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  • Ciencia

Skinner, su hija y una cuna: la historia real detrás del mito

  • 14/06/2018
  • David Aparicio

B .F. Skinner (1904-1990), psicólogo, filósofo, investigador y escritor, fue sin duda uno de los psicólogos más influyentes y controversiales de nuestra era. Sus minuciosas investigaciones sobre el condicionamiento operante transformaron nuestro entendimiento sobre el poderoso efecto que tiene el ambiente sobre nuestro comportamiento y demostró que compartimos los mismos principios de aprendizaje que los animales. Este último punto fue muy difícil de digerir e inició acalorados debates y confrontaciones entre los principales referentes de la psicología de la época. Especialmente porque la evidencia que presentó contradecía contundentemente la teoría más aceptada del momento.

Lamentablemente los debates no se centraron únicamente en su teoría y conceptos, sino que se dirigieron numerosos epítetos y rumores contra Skinner y su familia, donde se lo catalogaba de fascista, controlador y retrógrado.

Pero hubo un rumor que lo persiguió durante el resto de su vida. Una leyenda que se sembró en los pasillos de la universidad1 en donde trabajaba y que se propagó hasta nuestros días en clases de psicología, libros y biografías mal documentadas.

Esta es la verdadera historia de la cuna de Skinner.

La cuna de Skinner o la cuna de aire

Todo comenzó en 1944 cuando Skinner decidió construir para su segunda hija, Deborah, una cuna especial que no sólo fuera cómoda y segura, sino que también redujera la carga de trabajo que tenía su esposa, Yvonne, en el hogar. Así que, fiel a su estilo, Skinner evaluó minuciosamente todos los elementos ineficientes de las cunas de la época y, junto con su esposa, decidieron que sólo incluirían los elementos más importantes para su cuidado.

Skinner se sentía confiado y entusiasmado con este proyecto. Años antes había diseñado y construido con sus propias manos la cámara de condicionamiento operante o caja de Skinner, un experimento que le permitió demostrar el principio del reforzamiento operante y obtener el reconocimiento mundial de la comunidad científica.

Skinner puso manos a la obra y como resultado logró una cuna poco convencional. Más parecida a una cabina enorme con un panel de vidrio en su frente que se podía subir y bajar para ingresar a su hija en la cuna. La cabina también incorporaba un filtro de aire para protegerla de las alergias y un regulador de temperatura que permitía mantener a su bebé en un ambiente agradable sin necesidad de vestirla con capas y capas de ropa para protegerla del inclemente frío de Minnessota. Esto a su vez reducía la carga de ropa, pañales y sábanas que lavar2. Disminuir la cantidad la ropa también le ofrecía a su bebé mayor libertad para moverse y jugar libremente dentro de la cuna, sin riesgos de enredarse y ahogarse con las sábanas. Skinner también pensó en un procedimiento fácil y cómodo que no requería agacharse para extraer la sabanas mojadas y que consistía en una lona en el piso unida a unos rodillos que podía deslizarse y cambiarse fácilmente con una polea.

Deborah Skinner dentro de la Cuna de Aire de Skinner.

Como cualquier padre, Skinner y su esposa Yvonne sacaban regularmente a su hija de la cuna para jugar, cambiarla y pasar tiempo con ella. Deborah la usó durante sus dos primeros años de vida, y todo indica que vivió una infancia feliz.

Skinner estaba satisfecho con el invento, y en 1945 escribió un artículo para la revista Ladies’ Home Journal donde describía las ventajas de la cuna, a la que se refería como un “aparato”. Sin embargo, la editorial decidió cambiar el título original —Baby Care Can Be Modernized (“El cuidado de los bebés se puede modernizar”)— por el mucho más provocador Baby in a Box (“Bebé en una caja”). Además, ilustraron el artículo con una imagen poco afortunada: Deborah dentro de la cuna, con las manos presionadas contra el vidrio, como si estuviera atrapada. La fotografía, lejos de ser neutral, reforzaba una lectura equivocada del invento.

Como era de esperarse, otros medios replicaron la historia seleccionando fragmentos aislados del artículo original, sin contextualizar la propuesta de Skinner ni explicar los objetivos reales de la cuna.

Imagen del artículo publicado en el Ladies Home Journal.

Aun así, la cuna de Skinner llegó a comercializarse, y se estima que más de 300 niños fueron criados en ella. Según los reportes, muchos padres consideraron que ofrecía ventajas significativas frente a los estándares de la época (Epstein, 1995).

Sin embargo, esa no fue la percepción generalizada. Algunas personas creyeron que Skinner estaba obsesionado con la eficiencia y que pretendía reemplazar el afecto y los cuidados humanos con tecnología. Otros, influidos por los rumores, asumieron que la cuna era una versión infantil de su famosa caja de condicionamiento y que la utilizaba para experimentar con su propia hija del mismo modo en que lo hacía con ratas y palomas.

El mito creció hasta alcanzar proporciones grotescas. Se llegó a afirmar que Deborah había desarrollado un trastorno psicótico, que fue internada en una institución psiquiátrica, que demandó a su padre por los supuestos experimentos a los que la había sometido, y que, incapaz de superar el trauma, terminó suicidándose.

Deborah  Skinner Buzan

Contrario a toda la maraña de rumores que se tejió alrededor de la imagen de Skinner y su familia, Deborah creció rodeada del amor y cuidado de sus padres. Al llegar a la universidad, estudió Historia del Arte, se graduó en 1967 y más adelante se trasladó a Londres para continuar desarrollando su carrera artística. Fue allí donde conoció a Barry Buzan, con quien se casó el 12 de marzo de 1973.

Skinner junto a sus hijas Julie (izquierda) y Deborah (derecha).

Deborah ha tenido una vida exitosa como pintora. Sin embargo, la leyenda sobre los supuestos experimentos de su padre la ha perseguido durante décadas. El episodio más desafortunado ocurrió en 2004, cuando una reseña negativa del libro Opening Skinner’s Box: Great Psychological Experiments of the Twentieth Century, escrito por la reconocida autora Lauren Slater, volvió a alimentar el mito de que Deborah había sido utilizada para probar las teorías conductistas de su padre (Miller, 2004). La propia Slater insinuó que Deborah era difícil de localizar y que probablemente se encontraba inestable, dejando un final ambiguo que reforzaba la narrativa ficticia.

Cansada de tantas distorsiones, Deborah respondió con una carta firme y clara publicada en el diario inglés The Guardian(Buzan, 2004), donde afirmó que su padre fue un hombre devoto y amoroso, y negó categóricamente haber sido utilizada como sujeto de experimentación.

No era la primera vez que los Skinner salían a desmentir el rumor. Años atrás, el propio Skinner intentó ponerle fin confrontando directamente al psiquiatra que había iniciado la historia. Incluso aprovechó una de sus conferencias para aclarar públicamente el malentendido. Gracias a YouTube, hoy podemos ver esa intervención de primera mano:

Skinner fue un hombre de ciencia, un inventor, pero ante todo fue un padre y esposo que quiso ofrecerle a su familia las mejores condiciones posibles. Su cuna estaba adelantada a su tiempo. Prueba de ello es que muchas de sus características hoy coinciden con las recomendaciones pediátricas: control de temperatura, buena calidad del aire y la reducción de objetos y ropa dentro de la cuna para prevenir riesgos de asfixia.

Sin embargo, su propuesta fue mal recibida y terminó siendo el combustible perfecto para alimentar un mito que aún persiste. Tal vez todo habría sido diferente si Skinner hubiera contado con el apoyo de un equipo de comunicación que le advirtiera sobre el impacto que pueden tener ciertas palabras en el público general. Términos como “aparato” o “experimento”, aunque precisos en el lenguaje científico, resultaban poco acertados para dirigirse a padres y madres preocupados por el bienestar de sus hijos.

Referencias bibliográficas:

  • Babies in Boxes. (n.d.). Retrieved from https://www.psychologytoday.com/us/articles/199511/babies-in-boxes
  • Buzan, D. S. (2004, March 12). I was not a lab rat. Retrieved from https://www.theguardian.com/education/2004/mar/12/highereducation.uk
  • Jorge, M. (2017, January 08). El bebé que vivía en una caja (o cómo una noticia falsa de los medios acabó con un proyecto científico). Retrieved from https://es.gizmodo.com/el-bebe-que-vivia-en-una-caja-o-como-una-noticia-falsa-1790840085
  • Joyce, N., & Faye, C. (n.d.). Skinner Air Crib. Retrieved from https://www.psychologicalscience.org/observer/skinner-air-crib
  • Joyce, N., & Faye, C. (n.d.). Skinner Air Crib. Retrieved from https://www.psychologicalscience.org/observer/skinner-air-crib
  • Miller, L. (2004, May 02). THE LAST WORD; Unpacking Skinner’s Box. Retrieved from https://www.nytimes.com/2004/05/02/books/the-last-word-unpacking-skinner-s-box.html
  • Skinner, B. F. (n.d.). Baby in a Box. Cumulative Record (enlarged Ed.)., 419-426. doi:10.1037/11324-032

Notas al pie de página:

  1. Skinner trabajaba en esa época en la Universidad de Minnesota (1945). ↩
  2. Los pañales desechables no fueron inventados hasta 1949 por Marion Donovan. ↩
  • Ciencia

Teorías sobre el llanto del bebé y qué hacer cuando lo hace

  • 13/06/2018
  • Joan Rullan

Llorar es una de las primeras cosas que hacemos los seres humanos al llegar al mundo, salga de uno mismo o del golpecito del doctor/a que nos da la bienvenida. Durante los primeros meses de vida, los bebés no han desarrollado otras maneras de comunicarse que la del llanto, de manera que éste puede ser la respuesta a una gran variedad de motivos.

Por preocupante que pueda resultar el hecho de que nuestro hijo/a llore con frecuencia, lo cierto es que durante los 3-4 primeros meses de vida forma parte del desarrollo natural del recién nacido, y es habitualmente a partir de esos 4 meses de vida cuando paulatinamente la conducta empieza a reducirse.

Por parte de los padres, existe al día de hoy una gran cantidad de información sobre qué hacer y cómo educar a los hijos para brindarles un desarrollo óptimo, y lamentablemente estas indicaciones a menudo proponen direcciones distintas u opuestas entre sí, que generan confusión. Añadido a ello, el temor de si el bebé puede estar llorando por algún problema de salud importante, por eso es habitual que el llanto del bebé genere cierto nerviosismo y preocupación en los progenitores.

Partiendo de la idea de que llorar es de las pocas herramientas con la que se pueden comunicar los recién nacidos, y a menudo como forma de expresar algún malestar (tengo hambre, me pica o duele algo, necesito un cambio de pañal) parecería absurdo no atender a estas llamadas de atención. Evolutivamente, los que más lograban llamar la atención de sus progenitores durante los primeros meses, tenían más probabilidades de sobrevivir.

Ante ello, existen diferentes perspectivas sobre cómo responder al llanto de un bebé. Separados por toda una gama de grises, podemos encontrar la opinión de que es importante proporcionar cuidados y apoyo emocional constante, para que el recién nacido se sienta seguro y amado, a la vez que asocia a los padres y madres como fuente de bienestar y protección.

Llorar es de las pocas herramientas con la que se pueden comunicar los recién nacidos

Al otro lado está la postura de que el niño podría estar aprendiendo que mediante el llanto logrará siempre llamar la atención de los demás y obtener lo que quiere, además de que este apoyo emocional externo puede impedir que el recién nacido aprenda a auto-regularse por sí solo. Una crítica a esta postura es que el niño podría aprender también que los padres son un soporte débil y poco fiable ante la presencia de malestar, ya que el llanto también aparece cuando hay una necesidad o dolencia. Como se puede ver, la confusión incluso entre los profesionales, es notoria. Vamos a retomar algunos conceptos conductuales que puedan explicarlo.

Análisis conductual del llanto

B.F Skinner describió dos grandes clases de comportamiento:

Conducta respondiente: Es aquella conducta que viene determinada por su antedecente, lo que le precede. Suele ser heredado genéticamente por haber sido evolutivo para la especie, y son conductas reflejas de carácter involuntario. Ejemplos: Cerrar los ojos si se acerca algo hacia ellos a gran velocidad, sudar, salivar ante la comida, el reflejo rotuliano. En este caso, llorar sería una conducta respondiente ante el malestar.

Conducta operante: Son conductas aprendidas determinadas por las consecuencias de nuestros actos y tienen una función (conseguir o evitar algo). En este caso, llorar puede desarrollarse como una conducta para recibir atención o conseguir lo que uno quiere o necesita, por ejemplo.

El psicólogo Robert Epstein (2012) señala que cuando un bebé llora, recién nacido, estamos hablando de una conducta respondiente, refleja y filogenética. Se trataría de una respuesta automática ya que el niño no tiene otra forma de comunicarse con su entorno para expresar malestar. Sin embargo, con el tiempo puede asociar también ciertas consecuencias de llorar (“me hacen caso”, por ejemplo), en base a sus consecuencias, de modo que el llanto adquiere otras funciones siendo una conducta operante.

Cuando un bebé llora, recién nacido, estamos hablando de una conducta respondiente, refleja y filogenética

En relación con ello, Esptein señala uno de los errores más habituales por parte de los cuidadores. Si en el momento que llorar no se atiende, el recién nacido llorará más y más fuerte, lo cual tiene sentido desde un punto de vista evolutivo; cuando un comportamiento no funciona para lograr los resultados esperados, se incrementa su intensidad. Tras este pico de mayor intensidad, si no se obtienen los resultados esperados, la conducta se reducirá, dado que “no está funcionando” incluso llevándola a su máxima expresión. Si se está ignorando el llanto porque se entiende que el bebé está bien, pero al aparecer este incremento del llanto, los cuidadores se alarman y acuden a ver qué sucede, el niño está aprendiendo: Tengo que llorar más para que me hagan caso. Simplificándolo: A más llanto, menos malestar y más atención.

La propuesta de Epstein en estos casos sería la siguiente: Si se está ignorando el llanto porque es lo que se considera oportuno, aun cuando este incremente, esperar a que vuelva a bajar, para entonces intervenir, de modo que la recompensa no llega cuando se incrementa el llanto, sino cuando se reduce.

