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Psicología humana en tiempos de máquinas 💞

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  • Artículos de opinión (Op-ed)

5 Cambios urgentes en la formación profesional de los psicólogos

  • 16/03/2016
  • César Andrés Monroy Fonseca
ethnic female psychotherapist talking to black male client

La ciencia avanza a pasos acelerados particularmente a partir del año 2000 gracias al hito de la decodificación del genoma humano. Lo que hace apenas 20 años eran verdades aceptadas por la comunidad científica hoy son anécdotas históricas. Lamentablemente este vertiginoso ritmo generalizado de las ciencias no se ve reflejado en las aulas donde se forman los nuevos profesionales de la salud mental. Hoy queremos detallar los cinco principales cambios que deben implementar las universidades para sostener la vigencia de la ciencia psicológica:

1. Abandonar la escisión mente-cuerpo del siglo XVII

Cómo es hoy: Resulta francamente vergonzoso toparse con planes de estudio, programas de postgrado e incluso profesores que siguen justificando la existencia de la psicología como consecuencia de la dualidad mente-cuerpo postulada en el siglo XVII como respuesta de la ciencia para evitar invadir el ministerio de la fe. En ese entonces los científicos necesitaban separar la ciencia de la religión y el estudio de la mente quedó relegado al estudio de las facultades del alma. Esta división es inoperante en pleno siglo XXI donde  nos topamos con una cantidad no menor de psicólogos que siguen convencidos que se dedican a la parte espiritual del ser humano. Sobran corrientes que hablan de la psicología como una disciplina centrada en nociones esotéricas.

Cómo debe cambiar: El marco filosófico que circunscribe a la ciencia del siglo XXI es ontológico. Pensamos una psicología que reconoce que el fenómeno psicológico se manifiesta por sí mismo y es labor del psicólogo recolectar fragmentos suficientes del fenómeno para dar cuenta de un hecho (evidencia) que puede usarse para comprobar o refutar una hipótesis. La psicología debe dejar atrás la era donde se pensaba que el fenómeno psicológico era una manifestación de conocimiento por sí mismo que sólo había que interpretarlo por medio de conjeturas y deducciones infalseables.

2. Incorporar nociones matemáticas profundas como el cálculo integral y diferencial

Cómo es hoy: No es ningún secreto que los psicólogos tienen fama de poca habilidad para las matemáticas y existe una noción en varias universidades que el uso de las matemáticas obedece a un reduccionismo de la psique humana al mero valor estadístico. La división de la formación del psicólogo en “escuelas” nos ha dado generaciones de psicólogos incapaces de reconocer el valor del manejo de modelos matemáticos para entender los fenómenos psicológicos. En una reciente convocatoria laboral para un puesto de Psicofisiología para recién graduados recibimos cerca de 80 solicitudes. Cuando decidimos acotar el puesto con el requisito de dominio de la estadística inferencial y software de análisis estadístico recibimos sólo tres solicitantes, dos de los cuales tenían grado doctoral.

Cómo debe cambiar: El metalenguaje por excelencia de la ciencia es la matemática. Una de las razones por las cuales muchas corrientes psicológicas están cayendo en la obsolescencia y no han podido renovarse pese a los avances en las disciplinas que nutren su desarrollo, es por la barrera funcional de los conceptos que maneja. El más importante es la noción de cognición visto desde la neurociencia. Antes, la psicología pensaba que la memoria era una especie de proceso de almacenaje de información en una especie de “banco de datos” en algún lugar del cerebro. Hoy hemos descubierto que la memoria es resultado de un conjunto de redes sinápticas que se forman, crean y modifican en estructuras bien definidas. Todo este conocimiento puede modelarse y transformarse a conocimiento del siglo XXI con herramientas como el cálculo diferencial. El mejor ejemplo para ello es cuando explicamos cómo puede existir una noción inmedible (cognición) con un área finita y medible (cerebro). El Copo de Koch demuestra la existencia de un perímetro indefinido (como la cantidad de conexiones neuronales) en una función con área totalmente definida (como el cerebro). Este modelo permite modelar por qué el peso y volumen del cerebro de un budista, un economista y un campesino son iguales.

Imagen: Wikipedia
Imagen: Wikipedia

El copo de Koch. Un área finita circunscrita por un perímetro no finito

3. Recorrer la historia de la filosofía y teoría del hombre

Cómo es hoy: Los psicólogos son quizá el gremio con mayor número de “nuevas corrientes” inventadas por año. Si buscamos en internet el directorio de psicólogos en nuestra localidad es más que frecuente toparnos con currículos de psicólogos que declaran ser “creadores del método X”, “inventor de la técnica Y”, y otros tantos que dicen “certificado en el método X”, “usando el método Y”. Finalmente y no por ello menos frecuente están los que buscan cierta legitimación por autoridad: “discípulo del Dr. X”, “miembro del seminario del Prof. Y”. Cuando profundizamos en las raíces de estas “nuevas corrientes” se evidencia como denominador común un desconocimiento de todo lo que a la humanidad en sus 5000 años de documentación escrita de psicología se le ha ocurrido escribir sobre el hombre mismo. La mayoría de los psicólogos desconocen todas las obras que se escribieron en épocas anteriores al siglo XIX y un grueso de psicoanalistas ignora que el mismo Freud creía en la frenología. Ello nos trae como consecuencia cantidad de psicólogos que re-inventan ideas, conceptos, nociones y teorías que la filosofía ya postuló, rebatió, refutó y reformuló.

Cómo debe cambiar: Si bien la necesidad de retomar la herencia filosófica de la psicología se ha impuesto en algunas universidades, todavía no es una tendencia generalizada. Miramos un día donde los psicólogos reciban a la par la formación más moderna y actualizada basada en evidencia científica de lado de Platón, Spinoza y de la Mettrie hasta Heidegger. Sólo con el conocimiento de la historia de la teoría del hombre y comprendiendo la construcción que se ha dado sobre sí mismo, el psicólogo podrá evitar repetirlas innecesariamente.

4. Recuperar la vocación experimental

Cómo es hoy: Las más recientes generaciones de psicólogos son en gran proporción tecnólogos de pruebas psicométricas y especialistas en administración de esquemas de terapia breve. Pero estos mismos psicólogos nunca tuvieron oportunidad en su formación profesional de entrar en un laboratorio de comportamiento, de Psicofisiología o de farmacología experimental. Las consecuencias son notorias y lamentables: son presa fácil de las pseudoterapias, los remedios complementarios, las técnicas dudosas y métodos esotéricos de medición. No es su culpa. Cuando un profesional no desarrolla el sentido de investigación y de pensamiento crítico, asume que todo lo que lleva nombre de ciencia o los prefijos neuro o bío es cierto. Estos psicólogos comienzan a hablar de la mecánica cuántica como fundamento de su esquema terapéutico, o de que la meditación provoca cambios demostrables en el cerebro. Son psicólogos incapaces de distinguir dentro de su propia disciplina aquel conocimiento que viene de una investigación revisada por pares y publicada en un boletín científico, de aquel que se publica en una revista de supermercado.

Cómo debe cambiar: La psicología como ciencia surgió de la experimentación y es por definición una disciplina de investigación en tanto se basa en la recolección de datos para llegar a conclusiones explicativas de los fenómenos observados.  Vemos una formación en psicología que ponga énfasis en la metodología de la investigación no sólo en una o dos asignaturas sino como parte medular de toda la carrera de principio a fin. Los futuros psicólogos necesitan tener  acceso a investigación con roedores (actualmente abandonado en dos tercios de las universidades de México), a laboratorios de biometría física, química y psicofisiológica. Es necesario que los esquemas de prácticas profesionales se enfoquen a la formulación de preguntas clínicas más que a la mera aplicación de conocimientos.

Imagen: Sping.udg.edu
Imagen: Sping.udg.edu

Santiago Ramón y Cajal descubriendo las redes neuronales

5. Establecer un sistema de certificación periódica

Cómo es hoy: Un desastre. La mayoría de los países no han regulado el concepto de “psicoterapeuta” por lo que legalmente cualquier persona que desee portar esa actividad puede hacerlo sin caer en el intrusismo profesional. Sólo en un par de países se ha distinguido la psicología clínica como profesión sanitaria de la psicología general como ciencia social. En México y muchos más países la licencia de “Psicólogo” es otorgada por igual a quien tiene formación sólida en un laboratorio experimental como quien cursó en una institución donde se enseñan constelaciones familiares como terapia de primera elección.

Cómo debe cambiar: El primer paso lo ha dado ya España. El psicólogo clínico debe hacer su residencia hospitalaria y acatar procesos muy parecidos al MIR de los médicos. Este modelo debe replicarse rápidamente para dar un primer paso hacia la profesionalización del psicólogo como profesional de la salud. Un siguiente paso es la certificación periódica. Los ministerios de educación y de salud deben publicar pautas y reglamentos que permitan a los psicólogos colegiarse en un órgano auto-regulador con facultades para determinar los criterios que determinan la competencia y desempeño del psicólogo así como la necesidad de actualización y renovación de sus conocimientos.

Artículo publicado en Actualidad Clínica y cedido para su publicación en Psyciencia.

  • Clínica

Trastorno Afectivo Estacional

  • 16/03/2016
  • Alejandra Alonso

Cuando las horas del día comienzan a decaer y empieza a hacer frío afuera muchas personas pueden encontrarse experimentando síntomas similares a la depresión. Para algunos los síntomas son relativamente breves. No es difícil imaginarse el ánimo de los padres en los grises días de invierno, con los chicos encerrados o enfermos y la sensación de letargo que acompaña a estos días. Para otros, sin embargo, los síntomas que sienten pueden ser muy incapacitantes.

El Trastorno Afectivo Estacional (TAE) es un tipo de depresión que se da a lo largo de una estación, generalmente el invierno, y desaparece el resto del año. Los síntomas del TAE son los mismos que presentan las personas con depresión. Pueden variar en severidad y muchas veces interfieren con las relaciones personales. Entre los síntomas se observan fatiga, estado de ánimo triste, antojos e ingesta de más dulces, pérdida de interés, dificultades para dormir, sentimientos de desesperanza o desesperación y pensamientos suicidas.

Los siguientes consejos pueden ayudar a aliviar los síntomas del TAE:

Luz solar: La falta de exposición al sol es una de las causas de TAE y tomar tanto sol como sea posible puede reducir los síntomas. Sentarse en una ventana o salir a caminar durante el día, o incluso practicar un deporte para mantenerte en movimiento y afuera, puede ayudar.

Es un tipo de depresión que se da a lo largo de una estación y desaparece el resto del año

Comida saludable: Los antojos de cosas dulces que provoca el TAE no significan que no puedas ponerte creativo y buscar recetas bajas en calorías, saludables y fáciles de preparar. Por ejemplo, en vez de comer pastel o galletitas dulces puedes hacer un postre utilizando las frutas de estación.

Tiempo con amigos y familiares: Esta es una buena forma de levantar el espíritu y evitar el aislamiento. Acurrucarse con sus hijos o sus mascotas, disfrutar una taza de té calentito con amigos o divertirse con juegos de mesa en familia. También se puede conversar con los amigos y familiares sobre cómo te afecta la estación y educarlos sobre el TAE.

Mantenerse activo: Si se conoce de antemano sobre los episodios de TAE, se pueden planificar actividades para no quedarse encerrado en la casa: unirse a un club, hacer voluntariados, caminatas, deportes, etc. Las investigaciones sugieren que el ejercicio y la planificación de actividades placenteras disminuyen el impacto del TAE.

Ayuda profesional: Si la lucha contra estos sentimientos de depresión continúa, deberías buscar la ayuda de un profesional de la salud mental, como un psicólogo por ejemplo. Este profesional puede determinar si alguien sufre de TAE y cuál es el mejor tratamiento. Hay investigaciones que sugieren que las psicoterapias, por ejemplo la terapia cognitiva conductual, son un tratamiento efectivo para el TAE y pueden tener más beneficios a largo plazo que la terapia de luz (uso diario de una lámpara brillante artificial) o antidepresivos.

