Fuentes: Psychology Today; Center for Compassion Focused Therapy

  • Clínica

¿Desorden o trastorno de acumulación?

  • 25/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

El trastorno de acumulación se caracteriza por una resistencia constante a descartar las pertenencias personales, incluso aquellas sin valor, como el correo basura, los periódicos viejos y los materiales que la mayoría de la gente consideraría basura. Los acumuladores también se aferran a las posesiones personales que ya no usan, ya sea porque se sienten emocionalmente apegados a estos artículos o porque creen que los necesitarán en el futuro.

Las personas con esta afección pueden ceder ante la necesidad de adquirir cantidades excesivas de objetos que llenen su espacio vital. La acumulación de desorden y la falta de orden y limpieza pueden causar riesgos de salud y seguridad dentro del hogar. De esta manera, el trastorno de acumulación puede crear problemas sociales, profesionales y funcionales que afectan no solo al individuo sino también a las personas que lo rodean.

Tres criterios deben estar presentes, al menos en un grado mínimo, para considerar la existencia de un trastorno de acumulación:

  1. Acumulación excesiva y falta de descarte proporcionalmente (cosas y/o animales).
  2. Las actividades de la vida cotidiana se ven afectadas por espacios que no se pueden utilizar para el propósito previsto.
  3. Angustia o impedimento en el funcionamiento de la persona que acumula u otros. Incluso si «otros» no saben sobre la acumulación, tendrían motivos para preocuparse.

La acumulación se encuentra en todas las culturas, en personas con los más variados niveles de ingresos económicos y de educación, y puede presentarse por diferentes razones. Las situaciones de acumulación continúan deteriorándose hasta que la salud y la seguridad del individuo y la comunidad se ponen en riesgo.

En una situación que cumplen con el estándar para el trastorno de acumulación, la única diferencia entre una acumulación excesiva de cosas percibidas como valiosas y cosas no valiosas es el precio de los artículos. El factor clave es la acumulación excesiva y la imposibilidad de resolver esa acumulación excesiva debido al riesgo que crea.

Tipos de acumulación

Acumulación estandarizada, con tres subtipos:

Acumulación indiscriminada: Cualquier cosa puede ser atesorada, desde artículos valiosos hasta el desperdicio humano. Los artículos son lo que la mayoría de la gente guarda. La percepción y la motivación fluctúan mucho. Por lo general, da lugar a pilas caóticas.

Acumulación discriminada: guarda una o más categorías específicas de artículos; por ejemplo, libros, figuritas, arte, papel, ropa. Los artículos tienen un alto valor de atracción para la persona y se les da gran importancia. Rara vez se muestran como «colecciones» para disfrutar con conocidos.

Acumulación combinada: generalmente ocurre cuando la acumulación discriminada excede la capacidad de la persona de manejar los elementos deseados del desorden diario en su entorno.

Síndrome de Diógenes:

A menudo se encuentra en adultos que van envejeciendo y se caracteriza por la auto-negligencia (falta de ropa, mala nutrición, atención médica y dental incluso cuando pueden pagarla), y la miseria doméstica, lo que hace que el hogar sea poco saludable e inseguro.

Acumulación de animales, en la medida en que:

  • No se proporcione una nutrición, saneamiento y atención veterinaria mínimos.
  • No se actúe ante el deterioro de las condiciones de los animales o del medio ambiente.
  • No se actúe o no se reconozca el impacto negativo de la acumulación en la propia salud y bienestar.

La acumulación es más que un problema de salud mental

A partir de mayo de 2013, se convirtió en un trastorno dentro del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 5a edición (DSM-5). Sin embargo, es más que un problema de salud mental, ya que puede convertirse en un problema de salud y seguridad personal y pública. Sin identificación y tratamiento, las personas que viven con el trastorno de acaparamiento corren un mayor riesgo de experimentar un más deterioro tanto de su estado de salud mental como de sus condiciones de vida. Sin intervenciones de apoyo pueden ponerse a sí mismos y a otros en riesgo (Timpano et al., 2011).

La acumulación es ampliamente reconocida como un comportamiento compulsivo, por lo que a medida que avanza, se pueden crear las siguientes condiciones:

  • Condiciones de vida poco saludables debido al deterioro, infestación o contaminación. Por ejemplo, se pueden crear condiciones de respiración comprometidas debido a la mala calidad del aire, polvo extremo, excremento de ratón o moho.
  • Condiciones de vida inseguras debido a incendios, inundaciones, tropiezos o derribos. Un ejemplo son los ratones que mastican cables eléctricos que podrían provocar un incendio. Una acumulación excesiva de cosas crea un mayor riesgo debido a la carga de combustible. Si por alguna razón los artículos se mojan, pueden poner una carga excesiva en la integridad estructural del edificio. Si el entorno es compartido, como un apartamento o vecindad o propiedad horizontal, los vecinos también están en riesgo.