Es decir, ante el llanto dar atención, pero sin mostrarla. Es decir, observar si está bien y no ha sucedido nada problemático, pero no acudir a cogerle en brazos, mecerle, etc. Siguiendo los principios de moldeamiento, sería interesante que la aparición de los cuidadores se diera cada vez tras pausas más prolongadas, ampliando progresivamente el tiempo post-llanto antes de que aparezcan los cuidadores. De este modo, el bebé está recibiendo lo que quiere no con el llanto, sino con las conductas de auto-regulación propias con las que lo cesa y se tranquiliza.

Epstein destaca la gran diferencia entre ignorar, y estar pendientes de cuándo llora, cuándo incrementa el llanto, y cuándo decrece, para intervenir en el momento apropiado. En sus palabras, de este modo se estaría transmitiendo la idea de “te quiero, siempre estoy listo para ayudarte, y me gusta ver como te tranquilizas por ti mismo”.

Como decíamos anteriormente, existen ciertas discrepancias en sobre el qué hacer cuando un bebé llora, y un ejemplo de ello es la réplica de Whittingham (2014), quien coincide con el análisis de Epstein pero le ve algunas limitaciones.

Incorporando a los padres cuando llora el bebé

¿Qué sucede cuando oímos a nuestro bebé llorar? Probablemente aparezcan sensaciones de malestar y preocupación, y acudir a él y prestarle atención permitirá aliviar estas, además de, en la mayoría de casos, ser algo premiado por las consecuencias naturales y apetitivas del bebé.

Igual que los recién nacidos, los adultos aprendemos también constantemente y las propias consecuencias de nuestros actos en interacción con el bebé irán ampliando el repertorio de comportamientos con los que prestar atención al niño o niña. En algunos casos, la razón de estos comportamientos será el reducir el malestar, que pare de llorar. En otros, será acceder a experiencias positivas como sonrisas o miradas del neonato, o la satisfacción de estar actuando acorde a cómo quiero ser yo como padre/madre.

Estar atentos y responder no solamente ante el llanto sino también ante todo tipo de comportamiento del bebé y formas de comunicarse, de modo que se reforzarán un amplio abanico de comportamientos y maneras de comunicarse

Es posible también que, dada la saturación de información en la que se encuentren los cuidadores, los padres actúen especialmente en base a reglas. «Tengo que atenderle constantemente para que se sienta querido y desarrolle una buena autoestima», por ejemplo. Actuar de este modo, en base a reglas, suele tener la consecuencia de que se pierda contacto con lo real, con la experiencia directa. Lleva a hacer lo que se dice que se tiene que hacer y estar pendiente de eso, en lugar de atender a lo que nos dice la realidad de qué es más o menos útil, y de contactar con lo enriquecedor de la interacción con el bebé o al hecho de estar siendo el padre/madre que uno quiere ser.

Incorporando comportamientos alternativos al llanto

Dado que el aprendizaje es acumulativo y no se puede borrar lo aprendido, la mejor manera de reducir un comportamiento es promoviendo aquellos que pueden competir con el que queremos reducir. Ante estímulos que indican al organismo de que se tiene hambre, los comportamientos principales de un bebé son el llorar, pero existen otros alternativos como abrir la boca, hacer sonidos con los labios o movimientos buscando el pecho de la madre. Los bebés tienen por lo tanto diferentes herramientas para lograr satisfacer su necesidad. Si las demás son desatendidas, y el llanto es atendido, se aprenderá que ante el hambre lo que hay que hacer es llorar para saciarla.

En este sentido, Whittingham propone estar atentos y responder no solamente ante el llanto sino también ante todo tipo de comportamiento del bebé y formas de comunicarse, de modo que se reforzarán un amplio abanico de comportamientos y maneras de comunicarse. Con el tiempo, estas formas de comunicación se desarrollarán y ampliarán, siendo las precursoras del lenguaje y la interacción social.

La propuesta de Whittingham

Según el autor, es una cuestión de prioridades. Si lo más importante es reducir los llantos, al ignorarlos se pueden reducir y lograr que el bebé deje de llorar antes (habría que tenerse en cuenta también si el llorar se entiende como un problema para el bebé o para los padres).

La crítica de Whittingham al planteamiento de Epstein, en que propone dar atención cuando el menor ha empezado a relajarse, reside en el aprendizaje subyacente: antes de relacionarse e interactuar, necesita haber reducido su malestar, puede llevar también a inflexibilidad psicológica, a dejar de hacer cosas cuando uno no se siente perfectamente, para centrarse en cambiar pensamientos o emociones que no nos gustan, algo muy recurrente en problemas psicológicos de la vida adulta. A entender que soy digno de atención solamente cuando estoy sintiendo y pensando cosas agradables o comúnmente llamadas positivas.

En cambio, si los cuidadores responden a cualquier tipo de comportamiento del bebé, sea este agradable (sonrisa) o desagradable (llanto) para los padres, están demostrándole aceptación incondicional al bebé y a lo que experimenta, sean los estados o emociones que sean. Esta puede ser la semilla para que el niño desarrolle a lo largo de múltiples interacciones aceptación y compasión con uno mismo y los demás, así como flexibilidad psicológica.

De este modo, lo que se estaría transmitiendo en este caso sería en palabras de Whittingham: “Te quiero, completa e incondicionalmente. Te acepto, entero, tal cual eres. Y siempre estoy aquí para ti, no importa qué hayas hecho. No importa lo grandes que puedan ser tus emociones, yo soy más grande aún, y puedo sostenerlas todas”.

Otras aproximaciones

Una investigación canadiense, llevada a cabo por Hunziker y Barr (1986), ha sugerido que cargar al bebé y mecerlo cuando no está llorando, podría reducir la frecuencia del llanto y prevenir cólicos. Además, estudios en otras culturas sugieren que la respuesta rápida al llanto del bebé, con tono cariñoso, producía llantos de menor intensidad (5 segundos o menos), lo que a su vez probablemente elicitara una respuesta cariñosa por parte del cuidador, buscando el alivio del bebé y no el propio (Barr, Konner, Bakeman & Adamson, 1991).

Referencias bibliograficas:

Barr, R., Konner, M., Bakeman, R. & Adamson, L. (1991), Crying in ¡Kung San infants: A test of the cultural specificity hypothesis. Recuperado de: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1469-8749.1991.tb14930.x

Epstein, R. (2012). Crying Babies. Journal of Contextual Behavioral Science, 1.1, 43-48.

Hunziker, U & Barr, R. (1986), Increased carrying reduces infant crying: A randomized controled trial. Recuperado de: https://pediatrics.aappublications.org/content/77/5/641?sso=1&ssoredirectcount=1&nfstatus=401&nftoken=00000000-0000-0000-0000-000000000000&nfstatusdescription=ERROR%3a+No+local+token

Whittingham, K. (2014). Parenting in context. Journal of Contextual Behavioral Science, 3.3, 212-215.

  • Ciencia

Aprendes mejor enseñando

  • 13/06/2018
  • Maria Fernanda Alonso

El efecto de aprender enseñando ha sido demostrado en muchos estudios. ¿Será que tener la responsabilidad de impartir conocimientos es relevante? ¿O quizás enseñar es una técnica de estudio extremadamente eficiente en sí misma por demandar recordar lo que hemos estudiado previamente?

En una nueva investigación en Applied Cognitive Psychology, dirigida por Aloysius Wei Lun Koh, se puso a prueba la teoría de que enseñar mejora el aprendizaje de quien enseña porque le obliga a recordar lo que ha estudiado previamente. En otras palabras, los investigadores sostenían que los beneficios en el aprendizaje de enseñar son una manifestación del conocido “efecto de prueba”: traer a la mente lo que hemos estudiado anteriormente conduce a una adquisición de esa información más profunda y duradera, comparado con pasar más tiempo volviendo a estudiar pasivamente.

Para el estudio, reclutaron 124 estudiantes y les pidieron que pasaran 10 minutos estudiando un texto con figuras que lo acompañaban, sobre el Efecto Doppler y las ondas sonoras (un tema sobre el cual ninguno de ellos tenía conocimientos previos), teniendo en miras que deberían enseñar el material ellos mismos luego, sin contar con notas. Se les dijo que podrían tomar notas mientras estudiaban pero que no las podrían usar en la siguiente etapa.

Después de la fase de estudio, se dividió a los participantes en cuatro grupos. En un grupo los participantes pasaron cinco minutos siendo filmados solos mientras daban una clase de pie sobre el material de estudio sin notas (podían usar un rotafolios en blanco para hacer dibujos si querían). En cuanto a los otros grupos, o bien pasaron el mismo tiempo completando multiplicaciones aritméticas; o parados enseñando literalmente desde un guión establecido (que incluía hacer referencia a figuras pre dibujadas en una pizarra blanca); o escribiendo todo lo que podían recordar del texto (esto es, una forma de práctica de recuperación diseñada para inducir el efecto que se estaba probando).

Una semana más tarde todos los participantes volvieron al laboratorio para una prueba sorpresa de su conocimiento y comprensión del texto de estudio original. La prueba consistió en seis preguntas de respuesta libre que requerían que expliquen conceptos claves del material de estudio.

El hallazgo crítico es que el grupo que enseñó sin notas tuvo un mejor rendimiento que el grupo que pasó el mismo tiempo completando problemas aritméticos y el grupo que enseñó desde un guión, pero también tuvo un mejor rendimiento el grupo que pasó el mismo tiempo recordando lo que había aprendido.

Los investigadores dijeron que sus resultados sugieren que “los beneficios de la estrategia de ‘aprender enseñando’ son atribuibles a la práctica de la recuperación de los materiales enseñados.”

Los nuevos hallazgos no socavan la noción de la enseñanza como un método de aprendizaje por efecto, pero tienen implicaciones prácticas sobre cómo es aplicada la técnica de “aprender enseñando” en la educación y el entrenamiento. “Para asegurar que los estudiantes y tutores aprenden y retienen el material educacional que han preparado y presentado en clases, deberían interiorizar el material a ser presentado antes de comunicarlo a una audiencia, en lugar de confiar en notas de estudio durante el proceso de presentación,” dijeron los investigadores.

Algunas críticas a este estudio se basan en que no hubo una audiencia que aprenda en ninguno de los grupos de enseñanza y por lo tanto no hubo interacción, lo que seguramente también cumple un rol en los beneficios del aprendizaje cuando se enseña. Además, originalmente se preparó a los participantes de todos los grupos para que esperen el hecho de tener que enseñar el material, lo que puede haber tenido beneficios de aprendizaje en sí mismo. Lun Koh y sus colegas sostuvieron que en investigaciones futuras evaluarán la importancia de la práctica de la recuperación a través de una variedad de escenarios y actividades de enseñanza.

Referencia del estudio: Aloysius Wei Lun Koh, Sze Chi Lee, Stephen Wee Hun Lim. The learning benefits of teaching: A retrieval practice hypothesis. https://doi.org/10.1002/acp.3410

Fuente: The British Psychological Society

  • Recursos

Criterios para la evaluación y la intervención con familias y menores en el ámbito de la protección infantil (PDF)

  • 12/06/2018
  • David Aparicio

El artículo revisa los manuales de actuación de algunos Servicios de Protección Infantil de nuestro país para describir el proceso de intervención de estos servicios una vez que tienen conocimiento de la existencia de un niño, niña o adolescente que puede estar siendo víctima de desprotección en su familia.

Se revisan los principios y criterios establecidos para las distintas tomas de decisión a adoptar en estos casos en los diferentes momentos del proceso de intervención, con especial atención a las decisiones relacionadas con la separación del niño, niña o adolescente de su familia. Por último se revisan la situación actual en nuestro país, los objetivos y el diseño de los programas de intervención familiar, con una breve reseña sobre sus resultados.

Descarga el artículo completo en formato PDF.

Autor: Ma Ignacia Arruabarrena Madariaga
Fuente: Papeles del psicólogo

  • Ciencia

Más que un guiño: El impacto de los emojis en tu cerebro

  • 11/06/2018
  • Karemi Rodríguez Batista

Estaréis de acuerdo conmigo en que los emojis nunca sustituirán a las palabras, pero no cabe duda que acompañan nuestra comunicación y la enriquecen, sobre todo en entornos donde es realmente difícil poder captar la emoción del otro. Y es que, precisamente, uno de sus principales objetivos es imitar expresiones faciales y emociones para desambiguar los textos escritos que, al carecer de otros elementos contextuales, pueden ser malinterpretados. En definitiva dar tinte emocional a nuestras interacciones. Simplemente mira los historiales de tu Whatsapp, Facebook, Twitter o blogs, y date cuenta.

Por ello, éste aspecto característico de la comunicación electrónica ha llamado el interés científico desde sus inicios. Su estudio ha estado presente en todas las fases que han caracterizado la investigación y desarrollo de la comunicación mediada por ordenador (CMO) — disciplina académica que lo estudia desde el punto de vista lingüístico la comunicación digital. Observa también el fenómeno de los emojis y emojis desde la pragmalingüística, un sub-área de la lingüística que se interesa por cómo el contexto influye en la interpretación del significado (Bieswanger, 2013 cit. en Sampietro, 2016).

Empecemos haciendo una breve distinción. Los emojis (neologismo que proviene de emoción e icono) son aquellos símbolos que creamos mediante signos de puntuación tipo :-), :-( Con los emojis vamos un poco más allá, son ideogramas o pictogramas que incorporan el color y son utilizados como los emojis principalmente en conversaciones de texto a través de teléfonos inteligentes. Podríamos también definirlos como emojis textuales o gráficos (Sampietro, 2016).

Aunque parece que ya en 1881 una revista satírica americana se publicaban 4 emojis tipográficos. No es sino es hasta El 19 de septiembre de 1982, cuando el científico americano Scott Fahlman propone el uso de la secuencia de caracteres :-) en el asunto de un mensaje para indicar que el comentario contenía una broma — una carita feliz para evitar malos entendidos, elprimer emoticón. Y hasta finales de 1990 es cuando Shigetaka Kurita crea los primeros emojis para la empresa de telecomunicaciones japonesa NTT Docomo. 176 caracteres de 12×12 píxeles, basándose en símbolos ya existentes en aspectos de la cultura de Japón. Actualmente la institución que estandariza su uso es Consorcio Unicode con 1.800 emojis avalados, tratándolos de igual forma a los idiogramas o símbolos de cualquier otro idioma.