Un psicólogo puede ayudarte a identificar áreas problemáticas y a desarrollar un plan de acción. Los psicólogos están entrenados para entender la conexión entre la mente y el cuerpo. Pueden ofrecer estrategias como el ajuste de objetivos para que sean más alcanzables, el cambio de conductas insalubres o el afrontamiento de cuestiones emocionales.

Fuente: APA

  • Artículos de opinión (Op-ed)

Muerte en familia

  • 15/03/2016
  • Daniel Gonzalez

Pretexto perfecto para ahondar en un tema que resulta por demás inquietante, pero no sólo como parte de la necesidad de investigación, de la curiosidad innata que nos caracteriza a los seres humanos (particularmente en torno a aspectos de nuestra existencia que se nos dificulta comprender), sino como la posibilidad de elaborar y asumir nuestra propia muerte y dejar atrás la convicción inconsciente de inmortalidad. Parece entonces, que la motivación es más compleja y profunda de lo que en ocasiones estamos dispuestos a reconocer.

Podemos negarlo aunque, ni al más ingenuo, ni al más inocente, le es ajeno el hecho irremediable de que habremos de morir, somos conscientes de ello, es incluso una aseveración lógica, de sentido común; simple, lo escuchamos, lo miramos, lo repetimos, lo vivimos. La empatía nos puede permitir acercarnos al  profundo dolor que experimentan aquellos que han perdido, en los brazos de la muerte, a un ser amado; sin embargo, ese dolor no nos pertenece, no es nuestro, lo inquietante es que sucede cuando el dueño de tal dolor, soy yo.

La muerte está, permanece en estado latente, siempre cerca, paciente, ella nos mueve, y en este caso, decididamente a analizar e indagar sobre la muerte de otros, haciendo un esfuerzo por comprender la propia y darle un sentido, cuando lo más que podemos hacer es experimentarla, vivirla cuando perdemos a los que amamos.

Podemos negarlo aunque, ni al más ingenuo, ni al más inocente, le es ajeno el hecho irremediable de que habremos de morir

Tenemos una primera conclusión: mucho se puede decir sobre la muerte, pero no es ella en sí la que nos interesa, sino lo que nos hace a los aún sobrevivientes,  las diversas formas de comprenderla, de los ritos y tradiciones a ella asociados y, por supuesto, las fantasías y mitos que la rodean.

En este sentido, el camino a seguir en la indagación sobre la muerte, es profundizar en la respuesta de los individuos que pierden a algún integrante de su familia, bajo el supuesto de que los lazos de amor y afecto más fuertes y profundos son los que forjamos en este grupo.

Este discurso le reconoce una fuerza formidable a la familia en la medida en que ella se ha hecho refugio y lugar privilegiado de la afectividad. La pareja y los hijos capitalizarían todos los sentimientos que no pueden expresarse en una sociedad deshumanizada.  Todo el calor de las relaciones sociales se concentrará de ahora en adelante en el hogar conyugal y en los parientes cercanos. Se sostiene que en la actualidad incluso ha ganado importancia por la mayor necesidad psicológica que tenemos de ella y por su menor importancia institucional, pero ha ganado intensidad psicológica y emocional. (Valdés, 2007).

Cómo afrontar la pérdida, del cónyuge, de un hijo, de un padre o de un hermano. ¡Cuántos sentimientos se remueven si la causa no es natural, sino provocada por un accidente, enfermedad o muerte violenta! La sacudida puede ser tan terrible, que podría acabar con aquellos que permanecen, y con la familia misma.

Entenderemos que la familia comprende un sistema de relaciones de parentesco (no necesariamente implica consanguinidad) reguladas de formas muy diferentes en las distintas culturas. Estas relaciones tienen como elemento nuclear común los vínculos afectivos entre sus miembros, que se expresan a través de la alianza entre los integrantes con uno u otro grado de pasión, intimidad y compromiso. (Valdés, 2007)

Las familias son sistemas vivos y abiertos, diversas en sus estructuras y por supuesto en su dinámica, dentro de ellas es donde los individuos logramos consolidar nuestra identidad, forjando nuestro autoconcepto y alimentando nuestra estima, se nos permite ejercitar nuestras respuestas comportamentales en situaciones diferentes, aprendemos a negociar, a ser flexibles, a ceder, integramos los valores que rigen nuestro entorno, y es ahí donde conocemos el amor y el desamor, es nuestra más importante red de apoyo social.

Estos lazos se van fortaleciendo con el tiempo, se hacen cada vez más estrechos, tanto, que la vida es difícil de visualizarse sin la presencia del otro.   No sólo los integrantes, sino el sistema familiar mismo, habrá de poner a prueba todos sus recursos para poder continuar con su existencia. No intento demeritar otros tipos de lazos afectivos, sencillamente pretendo enfatizar que el dolor que la muerte genera es proporcional al amor que se siente por el que ya no estará, y se intensifica si es dentro del seno familiar.

¿Hacia dónde mueve la muerte a una persona que ha perdido a un miembro de la familia por quien se tiene un profundo amor? Freud nos orienta en este asunto, con su obra Duelo y Melancolía (Freud, 1917), señalando estas dos, como las posibles rutas sobre las que ha de andar un individuo que ha perdido algún ser amado.   

Una pérdida es una pérdida, pero en relación a lo que revisaremos, entenderemos que en la medida que el lazo es más fuerte y profundo, se exige al individuo mayores recursos personales, para afrontar de la manera más adecuada tal pérdida, independientemente si se trata de una persona, una relación, un objeto o una ideología.  

Comencemos con la explicación, no de a quién se pierde, sino qué es lo que se pierde en la muerte, para ello, es necesario detenernos a explicar un concepto central en la teoría de Freud, el concepto de pulsión.  Es un proceso dinámico consistente en un empuje (carga energética, factor de motilidad) que hace tender al organismo hacia un fin.  Según Freud, una pulsión tiene su fuente en una excitación corporal (estado de tensión); su fin es suprimir el estado de tensión que reina en la fuente pulsional; gracias al objeto, la pulsion puede alcanzar su fin. (Laplanche, 1994). Como organismos biológicos es esta energía que Freud llama pulsión, la que nos mueve, determina nuestras motivaciones para ser quienes somos, la tensión que experimentamos, inicialmente en el cuerpo, resultado de las fuerzas pulsionales, es decir, de nuestras necesidades, que buscan ser canceladas, por vía de la satisfacción.

Así, el sentimiento de displacer (tensión) tiene que ver con un incremento del estímulo pulsional y el de placer con su disminución (satisfacción). Las personas que nos rodean, en este caso, los integrantes de nuestra familia,  son objetos que permiten la reducción de dicha tensión generada por la pulsión,  es así como se posicionan como significativos, proveen satisfacción. Y si más tarde el objeto se revela como fuente de placer, entonces es amado, pero también incorporado al yo (Freud, 1915).  Es decir, aquella persona a la que amamos, es parte de nosotros mismos, de nuestro yo.

A este fenómeno se le conoce como catexis, otro concepto importante para comprender la dinámica de la muerta en la vida mental de los individuos. La catexis hace que cierta energía psíquica se halle unida a una representación o grupo de representaciones, una parte del cuerpo, un objeto, etcétera. (Laplanche, 1994).

La pérdida entonces, es de la satisfacción, de la eliminación de la tensión, que el otro proveía por ser un objeto catectizado, amado, al que investimos con nuestra energía pulsional, y que ahora, mantiene el estado de tensión en el organismo; tal como lo expresa la gente comúnmente, es como si nos arrancaran una parte de nosotros, nos sentimos mutilados, abandonados, perdidos. Aquel que se ha ido, que ya no estará, no puede describirnos lo que sucede tras su partida, pero los sobrevivientes, iniciamos entonces el proceso de Duelo, para dar nueva dirección a la energía pulsional que ahora no tiene objeto sobre el cual fijarse.

Natural es transitar durante un cierto periodo de tiempo por el duelo, confrontar el vacío que se instaura en el yo, es tal cual, una herida, muy profunda

El duelo, es por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc. A pesar de que el duelo trae consigo graves desviaciones de la conducta normal en la vida, nunca se nos ocurre considerarlo un estado patológico ni remitirlo al médico para su tratamiento.  Confiamos en que pasado cierto tiempo se lo superara, y juzgamos inoportuno y aun dañino perturbarlo (Freud, 1917).

Natural es transitar durante un cierto periodo de tiempo por el duelo, confrontar el vacío que se instaura en el yo, es tal cual, una herida, muy profunda, equiparable al amor hacia aquel, pero que sanará, no para olvidar, sino para asumir de forma real que la muerte es parte de la vida, permitiendo que ese objeto ahora inexistente que proveía de placer, tendrá que reintegrarse al yo para buscar un nuevo objeto de satisfacción.

Cada uno de los recuerdos y cada una de las expectativas en que la libido se anudaba al objeto son clausurados, sobreinvestidos y en ellos se consuma el desasimiento de la libido. (…) una vez cumplido el trabajo de duelo el yo se vuelve otra vez libre y desinhibido (Freud, 1917).

El otro camino es la Melancolía, cuando un individuo por sus propios recursos personales, no puede afrontar de lleno el proceso de Duelo, puede perderse en un estado que puede volverse peligroso. La pérdida es ocasionadora de la melancolía, cuando él sabe a quién perdió, pero no lo que perdió en él.  Esto nos llevará a referir de algún modo a la melancolía como una pérdida de objeto sustraída de la conciencia, a diferencia del duelo, en el cual no hay nada inconsciente en lo que atañe a la pérdida (Freud, 1917).

No debemos sobreestimar el impacto que sobre la vida del doliente tendría esta sutil diferencia. Saber que perdió a alguien, pero no lo que perdió en él, podría impedir elaborar la pérdida saludablemente, no dejándole continuar con su vida, a pesar de la muerte.

La melancolía nos muestra algo que nos falta en el duelo: una extraordinaria rebaja en su sentimiento yoico, un enorme empobrecimiento del yo. En el duelo, el mundo se ha hecho pobre y vacío; en la melancolía, eso le ocurre al yo mismo (Freud, 1917).

Un individuo sumido en la Melancolía, nos describe su yo como indigno, estéril y moralmente despreciable; se hace reproches, se denigra y espera repulsión y castigo.  Se humilla ante todos los demás y conmisera a cada uno de sus familiares por tener lazos con una persona tan indigna.  No juzga que le ha sobrevenido una alteración, sino que extiende su autocrítica al pasado; asevera que nunca fue mejor. El cuadro de este delirio de insignificancia -predominantemente moral- se completa con el insomnio, la repulsa del alimento y un desfallecimiento, en extremos sombríos psicológicamente, de la pulsión que compele a todos los seres vivos a aferrarse a la vida (Freud, 1917).

El riesgo es temible, porque aquel que cae en un estado de melancolía tras la pérdida del ser amado, puede estar literalmente «muerto en vida», la energía pulsional, la dinámica tensión-satisfacción nos mueve, como ya hemos mencionado, a una búsqueda interminable de la satisfacción. Cuando se ha reintegrado la investidura pulsional al yo, y no busca otro objeto, el individuo comienza a consumirse a sí mismo, la vida no puede continuar.

A pesar de lo trágico que es transitar por el duelo, o lo complejo que es permanecer en la melancolía, la muerte da sentido a nuestra existencia, ha forjado con su influencia a la civilización misma, de ella nacen infinidad de aspectos de la vida cotidiana del hombre.