¿Acumulación o desorden?

Aunque a menudo se utilizan estos términos indistintamente, hay dos diferencias:

  1. Los desordenadores son más propensos a descartar cosas más fácilmente.
  2. Su desorden no debilita sus vidas en el mismo grado.

Lo que no sabemos es si el desorden es realmente una etapa en el ciclo de vida del acumulador.

Tratamiento

Un tratamiento efectivo del trastorno de acumulación puede ayudar a mejorar la condición, así como la toma de decisiones, las habilidades de organización y la reducción del estrés. Los tratamientos principales utilizados para aliviar sus síntomas incluyen la terapia cognitivo-conductual (TCC) y la medicación antidepresiva, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Se puede emplear uno u otro, o ambos. Los primeros ensayos clínicos sugieren que la terapia centrada en la compasión (similar a la terapia cognitiva basada en mindfulness) puede ser más efectiva que la TCC sola (Chou et al., 2019).

Referencia:

Chou, C.-Y., Tsoh, J. Y., Shumway, M., Smith, L. C., Chan, J., Delucchi, K., … Mathews, C. A. (2019). Treating hoarding disorder with compassion-focused therapy: A pilot study examining treatment feasibility, acceptability, and exploring treatment effects. The British Journal of Clinical Psychology / the British Psychological Society. https://doi.org/10.1111/bjc.12228

Timpano, K. R., Exner, C., Glaesmer, H., Rief, W., Keshaviah, A., Brähler, E., & Wilhelm, S. (2011). The epidemiology of the proposed DSM-5 hoarding disorder: exploration of the acquisition specifier, associated features, and distress. The Journal of Clinical Psychiatry, 72(6), 780-786; quiz 878-879. https://doi.org/10.4088/JCP.10m06380

Fuente: Psychology Today

  • Análisis

El «vínculo débil» o la falta de gratitud de un miembro de la pareja

  • 25/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Ser agradecidos en general es beneficioso para nuestra salud (física y mental) así como para la salud de quienes nos rodean. Es que la gratitud tiene un papel de suma importancia en nuestras vidas. Incluso, una investigación encontró que la gratitud hacia la pareja media la relación entre evitar el apego y la satisfacción con la relación. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que la gratitud sólo es buena si ambos miembros de la relación son agradecidos (McNulty & Dugas, 2019).

Para llegar a esta conclusión, investigadores hicieron un seguimiento de 120 parejas de recién casados ​​durante tres años, y midieron los sentimientos y las expresiones de gratitud de cada uno al comienzo del estudio, después del primer año y luego nuevamente después del segundo año. También les preguntaron qué tan satisfechos estaban con su relación cada cuatro meses durante tres años.

Lo que encontraron fue que la gratitud era buena para la calidad de la relación, pero solo si ambos eran muy agradecidos. Al comienzo del estudio, cuanto más agradecidas estaban las personas, más satisfechas estaban con sus relaciones, pero solo si su pareja también estaba muy agradecida.

Lo mismo sucedió con el tiempo: las personas agradecidas que también tenían parejas agradecidas no experimentaron las mismas caídas de satisfacción en los tres años que el resto de las parejas en el estudio. De hecho, fueron el grupo más satisfecho al final del estudio. Por otro lado, las personas agradecidas que tenían parejas desagradecidas mostraron las mayores caídas en satisfacción durante los tres años, y terminaron siendo las más insatisfechas.

Mientras que el trabajo previo ha encontrado que las personas que se sienten más apreciadas llegan a ser más agradecidas, lo que sugiere que un compañero puede aumentar la gratitud y la calidad de la relación del otro compañero, estos hallazgos resaltan el otro lado de ese ciclo diádico: un compañero desagradecido puede ser capaz de atraer al otro a ese lugar con el tiempo, al menos en términos de su satisfacción con la relación. Los autores de este estudio no encontraron que la gratitud de un miembro de la pareja predijera la gratitud del otro.