Una variable importante que explica el gran éxito de los emojis es la facilidad para reconocerles. Ejemplos de ellos: “pulgar hacia arriba”, “carita que cierra el ojo”, “carita que manda besos”, etc., Sin embargo, la interpretación siempre irá en función del contexto. El emoji que saca la lengua podría interpretarse en un tono irónico o también erótico.

De aquí nos surgiría otra pregunta, ¿que grado de universalidad puede tener un emoji? Para ello, en 2015, investigadores de la Universidad de Barcelona y de Trento realizaron un análisis de 34 millones de tuits en Estados Unidos, Reino Unido, Italia y España. Y si, hay diferencias “La mujer que baila es simplemente una mujer que baila en Estados Unidos, Reino Unido e Italia, mientras que en España está más relacionada con irse de fiesta, o el emoji del trébol de cuatro hojas en España está más relacionado con mensajes de amor, mientras que en Reino Unido se emplea como símbolo de la buena suerte” (Rodríguez, 2017).

EL IMPACTO DE LOS EMOJIS EN LAS CONVERSACIONES 2.0

Tenemos, por otro lado posturas que afirman que los emojis podrían estarnos limitando, que simplifican el mensaje, además de limitar nuestra riqueza expresiva. Pero hemos de considerar que la conversación en línea no posee moduladores como pueden ser la entonación, el lenguaje corporal y las expresiones faciales. A tal fin estos recursos ayudan a compensar y a complementar la comunicación. Vyv Evans, profesor de lingüística de la Universidad de Bangor. afirma “No son, estrictamente hablando, un idioma como el inglés o el español. Pero nos guste o no, los emojis son la forma de comunicación más global”.

Ahora bien, es importante es saber en qué contextos podemos utilizar este recurso. En situaciones formales no es aconsejable, y según en qué culturas muchísimo menos. Pero si que es cierto que las marcas ahora mismo están explotando al máximo sus bondades.

Muchas de las grandes empresas online han aprovechado para incluirlas es sus mensajes en las redes sociales, con el fin de mostrarse también cercanos y fomentar un ambiente relajado entre sus usuarios.

Emojitracker ha detectado que “la publicidad también se vale de emojis, llegando a crear una tasa de clics en sus enlaces de 9,2%, mientras que la media sin emojis es de 0,4%.”. Esto puede deberse, entre otros factores a que mediante el uso de emojis en las empresas también se logra aumentar la accesibilidad, la empatía con los usuarios, la popularidad, o suavizar las malas noticias.

No cabe duda que “el lenguaje de los emojis articula sentimientos de una manera universal, transforma una frase simple, y provoca respuestas más fuertes y más variadas en una conversación en línea”, opina, Khotulev, informático y desarrollador web, y fanático de los emojis (Baraniuk, 2014). No es vano se le llama el lenguaje del siglo XXI.

“No son, estrictamente hablando, un idioma como el inglés o el español. Pero nos guste o no, los emojis son la forma de comunicación más global”

Para Ben Agger (1952-2015), profesor de sociología de la Universidad de Texas en Arlington, Estados Unidos, y autor del libro Texting Toward Utopia, “vivimos más literario de los tiempos, los emoticones traen los matices de la comunicación cara a cara, esas sutilezas que se pierden cuando interactuamos con una pantalla de por medio, y tanto niños como jóvenes utilizan el poder expresivo que tienen los mismos para comunicarse a grandes distancias y a pesar de las presiones sociales”. La manera en que hacemos uso de estas figuritas, también pueden revelar detalles sobre cómo eres, dicen los expertos en sociología. Por ejemplo, las mujeres suelen usarlos con más frecuencia que los hombres.

Se ha demostrado, además, que estamos culturalmente condicionados para reaccionar ante estos símbolos. Y pueden sobrepasar a las palabras mismas en cuanto a la transmisión de emociones complejas y significativas. Por tanto, no nos extraña en absoluto que empresas como Facebook hayan invertido en el desarrollo de sofisticados emojis.

Y Facebook lo sabe…

Por esto el coloso de las redes sociales, no deja pasar una oportunidad así. Hace pocos años, en 2012, el profesor de psicología de la UC Berkeley, Dacher Keltner, fue invitado a convertirse en socio científico de Facebook. Ha sido su dedicación al estudio de las emociones y la interacción social uno de los principales factores de esta alianza.

“El lenguaje de los emojis articula sentimientos de una manera universal, transforma una frase simple, y provoca respuestas más fuertes y más variadas en una conversación en línea”

Para empezar se planteó cómo la investigación sobre la compasión podría ser de utilidad a la red, a fin de abordar algunos tipos de conflictos personales. Keltner pensó que al incorporar algunos de los principios del trabajo seminal de Darwin sobre la emoción, podría agregar un toque de la riqueza que sentía que carecían los emojis existentes.

Pero, ciertamente no era un reto sencillo. Tomemos como ejemplo “la simpatía” y “la vergüenza”. Respecto a la primera, puede ser difícil de conseguir en forma de emoticon tradicional, “es una emoción poco apreciada en la cultura occidental”, y respecto a la segunda, la investigación ha demostrado que el sonrojo tiene un propósito evolutivo, que enseña que las personas lamentan cualquier límite social que acaban de sobrepasar. “Cuando muestras que estás avergonzado con alguien más, es como decir ‘Lo siento’. Desencadena el perdón y la confianza”, explica Keltner (Shaunacy, 2013).

Y entonces, comienza el proceso de dar a luz un elemento más completo: los famosos stickers que aparecen en Facebook y en otras aplicaciones y redes, y que ayudarían a precisar más matices emocionales.

También hemos de considerar la más reciente aparición de los GIFs animados en la comunicación a través de estos canales. Estos elementos aportan aún más una carga emocional a la comunicación más estructurada aportando cercanía y complicidad en el canal online.

Acompañar las frases con emojis activaba los giros frontales inferiores derecho e izquierdo, implicados en el procesamiento de información verbal y no verbal

Pero, ¿hasta dónde se puede matizar y replicar? Un estudio de 2007 sobre el uso de emoticones en el chat en línea advirtió que, aunque los emojis están destinados a inyectar expresiones no verbales en conversaciones de solo texto, difieren porque debemos usarlos de forma consciente y deliberada: aunque es concebible que los emojis puedan volverse habituales y menos conscientes con el tiempo, aún no está claro cómo se interpretan en la comunicación mediada por ordenador (CMO). Son tan icónicos e inconscientes como las expresiones faciales no verbales o, como la fraseología, como elementos deliberadamente codificados de comunicación intencional (Shaunacy, 2013).

Pero surgía una cuestión más relativo al movimiento. Lisa Feldman Barrettt, profesora de psicología en Northeastern University afirma que el movimiento antes y después de la expresión proporciona un contexto que ayuda a identificar la emoción. De hecho, los estudios en percepción de las emociones, encontraron que las personas pueden identificar mejor las emociones en caras dinámicas que en caras sin movimiento. Esta cuestión se ha resuelto ya con la incorporación de los GIFs animados.

¿QUÉ NOS DICEN LAS NEUROCIENCIAS?

Nos planteamos ahora cómo procesamos esta novedad cultural. Y es que estudios de neuroimagen se han puesto en marcha para proporcionarnos datos medibles en cuanto a esto. Por ejemplo un estudio en 2006, que empleaba la técnica de resonancia magnética funcional concluyó que los emojis se perciben como expresión de emociones, aunque no fuesen reconocidos como caras. Concretamente, el giro fusiforme derecho, que normalmente se activa en respuesta a las caras no respondía a los emojis, pero el giro frontal inferior derecho, implicado en tareas de decisión con contenido emocional se activaba tanto con las caras como con los emojis (Nakamura, 1999 cit en Rosa Martínez y Martínez Rubio, 2016).

En relación a la información no verbal, un estudio más reciente, de 2011, conducido porYuasa, Saito y Mukawa, demostró que acompañar las frases con emojis activaba los giros frontales inferiores derecho e izquierdo, implicados en el procesamiento de información verbal y no verbal. No obstante, el giro fusiforme derecho, implicado en el reconocimiento de caras, no se activaba ante estos estímulos. Aún así, el uso de emojis es un recurso sencillo que mejora nuestra comunicación emocional (Yuasa, Saito y Mukawa, 2011).

Sin embargo, en 2014, un estudio llevado a cabo por Churches, Nicholls, Thiessen, Kohler y Keage, concluyó que nuestro cerebro sí que asocia los emojis a los rostros humanos, reaccionando de forma similar, lo que desencadena respuestas en las mismas áreas cerebrales localizadas en la corteza occipito-temporal. Hay que puntualizar que, en este estudio, los emojis, en su posición habitual eran reconocidos por un proceso holístico similar al de las caras, debido a su asociación con éstas. Pero cuando se presentaban invertidos, no eran capaces de activar ninguno de los procesos implicados en el reconocimiento de caras debido a la falta de familiaridad en la configuración (Rosa Martínez y Martínez Rubio, 2016).

Para concluir, es tal la potencia y efectividad de estos elementos que se han convertido en esenciales y enriquecedores para nuestra comunicación digital. Sería interesante saber más desde otros enfoques como la psicología cognitiva o incluso acercamientos más subjetivos, de cara a una comprensión integrada de la influencia de los emoticones en la comunicación humana a nivel socio-cognitivo y neuronal. No cabe duda que queda mucho por seguir investigando y desarrollando en esta línea que sin duda tiene gran camino por delante.

Referencias bibliográficas:

  • Analizamos el impacto de los emojis en la conversación de la era 2.0 (2016, Octubre 30) Recuperado el 10 de mayo de 2018. Disponible en https://www.marketingdirecto.com/digital-general/digital/analizamos-impacto-emojis-conversacion-la-2-0
  • Baraniuk, C.(2014). The surprising power of the emoticons. BBC. Recuperado el 09 de mayo de 2018. Disponible en https://www.bbc.com/future/story/20141126-surprising-power-of-emoticons
  • Boix Alarcón, E. (2016). El impacto de los emojis en las redes sociales. FED Business School. Recuperado el 10 de mayo de 2018. Disponible en https://www.foroeconomiadigital.com/blog/impacto-los-emojis-las-redes-sociales/
  • Churches, O., Nicholls, M., Thiessen, M., Kohler, M., y Keage, M. (2014). Emoticons in mind: An event-related potential study. Social Neuroscience, 9, 196-202.
  • Rodríguez, J. A. (2017). Emojis, ¿un avance o una involución del lenguaje? Recuperado el 10 de mayo de 2018. Disponible en https://www.levante-emv.com/vida-y-estilo/tecnologia/2017/03/06/idioma-emojis/1537596.html
  • Rosa Martínez, E. M. y Martínez Rubio, D. (2016). El impacto de los emojis en la actividad cerebral. Ciencia Cognitiva
    , 10:2, 53-55.
  • Sampietro. A. (2016). emojis y emojis: Análisis de su historia, difusión y uso en la comunicación digital actual (tesis doctoral). Universitat de València Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació. Valencia.
  • Shaunacy, F. (2013). How Facebook Used Science To Design More Emotional Emoticons. Popular Science. Recuperado el 15 de mayo de 2018. Disponible en https://www.popsci.com/science/article/2013-05/how-design-more-emotional-emoticon
  • Yuasa, M., Saito, K., y Mukawa N. (2011). Brain activity when reading sentences and emoticons: An fMRI study of verbal and nonverbal communication. Electronics and Communications in Japan, 94, 17-24.

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  • Clínica

Intervención contextual para trastornos de ansiedad (curso online)

  • 11/06/2018
  • David Aparicio

Como terapeutas, queremos lo mejor para nuestros pacientes; como alumnos, necesitamos la mejor calidad y flexibilidad en nuestra formación. Estos son los principios que nos caracterizan.

En este curso adquirirás herramientas para abordar de manera contextual los problemas de ansiedad de las personas a las que atiendas.

Las problemáticas de Ansiedad suponen un gran coste tanto para el individuo como para la sociedad, y los terapeutas debemos estar preparados para dar soluciones.

Trastorno de ansiedad generalizada, pánico con o sin agorafobia, estrés postraumático, fobia específica, trastorno obsesivo-compulsivo… el conjunto de tratamiento que se aúna como terapia cognitivo conductual ha obtenido muy buenos resultados en el abordaje de estas problemáticas, y esta eficacia es ampliada con las estrategias y conceptualización que las Terapias Contextuales proporcionan.

Adquirirás herramientas para abordar de manera contextual los problemas de ansiedad de las personas a las que atiendas.

Volviendo al uso del análisis funcional del comportamiento como base de la valoración para la persona, y dirigiendo la atención a la vida de valor antes que a los síntomas, la Terapia de Aceptación y Compromiso supone un recurso potente para flexibilizar los comportamientos de la persona y ayudarle a salir de su estado de ansiedad.

Mediante el visionado de la lección teórica, y hasta cuatro vídeos de role playing en los que podrás ver cómo se hace, conseguimos que puedas estar preparado/a al ritmo que tú necesites: en la comodidad de tu casa o despacho. Cuando acabes, recibes tu certificado de competencias. La formación que necesitas no tiene por qué ser cara, ni estar limitada por el tiempo.

Qué aprenderás

  • Conocer las características clínicas de los trastornos de ansiedad
  • Conocer los factores comunes de los trastornos de ansiedad
  • Aprender a realizar un análisis funcional de los comportamientos ansiógenos de la persona
  • Conocer estrategias de la Terapia de Aceptación y Compromiso orientadas a aumentar el contacto de la persona con sus valores
  • Obtener herramientas prácticas que podrás utilizar en consulta de manera inmediata

Dirigido a

Psicólogos
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Estudiantes de psicología

Qué necesitarás

Haber realizado formación o estar realizándola en algún programa de Psicología o Psiquiatría/ Medicina, con validez legal en el país de residencia.

Para matricularte o para obtener más información haz click aquí.

Agradecemos a Terapias Contextuales, nuestro sponsor de la semana.

  • Ciencia

Lo que los niños con malformaciones faciales saben y su hijo no

  • 07/06/2018
  • Equipo de Redacción

La película Wonder, estrenada recientemente, está basada en la historia real de Auggie, un niño que nació con una malformación facial severa. El largometraje empieza cuando Auggie, al que educaba su madre desde casa, empieza a ir a un colegio y tiene que lidiar con una variedad de opiniones, no solo de sus compañeros, sino también de sus padres y otros adultos.