Frente al cadáver de la persona amada no sólo nacieron la doctrina del alma, la creencia en la inmortalidad y una potente raíz de la humana conciencia de culpa, sino los primeros preceptos éticos.  El primer mandamiento, y el más importante, de esa incipiente conciencia moral decía «no matarás». Se lo adquirió frente al muerto amado, como reacción frente a la satisfacción del odio que se escondía tras el duelo, y poco a poco se lo extendió al extraño a quién no se amaba y, por fin, también al enemigo (Freud, 1915).

Redondeando la idea, continuaremos sin duda abordando el tema de la muerte, seguiremos intentando comprenderla, abstraerla, hasta que sea nuestro momento y no podamos investigar, analizar o cuestionar más.

Será que la respuesta radica en concentrarnos en lo magnífica que es la muerte, es su enorme vitalidad. La posibilidad de perder a alguno de nuestros seres amados, de forma repentina, y muchas veces trágica podría quitarnos la tranquilidad, pero ¿qué otra opción tenemos?

Terminaré como inicia José Saramago, Las intermitencias de la muerte: Al día siguiente no murió nadie (Saramago, 2006).

Referencias:

Laplanche, J. (1994). Diccionario de Psicoanálisis. 2a edición.  Editorial Labor, S.A.: Colombia.

Valdés Cuervo, A. A. (2007). Familia y Desarrollo. Intervenciones en terapia familiar. Manual Moderno: México.

Freud, S (1915).  Pulsiones y Destinos de pulsion. Obras Completas, tomo XIV.  p. 116, 131. Amorrortu: Argentina.

Freud, S (1917).  Duelo y Melancolía. Obras Completas, tomo XIV.  p. 241,143-244, 246. Amorrortu: Argentina.

Freud, S (1915).  De guerra y muerte. Temas de actualidad.  Obras Completas, tomo XIV.  p. 290, 296. Amorrortu: Argentina.

Saramago, J. (2006). Las intermitencias de la muerte. 2a. Reimpresión. Alfaguara: México.

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Repercusión de la exposición y reestructuración cognitiva sobre la fobia social

  • 15/03/2016
  • David Aparicio

Queremos fomentar la lectura de investigaciones sobre psicología y neurociencias. Todo los martes compartiremos una investigación completa en formato pdf que nos pareció interesante o novedosa. Por favor comparte tus opiniones y comentarios en la sección que está al final del artículo.

El objetivo de esta investigación consistió en conocer la eficacia y repercusión de la exposición y reestructuración cognitiva en variables de síntomas psicopatológicos en 85 fóbicos sociales.

Los participantes fueron asignados aleatoriamente a las siguientes modalida- des experimentales: a) exposición y reestructuración cognitiva empleados de forma conjunta (10 sesiones); b) exposición (5 sesiones) seguida de reestructuración cognitiva (5 sesiones) y c) grupo control que después de 3 meses recibió reestructuración cognitiva (5 sesiones) seguida de exposición (5 sesiones).

Los resultados indican un beneficio global tanto en la remisión de la sintomatología psicopatológica asociada a la fobia social, como en el aumento de la autoestima y asertividad no existiendo diferencias significativas entre las modalidades de tratamiento contempladas.

Autores: César Antona y Luis Joaquín García-López

Fuente: Redalyc

Descarga la investigación completa en PDF.

  • Clínica

Estudiantes de medicina, burnout y alcoholismo

  • 15/03/2016
  • Alejandra Alonso

Los estudiantes de medicina tienden más al abuso de alcohol que sus pares que no estudian medicina. El grupo con mayor riesgo está conformado por los jóvenes, solteros y quienes cargan con una gran deuda. Los resultados del estudio fueron publicados en el journal Academic Medicine.

«Nuestros descubrimientos claramente muestran que hay razones para preocuparse,» dice la Dra. Liselotte Dyrbye, autora principal del paper. «Recomendamos que las instituciones busquen una solución multifacética para enfrentar cuestiones relacionadas con burnout, el costo de la educación en medicina y el abuso de alcohol.»

Los investigadores encuestaron a 12500 estudiantes de medicina y 4402 de ellos respondieron. De estos, aproximadamente 1400 sujetos cumplieron los criterios para abuso o dependencia al alcohol. A nivel nacional (EE.UU.) esto se traduce a un tercio de aquellos que respondieron, comparados con solo un 16 % de las personas que no estudiaban ya la mencionada carrera, además de doblar la tasa de abuso o dependencia al alcohol de los cirujanos, médicos o el público en general, basados en investigaciones previas de este grupo.

Nuestros descubrimientos claramente muestran que hay razones para preocuparse

Dos factores del burnout estuvieron fuertemente asociados con el abuso o dependencia al alcohol. Específicamente, estos factores fueron la despersonalización y el cansancio emocional. Además, otros tres factores se asociaron de manera independiente:

  • Estar en la escuela de medicina a una edad más temprana que la mayoría de los pares.
  • No estar casado.
  • El importe de su deuda educacional.

Por otro lado, no se encontraron diferencias significativas entre los diferentes años de la escuela de medicina o entre hombres y mujeres.

Los científicos dicen que el promedio del costo de la escuela de medicina subió un 204% en las universidades privadas y 286% en escuelas públicas desde 1995 al 2014. Además agregan el dato de que los médicos que se graduaron en 2014 tuvieron un promedio de US$ 180,000 en deuda educativa.

El grupo de investigadores recomienda un plan de estudios de bienestar para las escuelas de medicina, también la identificación y remediación de los factores que contribuyen al estrés y la eliminación de barreras a los servicios de salud mental.

Si bien el estudio fue realizado en Estados Unidos, donde la educación es muy costosa y estresante en varios aspectos, también es cierto que ésta misma situación se vive en otros países, además de tratarse de una carrera muy desafiante. Es por eso que debemos tener en cuenta estos datos, tal vez investigar la situación en nuestros propios países y tomar las medidas necesarias para mejorar las circunstancias de estas personas.

Fuente: Science Daily

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  • Artículos de opinión (Op-ed)

Dependencia emocional y Terapia Gestalt

  • 14/03/2016
  • Clotilde Sarrió

Existe una desmesurada necesidad, casi una exigencia, de no depender de nada ni de nadie, de ser totalmente autónomos, y resulta curioso que la sola mención de la palabra “dependencia” lleve aparejada una connotación intensamente negativa. Me pregunto el por qué de esa tendencia y concluyo que hay una propensión a contemplar la parte negativa de este vocablo al asociar el término dependencia con el estilo de la personalidad dependiente, con la dependencia a sustancias (drogas o alcohol) conocida como “co-dependencia” y también con la dependencia asociada a las relacionas de pareja, fundamentalmente la relacionada con la violencia de género.

No se tiene en cuenta que, ya desde el momento en que somos concebidos hasta el nacimiento y posterior desarrollo evolutivo, todos nos encontramos en una situación de dependencia, directa o indirecta, con alguien o con algo: con nuestros progenitores, con otras personas, con el aire que respiramos, con los alimentos que posibilitan el saludable desarrollo de nuestro organismo, circunstancias de las que se colige que como seres sociales que somos, necesitamos de la dependencia para sobrevivir.

De entrada, diferenciaré dos formas de dependencia:

  • Dependencia sana, saludable y positiva que lleva implícita un denominador común de: intimidad, igualdad, autonomía y libertad.
  • Dependencia tóxica, malsana y negativa en la que se encuentran excluidos de la relación los términos anteriormente mencionados de intimidad, igualdad, autonomía y libertad.

Para clarificar estos términos, que en ocasiones inducen a confusión, pasaré a diferenciar cuatro conceptos: dependencia, co-dependencia, inter-dependencia y finalmente in-dependencia.

 ¿Qué es la dependencia?

Una primera acepción o significado del término “dependencia” hace referencia a toda relación que implique la subordinación de un inferior a un superior. Una segunda acepción hace referencia a la existencia de un vínculo en una relación afectiva.

La OMS, en 1980, definió la dependencia como la «restricción o ausencia de la capacidad de realizar alguna actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal».

En 1998, el Consejo de Europa describió la dependencia como el estado en que se encuentran ciertas personas que «por razones ligadas a la falta o la pérdida de capacidad física, psíquica o intelectual tienen necesidad de asistencia o ayudas importantes para realizar las actividades de la vida diaria».

En base a estas definiciones, habría que distinguir entre:

  • Dependencia funcional. Su característica fundamental radica en la falta de autonomía física o motora de la persona para poder desenvolverse con total autonomía y la necesidad de asistencia por parte de otros o la ayuda de un objeto.
  • Dependencia relacional. Implica la existencia, a priori, de una relación afectiva (amistad, pareja) que da lugar a un vínculo entre dos personas. Las características fundamentales de esta dependencia relacional son: protección, apoyo, ayuda mutua y el sometimiento de una parte a la voluntad de la otra.
  • Dependencia de sustancias. Es un patrón desadaptativo a sustancias que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, expresado por la tolerancia o necesidad de incrementar la dosis que se administra para alcanzar los mismos efectos que anteriormente se conseguían con dosis menores y la dependencia propiamente dicha, un estado que impulsa al adicto a seguir consumiendo para evitar los síntomas que resultan de la abstinencia. Existen dos tipos de dependencias: dependencia física, caracterizada por una serie de trastornos fisiológicos adversos derivados de la falta de consumo, y la dependencia psicológica consistente en un sentimiento de satisfacción y el deseo de repetir la experiencia con la droga para evitar el malestar que produce no administrársela.

No debe confundirse la dependencia de sustancias con el abuso de sustancias. El abuso de sustancias es un patrón desadaptativo del uso de sustancias acompañado de consecuencias adversas que siguen al uso repetido de la sustancia y que no incluye ni la tolerancia ni la abstinencia.

¿Qué es la dependencia emocional?

La dependencia emocional o afectiva, está relacionada con las emociones, con los afectos y con la capacidad/calidad para establecer vínculos significativos con otras personas. Implica por lo tanto una relación previa afectiva.

Antes de adentrarnos en la descripción de la dependencia emocional me gustaría incidir en la tendencia a relacionar, de forma inadecuada, el enamoramiento con la dependencia emocional ya que, si bien es cierto que durante el periodo de enamoramiento se tiende a idealizar al ser amado, en la dependencia emocional, lo que se produce es una dificultad para relacionarse en el plano de igualdad y una inclinación por las relaciones asimétricas que abarcan desde la admiración a la sumisión.

La relación de dependencia suele ser mutua, aunque con la asunción de diferentes roles por parte de cada elemento de la pareja, ya que una de las partes se arroga el papel de “débil” y necesita de la ayuda de la otra, o parte “fuerte”. En el vínculo que se establece en este tipo de relación de dependencia, cada una de las partes obtiene un beneficio.

Por otro lado, nos encontramos con un patrón crónico de necesidades emocionales insatisfechas desde la infancia que, al llegar a la edad adulta, se busca satisfacer mediante  relaciones interpersonales muy estrechas. Las relaciones que se establecen adoptan una posición de subordinación asimétrica y este patrón de necesidades incluye creencias acerca de la visión de sí mismo (entra en juego nuestra Función Personalidad) y de la relación con los otros, tales como creencias sobrevaloradas frente a la amistad, la intimidad y la inter-dependencia.

Dependencia emocional y Terapia Gestalt

Desde la perspectiva de campo de la Terapia Gestalt, la dependencia es un fenómeno de campo que se encuentra inexorablemente relacionada con la historia personal del individuo. Es por ello que las primeras experiencias relacionales afectivas de la persona dependiente pudieran ser carentes de apoyo, frustrantes, insatisfactorias, frías o distantes. Es decir, nos encontraríamos ante seres que no se han sentido adecuadamente queridos, apoyados y valorados por su entorno o por las personas para ellos significativas.