Cualesquiera que sean las vías a través de las cuales las parejas desagradecidas se afectan entre sí, este estudio sugiere que, con el tiempo, que un miembro de la pareja sea menos agradecido puede ser suficiente para acelerar la inevitable disminución en la satisfacción de la relación, concluyen los autores recordando, de todos modos, que este es un estudio correlacional por lo que se necesita más evidencia que respalde estos hallazgos.

Referencia:

McNulty, J. K., & Dugas, A. (2019). A dyadic perspective on gratitude sheds light on both its benefits and its costs: Evidence that low gratitude acts as a «weak link». Journal of Family Psychology: JFP: Journal of the Division of Family Psychology of the American Psychological Association . https://doi.org/10.1037/fam0000533

Fuente: Psychology Today

  • Ciencia

¿Podemos cambiar la personalidad?

  • 25/09/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Hasta cierto punto, todos poseemos un deseo inherente de cultivar rasgos de personalidad positivos (como ser extrovertidos, optimistas y carismáticos) y minimizar rasgos negativos (como el pesimismo y el neuroticismo).

Una nueva investigación descubrió que las personas que trabajan activa y constantemente para cambiar aspectos de su personalidad, en muchos casos, logran con éxito los resultados que desean (Hudson, Briley, Chopik, & Derringer, 2019).

Para llegar a esta conclusión, los investigadores reclutaron a 377 estudiantes universitarios en la Universidad de Illinois y la Universidad Estatal de Michigan que participaron en un estudio de 15 semanas. Primero se les pidió que completaran una prueba corta de personalidad que midió las cinco dimensiones centrales de la personalidad: extraversión, amabilidad, estabilidad emocional, conciencia y apertura a las experiencias. Después de completar la encuesta, se les pidió a los participantes que eligieran cuál de estas dimensiones les gustaría cambiar durante el período de prueba de 15 semanas.

Dependiendo de lo que eligieron, los participantes recibieron «desafíos» semanales, enviados por el equipo de investigación, que estaban destinados a impulsarlos fuera de sus zonas de confort en las dimensiones de personalidad que querían cambiar. Por ejemplo, alguien que quería ser más extrovertido podría verse desafiado a presentarse con alguien nuevo. O bien, se le puede pedir a una persona que quiera mejorar su estabilidad emocional que pase al menos una hora haciendo algo que disfrute.

Los investigadores solicitaron que los participantes volvieran a tomar la prueba de personalidad todas las semanas durante el período de prueba de 15 semanas. También enviaron nuevos desafíos cada semana, con diferentes niveles de dificultad. Por ejemplo, por el rasgo de la extraversión, un desafío fácil les pedía a los participantes ir a un lugar público donde las personas compartieran y se mezclan y saludar a alguien nuevo, mientras que un desafío difícil requería que los participantes «se presentaran con alguien nuevo y les preguntaran al menos dos preguntas sobre ellos.»

A través de este diseño, los investigadores probaron si los participantes podían cambiar sus personalidades al participar en los desafíos. Curiosamente, descubrieron que funcionaba. Los participantes que deseaban cambiar los rasgos de extraversión, conciencia, amabilidad y estabilidad emocional, todos mostraron una mejora en estas dimensiones de la personalidad durante el período de prueba de 15 semanas. La apertura a las experiencias fue la única dimensión de personalidad para la cual el ejercicio no funcionó (de hecho, las personas que intentaron ser más abiertas a las experiencias en realidad terminaron menos abiertas que cuando comenzaron).

Los investigadores también encontraron que el cambio de personalidad no tenía mucho que ver con la dificultad de los desafíos que las personas aceptaban. Lo que más importaba era completar constantemente los desafíos, independientemente de su nivel de dificultad.

Los investigadores concluyen que estos hallazgos proporcionan “evidencia de que hacer cambios de comportamiento activos que alineen los comportamientos de uno con los rasgos deseados es una estrategia viable para cambiar de forma volitiva la propia personalidad. Aunque esto parece ser un pronóstico prometedor para aquellos que podrían buscar programas diseñados para ayudarlos a cambiar sus rasgos, nuestros hallazgos enfatizan una advertencia importante: simplemente desear un cambio y formular planes no es suficiente; es necesario llevarlos a cabo.»

Referencia:

Hudson, N. W., Briley, D. A., Chopik, W. J., & Derringer, J. (2019). You have to follow through: Attaining behavioral change goals predicts volitional personality change. Journal of Personality and Social Psychology, 117(4), 839-857. https://doi.org/10.1037/pspp0000221

Fuente: Psychology Today

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