Auggie nació con el síndrome de Treacher Collins, una enfermedad genética que afecta al desarrollo del cráneo, la mandíbula y los pómulos, causa deformaciones faciales y pérdida de audición. Algunas personas nacen con malformaciones en la cara y otras las pueden adquirir a través de traumas, quemaduras o tratamiento de tumores faciales.

Estas diferencias físicas pueden tener grandes consecuencias en la vida como la pérdida de extremidades o enfermedades crónicas. Normalmente, asociamos la cirugía plástica con la mejora del aspecto físico, pero va más allá, especialmente para los cirujanos que trabajan con niños, cuyo objetivo es el de recuperar la apariencia de la cara hasta el punto de que puedan llevar una vida normal.

Dejando de lado la pérdida del atractivo, una malformación facial afecta a cada aspecto de la vida diaria, porque las caras son muy importantes para nosotros como seres sociales. Y sin embargo, a pesar de los grandes retos, los niños con diferencias faciales tienden a ser mejores a la hora de valorar su propia imagen corporal que aquellos que no las tienen.

A través del estudio de cómo las personas con diferencias faciales superan sus obstáculos, no solo podremos encontrar la forma de ayudar a estos niños, sino aprender a ayudar a todas las personas jóvenes a sentirse cómodas con su aspecto y con quienes son.

La maravilla de las caras

Intente dibujar la cara de alguien. A menos que sea un gran artista, será difícil crear una imagen que realmente se parezca a esa persona. Esto se debe a que los estrechos parámetros de las características faciales —los ojos, la nariz o la boca— son tan diferenciadores que esperamos reconocer una cara en particular en una multitud, posiblemente habiéndola visto en una sola ocasión y desde un ángulo diferente. Con más de siete mil millones de personas en el mundo, es realmente extraordinario que las caras de cada uno sean únicas.

Por supuesto que no es la cara en sí lo extraordinario, sino nuestra habilidad para percibirla. Estamos programados para identificar sin esfuerzo las diferencias más sutiles entre las caras a diferencia de otras formas o partes del cuerpo.

Esta es una de las razones por las que, a pesar de los avances conseguidos en cirugía plástica durante el último siglo, desde microcirugía hasta trasplantes faciales, nuestros esfuerzos quirúrgicos para reconstruir caras a veces parecen insuficientes.

Los niños con diferencias faciales tienden a ser mejores a la hora de valorar la imagen corporal que aquellos que no las tienen

Las personas suelen tener ciertas actitudes hacia aquellas con diferencias faciales, como situarse más lejos o a un lado

Nuestra capacidad de percibir diferencias en la apariencia facial contribuye a los retos a los que las personas como Auggie se enfrentan cada día. Las caras son el principal medio a través del que nos movemos en muchos de los intercambios sociales de la vida cotidiana.

Los estudios demuestran que, en las interacciones casuales, las personas suelen tener ciertas actitudes hacia aquellas con diferencias faciales, como situarse más lejos o a un lado. Cambios sutiles, pero llenos de significado social.

Un problema aún más grave es la atención no querida en los espacios públicos, desde comentarios desagradables e intrusivos a curiosidad invasiva. En Wonder, cuando Auggie camina por el patio del colegio por primera vez, las conversaciones se paran y todas las caras se fijan en él. El psicólogo Frances MacGregor ha descrito elegantemente este particular problema al que se enfrentan las personas con diferencias visibles:

«La ‘desatención civil’ conferida entre personas extrañas y que hace posible que nos movamos de forma anónima y sin impedimentos en los espacios públicos es un derecho y un privilegio anhelado por las personas con desfiguración facial que son víctimas de intrusiones e invasiones de su privacidad contra las que tienen poca o ninguna protección».

Las diferencias faciales y la imagen corporal

Teniendo en cuenta los desafíos que supone tener un aspecto diferente y el importante papel de la cara en la identidad, se podría esperar que los adolescentes con diferencias faciales no fuesen buenos midiendo la imagen personal y el bienestar.

Sin embargo, una investigación realizada en Reino Unido ha demostrado que al dar un cuestionario estándar de imagen corporal a adolescentes con labio y paladar hendido o una afección craneoencefálica como Auggie, aquellos con diferencias faciales tuvieron puntuaciones promedio mejores que las de los adolescentes que no tienen estas diferencias.

Puede haber varios motivos para esto. Las investigaciones revelan que la gravedad de una diferencia física visible es un vaticinador pobre de su impacto psicológico. Es mucho más importante la calidad de las habilidades sociales de la persona. Aquellas con diferencias faciales a menudo desarrollan estrategias para suavizar las dificultades sociales, como formas de mencionarlo pronto durante una conversación y cambiar de tema rápidamente o usar el humor para desviar la atención.

El hecho de que obtuvieran mejores resultados al valorar su propia imagen corporal podría reflejar una mayor madurez social y mayor comodidad con su propio aspecto.

La podría reflejar una mayor madurez social y mayor comodidad con su propio aspecto

El hecho de que obtuvieran mejores resultados al considerar su imagen corporal podría reflejar una mayor madurez social y mayor comodidad con su propio aspecto, algo que los adolescentes que no han tenido que enfrentarse a esos problemas no han conseguido aún.

Por otro lado, los niños que no tienen una diferencia visible no tienen tan buenos resultados al valorar la imagen corporal que los que sí la tienen. Esta y otras muchas investigaciones indican que, en la era de las redes sociales, los selfies y la cultura del consumo, nos enfrentamos a un aumento de la insatisfacción con la imagen propia.

La peligrosa insatisfacción de los adolescentes con su cuerpo: ¿un trastorno aislado o una escala de comportamiento?

Los adolescentes australianos constantemente valoran la imagen corporal como una de sus principales preocupaciones en la vida, por encima del acoso, las drogas y otra larga lista de problemas que podríamos considerar más importantes.

La insatisfacción con el cuerpo es un factor de riesgo en los trastornos alimenticios y una de las claves en el trastorno dismórfico corporal (TDC). Las personas con esta enfermedad desarrollan preocupaciones obsesivas sobre aspectos particulares de su apariencia, incluidos algunos que otras personas perciben como normales.

Habitualmente recurren a la cirugía para corregir lo que perciben como problemas y —no es de extrañar— rara vez se sienten satisfechos con los resultados. Pueden someterse a múltiples operaciones estéticas, normalmente con diferentes médicos, hasta que les diagnostican el trastorno. De hecho, los cirujanos plásticos comentan que el número de jóvenes que quieren intervenirse ha aumentado.

Una importante pregunta que sigue sin respuesta con relación al TDC es si se trata de un trastorno aislado o un extremo dentro de un espectro de comportamiento. Este trastorno podría tener consecuencias graves en la salud mental y física de las personas jóvenes.

Los científicos ahora se centran en cómo los niños y adolescentes lidian con las diferencias faciales y de otras partes del cuerpo y cómo este conocimiento puede ser aplicado para ayudar a otras personas que lo sufran. Esto ayudará a educar mejor a la juventud para que pueda sentirse mejor con su aspecto.

Artículo publicado originalmente en inglés en The Conversation, por Anthony Penington, profesor de cirugía pediátrica plástica y maxilofacial en la Universidad de Melbourne (Australia). Puedes leer el artículo original aquí.

  • Ciencia

7 Preguntas esenciales sobre los antidepresivos y su acción

  • 07/06/2018
  • David Aparicio

Dr. Alberto Soler Montagud en Gestalt Valencia da respuesta a siete interrogantes comunes sobre el consumo e antidepresivos. Este es un extracto sobre el tiempo de acción:

Los antidepresivos suelen tardar entre 3 ó 4 semanas (en algunos casos puede que hasta ocho) en producir el efecto terapéutico deseado. Sin embargo, hay pacientes que empiezan a experimentar mejoría al cabo de pocos días, pues las respuestas son variables en función de las características de cada individuo. Algunos antidepresivos pueden ser mas rápidos como sucede con la acción psicoestimulante del bupropion.

Es frecuente que durante el tiempo de latencia que media entre el inicio del tratamiento y la aparición del efecto terapéutico, el médico prescriba de modo temporal otros medicamentos (con frecuencia, ansiolíticos) que ayuden sintomáticamente hasta que el antidepresivo actúe.

Lee el artículo completo en Gestalt Valencia.

  • Biografías

Jean Piaget, un hombre de espíritu filosófico

  • 06/06/2018
  • Rita Arosemena P.

En una autobiografía publicada en 1952 por la Universidad Clark, Piaget nos habla de la importancia de entender las biografías como elementos para explicar la obra de un autor. Únicamente entonces, nos dice, puede considerarse un documento de interés científico.

La forma de ver el mundo de Jean Piaget se rigió siempre por este principio: el de garantizar una mirada crítica y científica de los acontecimientos diarios. También es válido descifrar a Piaget como un “espíritu filosófico” que buscó durante más de treinta años expresar asertivamente una idea personal, “sin conseguirlo jamás enteramente”.

Pero antes de adentrarnos en el Piaget psicólogo, es necesario conocer al Piaget humano, al hombre y sus ideales, su procedencia y sus objetivos.

Infancia y vida personal de Jean Piaget

Piaget nació en Neuchatel, Suiza, el 9 de agosto de 1896. Su padre fue un “espíritu escrupuloso y crítico”, consagrado a la literatura medieval y amante de las pláticas sustanciosas, sin temor a las polémicas que pudieran surgir por las discrepancias históricas y culturales. Piaget describe a su madre como una mujer “muy inteligente, enérgica y, en el fondo, de una verdadera bondad”; sin embargo, su temperamento era neurótico, lo que hacía de la vida familiar un aspecto difícil de manejar.

Fue la neurosis de su madre lo que motivó a Piaget a reemplazar el juego por el trabajo a una edad temprana, de este modo, sentía que imitaba a su padre y, a la vez, podía refugiarse de los conflictos familiares en un mundo privado de conocimientos y experiencias. A pesar de esto, Piaget se consideró siempre enemigo público de “toda huida de la realidad”, y puede que haya sido esto lo que dirigió su interés hacia el estudio de los problemas del psicoanálisis y la psicología patológica.

Piaget demostró desde pequeño un gran interés por el método científico y la investigación. Entre los diez u once años, descubrió una pasión particular por los pájaros y los moluscos; de hecho, siendo todavía un escolar, Piaget escribió una serie de artículos sobre los moluscos de Suiza, Saboya, Bretaña y Colombia. Muchos académicos extranjeros quisieron conocer a Piaget, sin embargo, nunca se atrevió a presentarse por considerarse aún demasiado joven e inexperto. Incluso el director de un periódico conocido por aquel entonces rechazó uno de los artículos de Piaget al darse cuenta de su edad, le hacían falta aún dos años para culminar el bachillerato, aunque ya tenía la destreza y dominio para componer piezas muy completas y valiosas.

Piaget nos habla de estos episodios como vivencias “muy útiles” para su formación científica; gracias a ellos, pudo entrever la ciencia y lo que esta representa de cara a importantes cambios de la adolescencia. “El haber tenido la experiencia precoz de estos dos tipos de problemática ha constituido”, escribe Piaget en su autobiografía, “el móvil secreto de mi actividad posterior en psicología”.

La religión fue para Piaget, al igual que para muchos académicos de la época, una cuestión delicada. Su madre, quien era una protestante convencida, insistió en que Jean asistiera a un curso instructivo de seis semanas para aprender las bases de la doctrina cristiana; su padre, en cambio, no asistía a ninguna iglesia, pero contaba con material interesante en su biblioteca personal. Fue ahí donde Piaget encontró, aproximadamente a los quince años, La filosofía de la religión fundada sobre la psicología y la historia, obra de Augusto Sabatier que aportó gran riqueza a Piaget ayudándolo a comprender los dogmas desde el simbolismo, así como la importancia de una “evolución dogmática” desde la filosofía.

Piaget describe esta etapa de su vida como un “choc emotivo” donde llegó a ver la figura de Dios como la Vida, lo cual le permitió ver en la biología “la explicación de todas las cosas y del espíritu mismo”.

Piaget, el psicólogo

La vida de Piaget se caracterizó siempre por la abundancia de preguntas irresolutas y unas ansias tremendas de comprender los misterios de la mente y la conducta humana. Así, el interés de Piaget fue dejando de estar limitado al espectro de los moluscos y la biología animal para inclinarse por el estudio de la biología y la psique del ser humano.

Piaget inició este camino leyendo a los grandes autores de la filosofía, entre ellos: Kant, Spencer, Augusto Compte, Fouillée y Guyau; y a psicólogos como W. James, Th. Ribot y Janet. Además, durante los dos años que precedieron la culminación del bachillerato, Piaget tomó lecciones de psicología, lógica y metodología científica, aunque no pudo realizar prácticas en laboratorios por la ausencia de estos; de «hecho, no había un solo psicólogo experimental en su ciudad natal, ni siquiera en la universidad.

“Lo único que podía hacer era teoría, y escribir”, recuerda Piaget en su autobiografía.

El documental «Piaget explica a Piaget» es un gran complemento para comprender los conceptos de la psicología piagetiana de boca de su principal autor. 

El acceso de Piaget al conocimiento fue mucho más limitado que hoy en día; Piaget solo pudo encontrar escritos de la escuela francesa que no era capaz de comprender, y que no podía verificar por ausencia de herramientas para una práctica científica experimental. “Si hubiera conocido los trabajos de Wertheimer y Kóhler, me hubiera convertido en Gestaltis”, afirma Piaget.

Al culminar el bachillerato, Piaget se inscribió a la Facultad de Ciencias Naturales y profundizó en el estudio apasionado de los moluscos; no obstante, a pesar de este incansable interés, estaba también entre sus objetivos el poder vincularse a una universidad más grande que la de su ciudad natal, dotada de un laboratorio de psicología en el que pudiera realizar prácticas experimentales. Esto llevó a Piaget a movilizarse a Zurich luego de culminar sus estudios en Ciencias; en una ciudad mucho más grande, Piaget frecuentó los laboratorios de G. E. Lipps, de Wreschner y la clínica psiquiátrica de Bleuler.  

“Sentí muy pronto que estaba en el buen camino, y que aplicando a la experimentación psicológica los hábitos mentales que había adquirido en zoología, conseguiría quizás resolver los problemas de estructura de la totalidad hacia los que me había encaminado por medio de la reflexión filosófica”; comenta Piaget.