Estas primeras experiencias tempranas de la persona contribuyen a establecer, en la edad adulta, unas formas confluentes de relación, determinando al mismo tiempo una búsqueda desesperada de las necesidades emocionales insatisfechas en el otro, al que tienden a idealizar. La necesidad emocional, está basada en un anhelo irresistible de ser querido, escuchado, apoyado o atendido y que se le proporcione al individuo el ansiado afecto.

Debido a esta confluencia o simbiosis establecida en las relaciones, queda excluida la posibilidad de experimentar la afectividad como un intercambio igualitario y recíproco, convirtiéndose en una sumisión (salvador-salvado, cuidador-cuidado, controlador-controlado) con el fin de evitar el miedo al abandono y a la soledad que siente la persona dependiente. Este es el miedo que induce, en las relaciones en las que se sufre violencia de género, a permanecer la víctima secuestrada en las mismas por su incapacidad para abandonar la relación tóxica.

Los esquemas de relación adquiridos se perpetúan o alimentan a sí mismos y se mantienen por las respuestas o reacciones complementarias de las personas con las que interactúan.

Termina de leer el artículo completo en Gestalt Terapia, el blog especializado de Clotilde Sarrió. 

  • Clínica

¿Puede hacer daño una psicoterapia?

  • 14/03/2016
  • Fabián Maero

¿Puede hacer daño una psicoterapia?

Intentar responder a esta pregunta no es fácil, pero la vamos a explorar en el artículo de hoy. Por supuesto, no nos referiremos aquí a casos de mala praxis, ni a errores terapéuticos, ni a tratamientos que tuvieron nulos o malos resultados, sino más bien a esto: ¿puede un enfoque, abordaje o modelo psicoterapéutico, con sus conceptualizaciones y recursos prácticos -sean de la índole que fueran- provocar consistentemente efectos nocivos en los pacientes?

A poco de intentar una respuesta nos encontramos con un obstáculo, una pieza del folclore psicológico que aparece con nefasta regularidad y que puede formularse aproximadamente así: todas las terapias funcionan más o menos con la misma efectividad. Se trata, por supuesto, del tristemente célebre veredicto del pájaro Dodo, así llamado por el personaje de Alicia en el País de las Maravillas que organiza una carrera en la cual cada uno puede empezar y terminar donde quiera, por lo cual todos ganan y todos reciben premios.

Ahora bien, como se ha demostrado una y otra vez (Beutler, 2002; Chambless, 2002; Crits-Christoph, 1997; Marcus, O’Connell, Norris, & Sawaqdeh, 2014; Norcross, 1995), el veredicto está tan extinto como el pájaro. Sucede que esa conjetura requiere para sostenerse una ingente vaguedad e inespecificidad en los criterios de evaluación de una psicoterapia. Para ilustrarlo de alguna forma, afirmar que todas las terapias son iguales es como decir que Mozart y Justin Bieber son similares porque ambos han tocado el piano en algún momento.

La conjetura del pájaro dodo se termina cuando la pregunta general de si funciona la psicoterapia es reemplazada por indagaciones más específicas, como por ejemplo qué pasa en trastornos específicos, qué pasa con poblaciones específicas, qué pasa si analizamos el costo, la duración, etc. Cuando acotamos la pregunta de esa manera, nos encontramos con que efectivamente, distintos enfoques tienen distinta eficacia para distintos trastornos (por ejemplo, vean esta investigación que hace un tiempo publicamos en Psyciencia sobre terapias para trastornos alimentarios).

Citamos al pájaro Dodo porque esa conjetura suele estar acompañada de una creencia que se puede enunciar más o menos así: “las terapias son todas igualmente efectivas, y en el peor de los casos, aún si no funcionan, son inocuas”. Es sobre esta última parte sobre la cual vamos a detenernos hoy.

¿Qué significa que una psicoterapia cause daño?

Desde hace rato se sabe que la psicoterapia no es siempre un proceso inofensivo (Barlow, 2010). Los números varían, pero se estima que entre un 3 y un 10% de los pacientes empeoran al atravesar un proceso psicoterapéutico (Mohr, 1995). Tengan en cuenta que no me estoy refiriendo meramente a fenómenos transitorios de recrudecimiento de síntomas como parte del proceso terapéutico (en los tratamientos de trauma, por ejemplo, se espera que el paciente experimente un aumento del malestar durante los puntos álgidos del tratamiento), sino a procesos más estables, donde una persona sale de la terapia peor de lo que entró, en términos de malestar o funcionamiento.

Esos resultados desfavorables se deben en parte a ciertas características personales de los pacientes o de los terapeutas; por ejemplo, los pacientes con pobre funcionamiento interpersonal tienen más riesgo de empeorar en una psicoterapia, y lo mismo sucede cuando el terapeuta tiene poca capacidad de empatía (Mohr, 1995). Sin embargo, esas variables afectan a cualquier proceso terapéutico, y las dejaremos de lado en este artículo para centrarnos en los efectos perjudiciales que pueden tener ciertas psicoterapias, con sus aspectos conceptuales y técnicos específicos.

Como es de esperarse, hay más de una manera por la cual una psicoterapia puede generar daño. La forma más obvia de perjuicio que podríamos considerar son los “costos de oportunidad” (Lilienfeld, 2007), que se refieren a la aplicación de terapias que son inocuas pero ineficaces, lo cual genera pérdida de tiempo, energía y recursos.

En psicoterapia sucede a menudo que trastornos que son tratables en algunos meses (como es el caso de la mayoría de los trastornos de ansiedad y depresión), reciben tratamientos de duración extremadamente prolongada. Quizá el caso más dramático sea el del tratamiento de las fobias simples, que si bien pueden ser tratadas en pocas horas con terapias basadas en exposición (vean este video que publicamos sobre terapia de exposición), suelen recibir terapias basadas en insight con tratamientos que llegan a durar años, tiempo durante el cual los pacientes siguen sufriendo una ansiedad tremenda.

Dado que los costos de oportunidad se generan por a) terapias ineficaces o b) terapias eficaces pero sub-óptimas (es decir, terapias cuya evidencia para ese motivo de consulta no las señala como la mejor opción), es que existen criterios sobre los niveles de evidencia empírica (algo que hemos descripto en este artículo). ¿Recuerdan aquello de “inocente hasta que se demuestre lo culpable”? En salud, el adagio debería ser “inútil hasta que se demuestre lo contrario”, esto es, no aceptar un tratamiento hasta tanto no se demuestre que cumple con lo que dice.

Ahora bien los costos de oportunidad, aún cuando tienen un impacto tremendo, no son el foco de este artículo porque sólo ocasionan un daño indirecto: el paciente sufre lo mismo que si no estuviera recibiendo tratamiento, pero el tratamiento en sí no genera que el paciente empeore. Es como pedirle a Zeus que cure una fractura expuesta de peroné: inofensivo pero en vano.

Descartando los tratamientos que sólo generan costos de opoertunidad, sin embargo, llegamos a lo que estábamos buscando: tratamientos que son activamente perjudiciales, y no sólo por omisión. Lilienfeld (2007), enumera tres criterios que debería cumplir una psicoterapia para ser considerada potencialmente dañina:

  1. Ha demostrado efectos psicológicos o físicos dañinos para pacientes o para terceros.
  2. Los efectos perjudiciales son persistentes y no reflejan una mera exacerbación a corto plazo de los síntomas durante el tratamiento.
  3. Los efectos perjudiciales han sido replicados por equipos independientes de investigadores.

El primer punto, “efectos psicológicos o físicos dañinos”, se refiere a:

  • empeoramiento de los síntomas, aparición de nuevos síntomas, o aumento de la preocupación sobre los síntomas presentes,
  • aumento de recaídas o recurrencias
  • dependencia excesiva del terapeuta,
  • rechazo a buscar tratamiento en el futuro,
  • daño físico,
  • mejoría enlentecida (ie. el paciente mejora más lentamente de lo que lo haría sin terapia)

Si bien no abundan las investigaciones directamente dirigidas a evaluar lo perjudicial de una terapia, sí hay datos relativamente confiables. Están los resultados negativos en ensayos controlados aleatorizados, los datos que pueden surgir de meta-análisis y los estudios de caso, que si bien no son la fuente más confiable, sí sirven para el reporte de eventos de baja frecuencia que probablemente no sucedan investigaciones.

Terapias que causan daño: el caso de CISD

Siguiendo los criterios descriptos Lilienfeld (2007), elaboró una lista de terapias potencialmente dañinas sobre la base de las investigaciones disponibles. No vamos a recorrer la lista completa (si sienten curiosidad pueden ver el artículo de Lilienfeld en este link), sino tan solo el caso de Critical Incident Stress Debriefing (CISD, se suele traducir por Debriefing del Estrés por Incidente Crítico).

CISD (Mitchell, 1983) es una intervención dirigida a prevenir el desarrollo de síntomas traumáticos en personas expuestas a eventos potencialmente traumáticos (desastres naturales, accidentes, catástrofes, etc.).  Se realiza casi inmediatamente luego del evento (más o menos, dentro de los 10 días de ocurrido), y consiste en una sesión grupal extensa (3-4 horas, aunque puede realizarse en varias sesiones), durante la cual el terapeuta alienta a los participantes a expresar sus reacciones psicológicas frente al evento que atravesaron, a la vez que provee información sobre los síntomas probables del Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT). Si bien CISD fue pensado originalmente como una intervención para personal de asistencia (bomberos, policías, servicios de emergencia, etc.), se popularizó como intervención para víctimas primarias de eventos traumáticos (McNally, Bryant, & Ehlers, 2003).

Quizá sea necesario un poco de contexto aquí: un evento potencialmente traumático genera una serie de síntomas psicológicos completamente esperables y normales en la mayoría de las personas. Por ejemplo, es comprensible que unos días luego de experimentar un terremoto una persona tenga problemas para conciliar el sueño y experimente irritabilidad y ansiedad, eso no constituye un trastorno ni necesariamente un motivo de consulta. En la mayoría de los casos, esos síntomas desaparecen con el paso del tiempo a medida que las personas vuelven a su vida habitual, sin necesidad de tratamiento psicológico ni farmacológico alguno.  Sin embargo, en un porcentaje minoritario de los casos (varía mucho según las investigaciones, pero digamos entre un 20% y un 10%), estos síntomas no desaparecen o se vuelven más severos, y pueden persistir durante años si no se recibe tratamiento, en cuyo caso se puede aplicar un diagnóstico de TEPT. Es esto lo que se intenta evitar a través de la intervención de CISD.

Intuitivamente CISD parece una buena idea para un psicólogo: se trata, después de todo, de poner en palabras las reacciones psicológicas inmediatamente después de un evento traumático a la vez que se proporciona información sobre las reacciones más frecuentes, una especie de primeros auxilios psicológicos. Lo interesante del caso, sin embargo, es que la evidencia señala que realizar CISD no previene el desarrollo de TEPT (McNally et al., 2003), e incluso algunas investigaciones sugieren que CISD puede aumentar el riesgo de padecer TEPT (Bisson, Jenkins, Alexander, & Bannister, 1997; Hobbs, Mayou, Harrison, & Worlock, 1996).

En el estudio de Bisson, por ejemplo, se tomaron 133 personas víctimas de quemaduras, que se asignaron aleatoriamente a CISD o a un grupo control (que sólo recibió una evaluación y ninguna intervención); trece meses después, un 9% de las personas del grupo control tuvo síntomas de TEPT, mientras que un 26% de las personas que recibieron la intervención fue diagnosticada con TEPT.

Por supuesto, esto no significa que las intervenciones para trauma sean inútiles; como McNally y colaboradores (2003), señalan, quizá con CISD se trate de una cuestión de timing, según la cual al realizar CISD de manera demasiado cercana al evento traumático se estaría interfiriendo con los procesos naturales de recuperación de trauma. Lo que queremos señalar aquí es que incluso una intervención psicológica de buena fe y que pareciera tener sentido puede resultar no sólo ineficaz, sino incluso dañina para las personas que trata de ayudar (por eso la intuición es un medio bastante malo para juzgar la eficacia de un tratamiento). A veces no alcanza con la buena fe para garantizar que la potencia de un procedimiento será sólo benéfica.

Cerrando

La lista de Lilienfeld -que debe tomarse como provisoria- abarca 12 formas de terapia cuya evidencia las señala como potencialmente dañinas. Como mencionamos antes, CISD es sólo una de las terapias potencialmente dañinas, y sabemos que puede ser dañina porque ha habido varias investigaciones que así lo señalan, no por una cuestión de sentido común (como he señalado antes, intuitivamente CISD resulta atractiva para los terapeutas).  Como ejercicio de pensamiento, consideren la cantidad de formas de terapia sobre las cuales ignoramos si son útiles o perjudiciales porque carecemos de toda evidencia seria sobre ellas (más allá de la opinión de sus creadores, claro está).

La discusión e investigación sobre el daño que puede generar una terapia es importante. Sin embargo, como señalan Barilá, Bunge y Rodríguez Biglieri (2011): “para los psicólogos en general no suele ser frecuente la reflexión sobre los potenciales efectos secundarios, iatrogénicos o adversos de nuestra praxis”. Esto es un problema, porque conocer los efectos adversos de nuestra práctica es importante no sólo para cuidar a los pacientes, sino también para mejorar nuestras prácticas clínicas.

Saber que hay momentos en los cuales una intervención para trauma puede resultar dañina, por ejemplo, puede ayudar a delinear mejor nuestras intervenciones en ese ámbito, puede ayudarnos a pulir procedimientos, recursos y a mejorar nuestras formas de ayudar. Necesitamos seguir investigando, y desconfiar de nuestra intuición cuando sea necesario.

Nos leemos la próxima.

Referencias

  • Barilá, C., Bunge, E., & Rodríguez Biglieri, R. (2011). Efectos adversos en psicoterapia. Encuentros, 32, 88–92.
  • Barlow, D. H. (2010). Negative effects from psychological treatments: a perspective. The American Psychologist, 65(1), 13–20.
  • Beutler, L. E. (2002). The dodo bird is extinct. Clinical Psychology: Science and Practice.
  • Bisson, J. I., Jenkins, P. L., Alexander, J., & Bannister, C. (1997). Randomised controlled trial of psychological debriefing for victims of acute burn trauma. The British Journal of Psychiatry : The Journal of Mental Science, 171, 78–81. Retrieved from
  • Chambless, D. L. (2002). Beware the Dodo bird: The dangers of overgeneralization. Clinical Psychology: Science and Practice.
  • Crits-Christoph, P. (1997). Limitations of the dodo bird verdict and the role of clinical trials in psychotherapy research: Comment on Wampold et al. (1997). Psychological Bulletin, 122(3), 216–220.
  • Hobbs, M., Mayou, R., Harrison, B., & Worlock, P. (1996). A randomized controlled trial of psychological debriefing for victims of road traffic accidents. BMJ (Clinical Research Ed.), 313(7070), 1438–9. Retrieved from
  • Lilienfeld, S. O. (2007). Psychological Treatments That Cause Harm. Perspectives on Psychological Science, 2(1), 53–70.
  • Marcus, D. K., O’Connell, D., Norris, A. L., & Sawaqdeh, A. (2014). Is the Dodo bird endangered in the 21st century? A meta-analysis of treatment comparison studies. Clinical Psychology Review.
  • McNally, R. J. R. J., Bryant, R. A. R. a., & Ehlers, A. (2003). Does early psychological intervention promote recovery from posttraumatic stress? Psychological Science in the Public Interest, 4(2), 45–79.
  • Mitchell, J. T. (1983). When disaster strikes…the critical incident stress debriefing process. JEMS : A Journal of Emergency Medical Services, 8(1), 36–9. Retrieved from
  • Mohr, D. C. (1995). Negative outcome in psychotherapy: A critical review. Clinical Psychology: Science and Practice, 2(1), 1–27.
  • Norcross, J. C. (1995). Dispelling the Dodo Bird Verdict and the Exclusivity Myth in Psychotherapy. Psychotherapy, 32(3), 500–504.
  • Ciencia

Los beneficios cognitivos de leer poesía

  • 11/03/2016
  • David Aparicio

Según una investigación de la revista neurocientífica, Cortex, el esfuerzo mental para comprender los cambios de significados de las palabras y metáforas que hacen los poetas para trasmitir su mensaje, incrementaría las habilidades cognitivas y la flexibilidad mental de los lectores frecuentes de poesía.

La investigación se desarrolló con 24 personas que fueron evaluadas con Imágenes de Resonancia Magnética, mientras leían, procesaban y evaluaban los textos en prosa de cuatro lineas que contenían cambios sutiles en el significado de las palabras.

Al obtener los resultados, los autores encontraron que la actividad cerebral de los participantes estaba relacionada con el nivel de la capacidad para detectar las diferencias de las poesías y esa habilidad estaba directamente relacionada con las áreas cerebrales encargadas de la representación, actualización del significado, la habilidad de razonamiento, cambio de expectativas rígidas y pensamientos fijos.

Según los científicos, esto sugiere que la capacidad literaria se relaciona con el incremento de la flexibilidad mental, una habilidad necesaria para adaptar nuestras conductas y pensamientos según las situaciones en la que nos encontramos, permitiendo así probar nuestras estrategias para resolver los problemas que afrontamos.

Fuente: El Sevier

  • Recomendados

A los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos – La Mente es Maravillosa

  • 11/03/2016
  • David Aparicio

El blog La Mente es Maravillosa,  publicó un artículo muy práctico sobre la validación emocional y como ayudar a una persona que se siente triste:

Muchas veces las personas no necesitamos palabras que nos animen sino corazones pacientes que nos escuchen y que nos brinden un abrazo cuando atravesamos momentos emocionalmente complicados.

O sea que la mejor manera de ayudar a una persona que está triste es simplemente ofreciéndole sin palabras nuestra presencia, echando una mano a su hombro y mirándole desde el cariño y la sinceridad.

Porque hay momentos en los que las palabras sobran y lo único que necesitamos es que nos dejen tranquilos, poder respirar y poner orden a nuestros pensamientos, pues al fin y al cabo la tristeza facilita la introspección.

Lee el artículo completo en La Mente es Maravillosa.

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Definición de la semana: Estudios en gemelos

  • 11/03/2016
  • Alejandra Alonso

Los estudios con gemelos son valiosos ya que nos permiten hacer investigaciones donde el ambiente doméstico puede ser controlado mientras la herencia varía. Los gemelos monocigóticos comparten los mismos genes, la misma concepción, el útero, la historia cultural y la fecha de nacimiento. Son genéticamente igual, clones humanos propios de la naturaleza. Por otro lado, los gemelos dicigóticos no son más genéticamente parecidos que los hermanos (Myers, 2006).

Un ejemplo de los datos que pueden darnos estos estudios es el siguiente: Un individuo cuyo gemelo monocigótico presenta la enfermedad de Alzheimer, tiene 60% de probabilidades de desarrollar dicha enfermedad; mientras que si fueran gemelos dicigóticos, el riesgo sería solo del 30% (Plomin y col., 1997, citado en Myers 2006). La diferencia observada aquí sugiere que existe una influencia genética.

Incluso se han podido llevar a cabo estudios en gemelos monocigóticos que fueron separados al nacer, es decir que crecieron en diferentes ambientes. Los científicos han analizado sus semejanzas en rasgos, gustos, personalidad, habilidades, actitudes, intereses e incluso miedos. Por ejemplo, un estudio sueco encontró que los gemelos monocigóticos separados tenían más diferencias en relación a la personalidad que los que habían sido criados juntos; sin embargo, los gemelos eran más genéticamente parecidos cuando eran monocigóticos que cuando eran dicigóticos (Pedersen y cols. 1988, citado en Myers 2006).

Esta clase de estudios también pueden darnos datos sobre las bases genéticas de los trastornos mentales, ya que si los gemelos monocigóticos comparten el 100% de la secuencia genética y dicigóticos el 50%, se esperaría que entre los primeros exista una mayor concordancia para un trastorno que entre estos últimos (González Ramírez y cols., 2008).

Fuentes:
González Ramírez, A., Díaz Martínez, A., Díaz-Anzaldúa, A. (2008), La epigenética y los estudios en gemelos en el campo de la psiquiatría
Myers, D. (2006), Psicología 7ma edición, Editorial Médica Panamericana:Madrid.

 

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(Vídeo) ¿Por qué ahora decides venir a terapia?

  • 10/03/2016
  • David Aparicio

¿Por qué ahora decides venir a terapia? Es una pregunta clave en la primera sesión terapéutica porque nos permite conocer qué ha motivado al paciente a buscar ayuda, ya que usualmente los pacientes no van al psicólogo como primera opción o cómo prevención, sino que primero prueban otras opciones. Con ésta pregunta también podremos conocer que ha cambiado en la vida del paciente y cómo podremos usar eso como recurso motivador en el proceso psicoterapéutico. Este y otros detalles más nos los explica Buenaventura del Charco Olea, psicólogo de Aprende Viendo Terapia,  centro oficial de prácticas de grado y master en psicología en España.

  • Artículos de opinión (Op-ed)

Por qué no hay una Psicología

  • 10/03/2016
  • Camilo Javier Velandia Arias

¡Qué bueno es reunirse cierto día con compañeros y aprovechar para conversar espontáneamente sobre lo que estudiamos! Varias veces lo he hecho y he reflexionado sobre este asunto de los enfoques en Psicología. No suele transcurrir mucho tiempo entre el primer día de clases y la primera ocasión en que tomamos, con manos aún muy jóvenes, la bandera de algún enfoque disciplinar que ha logrado llamar nuestra atención. Habiendo abandonado la cándida imparcialidad de novato, nos “casamos con un enfoque” –¡vaya expresión!– y nos ubicamos aquí o allá, entre las tensiones y rivalidades “intelectuales” que fragmentan el gremio de los psicólogos de ayer, de hoy y de quién sabe cuánto más.

El tema, opino, merece mucha atención y varios minutos de nuestras cavilaciones. Seguramente nos hemos topado con el eterno problema de “las psicologías”, de las escuelas y los enfoques aparentemente irreconciliables. Presento aquí mi opinión, y la formulo casi en honor de las veces que hemos imaginado la posibilidad de “unificar” el collage de la Psicología.

¿Qué tal si empezamos por algo que, me imagino, no es fácil admitir?: En este tema de las divisiones entre nuestros colegas lo que está en juego la mayor parte del tiempo no es la codiciada objetividad del saber psicológico.

Nosotros, veteranos en no ponernos de acuerdo, sabemos muy bien que las fronteras entre uno y otro “gran psicólogo”, donde empieza o termina una escuela, una teoría, un enfoque o un paradigma, yacen regularmente ambientadas por la perseverante confrontación entre adeptos de cada postura, para quienes tanto hay de acierto en los propios supuestos como hay de error en los del sector vecino.

LAS DIVISIONES ENTRE NUESTROS COLEGAS LO QUE ESTÁ EN JUEGO LA MAYOR PARTE DEL TIEMPO NO ES LA CODICIADA OBJETIVIDAD DEL SABER PSICOLÓGICO

Cuando llevamos cierto tiempo en estos terrenos limítrofes memorizamos o reconocemos con facilidad los instrumentos más empleados para debatir: las frases desgastadas de autores clásicos, el listado de críticas generalizadas extraídas de unos cuantos best-sellers, argumentos sacados del armario personal, señalamientos fundados en el prejuicio y la no-comprensión, reproches (que sin notarlo recaen también sobre la propia postura), la demagogia maniqueista ciencia/pseudociencia, la evitación del debate, salidas fáciles, fórmulas engañosas… y, de vez en cuando, sensatas reflexiones, buenos razonamientos. ¿Y qué hay detrás de toda esta algarabía sino nosotros mismos?