Aportes de Jean Piaget a la psicología moderna

Piaget encontró en la psicología experimental su campo de investigación. Estableció relaciones de paralelismo lógico-psicológico en sus escritos y estableció una mirada psicológico que buscaba explicar los hechos en términos de causalidad, mientras la lógica, cuando trata de proposiciones verdaderas, describe las formas en términos de equilibrio ideal.

Piaget envió su primer artículo al Journal de Psychologie y no solo fue aceptado, sino que también le sirvió para establecer una gran amistad con Meyerson, quien tenía intereses muy parecidos a los suyos. Piaget continuó enviando artículos a esta y otras revistas, y ampliando su círculo de colegas y conocidos progresivamente.

Piaget atribuye la decisión de estudiar el pensamiento infantil a su “espíritu sistemático”, sin embargo, más adelante volvería al estudio de la inteligencia durante los dos primeros años de vida. Más adelante, las conclusiones alcanzadas le llevarían a “atacar el problema del pensamiento en general, y a construir una epistemología psicológica y biológica”.

Las principales contribuciones de Piaget a la psicología comprenden, en definitiva, el terreno de los pensamientos comprensivos de los niños — que, según Piaget, se construyen a través de una serie de canales que incluyen escuchar, leer, experimentar y explorar el lugar en el que vive o el entorno en el que crece.

Los aportes de Piaget son muy importantes tomando en cuenta que, antes, la psicología infantil no recibía mucha importancia; de hecho, prácticamente no existía.

Gracias a las contribuciones de Jean Piaget, ahora sabemos los niños razonan y piensan de manera diferente durante las distintas etapas del ciclo de desarrollo. Además, Piaget creía que todos los niños pasaban por una secuencia invariable de cuatro etapas cognitivas:

  1. Sensorimotor (desde el nacimiento hasta los dos años de edad): durante esta etapa, la estructura mental del niño se enfoca principalmente hacia el dominio de los objetos concretos.
  2. Preoperacional (desde los dos años hasta los siete años): Durante esta etapa, el niño domina todos los símbolos.
  3. Concreto (de siete a once años de edad): Durante esta etapa, los niños aprenden sobre cómo razonar y dominar las clases de números y relaciones.
  4. Operación formal o pensamiento abstracto (a partir de los once años): la cuarta etapa trata del dominio del pensamiento.

Hoy en día, comprendemos esta teoría como una vía útil para develar el misterio de la menta humana, e incluso hablamos de conceptos y métodos que aún se utilizan. Todo esto hace de Jean Piaget uno de los psicólogos más trascendentales de la historia.

Referencias: Piaget, J. (1952). Boring KA history of Psychology in Autobiography. Worcester, Clark University Press. Traducción española de Montserrat Moreno

  • Ciencia
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Somos más malagradecidos de lo que pensamos

  • 06/06/2018
  • David Aparicio

Jennifer Schussler para The New York Times:

(…)los humanos agradecemos con menor frecuencia que la que nos podríamos imaginar. Un nuevo estudio sobre el uso del lenguaje cotidiano en todo el mundo descubrió que, en escenarios informales, la gente casi siempre respondía a solicitudes de ayuda o para dar un servicio. Sin embargo, rara vez recibieron muestras de agradecimiento a cambio de sus esfuerzos: de hecho, solo en una de cada veinte ocasiones.

Este podría ser un veredicto condenatorio sobre la naturaleza humana o la prueba de una pandemia mundial de falta de buenos modales. No obstante, para los investigadores, son buenas noticias.

“Nuestra actitud básica es la reciprocidad”, comentó Nick Enfield, lingüista de la Universidad de Sídney que dirigió el estudio. “Cuando les pedimos a los demás que nos ayuden, damos por hecho que lo harán”.

La investigación se concentró en situaciones e interacciones casuales y encontró que:

Los humanos agradecemos con menor frecuencia que la que nos podríamos imaginar. Un nuevo estudio sobre el uso del lenguaje cotidiano en todo el mundo descubrió que, en escenarios informales, la gente casi siempre respondía a solicitudes de ayuda o para dar un servicio. Sin embargo, rara vez recibieron muestras de agradecimiento a cambio de sus esfuerzos: de hecho, solo en una de cada veinte ocasiones.

Por favor da la gracias. No te cuesta nada y reforzarás las intenciones de las personas para ayudarte.

Lee el artículo completo en The New York Times.

Imagen: Tomi Um para The New York Times

  • Artículos de opinión (Op-ed)

El pensamiento sistémico aplicado en la psicología

  • 06/06/2018
  • Álvaro Zambrano

La psicología es el “estudio de los procesos y fenómenos mentales o psicológicos, especialmente en relación con la conducta humana y animal” (Saz, 2006, p. 217). Esta definición generalizada abarca la esencia de las escuelas psicológicas: describir, evaluar, modificar y predecir la conducta. A causa de la variedad teórica disímil, se disputa entre una práctica social o una disciplina desde la individualidad. Además, la dicotomía entre los métodos de investigación cuantitativa y cualitativa enciende la polémica sobre su estatus científico. Para comprender mejor el problema, propongo un análisis desde el pensamiento sistémico, dilucidando que debe integrar teorías y metodologías.

Pensemos a la psicología como un sistema compuesto de elementos. Estos elementos o subsistemas son los paradigmas (psicoanálisis, conductismo, humanismo, sistémico, etc.). Cada escuela o modelo posee teorías propias y métodos de intervención. La contrariedad radica en la falta de cohesión por parte de los postulados, ya que el sistema psicología cuestiona su identidad entre dos metasistemas: ciencias naturales y ciencias sociales. Además, se interrelaciona con otros sistemas que contribuyen en su construcción y viceversa, pero no la definen conforme una mezcla de saberes. Por un lado, están las disciplinas dentro de las ciencias naturales: biología, fisiología, genética y etología; y por el otro, las ciencias sociales: sociología, historia y antropología.

El pensamiento sistémico interpreta los fenómenos como un todo conformado por partes (sistema) para tomar decisiones pertinentes

Con este texto pretendo explicar que la psicología se construye por medio de la interdisciplinariedad y los paradigmas psicológicos. Entonces, el pensamiento sistémico propicia la integración de los conocimientos en su construcción como ciencia conductual. También, evita escoger un solo objeto de estudio sin discriminar otros posibles o relevantes (reduccionismo ontológico); es decir: considerar los fenómenos sociales desde la psicología, prescindiendo de la sociología, o analizar un trastorno mental desde lo subjetivo y excluir el núcleo familiar (Cosacov, 2010).

Pensar en sistemas

Básicamente, el pensamiento sistémico interpreta los fenómenos como un todo conformado por partes (sistema) para tomar decisiones pertinentes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS): «con el aumento de la complejidad (…) se elaboró el pensamiento sistémico con objeto de comprender y apreciar las relaciones dentro de un sistema dado, así como respecto del diseño y la evaluación de las intervenciones a nivel del sistema» (OMS, 2009, p. 41).

En la psicología subsiste el pensamiento sistémico –es parte de su naturaleza. Se centra en el estudio de las relaciones intersubjetivas, en la influencia del psicólogo en las dinámicas y no prescinde de los contextos porque desarrolla su quehacer en diversos ámbitos de aplicación (educación, salud, industria, deporte, jurídico…). Aunque no siempre fue así; el pensamiento reduccionista prevaleció por años. Pretendía explicar los fenómenos psicológicos desde el materialismo, pero su imposibilidad para revelar la complejidad de un sistema lo hace obsoleto.

El reduccionismo inoperante

Al principio, la psicología tenía un corte funcionalista y estructural basado en los experimentos fisiológicos sobre los procesos psicológicos elementales (memoria, atención, percepción, sensación, etc.). La consideraron carente de objetividad porque estudiaba un concepto abstracto e intangible como la mente. Tampoco convenció en que dichos procesos psicológicos se generen en el sistema nervioso. Tiempo después, el conductismo le otorgó el estatus de ciencia al implementar el método científico en el análisis del comportamiento. Para él, todo lo que no es observable y medible carece de fundamento; por ende, se le criticó de reduccionista a causa de su fuerte postura materialista. En este caso, Vigotsky (citado por Luria, 1973) planteaba una solución para comprender los fenómenos psíquicos sin reduccionismos: “la psicología como ciencia debe (…) construirse en los límites entre las ciencias naturales y sociales” (p. 266).

Estos derroteros tan duales subsisten todavía. Según Carlos Cornejo (2007) persiste un debate entre dos culturas dentro de la psicología: la cientificista y la comprensiva. La primera adquiere el rigor técnico de la estadística; en cambio, la segunda interpreta al hombre por medio del lenguaje y su semiótica. El pensamiento sistémico ayuda a que reconozca la dicotomía entre el método cuantitativo y cualitativo para romper con el régimen positivista y aceptarse en su pluralidad (Kaulino, 2007).

“La psicología como ciencia debe (…) construirse en los límites entre las ciencias naturales y sociales”

Las Interacciones relevantes

La psicología es considerada una ciencia social; por ende, el estudio de las interacciones humanas resulta relevante. Su objeto de análisis es el colectivo y el individuo en su desarrollo personal y social. Explora los fenómenos que surgen de las redes conformadas -más allá de analizar sujetos. Estudia los elementos centrada en las dinámicas; en cambio, prescinde de comprensiones causales (como en las ciencias exactas). Es decir, no busca establecer leyes sobre la conducta porque, a diferencia de la física o de la química, el comportamiento humano siempre varía (Gergen, 2007).

Así pues, psicodinámicos, sistémicos, humanistas, cognitivo-conductuales… Se basan en teorías —a su manera— para describir vínculos entre sujetos; cambia el lenguaje, mas no el fenómeno. Verbigracia: para el psicoanálisis, la transferencia y contratransferencia es la reciprocidad afectiva entre el analista y el paciente; en la terapia se afectan las percepciones del uno al otro. De manera similar, la psicología sistémica plantea que la intervención de un observador influye en el comportamiento del observado y viceversa, a esto lo denomina cibernética de segundo orden. Como vemos, no importan los términos implementados para explicar las interacciones siempre y cuando sean necesarias en la comprensión de acontecimientos humanos.

La psicología como sistema complejo

Edgar Morin (1999) analiza la complejidad como un “entretejido” recíproco de elementos individuales y grupales. La psicología es compleja porque requiere de las interacciones entre los saberes psicológicos y disciplinares (ciencias naturales y sociales). Estos saberes la constituyen como sistema así haya discrepancias teóricas. Asimismo, en su complejidad posee la dificultad de predecir y que la predigan; no obstante, cuando no puede anticiparse a los hechos recurre a la adaptación –la clave está en la retroalimentación.

La psicología es compleja porque requiere de las interacciones entre los saberes psicológicos y disciplinares (ciencias naturales y sociales)

Los paradigmas deben responder con eficacia las demandas del medio; de lo contrario, terminan obsoletos. Si no corroboran la técnica y se reafirman como modelos, los métodos resultan inadecuados y la complejidad del contexto los desintegra. Es decir: algunas escuelas psicológicas tiene una retroalimentación negativa tan alta que su auto-organización inhibe los cambios para afrontar las demandas. En cambio, otras han sobrevivido gracias a que promueven cambios (retroalimentación positiva) y desarrollan intervenciones adecuadas.

Conclusión

Vimos que la psicología (sistema) está conformada por paradigmas (subsistemas) e interactúa con otras disciplinas del saber (biología, sociología, matemáticas, química, antropología y un largo etcétera). Por consiguiente, rompe con el reduccionismo al integrar el positivismo lógico y la hermenéutica en el estudio de los fenómenos humanos. Esto genera un conocimiento propiamente psicológico; además, ser parte de las ciencias naturales y sociales le permite intervenir en cualquier contexto. La psicología: un sistema complejo que requiere de la diversidad, inclusive de teorías y métodos heterogéneos.

El pensamiento sistémico es una postura que entiende al objeto de estudio en términos de sistema. Pensar de esta manera agota las posibilidades en la génesis de un fenómeno; por ende, las interacciones son relevantes. Debemos entender que no solo es aplicar la Teoría General de Sistemas o la cibernética o el socioconstruccionismo, en fin, se trata de una actitud en contra de una sola epistemología. ¡Ojalá más psicólogos dejen la exclusividad por un método y aprovechen la variedad!

A la psicología le queda una gran tarea: transformarse con el tiempo. Debe mutar junto con la sociedad para entenderla. Requiere de un cambio morfogenético (retroalimentación positiva) que logre la homogénesis (retroalimentación negativa); o sea, permitir que información nueva (emergencia) cambie al sistema y se estabilice (estructura). El fin último no es desintegrarse con las amenazas del medio externo (fragilidad), tampoco resistir y permanecer inalterable (robustez), lo ideal sería beneficiarse de las perturbaciones para ser fuerte (antifragilidad). En resumidas cuentas, el pensamiento sistémico es una herramienta que da versatilidad a la psicología.

El Artículo representa la opinión de su autor y no necesariamente la del resto del equipo de Psyciencia.com

Referencias

Cornejo, C. (2007). Más allá de las dos culturas de la psicología. En X. Zabala.

(Ed.), epistemología y psicología: preguntas cruzadas (pp. 35-42). Santiago de Chile, Chile: Ediciones UCSH.

Cosacov, E. (2010). Introducción a la psicología. Córdoba, Argentina: Editorial

Brujas.

Gergen, K. (2007). Construccionismo social: aportes para el debate y la práctica.

Bogotá, Colombia: Ediciones Uniandes.

Kaulino, A. (2007). El estatuto ético de la historia: una contribución a la

historiografía crítica de la psicología chilena. En X. Zabala. (Ed.), epistemología y psicología: preguntas cruzadas (pp. 35-42). Santiago de Chile, Chile: Ediciones UCSH.

Luria, A. R. (1973). La psicología en el sistema de las ciencias naturales y

sociales. Revista Latinoamericana de Psicología, 5(3), 263-271.

Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/805/80550303.pdf

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Paris,

Francia: UNESCO.

Saz, M. A. (2006). Diccionario de psicología. Bogotá D.C., Colombia:

Panamericana Editorial Ltda.

OMS. (2009). Aplicación del pensamiento sistémico al fortalecimiento de los

servicios de Salud. Recuperado de: https://apps.who.int/iris/bitstream/10665/44222/1/9789243563893_spa.pdf

  • Clínica

El peligro de usar células madre como tratamiento para el autismo

  • 05/06/2018
  • David Aparicio

Carlos Oreyana Ayala deja muy claro el porqué no se deben considerar el uso de células madre como un tratamiento para el autismo:

Recientemente se ha planteado el uso de células madre como tratamiento en los Trastornos del Espectro del Autismo, las propuestas que vemos en el mercado son preocupantes porque en este momento este tipo de tratamiento no es éticamente correcto y no está científicamente validado, no puede proponerse dicha terapia por cuando no sabemos si funciona, no sabemos cómo funciona y tampoco conocemos su perfil de efectos secundarios y de largo plazo.

En el 2012 John Gurdon y Shinya Yamanaka recibieron el Premio Nobel de Fisiología-Medicina por sus descubrimientos en la reprogramación y maduración de células madre; Gurdon sentó las bases de este conocimiento y Yamanaka lo desarrolló llegando hasta las células madre pluripotenciales inducidas que provienen del mismo paciente y evitan el rechazo (al trasplante de células). El mismo Yamanaka advirtió sobre el uso indiscriminado de células madre ofertado por instituciones sin el debido respaldo científico.

Lee el artículo completo en Autismo Diario.

  • Ciencia

Metilfenidato para el TDAH en niños y adolescentes: un análisis de sus efectos

  • 05/06/2018
  • Mauro Colombo

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos del neurodesarrollo de los que más se ha escuchado últimamente. Con una prevalencia de alrededor del 5%, es uno de los diagnósticos más discutidos y de los que se pone en duda su existencia como entidad nosológica.

Si bien dentro de los tratamientos de primera elección se encuentran los de abordaje conductual, en la práctica muchos niños reciben como primera opción medicación, a veces sin un tratamiento psicológico que complemente y enseñe estrategias a éstos, familiares y docentes sobre manejo comportamental. Existe evidencia creciente de este fenómeno, e incluso algunos investigadores han estudiado si el orden en que son administrados los tratamientos psicológicos y farmacológicos influye en las respuestas y adherencia por parte de pacientes y familiares, tal como se indica en este artículo previamente publicado en Psyciencia.

La administración de fármacos resulta necesaria en muchas personas. Sin embargo, los mismos suelen acarrear efectos secundarios (pueden ojear una investigación previa sobre antipsicóticos aquí), por lo que resulta fundamental evaluar costos y beneficios de estos procedimientos, y si pueden lograrse iguales o mejores resultados por medio de otros tratamientos.

Siguiendo con esta línea, un equipo de investigadores publicó días atrás en Cochrane una revisión que analiza si la administración de metilfenidato, una de las drogas utilizadas en TDAH con mayor frecuencia, produce efectos adversos graves y no graves en niños y adolescentes.

Selección y metodología de la investigación

El equipo realizó una búsqueda en bases de datos científicas como CENTRAL, MEDLINE, Embase, PsycINFO, CINAHL y otras 12 base de datos, seleccionando estudios no aleatorizados. Se comunicaron a su vez con los diversos autores de los mismos y con las compañías farmacéuticas, para identificar investigaciones adicionales.

Los pacientes de las investigaciones escogidas tenían entre 3 y 20 años, cumpliendo los criterios diagnósticos de TDAH presentes en el DSM o el CIE; con y sin trastornos comórbidos. A su vez, se estipuló que al menos el 75% de las personas tuvieran un coeficiente intelectual (CI) dentro de los límites normales, y que ninguno estuviera tomando algún otro tipo de medicación para el trastorno.

Aumentó el riesgo de eventos adversos graves

Definieron <>, en consonancia con el Comité Internacional de Armonización, como aquellos eventos que ponen en riesgo o cambian el curso de la vida. En contraposición, fueron considerados los demás eventos adversos como no graves.

En total el equipo incluyó un total de 260 estudios: 7 estudios comparativos de cohortes, 4 estudios de control de pacientes, 177 de cohorte no comparativos, 2 estudios transversales y 70 informes.

Según consta en la misma revisión, el sesgo en los estudios comparativos incluidos varió de moderado a crítico, y también la mayor parte de las investigaciones mostraron un riesgo crítico de sesgo. La calificación de la evidencia fue considerada entonces como muy baja.

Resultados y conclusiones

La administración de metilfenidato aumentó el riesgo de eventos adversos graves, entre los que se incluían trastornos psicóticos y arritmia, en comparación con la ausencia de intervención farmacológica. Se halló a su vez un porcentaje de pacientes a los cuales se les suspendió la ingesta del fármaco luego de diversos eventos graves desconocidos. La proporción de personas cuyos efectos fueron considerados graves no obstante, fue considerada pequeña en la presente revisión.

Con respecto a los eventos adversos no graves, la cantidad de personas afectadas fue mucho más amplia, llegando incluso a la mitad de niños y adolescentes estudiados. Entre estos problemas se ubicaron dificultades para conciliar el sueño, cefaleas, dolores abdominales y disminución del apetito.

Si bien los autores del estudio remarcaron que el nivel de certeza que puede derivarse de su investigación es baja debido a los sesgos mencionados con anterioridad, resaltaron que el riesgo de efectos graves pudo haber sido subestimado en la revisión, siendo mayor.

Destacaron a su vez la necesidad de realizar posteriores ensayos clínicos aleatorizados (ECA) con la finalidad de obtener conclusiones de mayor fiabilidad, y de identificar aquellos grupos de personas que responden al metilfenidato de mejor manera, así como el riesgo real de sufrir por parte de los pacientes efectos adversos a la medicación.

Fuente del estudio completo: Storebø OJ, Pedersen N, Ramstad E, Kielsholm ML, Nielsen SS, Krogh HB, Moreira-Maia CR, Magnusson FL, Holmskov M, Gerner T, Skoog M, Rosendal S, Groth C, Gillies D, Buch Rasmussen K, Gauci D, Zwi M, Kirubakaran R, Håkonsen SJ, Aagaard L, Simonsen E, Gluud C. Methylphenidate for attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) in children and adolescents – assessment of adverse events in non-randomised studies. Cochrane Database of Systematic Reviews 2018, Issue 5. Art. No.: CD012069. DOI: 10.1002/14651858.CD012069.pub2.

Fuente:Cocharne Library

Sin categoría

(Video) El poder de la vulnerabilidad

  • 05/06/2018
  • Alejandra Alonso

La investigadora Brené Brown usa su talento para contar historias y nos transmite su experiencia investigando la vergüenza, que ella define como el miedo a estar desconectados de los otros, porque tenemos algo que creemos que nos hace menos valiosos. Luego de 6 años y un montón de datos revisados, dividió a la muestra en dos: las personas que tenían un fuerte sentido de dignidad y las que no.

Brown decidió concentrar su investigación en estas personas con fuerte sentido de dignidad para ver qué tenían en común. Uno de los factores en común que más le llamó la atención (y la sacudió emocionalmente) fue la vulnerabilidad. Estas personas creían que lo que los hacía vulnerables los hacía hermosos también, aunque fuera incómodo o doloroso. Era necesario ser vulnerables.

Brené siguió su investigación en esta línea, ya que quería descubrir porqué luchamos contra la vulnerabilidad. Si querés saber a qué conclusión llegó, mira la conferencia.

Fuente: TED

  • Clínica

Nadie es una isla: la hipótesis de los tres grados de influencia

  • 04/06/2018
  • Fabián Maero

Hablemos hoy de conexión.

La mayoría de ustedes estará familiarizado con la teoría de los seis grados de separación. Se trata de aquella que sostiene que estamos separados de cualquier otra persona en el mundo por 6 grados. Digámoslo así: cada uno de ustedes conoce a alguien, que a su vez conoce a alguien, que conoce a alguien, que conoce alguien, que conoce a alguien, que conoce al Papa; y probablemente la cadena sea más corta aún.

Es una teoría atractiva, en parte porque intuitivamente sabemos que importa a quién conocemos: el contacto adecuado puede ayudarnos a conocer a la persona con la que querremos pasar el resto de nuestras vidas, o a la persona que nos puede ayudar a conseguir un trabajo, o a compartir un proyecto social. Es casi trivial señalar que las personas que conocemos pueden tener una fuerte influencia en nuestras vidas. Mis amigos tienen una influencia sobre mí (y yo sobre ellos a su vez), al igual que mi familia, mis compañeros de trabajo, etcétera.

Pero, ¿qué influencia pueden tener las personas que esas personas conocen, y de las personas que esas personas a su vez conocen? Digamos: ¿Qué tanto mis acciones o deseos son afectadas por las acciones o deseos del primo de la cuñada de mi amigo?

Poco o nada, probablemente responderán ustedes.

Se sorprenderían, diré yo. Si el primo de la cuñada de su amigo fuma, es probable que ustedes también. Y si deja de fumar, es más probable que ustedes también. Si padece obesidad, aumenta la probabilidad de que ustedes también. No se agotan allí los efectos de la conexión social y este es el tema de hoy.

Nos estamos refiriendo a la llamada Regla de los Tres Grados de Influencia, formulada por dos investigadores hace algunos años, y que puede describirse así: “lo que hacemos y decimos tiende a reverberar en nuestra red, teniendo un impacto en nuestros amigos (un grado), en los amigos de nuestros amigos (dos grados), e incluso sobre los amigos de los amigos de nuestros amigos. Nuestra influencia se disipa gradualmente y deja de tener un efecto apreciable luego de la frontera social que yace en los tres grados de separación”(Christakis & Fowler, 2009, p.25).

lo que hacemos y decimos tiende a reverberar en nuestra red, teniendo un impacto en nuestros amigos (un grado), en los amigos de nuestros amigos (dos grados), e incluso sobre los amigos de los amigos de nuestros amigos.

Christakis y Fowler, dos científicos sociales (con un currículum combinado más largo que este artículo) han investigado intensamente los efectos de las redes sociales sobre las conductas y actitudes de las personas. Al decir redes sociales no estamos aquí hablando de plataformas como Facebook o Twitter (aunque tampoco las excluiríamos como medio), sino al conjunto de personas con las que tenemos algún vínculo: amigos, parejas, familiares, etc., y los vínculos que a su vez esas personas tienen. Tampoco estamos hablando de los fenómenos de masas que producen efectos indiscriminados sobre toda la población de un lugar (como una hambruna, una guerra, o una epidemia que afecta a todo un país), sino de algo más delicado y sutil: la propagación de cambios conductuales a lo largo de ciertas vías tendidas sobre las conexiones particulares entre seres humanos.

Para entender un poco mejor de qué estamos hablando, veamos las investigaciones que dan sustento a esta regla.

La ciencia de las redes

El primer estudio que realizaron Christakis y Fowler fue en 2007, y vale la pena describir cómo lo llevaron a cabo porque es un buen ejemplo de cómo aprovechar conjuntos de datos ajenos.

Los autores analizaron los datos de otra investigación de largo plazo, el Framingham Heart Study (FHS), uno de los estudios más exhaustivos sobre enfermedad cardiovascular, llevado a cabo en la ciudad de Framingham, en USA. Cuando el estudio comenzó (en 1948), dos tercios de la población adulta de la ciudad participó del mismo, y en 1971 se agregaron sus hijos y nietos. Cada participante ha recibido un examen médico minucioso cada dos años, y el estudio continúa activo actualmente (de hecho está cumpliendo 70 años ahora).

El FHS está dirigido a investigar temas cardiovasculares lo cual, además de chequeos médicos, incluye evaluaciones de factores de estilo y calidad de vida, pero también por motivos administrativos para cada participante del FHS se hizo un listado de familiares, amigos, compañeros de trabajo y vecinos, y como la comunidad es relativamente pequeña, la mayoría de esos contactos también eran participantes del estudio y por tanto tenía también esos datos registrados. Estos datos de contactos fueron utilizados por Christakis y Fowler para construir una red de las relaciones entre los participantes, tal como la del siguiente gráfico (que ilustra sólo una sección de 2000 personas):

Analizaron los datos de 5124 personas, dentro de una red más grande de 12067 personas, lo cual arrojó 50.000 vínculos entre personas (excluyendo vecinos). Algo curioso es que a lo largo del tiempo, muchos participantes se han ido de la ciudad, pero sorprendentemente, la mayoría regresa a Framingham cada dos años para hacerse el examen de rutina, por lo cual hay participantes que no comparten el mismo espacio geográfico pero sí vínculos con otros participantes (De paso, vaya nuestra admiración hacia los autores y especialmente a los miembros de su equipo de trabajo, que tuvieron que revisar y digitalizar los datos administrativos de cinco mil personas. La ciencia puede ser engorrosa).

Dado que el FHS registraba datos médicos, de calidad y de estilo de vida, los investigadores pudieron cruzar los datos de esas redes sociales naturales con un buen número de conductas relevantes, que usaron para realizar varias investigaciones. Una red así construida permite investigar qué cambios suceden en la red de contactos cuando, por ejemplo, una persona se vuelve obesa. Veamos algunas de esas investigaciones.

Obesidad

En la primera investigación realizada con los datos del FHS (Christakis & Fowler, 2007) lo que intentaron examinar fue la variación del riesgo de obesidad según la obesidad de los contactos en la red. Dicho de forma coloquial: ¿si me vuelvo obeso, afecta las probabilidades de que las personas que conozco también se vuelvan obesas?

Los resultados de la investigación fueron notables: según la investigación, un contacto directo (primer grado) tiene un 45% de probabilidades de volverse obeso si yo lo soy; si se trata del contacto de un contacto (segundo grado) ese riesgo es del 20%, y del 10% cuando se trata del contacto del contacto de un contacto (tercer grado). Más allá del tercer grado, no hubo relación significativa en la obesidad. En otras palabras, las conductas que llevan a la obesidad se propagan en la red de contactos.

si es un amigo mutuo quien se vuelve obeso, se incrementa nuestro riesgo de obesidad en un 171%

Pero esto no se propaga de cualquier manera, no es simplemente que una persona afecte a todo su entorno, sino que el tipo de relación influyó sobre el riesgo de obesidad, y aquí necesitamos explicar algo antes de seguir. Dado que el FHS pedía a todos los participantes que listaran a sus amistades, podía darse el caso de que una persona listase a otra como amiga pero que esto no fuera recíproco, es decir, que esta última persona no listara a la primera como amiga. Cuando ambas se listaron mutuamente, Christakis y Fowler lo etiquetaron como “amistad mutua”.