Me explico. No debemos perder de vista que la Psicología es lo que hacen los psicólogos, no un mundo platónico de las ideas en existencia latente. He llegado a pensar que el destino inexorable de los psicólogos es el devenir constante de su condición humana, y esta condición humana se encuentra en la raíz misma de cualquier postura, de cualquier ideología. El meollo del asunto es que en toda ideología, en todo fundamento del pensamiento propio, hay “algo personal” que sostiene el grado de afinidad con la idea correspondiente, ese “estar de acuerdo con”; sin embargo, el carácter de tal “enganche” escapa a nuestra muy pretendida racionalidad, y podemos constatarlo cada tanto.

Dicho de otra forma, lo que opinamos está a menudo apoyado sobre aspectos importantes de nuestra persona; es parte de lo que llamamos identificación, y sí, también ocurre con el pensamiento. De allí que, en esencia, creamos lo que “queremos” (o nos vemos predispuestos a) creer (por los motivos psicológicos que fuere y respecto a los cuales ya empezaríamos a divergir en opiniones).

“Debemos darnos cuenta que el modo por-defecto de la psicología humana es aferrarse a ciertas creencias consoladoras por puras razones emocionales, y luego justificar esas creencias con racionalizaciones post-hoc” – Steven Novella.

Estos términos ponen en relieve nuestra subjetividad incluso en el dominio del saber, donde muchos prescriben la abnegación más intelectual y rehúyen cualquier vestigio de “irracionalidad”. Acaso sea más difícil aun admitir en este punto que en nuestros gethos disciplinares (enfoques, escuelas, teorías, paradigmas, filosofías, epistemologías, etc.) también hay una ideología con la cual nos hemos identificado ante todo por la complicidad entre sus implicaciones prácticas y eso de nosotros que nos mueve a creerla.

DEBEMOS DARNOS CUENTA QUE EL MODO POR-DEFECTO DE LA PSICOLOGÍA HUMANA ES AFERRARSE A CIERTAS CREENCIAS CONSOLADORAS POR PURAS RAZONES EMOCIONALES

Asimismo, quienes ostentan esa ruidosa fachada de ciencia metódica y escrupulosa ocultan, a mi parecer, un intrincado laberinto de ideología y creencia que gira en torno a sí mismos camuflados por el discurso de la objetividad y la veracidad, de las pruebas, los hechos y la rigurosidad científica en la que se ha pretendido bautizar nuestra profesión.

Pero… ¿qué ocurre en la Psicología, que contrasta con el feliz consenso en las Ciencias Exactas? Posiblemente se deba a lo que es objeto de nuestro estudio y labor, esto es, nosotros mismos. ¿No habríamos de esperar una participación activa de nuestra subjetividad en cualquier intento de conocernos a nosotros mismos? Pues bien, somos nosotros mismos quienes estamos en juego y no existe forma alguna de extirpar el influjo de nuestro acontecer psíquico/mental (emociones, creencias, conflictos, prejuicios, hábitos, valores, etc.) en el conocimiento de que somos capaces. En el mejor de los casos, quizá podamos tan sólo levemente depurar ese influjo.

Esta conclusión, que a algunos puede parecer obvia y a otros cuestionable –¡qué bien que lo sea!–, aparenta ser ignorada en muchos casos cuando nos topamos con la diversidad de perspectivas vigentes, aún muy vigentes, en la Psicología; cuando comprendemos que la historia de nuestra profesión no es una sucesión lineal de paradigmas y que muchos aún juran ver un vestido azul con negro mientras otros insisten en que es blanco con dorado –si se me permite la analogía–.

Estamos en aprietos cuando intentamos hablar de una Psicología. Sabrá a qué me refiero quien cierta vez haya sido sorprendido por algún inocente mortal que pregunta algo tan sencillo como “¿Qué estudia la Psicología?”, “¿Qué dice la Psicología sobre…?”, “¿Cómo hace un Psicólogo en tal caso?”. Nosotros ya no somos tan inocentes, ¿no?

A pesar de todo, algunos nos preguntamos… ¿es posible una Psicología?

No me arriesgaré a responder, pero es tentadora la pregunta.

Hay quienes auguran el futuro ascenso triunfal y hegemónico de su candidato favorito; algunos piensan que esto ya sucedió. También los hay quienes desdeñan, por demasiado optimismo, cualquier ambición de unificar la disciplina. Hay quienes no ven necesidad alguna de ello. Otros parecen dispuestos a reñir y competir sin tregua hasta el ocaso de sus rivales. Y sin embargo me llaman mucho la atención quienes aluden la inexistencia real del conflicto, porque “es lo mismo pero con otras palabras”. Eso lo dudo, aunque no es difícil acomodar las cosas para que así parezca.

Empero, ¿podría suceder que cada getho haya vislumbrado hasta la fecha tan sólo una fracción del “hecho psicológico”, de lo que ocurre realmente con nuestra mente y comportamiento?, ¿es demasiado descabellado suponer que todos están observando tan sólo diferentes partes de un mismo objeto y que, por lo tanto, a cada cual corresponde una cuota de acierto en lo que refiere a su sector particular, pero también una dosis mayor de desvarío en cualquier especulación sobre el todo?

Ilustración por: Blanca Martí de Ahumada
Ilustración por: Blanca Martí de Ahumada

quimeraornitorinco

Probablemente, lo que estudiamos no es tan “sencillo” como un elefante sino muy extraño como el ornitorrinco, o dantesco como la quimera.

Es por lo menos un gesto de entereza intelectual reconocer que los psicólogos de muchos enfoques, escuelas o teorías han recopilado evidencias a favor y en contra de sus posturas y de las ajenas; que la experiencia profesional sugiere para cada postura una efectividad limitada a ciertos casos; que sus años de historia no hacen ni más próximo ni más lejano su fin; en últimas, que cada una yace más o menos bien cimentada en sus fundamentos y contextos epistemológicos.

Eso NO significa que “¡Todo se vale!”, pues el pensamiento complejo no es por ello blando y permisivo. De hecho, dos de los motores principales  para el avance en el saber psicológico son el pensamiento crítico y el escepticismo científico; la rivalidad interna, que tampoco es cosa nueva en la profesión, ha sido en ocasiones un incentivo para el mejoramiento, pero, más a menudo quizá, un motivo de estancamiento. Paradójico.

ESO NO SIGNIFICA QUE “¡TODO SE VALE!”, PUES EL PENSAMIENTO COMPLEJO NO ES POR ELLO BLANDO Y PERMISIVO

Propongo, entonces, que pensemos un poco más en el asunto con toda la seriedad del caso. Por mi parte, suelo verlo en términos de “niveles de análisis”, algo similar al estudio de la materia desde los niveles físico, químico y biológico: cada uno con sus propias leyes, métodos y nociones teóricas. La Psicología para muchos asemeja una torta repartida en porciones para comensales que quisieran la torta completa. ¿Qué pensaríamos de una Psicología que estudiase parte de lo que somos como si se tratase de las capas de un mismo pastel, con límites difusos pero, al fin y al cabo, una diversidad reconciliada? La capa de los sistemas humanos, la capa de la conducta observable, la capa de los eventos cerebrales, la capa de los procesos cognitivos, la capa de lo inconsciente…

Consideremos que en cada nivel se originan algunos problemas que le son propios y en los cuales se especializa determinado enfoque. No obstante, algunas situaciones implican la interacción de varios niveles, e incluso algunas consecuencias similares podrían originarse en niveles diferentes a los de uno u otro caso. Además, los profesionales de la Psicología habrían de especializarse, preferiblemente, sólo en un nivel de análisis, pues hay suficiente tela por cortar como para apenas tener tiempo de ir a fondo en otro nivel.

Descabellado o no, esto sumaría complejidad al estudio de la Psicología. Pero, visto de cerca, poco sería lo novedoso, excepto por una actitud integradora de los saberes de cada enfoque, lo cual implica, de hecho, un esfuerzo nada despreciable. Y no se trata de nadar en un caos sin sentido, sino de obtener un pastel con buena apariencia, con forma definida, con estructura y armonía, uno que pueda saciar el hambre con los ingredientes a la mano. Podría ser un modelo temporal y defectuoso para hacer Psicología, es cierto; pero despejaríamos una ruta diferente (y a mi parecer, sensata) para un conflicto no tan intelectual como de intereses.

Más que respuestas, lo que aquí formulo son preguntas, y preguntas para pensar más allá de nosotros mismos.

  • Ciencia

El buen ánimo contribuye con el desempeño cognitivo

  • 10/03/2016
  • Asociación Educar

Las emociones ―esas compañeras cotidianas de nuestras vidas― influyen en la salud, la toma de decisiones, el modo de interpretar los hechos, las maneras de relacionarnos y también forman parte de todo proceso de aprendizaje. Por ello nuestro estado de ánimo es un factor a cuidar y tener en cuenta en todo desempeño cognitivo.

Por un momento propongámonos pensar en cómo nos sentimos cuando estamos de buen ánimo o en la actitud y conducta observada en nuestros alumnos o equipo de trabajo cuando un sentimiento de bienestar y alegría los envuelve. Sin lugar a dudas todo parece más fácil y fluido.

Cuando algo se torna emocionalmente interesante atrapa nuestra atención. Si una tarea que debemos realizar tiene sentido para nosotros podemos rendir mejor, del mismo modo que si escuchamos palabras de aliento mientras trabajamos nuestro desempeño se potenciará. De hecho, a medida que las investigaciones en el campo de la neurobiología de la afectividad avanzan otorgan cada vez más pruebas del valor de las emociones en nuestras vidas.

Si una tarea que debemos realizar tiene sentido para nosotros podemos rendir mejor

En el Max Planck Institute for Human Development de Berlín, Alemania, un grupo de investigadores liderados por la doctora Annette Brose se propuso evaluar cómo los estados emocionales influyen en el desempeño cognitivo y, más específicamente, en la memoria de trabajo (MT).

La MT nos permite mantener en mente temporalmente cierta cantidad de información y manipularla para resolver un problema o situación que se nos presenta, como, por ejemplo, recordar un número telefónico al que tenemos que llamar inmediatamente o un mensaje que debemos anotar para realizar algo más tarde.

Para su investigación el equipo de Brose reclutó a 100 adultos jóvenes con edades comprendidas entre los 20 y 30 años quienes debían realizar durante algunos días diversas tareas que implicaban el uso de la MT. Los participantes, además de resolver las consignas, debían anotar la motivación que sentían ante las mismas y su estado emocional durante la jornada.

Al evaluar las conclusiones, los científicos observaron un mayor rendimiento cuando los voluntarios registraban un estado emocional por encima de la media y este resultado era aun mejor cuando se sentían motivados ante la tarea.

observaron un mayor rendimiento cuando los voluntarios registraban un estado emocional por encima de la media

Esta investigación permite reflexionar sobre el valor que tiene el estado emocional y lo importante que es gestionar nuestras emociones, las de nuestros alumnos y equipo de trabajo para que el cerebro exprese su mayor potencial.

Algunos posibles puntos básicos a tener en cuenta son:

  • Tiempo para generar vínculos: conocer a los alumnos y personas con las cuales se interactúa es fundamental para lograr una relación que permita la presencia de oxitocina y lleve al cerebro a sentir seguridad.
  • Principio de adecuación: cada individuo es único y cada día también. Proponer tareas acordes con las posibilidades de cada individuo y del momento personal que pueda estar pasando. Antes del inicio de la clase o día laboral, es importante conocer el estado emocional de cada uno para saber si es necesario realizar una consigna que permita gestionarlo. Clases que hacen al desarrollo de habilidades emocionales y sociales deberían ser parte de todo espacio educativo y de capacitación.
  • Motivación y desafío: los puntos anteriores permiten que las nuevas propuestas se vivan como desafíos y de este modo el circuito de recompensa cerebral se active, liberando así dopamina que despertará la motivación necesaria para realizar la tarea.
  • Reforzamiento positivo: cada logro ―por más pequeño que sea― libera neurotransmisores que producen placer y este recuerdo positivo permite afrontar paso a paso cada vez desafíos mayores.
  • Reconocimiento: valorar cada esfuerzo y meta alcanzada.

Conocer nuestro mundo emocional posibilita que cada uno de nosotros ―sin importar el lugar ocupado― contribuya en generar contextos que permitan aflorar lo mejor de nosotros, no solo a nivel cognitivo, sino también en lo que respecta a la vida de relación. De esta manera, seguramente todos nos veremos favorecidos.

Autor: NSE. Marita Castro – Directora de Asociación Educar

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El poder terapéutico de los perros – La Nación

  • 09/03/2016
  • David Aparicio

El diario La Nación tradujo un hermoso artículo de Jane Brody para The New York Times, acerca de la implementación de dos programas de terapia con animales, un tipo de intervención que cada vez toma más auge debido a la rápida conexión que pueden hacer los animales con las personas que pasan por un momento difícil.

El artículo nos presenta a Max, un perro habanero entrenado en la asociación Good Dog Foundation que visita regularmente a los pacientes de hospitales, asilos y escuelas, que le ha cambiado la vida a la gente:

Durante nuestra primera visita a los pacientes en mi hospital local, una mujer que dijo haber tenido un «día espantoso» invitó a Max a subir a su cama, le hizo cariños y, llorando de gusto, me agradeció enormemente el haberlo llevado para alegrarla.

Poco más tarde, en el ala de pediatría, una niña que aún no aprendía a hablar y que estaba hospitalizada por laringitis vio a Max y apareció ante nosotros en el corredor gritando de alegría. Los dos se cayeron de maravilla; incluso parecía que Max estaba sonriendo y ella reía mientras le daba palmaditas en la cabeza al perro.

Los estudios sugieren que la terapia con animales puede reducir los niveles de estrés de los pacientes y aumenta los niveles de endorfinas, las hormonas responsables de disminuir el dolor.

Otro programa que menciona el artículo es el de «Perros tras las rejas», que consiste en darle la responsabilidad a las personas que están en la cárcel de cuidar a los perros de distintos refugios que no han sido adoptados. Esto les permite a los reclusos de darle una tarea compasiva, darles un sentido de propósito y amor incondicional, dando como resultado se encuentra una disminución de la violencia y depresión reinante de los centros penitenciarios.

Lee el artículo completo en La Nación.

  • Clínica

Una nueva mutación genética estaría relacionada tanto a los patrones inusuales de sueño como a la depresión estacional

  • 09/03/2016
  • Andrés Díaz

He vivido toda mi vida en Panamá, un país tropical en el que tenemos días calurosos con períodos complementarios de 12 horas de luz y 12 de oscuridad durante todo el año. No me imagino cómo sería mi vida en otras partes del mundo, donde  hay periodos en el año donde no se ve el sol o que no hay noches, como por ejemplo al norte de Finlandia, donde sus habitantes tienen 73 días sin que el sol se oculte y 51 días sin luz solar.

Esos cambios bruscos en el ritmo circadiano ocasionados por la falta de luz hacen que las personas que viven en esos lugares presenten mayor riesgo de tener problemas de sueño, mayores sentimientos de tristeza y depresión.

Un estudio publicado en la revista PNAS, buscó una explicación que fuera más allá de los factores ambientales provocados por la falta de luz, e identificó un mecanismo genético-molecular específico que conecta los patrones de sueño inusuales y el aumento de las tasas de depresión estacional. Estos hallazgos podrían promover nuevos tratamientos.

La Dra. Ying-Hui-Fu, autora principal del estudio, y el Dr. Louis Ptáček, son profesores de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad de California, San Francisco, y han estudiado las bases  genéticas del sueño durante décadas, mediante entrevistas y la genotipificación de cientos de familias con inusuales problemas de sueño. Han estudiado durmientes hiper-eficientes que necesitan sólo unas pocas horas de sueño durante la noche, personas con importantes alteraciones del sueño heredadas, las personas que son más activas durante la noche o las que prefieren el día.

Anteriormente, el equipo había descubierto varios genes mutados que causaban un comportamiento raro del sueño en el que las personas presentaban un reloj biológico «rápido». Quienes tenían ésta condición, llamada “fase del sueño familiar avanzada” (FSFA), se acuestan a dormir a las 7:30 p.m. y con frecuencia despiertan a las 4:30 a.m.

Esta es la primera mutación humana directamente relacionada con el trastorno afectivo estacional

Ahora, mediante el estudio de tres miembros de una familia en la que muchos de sus miembros experimentan tanto FSFA y depresión estacional, también conocido como trastorno afectivo estacional (TAE), los investigadores han identificado una mutación genética específica que se produce en los miembros de la familia que experimentan ambas condiciones, lo que sugiere que el gen – PER3, un miembro de la familia de los genes circadianos – parece ser la clave en el nexo entre el sueño y el estado de ánimo.

«Esta es la primera mutación humana directamente relacionada con el trastorno afectivo estacional, y la primera señal clara de un mecanismo que podría vincular el sueño con los trastornos del estado de ánimo,» dijo Ptáček.

El TAE es uno de los trastornos del estado de ánimo más comunes del mundo, que afecta a aproximadamente el 3% de los estadounidenses y hasta un 9% de la población en los países de latitudes lejanas del norte y del sur, donde el acortamiento de los días de invierno es más extremo. Todavía no se sabe por qué algunas personas son particularmente sensibles a los días de invierno, pero un reloj circadiano sensible a la luz podría ser un factor.

Investigaciones anteriores han señalado una relación entre el sueño y la depresión en términos más generales: los pacientes que sufren de depresión mayor a menudo comienzan a dormir mucho más o mucho menos de lo normal, mientras que los trastornos del sueño también pueden ser un factor de riesgo para el desarrollo de la depresión.

«Hasta ahora, la evidencia de todo ha sido circunstancial,» dijo Fu. «Estas fueron todas las pistas, pero aun así era un gran rompecabezas.»

Para entender cómo la versión mutada de PER3 afecta a los ritmos circadianos y depresión en el invierno, Fu y Ptáček introdujeron la forma mutada del gen que se encuentra en la familia FSFA humano en ratones modificados genéticamente y simularon los efectos del cambio de las estaciones mediante la alteración de la longitud del  día y de la noche.

Sorprendentemente, los ratones mutantes se comportaron en muchos aspectos como los seres humanos con FSFA, lo que es bastante común cuando el día y la noche son iguales, pero mostraron cambios en sus ritmos circadianos y desarrollaron síntomas leves parecidos a la depresión cuando se les expuso a días de 4 horas y noches de 20 horas. Este efecto de la depresión estacional humana se hizo aún más extremo en los ratones cuando los investigadores suprimieron el gen PER3 por completo, pero respondieron bien a los fármacos antidepresivos.

Los investigadores reconocen que es imposible determinar si un ratón está realmente experimentando «depresión» como un ser humano con TAE.

«Por supuesto, no podemos hacer una entrevista. No hay ningún cuestionario que podamos dar», dijo Ptáček. Por otra parte, dijo,los corolarios de larga data de depresión en roedores – como renunciar rápidamente cuando se los coloca en circunstancias adversas – siguen siendo una herramienta de investigación útil para hacer alusión a cómo este gen puede afectar el estado de ánimo en los seres humanos.

Para averiguar cómo el gen mutado PER3 en realidad podría afectar los ritmos circadianos y el estado de ánimo en un nivel celular, el equipo introdujo la mutación en las células aisladas en placas de Petri, donde encontraron que el gen mutado produce significativamente menos proteína PER3 que el gen normal. Entre los tantos efectos dominó que pueden surgir de este cambio, dicen los investigadores, es la desestabilización de la proteína relacionada PER2, que es conocida por establecer el período de 24 horas del reloj biológico y  la pérdida de esta proteína, lo que estaría acelerando los ritmos circadianos de las familias FSFA.

Por qué la mutación PER3 afecta el estado de ánimo sigue siendo una pregunta abierta, sin embargo, una pregunta que los investigadores están ansiosos de responder con sus ratones mutantes estacionalmente sensibles, estudiando cómo están relacionados los estados de ánimo y la depresión y cómo los circuitos cerebrales se ven afectados cuando estos ratones se exponen tanto a los días largos como a los días cortos.

Fuente: ScienceDaily

  • Clínica

La depresión no es sólo un trastorno mental

  • 09/03/2016
  • Maria Fernanda Alonso

La depresión debería ser vista como un trastorno sistémico que afecta al cuerpo entero, según un nuevo estudio publicado en el  Journal of Clinical Psychiatry. No es sólo un trastorno mental, sino que afecta la habilidad del cuerpo de desintoxicarse a sí mismo.

Según la Organización Mundial de la Salud, “la depresión es un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración. (…)Puede llegar a hacerse crónica o recurrente y dificultar sensiblemente el desempeño en el trabajo o la escuela y la capacidad para afrontar la vida diaria. En su forma más grave, puede conducir al suicidio.”

Aceptar que la depresión afecta a todo el cuerpo podría ayudar a explicar por qué las personas que la experimentan son más propensas a sufrir cáncer, enfermedades cardiovasculares y a morir jóvenes. Sin embargo, todos estos problemas pueden ser combatidos mediante los tratamientos usuales para la depresión: terapia hablada y/o medicación.

Para llegar a estas conclusiones, el estudio examinó los resultados de 29 estudios previos, los que observaron cómo la depresión afectó los cuerpos de 3961 personas de distintas maneras. Las investigaciones encontraron consistentemente que la depresión estaba relacionada al estrés oxidativo en el cuerpo.

El estrés oxidativo refiere a un desequilibrio en el cuerpo que afecta su habilidad de deshacerse de las sustancias tóxicas. Los investigadores encontraron que después de un tratamiento normal, el cuerpo se recupera relativamente rápido.

A su vez remarcaron que luego de un tratamiento exitoso, los cuerpos de las personas que anteriormente estaban deprimidas, son prácticamente indistinguibles de los de las personas sanas en cuanto al estrés oxidativo.

Artículos relacionados:

  • Relación entre artrosis, artritis y la depresión.
  • Diabetes y Depresión podrían predecir la demencia en las personas con deterioro cognitivo leve.
  • La conexión entre la depresión y el burnout.
  • La depresión persistente incrementaría el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares.
  • El Mindfulness sería igual de efectivo que la TCC para tratar depresión y ansiedad.
  • Rachel Kelly: Lo que aprendí de la depresión y lo que algunos médicos no te dicen.

Fuente: Spring

  • Artículos de opinión (Op-ed)

Dudo de mí (creo)

  • 09/03/2016
  • Rita Arosemena P.

Sylvia Plath, una de las autoras más prominentes del siglo XX, pensaba que el peor enemigo para la creatividad era la propia duda. Una dosis de cotidianeidad bastaría a muchos para cerciorarse de esto y asegurar con propiedad que es justo en el travesaño de los procesos creativos más importantes o la búsqueda de resoluciones más crucial cuando dudamos con una entrega descomunal de nuestra propia valía, de nuestras cualidades y de nuestro “Yo puedo”.

La duda puede definirse como una vacilación o falta de decisión que se presenta al entrar en contacto con más de una posibilidad de elección; la duda en uno mismo es, por otro lado, falta de fe o confianza en las propias capacidades. Ni lo primero ni lo segundo indica o sugiere una propiedad negativa; de hecho, la duda no es un proceso mental que deba ser anulado sino moderado.