Entonces, si es un amigo mutuo quien se vuelve obeso, se incrementa nuestro riesgo de obesidad en un 171%. Pero si no somos amigos mutuos (sólo yo lo considero amigo, y no es recíproco) ese riesgo es del 57%; si es nuestra pareja, ese riesgo es del 37%, y si es un hermano (del mismo sexo), el riesgo aumenta en un 55%.

Estos datos apoyan lo que señalábamos antes: no se trata de un fenómeno indiscriminado en donde toda la población se vuelve obesa, sino que el cambio se mueve en direcciones específicas dadas por las relaciones entre las personas. Esto se refuerza cuando se considera este otro dato: la distancia geográfica no afectó en absoluto los resultados: los vecinos no tuvieron impacto en el riesgo de obesidad, pero contactos separados geográficamente sí, lo cual sugiere que importa más la distancia social que la geográfica a la hora de influenciar conductas.

Si entienden inglés, pueden ver este video en donde gráficamente se representa la evolución de la red durante el estudio.

Tabaquismo

Consideremos ahora el impacto de las redes sobre el tabaquismo. En otra investigación Christakis y Fowler utilizaron los datos de FHS para examinar el vínculo entre los contactos sociales y tabaquismo de los sujetos (Christakis & Fowler, 2008).

Dicho de manera más informal que en el estudio, lo que encontraron fue lo siguiente: si una persona fuma, el riesgo de que un contacto suyo fume aumenta en un 61%, pero la influencia no termina allí. El riesgo de tabaquismo para el contacto de un contacto fue del 29%, y para el contacto de un contacto de un contacto fue del 11%. Este efecto dejó de observarse al superarse los tres grados de relación.

Al igual que sucedió con la obesidad, el tipo de relación entre los contactos también fue relevante a la hora de influenciar estas conductas: si deja de fumar alguien con quien tenemos una mutua amistad las chances de que fumemos disminuye un 43%; si deja de fumar nuestra pareja las chances disminuyen un 67%; entre hermanos se observó una disminución del 25%; mientras que si es un compañero de trabajo (esto es, sin lazos de amistad), no se observó efecto alguno, como tampoco se observó cuando es un vecino el que deja de fumar. Al igual que en el estudio sobre obesidad, la proximidad geográfica no fue relevante en el estudio: estos efectos se observaron sin importar la distancia física entre los contactos.

si deja de fumar alguien con quien tenemos una mutua amistad las chances de que fumemos disminuye un 43%

Este último dato es relevante porque podríamos suponer que son terceros factores los que llevan a que grupos de personas dejen de fumar (lo mismo aplica a obesidad): por ejemplo, subir los impuestos a los cigarrillos afecta a todos los fumadores de la red y disminuye las probabilidades de que todos fumen. Pero si fuera sólo el efecto de factores generales, tendría que haber una correlación entre la cesación tabáquica de vecinos y compañeros de trabajo, lo cual no fue así: resultaron mejores predictores los contactos que la cercanía.

Soledad

El examen periódico que se realizaba como parte del FHS también realizó una evaluación de factores psicólogicos, que entre otras herramientas incluyó el CES-D (Center for Epidemiological Studies Depression Scale), una escala para evaluar depresión y soledad, en la cual se le pregunta a una persona, entre otras cosas, con qué frecuencia han experimentado un determinado sentimiento durante la semana previa.

Esto permitió realizar un análisis sobre el impacto de los vínculos sociales en la soledad (Cacioppo, Fowler, & Christakis, 2009). Por “soledad” no nos referimos al grado de aislamiento concreto de una persona sino a la percepción de aislamiento. ¿Qué tan solo me siento cuando las personas en mi red se sienten solas?

Los resultados mostraron que para una persona en la red hubo un 52% de probabilidades de reportar soledad si un contacto de primer grado también reportó soledad; si fue un contacto de segundo grado las probabilidades fueron del 25%, y de 15% cuando se trató de un contacto de tercer grado. Como en las investigaciones anteriores, más allá del tercer grado de vínculo el efecto desapareció.

Estos resultados sugieren que nuestras emociones y redes se refuerzan a sí mismas y crean un ciclo de ‘el rico se vuelve más rico’, que beneficia a aquellos con más amigos

La cantidad de amigos reportados influyó sobre la soledad (a más amigos, menos sensación de soledad), pero también encontraron que la soledad reportada tiende a predecir la pérdida de amigos en la siguiente evaluación. En palabras de los autores:

“Estos resultados sugieren que nuestras emociones y redes se refuerzan a sí mismas y crean un ciclo de ‘el rico se vuelve más rico’, que beneficia a aquellos con más amigos. Las personas con pocos amigos tienden a sentir más soledad a lo largo del tiempo, lo cual a su vez hace que sea menos probable que formen nuevos lazos sociales” (p.8)

Esta investigación es particularmente interesante porque sugiere que una de las experiencias más individuales que podemos tener –sentirnos solos– es una propiedad de grupos y redes sociales. El viejo cliché de “estar solo entre la gente”, podría reformularse a “estar solo con la gente”, la curiosa paradoja de estar grupalmente solos.

¿Por qué sucede esto?

En este punto hay una pregunta que se impone: ¿por qué sucede esto? ¿por qué las conductas y actitudes de las personas parecen variar de manera coordinada?

Podría ser que en realidad la hipótesis de los tres grados de influencia esté errada, y que en realidad lo que estamos viendo son agrupamientos de personas similares, no patrones de influencia. Esto es lo que se llama homofilia, o la afinidad por quienes son semejantes a nosotros. Podría ser, por ejemplo, que las personas obesas tendieran a hacer amistad con otras personas obesas, y que por eso pareciera existir un agrupamiento de personas con obesidad. Pero los datos no apoyan esta explicación, porque en el análisis de datos, la obesidad surge en vínculos preexistentes, es decir, primero está la amistad y luego sobreviene la influencia de la obesidad, no al revés.

Otra refutación posible sería que el agrupamiento de cambios conductuales está dado por factores comunes que afectan a toda la población. Si, por ejemplo, se prohibiera el uso de azúcar agregado en la alimentación esto tendría un efecto sobre la obesidad de todas las personas afectadas, y veríamos un cambio en toda la población. Pero, nuevamente, los datos parecen sugerir otra cosa. Por ejemplo, personas que comparten un mismo espacio geográfico (vecinos), tienen menos influencia recíproca que con personas con las que tienen vínculos personales, aún sin compartir el mismo espacio geográfico. No es que los factores comunes no tengan impacto, sino que ese impacto se propaga de cierta manera a través de los vínculos personales.

Si aceptamos provisoriamente la hipótesis de la influencia social, nos queda explicar cómo es que esta influencia sucede. Los autores proponen algunas vías.

La primera vía es la imitación. Si un amigo come de más, o empieza a correr, hay chances de que uno imite y comparta esas conductas, y que tengan un impacto a través de la interacción mutua: ciertas conductas resultan así reforzadas mientras que otras son extinguidas. Esto es relativamente sencillo de entender, pero la imitación no es el único camino por el cual ciertas conductas pueden extenderse. También compartimos ideas, expectativas, normas sobre lo que es aceptable y lo que no, y esta es otra vía de influencia, la vía de las prácticas culturales compartidas entre personas. Y a diferencia de la imitación, las normas pueden transmitirse entre personas que no se conocen directamente (los tres grados), con mayor rapidez relativa.

Los autores en este punto destacan algo interesante: “Las celebridades y modelos están más delgadas que nunca, incluso si el resto de las personas está ganando peso. Esta paradoja ilustra la diferencia entre la ideología y las normas. Las personas ven imágenes de tipos corporales ideales en los medios, pero están menos influenciadas por dichas imágenes –por esta ideología- de lo que lo están por las acciones y la apariencia de las muy reales personas con las cuales efectivamente están conectadas. Como lo dijo la columnista Ellen Goodman ‘Las anoréxicas profesionales tales como Kate Moss, Calista Flockhart, y Victoria Beckahm pueden presentar un increíblemente reducido ideal. Pero en la vida real nos medimos con nuestras amistades. Pulgada a pulgada.”  (Christakis & Fowler, 2009)

Esto no significa que las redes sociales sean el único factor de influencia, ni siquiera el principal, pero sí que son un poderoso factor sobre las conductas y actitudes de las personas, un factor que vale la pena tener en cuenta.

El poder de los vínculos

Hemos elegido reseñar las más llamativas de las investigaciones sobre el tema, pero distan de ser las únicas. En los últimos años, numerosas investigaciones han sumado evidencia del efecto de las redes y de la regla de los tres grados de influencia.

Se ha encontrado que las redes influencian el nivel de felicidad (Fowler & Christakis, 2008), conductas cooperativas (Fowler & Christakis, 2010), depresión (Rosenquist, Fowler, & Christakis, 2011), consumo de alcohol (Rosenquist, Murabito, Fowler, & Christakis, 2010), y una larga, larguísima lista de etcéteras. Vale la pena señalar que no se pudo encontrar evidencia de influencia social para la orientación sexual -lo cual puede servir para refutar a más de uno, de paso (Brakefield et al., 2014).

Esto se suma a una larga tradición de investigación y pensamiento que subraya que el contexto ejerce una poderosa influencia sobre lo que hacemos, y estas investigaciones en particular señalan que el contexto de los vínculos sociales y las prácticas culturales es de enorme importancia a la hora de entender lo que hacen las personas y la forma en la que se propagan las conductas. La psicología tiende a mirar hacia el interior de las personas, pasando a veces por alto los intercambios con el contexto o relegándolos a un papel secundario, y quizá no sea eso lo más sabio.

Hay algo más que querría señalar, y que fue el motivo por el cual empecé a indagar en esta línea de investigación. Si queremos generar un cambio en las personas a nuestro alrededor, si queremos ayudar a que personas que queremos tengan hábitos más saludables, por ejemplo, una forma potente de hacerlo es cambiar nuestros propios hábitos. En palabras de los investigadores:

“Incluso restringido a tres grados, el nivel de nuestro efecto en otros es extraordinario. La forma en la que se estructuran las redes sociales naturales significa que la mayoría de nosotros está conectado a miles de personas. Por ejemplo, supongamos que tienen 20 contactos sociales, incluyendo cinco amigos, cinco compañeros de trabajo, y diez familiares, y que a su vez cada uno de ellos tiene un número similar de amigos y familiares (…) Eso significa que están indirectamente conectados con cuatrocientas personas en dos grados de separación. Y su influencia no se detiene allí; va un paso más de los veinte amigos y familiares de esas personas, arrojando un total de 20x20x20 personas, u ocho mil personas que están a tres grados de cada uno de nosotros” (Christakis & Fowler, 2009).

Cada vez que deciden empezar a hacer ejercicio, dejar de fumar, que eligen cooperar, etc., esos cambios reverberan en ocho mil personas. Como bien escribió Donne, ninguna persona es una isla. Así que ya saben, usen ese poder para el bien.

¡Nos leemos la próxima!

 

Referencias

Brakefield, T. A., Mednick, S. C., Wilson, H. W., De Neve, J.-E., Christakis, N. A., & Fowler, J. H. (2014). Same-Sex Sexual Attraction Does Not Spread in Adolescent Social Networks. Archives of Sexual Behavior, 43(2), 335–344. https://doi.org/10.1007/s10508-013-0142-9

Cacioppo, J. T., Fowler, J. H., & Christakis, N. A. (2009). Alone in the crowd: The structure and spread of loneliness in a large social network. Journal of Personality and Social Psychology, 97(6), 977–991. https://doi.org/10.1037/a0016076

Christakis, N. A., & Fowler, J. H. (2007). The Spread of Obesity in a Large Social Network over 32 Years. New England Journal of Medicine, 357(4), 370–379. https://doi.org/10.1056/NEJMsa066082

Christakis, N. A., & Fowler, J. H. (2008). The Collective Dynamics of Smoking in a Large Social Network. New England Journal of Medicine, 358(21), 2249–2258. https://doi.org/10.1056/NEJMsa0706154

Christakis, N. A., & Fowler, J. H. (2009). Connected: The Surprising Power of Our Social Networks and How They Shape Our Lives. New York: Little, Brown & Company.

Fowler, J. H., & Christakis, N. A. (2008). Dynamic spread of happiness in a large social network: longitudinal analysis over 20 years in the Framingham Heart Study. BMJ, 337(dec04 2), a2338–a2338. https://doi.org/10.1136/bmj.a2338

Fowler, J. H., & Christakis, N. A. (2010). Cooperative behavior cascades in human social networks. Proceedings of the National Academy of Sciences, 107(12), 5334–5338. https://doi.org/10.1073/pnas.0913149107

Rosenquist, J. N., Fowler, J. H., & Christakis, N. A. (2011). Social network determinants of depression. Molecular Psychiatry, 16(3), 273–281. https://doi.org/10.1038/mp.2010.13

Rosenquist, J. N., Murabito, J., Fowler, J. H., & Christakis, N. A. (2010). The spread of alcohol consumption behavior in a large social network. Annals of Internal Medicine, 152(7), 426–433. https://doi.org/10.7326/0003-4819-152-7-201004060-00007

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  • 04/06/2018
  • David Aparicio

La neuropsicología, como bien su nombre lo dice, es la intersección entre dos de las disciplinas científicas (neurociencias y psicología) más importantes en la comprensión de la relación entre las estructuras cerebrales y la conducta humana. Lo que la convierte en una especialización indispensable en el proceso diagnóstico y de tratamiento de los trastornos relacionados con las funciones ejecutivas, la memoria, el lenguaje y en casos más severos como traumatismos y daño cerebral en la población infanto-juvenil.

A pesar de la alta demanda y necesidad, hay pocas instituciones que ofrecen un programa a nivel de máster (o maestría) que cumpla con las necesidades de los profesionales de la salud mental.

Para dar respuesta a esta necesidad ÍTACA Formación abrió las inscripciones al Máster en Neuropsicología Infantil (2018-2019) en modalidad online y presencial, con la Dirección Académica del Doctor Ignacio Sánchez Cubillo.