Según la psicoterapeuta Rachel Eddins, la duda se manifiesta a menudo como síntoma de una búsqueda de validación, una especie de herramienta que lleva al individuo a tantear en territorio foráneo la reafirmación que no es capaz de hallar en sí mismo. De este modo, el sujeto puede rescatar en alguien más su propia validación o no hacerlo y entrar en un estado de parálisis por miedo al fracaso y la equivocación. La duda se mueve a lo largo de dos extremos: el de la garantía de sentirse respaldado o aconsejado por un modelo de dominio y el de la necesidad de comprobar, por medio de un agente externo, que “realmente soy” y, por lo tanto, “realmente puedo”.

la duda no es un proceso mental que deba ser anulado sino moderado

Existen un sinnúmero de situaciones y detonantes que pueden dar origen a la duda en uno mismo, sin embargo, la diferencia entre una vacilación que ocupa los límites de la normalidad y un estado de inseguridad indefinido que nos priva de tomar decisiones es que la primera responde a una duda racional, mientras que la segunda consiste en un proceso meramente irracional que deriva, por lo común, de malas experiencias que dan lugar a distorsiones de la realidad.

Estas deformaciones cognitivas llevan al sujeto a pensar y actuar como un niño, no en términos de madurez o sensatez sino de seguridad. El niño recibe constantemente realimentación por parte del adulto, que le indica si lo que ha hecho está bien o mal; el adulto que se conduce como niño a raíz de una distorsión cognitiva carece de confianza y espera que su desempeño sea aprobado por otros, una figura de poder, quizás, que replique al adulto que lo corregía inicialmente. Cuando el individuo ha sido “marcado” por medidas correctivas drásticas durante su formación, puede fijar en sí la creencia de no ser “lo suficientemente bueno”, de requerir en todo momento la orientación de alguien más.

“La acción removerá la duda que la teoría no puede resolver”

Pehyl Hsieh

La psicoterapeuta Ashley Eder sugiere una técnica sencilla para distinguir entre la duda racional y la irracional: el autocuestionamiento. La duda en uno mismo, cuando es realista, “consiste en una sensación de que te has propuesto realizar más cosas de las que puedes hacer, en términos razonables, dentro de los rangos de tiempo fijados”, mientras que la duda irracional “parte de la certeza de que no cuentas en absoluto con los recursos o habilidades que necesitas”. Es conveniente, entonces, hacerse dos preguntas:

  • ¿Has hecho con anterioridad algo similar a lo que debes hacer ahora?
  • ¿Has completado de manera competente alguna tarea para la cual hayas tenido que crecer sobre la marcha, superarte en el camino, algo similar en magnitud con eso que ahora te hace sentir desconfiado?

Estas deformaciones cognitivas llevan al sujeto a pensar y actuar como un niño, no en términos de madurez o sensatez sino de seguridad

Cuando ambas respuestas son “Sí”, lo que asoma es una duda irracional.

5 técnicas para combatir la duda en ti mismo

1. Cuida tu círculo social

Lo que menos necesitas (y lo que menos necesita cualquiera, en términos generales) es rodearte de personas tóxicas, llenas de negativismo, prejuicios y dispuestas a juzgarte o criticarte destructivamente. En cambio, procura que tus influencias más próximas sean aquellos en los que no solo puedas confiar sino que también hayan demostrado estar realmente interesados en tu desarrollo personal, gente que crea en ti.

2. Fija metas razonables

No se trata de achicar o desmembrar los propósitos de vida, los grandes planes a largo plazo, sino de ser consciente y no olvidar que para el cumplimiento de los planes a gran escala es indispensable cumplir, primero, con tareas pequeñas y proyectos medianos. Trazar un mapa que muestre el destino final y un boceto de los “puntos de parada” que han de hacerse en el camino es una manera simple y efectiva de comprender la estructura del proceso.

3. Desarrolla mecanismos de nivelación   

No solo son efectivos para hacer frente a la duda en uno mismo sino también al estrés. Los mecanismos de nivelación son “vías de escape”, lo que no significa que deban emplearse para huir de los problemas.

Las vías de escape, en este caso, se asemejan a las tuberías de un sistema hidráulico. Cuando existe un objeto que obstruye el flujo, el agua se estanca, ocurre lo mismo cuando somos abrumados por cargas emocionales con las que no somos capaces de lidiar porque carecemos de las herramientas necesarias. La técnica de respirar profundamente y relajarse puede que funcione para algunas personas, pero para otras no es más que un cliché desagradable; en estos casos, es útil desarrollar mecanismos individuales según las características del sujeto.

Es cierto que escribir, pintar o practicar algún deporte son mecanismos de nivelación funcionales a corto plazo, pero no serán la solución al problema. La introspección, clarificación de las propias circunstancias y adaptación de los esquemas mentales hacia un modelo más funcional es la solución.  

En todo caso, la práctica de un hobbie o pasatiempo puede ser una herramienta de apoyo sumamente eficaz si se emplea como “terreno de práctica”. Fijarse el reto de correr 10 km diarios en lugar de 8 km o escribir dos páginas cada mañana en lugar de una son desafíos que, a su cumplimiento, actúan como inyecciones de seguridad y autoestima. Contar con la certeza de que somos capaces de cumplir lo que nos hemos propuesto en un “terreno de práctica” puede ser un cúmulo de confianza extrapolable a otros campos de la vida.  

4. No eres una máquina    

Aunque sea evidente, con mucha frecuencia es necesario recordarlo. Algunas personas han desarrollado estándares tan altos de autoexigencia en respuesta a las expectativas de su núcleo social que les resulta casi imposible saber cuándo una tarea los supera o no puede ser realizada en las condiciones deseadas. Esto los lleva a establecer procedimientos equívocamente y, al darse cuenta de la imposibilidad de cumplir con lo que se han propuesto, no solo los invade la duda en sí mismos sino que sufren una importante pérdida de confianza y autoestima.

Recordar que no somos sistemas automatizados sino organismos que se rigen por leyes biológicas y demandas emocionales es fundamental para fijar metas razonables, desarrollar la paciencia y la capacidad de perdonarnos cuando sintamos que nos hemos fallado a nosotros mismos.

5. Valorar tu libertad de elección

Generalmente, el objetivo principal de tomar una decisión es tomar la decisión correcta. Pocas veces valoramos la libertad que ejercemos al tomar un camino en lugar de otro, es esta jerarquización lo que nos lleva a la búsqueda de validación en otros. Sin embargo, tomar la vía respaldada por los demás no es garantía de que hemos tomado la vía correcta; las circunstancias de vida son factores irreproducibles y lo que es funcional para otros puede ser completamente disfuncional para ti.

La toma de decisiones es una posibilidad que debe ser valorada y atesorada como muestra de libertad, autonomía y madurez, sea o no la decisión correcta.

Referencias:

Psychology Today (2016). 7 Ways to Beat Self-Doubt. Consultado el 27 de febrero de 2016.

  • Recursos

(PDF) Aplicación de activación conductual en un paciente con sintomatología depresiva

  • 08/03/2016
  • David Aparicio

Queremos fomentar la lectura de investigaciones sobre psicología y neurociencias. Todo los martes compartiremos una investigación completa en formato pdf que nos pareció interesante o novedosa. Por favor comparte tus opiniones y comentarios en la sección que está al final del artículo.

Se presenta el tratamiento de un sujeto varón de 44 años con síntomas de depresión. La intervención se organizó a partir del análisis propuesto por la Activación Conductual (AC), que contempla algunos tipos de depresión como formas elaboradas de evitación.

Los beneficios terapéuticos se mantuvieron durante los siguientes cinco meses de seguimiento

Entre los componentes del tratamiento se incluyó la recuperación de tareas abandonadas, el replanteamiento de nuevos objetivos vitales, la extinción de conductas de evitación, la programación horaria y la recuperación de obligaciones domésticas, laborales y sociales.

Después de siete meses de intervención se apreciaron cambios significativos en las medidas pretratamiento (BDI-II, AAQ, ATQ, EROS y BADS), así como en el número y el tipo de actividades desarrolladas. Tras este tiempo el cuadro depresivo podía considerarse remitido y el paciente había recuperado un trabajo productivo.

Los beneficios terapéuticos se mantuvieron durante los siguientes cinco meses de seguimiento. A pesar de la gravedad del cuadro, el sujeto no deseaba tomar medicación antidepresiva, por lo que ésta no se empleó en ningún momento. Los buenos resultados obtenidos no obstante esta circunstancia y la duración relativamente breve de la intervención suponen un aval importante para el modelo de terapia propuesto por la AC para este tipo de casos.

Autor: Jorge Barraca Mairal – Universidad José Camilo Cera

Descarga la investigación completa en formato PDF.

Bono: Dos protocolos de tratamiento desde el modelo de la activación conductual – de Jorge Barraca Mairal

Fuente: Redalyc

  • Clínica

Cursos online de Integración Sensorial, Regulación emocional e Integración escolar de niños con autismo – R.Ed.Es [Sponsor]

  • 08/03/2016
  • David Aparicio

El centro argentino R.Ed.Es., es una institución altamente reconocida por su esmero y dedicación en la integración de los niños con autismo en los centros educativos tradicionales y por el entrenamiento de psicólogos, docentes y profesionales de la salud mental interesados en aprender cuales son las estrategias más eficaces para trabajar con los niños con necesidades dentro del contexto escolar.

En este nuevo año, el centro R.Ed.Es.nos presenta su renovada propuesta de cursos especializados. La cual está compuesta por tres cursos online que ofrecen la información científica sobre el autismo y los recursos especializados que guiarán a los profesionales y familiares en los momentos de intervención de crisis, conductas disruptivas, manejo de actividades en el salón de clases y otras situaciones que pueden suceder.

Todos los cursos empiezan el próximo 4 de Abril y tienen una duración de 2 meses, así que apresurate y no te pierdas la oportunidad de aprender con especialistas con años de esperiencia en el autismo y la integración escolar.

Los cursos:

Integración Sensorial en los niños con autismo – Online

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Con este curso podrás comprender las bases que sustentan el desarrollo humano y su importancia en los procesos comunicativos y sociales en los niños con autismo. Así también conocerás las estrategias de intervención tempranas más eficacez para los niños con autismo.

Aquí puedes leer la información sobre el curso y su matrícula

Inclusión de los niños con autismo en la escuela común. ¿Qué precisan conocer los terapeutas, educadores y padres? – Online

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Aquí conocerás los fundamentos neurocientíficos del autismo y entenderás cómo piensan, sienten y aprenden los niños con este diagnóstico. El curso también ofrece las herramientas que favorecen la inclusión del niños en la escuela, familia y sociedad.

Aquí puedes leer la información sobre el curso y su matrícula

Autismo y regulación emocional temprana para niños con autismo – Online

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Los niños con autismo son más propensos a tener dificultates en la regulación emocional. En este curso se profundizará en los aspectos emocionales y qué herramientas utilizar para su intervención precoz.

Aquí puedes leer la información sobre el curso y su matrícula

¿Quieres más detalles de los curso? Ingresa aquí y obtendrás los detalles del plan de cada curso, costos y requisitos.

  • Clínica

Una manera simple de dejar un mal hábito (Vídeo)

  • 08/03/2016
  • David Aparicio

La mayoría de nosotros hemos intentado infructuosamente dejar un mal hábito. Quizás sea dejar de comer comida chatarra, usar el celular mientras conducimos, dejar de fumar o alguna otra adicción. Tal vez los métodos que hemos probado son muy complicados y al final de cuentas nos sentimos más frustrados por no haber podido dejar ese hábito que nos tiene atados.

Quizás sea hora de cambiar. En esta TED Talk, el psiquiatra y experto en adicciones, Judson Brewer, nos enseña los principios de una técnica basada en el mindfulness, muy simple pero a la vez muy profunda que nos ayudará a poner en perspectiva ese hábito que tan mal nos hace y librarnos de ellos.

Fuente: TED

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