El máster de Neuropsicología Infantil es una verdadera propuesta online y presencial con 400 horas de formación (100 horas de prácticas) que se divide en 9 módulos. Las clases, que duran 7 meses, que te nutrirán con el conocimiento teórico – práctico que necesitas para desarrollarte en el campo clínico.

¿Cómo hacen las prácticas los estudiantes que se encuentran fuera de España para desarrollar las prácticas? El plan de prácticas de ÍTACA Formación ofrece la posibilidad de que los estudiantes puedan elegir el centro de su preferencia.

Los módulos del master en neuropsicología infantil:

  • Módulo 1. Introducción a la neuropsicología infantil. Desarrollo del SNC y sus patologías. Plasticidad cerebral. Técnicas de neuroimagen aplicadas al ámbito infantil. Principios de evaluación y de intervención infantil.
  • Módulo 2. Neuropsicología cognitiva del desarrollo I: Neurociencia del desarrollo, evaluación e intervención de la atención, las funciones ejecutivas (I) y la memoria.
  • Módulo 3. Neuropsicología cognitiva del desarrollo II: Neurociencia del desarrollo, evaluación e intervención de las funciones ejecutivas (II) y de la cognición social.
  • Módulo 4. Trastornos de la comunicación (lenguaje, habla, voz) y trastorno del aprendizaje no verbal: Modelos teóricos, patologías, evaluación e intervención.
  • Módulo 5. Parálisis Cerebral Infantil, Daño Cerebral Adquirido Infantil (Traumatismos craneo-encefálicos, accidentes cerebro-vasculares, tumores, infecciones, anoxias) y Trastornos Neuromotores: Una perspectiva desde la fisioterapia y la logopedia.
  • Módulo 6. Trastornos del neurodesarrollo (prematuridad, atención temprana, alteraciones genéticas, síndromes neurológicos, etc.): patologías, evaluación e intervención.
  • Módulo 7. TDAH y Trastornos del Espectro Autista: concepto, evaluación e intervención.
  • Módulo 8. Neuropsicología aplicada al ámbito escolar: Neuroeducación y trastornos del aprendizaje. Evaluación e intervención.
  • Módulo 9. La intervención neuropsicológica global: rehabilitación cognitiva, psicoterapia, mejora de la autonomía y trabajo con las familias.

Todas las materias están especialmente diseñadas, preparadas y dirigidas por profesionales de primera línea , con amplia experiencia en neuropsicología infantil a nivel clínico y docente.

Para inscribirte y obtener mayor información visita la página oficial del Máster de Neuropsicología Infantil.

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Agradecemos a ÍTACA Formación, nuestro sponsor de la semana.

  • Ciencia

Nuestro peor arrepentimiento

  • 31/05/2018
  • Maria Fernanda Alonso

Antes de comentarte el contenido de estas investigaciones, te propongo un ejercicio: pensá por unos minutos cuáles son tus mayores arrepentimientos respecto de tu vida hasta ahora. Hacé una lista (aunque sea mental), y procurá asignarles un orden de importancia.

En investigaciones publicadas en los ‘90, psicólogos le pidieron a personas que hicieran una lista con sus mayores arrepentimientos en la vida y encontraron que tendían a mencionar cosas que no habían hecho, más que cosas que habían hecho. Ahora, uno de los psicólogos de aquella investigación seminal, Thomas Gilovich de la Universidad Cornell junto con su colega Shai Davidai de The New School for Social Research, han analizado el contenido de los arrepentimientos de la gente, en lugar de cómo se llevaron a cabo (por acción o inacción). A través de seis estudios, el par presenta nueva evidencia, publicada en Emotion, de que los arrepentimientos que más perduran en nosotros tienen que ver con no vivir de acuerdo a nuestro “yo ideal” (esto es, no llegar a ser las personas que queríamos ser), en oposición a no vivir de acuerdo con nuestro “deber ser” (la persona que deberíamos haber sido basados en nuestras obligaciones y responsabilidades).  

Los investigadores encuestaron a cientos de participantes, incluidos estudiantes, pero mayormente miembros del público reclutados en el sitio web de encuestas de Amazon. En la mayor parte del estudio, los investigadores empezaron diciendo a los participantes la diferencia entre el arrepentimiento que concierne al “yo ideal” (no alcanzar las metas que se pusieron para sí mismos, sus sueños y ambiciones) y “el deber ser” (no alcanzar las normas y reglas que tenían para sí mismos o no cumplir con sus obligaciones con otros), antes de pedirles que hicieran una lista, nombren y categoricen sus arrepentimientos.

A lo largo de los distintos estudios, los participantes dijeron que experimentaron arrepentimientos concernientes a su yo ideal más a menudo (72 % vs 28 %); mencionaron más arrepentimientos del yo ideal que del deber ser cuando se les pidió que hicieran una lista con sus arrepentimientos respecto de sus vidas hasta el momento (57 % vs 43 %); y cuando se les pidió que nombren su mayor arrepentimiento en la vida, los participantes fueron más propensos a mencionar uno relativo a no alcanzar su yo ideal (76 % vs 24 % que mencionaron un arrepentimiento del deber ser).

Gilovich and Davidai luego pusieron a prueba su creencia de que la razón clave por la que los arrepentimientos del yo ideal son más duraderos es que somos menos propensos a tomar acciones prácticas y psicológicas en el momento de reparar aquel arrepentimiento, comparado con los arrepentimientos del deber ser.

Por ejemplo, cuando se le presentó a los participantes arrepentimientos hipotéticos del yo ideal (como abandonar sueños o intereses románticos no perseguidos) y arrepentimientos hipotético del deber ser (como no visitar a un familiar moribundo o indefinidamente), dijeron que una persona típica era más propensa a tomar acción psicológica y práctica para reparar el arrepentimiento del deber ser, como encontrar un lado positivo o hacer algo para calmar el arrepentimiento, que para reparar un arrepentimiento del yo ideal.

En un estudio de seguimiento, los participantes describieron arrepentimientos reales que tenían, ya sea relacionados al yo ideal o al deber ser, y dijeron cómo les hicieron frente. Aquellos a quienes se les pidió que describieran arrepentimientos del deber ser se calificaron como haber sido más urgentes y dijeron que habían tomado más pasos para hacerles frente, incluyendo cambio de comportamiento, rectificar la situación o deshacerla completamente. Finalmente, los investigadores cambiaron las cosas y pidieron a 157 participantes más que recordaran un arrepentimiento resuelto o uno no resuelto (“asunto pendiente”). Encontraron que aquellos a quienes se les pidió que escribieran sobre lo primero eran más propensos a describir un arrepentimiento del yo ideal.

Gilovich and Davidai no sostienen que la única razón por la que los arrepentimientos del yo ideal son más duraderos es porque somos menos propensos a atenderlos y resolverlos, pero consideran que este es un factor clave en cuanto a por qué son generalmente más molestos y vienen más fácilmente a la mente. Otras posibles razones (no puestas a prueba en la presente investigación) son que el “yo ideal” es simplemente menos asequible que el “deber ser”, más abstracto, y menos dependiente del contexto, haciendo que los arrepentimientos relacionados con ellos se activen con más frecuencia.

Los nuevos resultados están respaldados por las cuentas anecdóticas de pacientes cercanos al final de sus vidas, descritas en un libro escrito por la enfermera de cuidados paliativos Bronnie Ware en 2013: “Cuando las personas se dan cuenta de que sus vidas están acabando y la ven claramente en retrospectiva, es fácil ver cuántos sueños se han ido sin ser cumplidos,” escribió. “La mayoría de las personas no han honrado ni la mitad de sus sueños y deben morir sabiendo que fue a causa de opciones que tomaron, o no tomaron.”

A la hora de hacer reflexiones prácticas respecto de estos hallazgos, Gilovich and Davidai nos urgen a que seamos cautelosos, y sugieren que la forma más aconsejable de vivir dependerá de cuánto peso le pongamos al deber ser y al yo ideal.

Referencia del estudio: Davidai, S., & Gilovich, T. (2018). The ideal road not taken: The self-discrepancies involved in people’s most enduring regrets. Emotion, 18(3), 439-452. https://dx.doi.org/10.1037/emo0000326

Fuente: The British Psychological Society

 

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Dr. Fone, la aplicación que necesitas para liberar espacio en tu iPhone

  • 31/05/2018
  • David Aparicio

¿Borraste todas tus fotos y apps innecesarias y todavía estás sin espacio en tu iPhone? Dr.Fone es la aplicación que necesitas para recuperar todo esos gb perdidos, sin perder tus datos importantes.

Solo debes conectar tu iPhone en la computadora (Windows o macOS), abrir Dr.Fone y limpiar tu celular a través de una interfaz muy bonita e intuitiva.

En este breve artículo te mostraré cuáles son los pasos que debes seguir. Empecemos:

1 – Descarga Dr.Fone en tu computadora Windows o macOS.

2 – Instala, abre el programa y conecta tu celular a la computadora.

3 – En la pantalla de inicio aparecerá una variedad de opciones para elegir, pero en esta ocasión elegiremos borrador.

4 – Dr.Fone analizará tu iPhone y te mostrará los tipos de archivos que puede borrar (mensajes, contactos, archivos, archivos adjuntos, notas, historial de llamadas, calendarios y fotos) .

5 – Seleccionamos los archivos que quedemos borrar y hacemos click en borrar el dispositivo. Unos minutos después habremos recuperado todo el espacio que necesitamos.

Dr. Fone incluye otras opciones dignas de mencionar como: respaldo y restauración; copia de un teléfono a otro; transferencia de datos a la computadora y desbloqueo de pantalla.

Sin dudas Dr. Fone es una potente app para manejar fácilmente todos tus archivos y recuperar todo el espacio de tu iPhone con unos simples pasos. Descarga Dr. Fone aquí.

Agradecemos a Wondershare, nuestro sponsor de la semana.

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Clases al aire libre mejoran la atención y compromiso del estudiante

  • 30/05/2018
  • Alejandra Alonso

Un novedoso estudio encontró que, al contrario de lo que se podría pensar, los niños prestan más atención a sus clases y están más comprometidos en ellas luego de haber tenido una clase al aire libre. La investigación fue publicada en Frontiers in Psychology y dirigida por Ming Kuo.

Estudios anteriores han encontrado que los alumnos retienen más las lecciones de matemáticas, biología (Fägerstam & Blom, 2012), artes del lenguaje, estudios sociales y ciencias (Lieberman & Hoddy, 1998) si son impartidas al aire libre. Sumado a esto, la exposición a la naturaleza viene de la mano con beneficios tales como: actividad física, alivio del estrés y renovación de la atención (Kuo, 2015; Chawla, 2015), además de generar en los niños conductas proambiente (Monroe, 2003).

Dados estos importantes beneficios, los autores estaban interesados en conocer si las clases al aire libre perjudicaban o no el compromiso y atención del alumno en el salón. Según ellos, ningún estudio se ha enfocado directamente en este tema, solo se han encontrado resultados indirectos que sugieren que no perjudica la atención, sino todo lo contrario.

Los estudios que han encontrado indirectamente beneficios de las clases al aire libre, se han enfocado en los recreos y actividades físicas; es decir que difieren de las clases en el salón en dos aspectos: escenario y enfoque pedagógico. La diferencia con el enfoque de ésta investigación es que se dieron lecciones formales al aire libre y en un salón de clases y se hicieron las respectivas comparaciones. Es decir que el escenario era diferente, pero no el enfoque pedagógico.

Cómo se realizó la investigación

Se contó con una muestra de 300 estudiantes que asistían a una escuela imán ambiental de Estados Unidos, predominantemente de bajos recursos: 87% calificaban para recibir almuerzo gratis o más barato, 82% eran afroamericanos, 7% hispanos, 5% blancos y 6% multirraciales.

Los escenarios fueron dos salones de clases normales, con ventanas y un área verde afuera de la escuela. Las observaciones siempre se hacían adentro, en el salón común.

Las maestras tenían mucha experiencia y certificaciones en educación primaria, maestría en educación y entrenamiento en educación al aire libre y ambiental.

Los estudiantes estaban en tercer grado y sus edades oscilaban entre los 9 y 10 años.

Se contó la cantidad de veces que la maestra tenía que redirigir la atención de los alumnos hacia la lección. También se le pidió a un observador objetivo que viera fotos de las clases durante el período de observación y puntuara el nivel de compromiso de la clase, sin saber si se habían tomado las fotos luego de una clase al aire libre o en el interior de un salón.

Resultados

El compromiso con las clases se vio significativamente mejorado luego de haber recibido lecciones al aire libre, comparados con la otra condición que consistía en recibir clases luego de haber participado de una lección en un salón normal.

Los beneficios se mantuvieron para cuatro de las cinco medidas sobre compromiso en clase: calificaciones, redirección de la atención, calificaciones independientes, basadas en fotos. La única que no mostró mejoras fue la de calificaciones de los alumnos. Los beneficios se mantuvieron con diferentes maestras, tanto al principio del estudio como al final de las 5 semanas.

El número de veces que la maestra tenía que redirigir la atención de los estudiantes se reducía a la mitad luego de una clase al aire libre.

Los investigadores quieren estudiar ahora si la técnica funcionaría en otras escuelas y con docentes con menos experiencia.

Paper: Kuo, M., Browning, M. & Penner, M. (2018) Do lessons in nature boost subsequent classroom engagement? refueling students in flight https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.02253
Fuente: Psychcentral

  • Clínica
  • Exclusivo para miembros de Psyciencia Pro

Cómo lograr que los niños ansiosos, y sus padres, acepten la terapia de exposición

  • 30/05/2018
  • Equipo de Redacción

Tips para psicoterapeutas, es una sección con recomendaciones breves para ayudar a terapeutas que enfrentan dificultades en la consulta o se encuentran estancados en algún proceso del tratamiento. Puedes leer todos los artículos aquí.

Sabemos que la terapia de exposición es el estándar de oro para tratar desórdenes de ansiedad en niños. Desafortunadamente, la naturaleza de la ansiedad misma lleva a niños y padres ansiosos a hacer lo opuesto a la exposición. ¿Por qué motivo un niño con ansiedad severa de separación, por ejemplo, se expondría voluntariamente a una exposición en la que esté de acuerdo con estar en la casa con un padre, pero sin saber en qué parte de la casa está ese padre —sin recurrir a comportamientos de seguridad como llamarlo, estar atento para escuchar pasos o voces— por cinco minutos?

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